Autor: Kaeru

  • DE GETARIA A PARÍS: LA VIDA DE CRISTÓBAL BALENCIAGA, EL GENIO DE LA ALTA COSTURA

    DE GETARIA A PARÍS: LA VIDA DE CRISTÓBAL BALENCIAGA, EL GENIO DE LA ALTA COSTURA

    «La alta costura es como una orquesta cuyo director es Balenciaga. Los demás modistos somos los músicos que seguimos las indicaciones que él nos da.» (Christian Dior)
    Hace una semana,53 años atrás, el “arquitecto de la Alta Costura” (o así le decía Hubert de Givenchy) nos dejaba. Cristóbal Balenciaga ha sido, muy probablemente, el diseñador de moda más importante de toda la historia de nuestro país, con un legado absolutamente inmortal que ha conseguido traspasar todas las fronteras del mundo. Pero, ¿sabemos quién se esconde detrás del mito?

    Sus primeros años: el inicio del éxito

    Cristóbal Balenciaga Eizaguirre nació el 21 de enero de 1895 en Guetaria, un pequeño pueblo pesquero de la costa vasca. Desde muy temprana edad sintió una profunda atracción por la moda, influenciado por su madre, quien trabajaba como costurera para sostener a la familia. La muerte prematura de su padre en un accidente de pesca hizo que su madre asumiera por completo la economía del hogar, lo que acercó aún más a Balenciaga al mundo de la costura. Fue en su propia casa donde, observando y aprendiendo de ella, adquirió sus primeras nociones de patronaje y confección, sentando así las bases de su futura carrera en la Alta Costura.
    De este modo, continuó formándose y, en 1919, abrió su primera tienda en San Sebastián, el destino vacacional predilecto de la monarquía y la aristocracia españolas. Aquí llegó a trabajar para clientes muy distinguidos, entre ellos la VII Marquesa de Casa-Torres, quien se convirtió en la mecenas del diseñador. Gracias a su creciente éxito, expandió su negocio a otras ciudades, inaugurando una tienda en Madrid en 1924 y otra en Barcelona un año después.

    Cristobal Balenciaga de joven

    El exilio a París y su consolidación como maestro de la costura

    Un acontecimiento que determinó profundamente su vida y carrera artística fue el estallido de la Guerra Civil española: ante esta situación, Balenciaga cierra sus tiendas en el territorio español y se exilia en París, junto a sus socios Nicolás Bizkarrondo y Virgilia Mendizábal, y Wladzio D´Attainville, una de las personas más fundamentales de su vida. Unos dicen que sólo eran amigos, otros que fueron pareja, e incluso hay quien asegura que Wladzio fue el gran amor de su vida, algo que nosotros jamás podremos saber con claridad, puesto que él nunca quiso dar detalles sobre su vida privada.
    Instalándose en el número 10 de la Avenue George-V, una de las calles más prestigiosas de la ciudad, abre en 1937 la Maison Balenciaga y presenta su primera colección, la cual fue todo un éxito. Fue a partir de ese momento cuando se convirtió en la figura más respetada dentro del mundo de la moda, manteniéndose ese status durante más de tres décadas.
    Balenciaga hizo de la perfección, la sobriedad y la elegancia la esencia de su oficio, siempre atento al presente y respetuoso con el pasado. Él fue el creador de la línea tonneau o barril en 1946, y durante la década de los 50 introdujo cosas nunca antes vistas como las mangas melón y las faldas globo, estas últimas del año 1953, el vestido túnica en 1955, el vestido saco en 1957, y el baby doll y los vestidos “Queue de Paon” en el año 1958. Sus colecciones le convirtieron en un “maestro de maestros”; en los propios talleres de su casa de moda se forjaron diseñadores como Oscar de la Renta, André Courrèges, Hubert de Givenchy y Emanuel Ungaro.
    A lo largo de su evolución creativa, Cristóbal Balenciaga llevó a cabo una profunda investigación y experimentación en el ámbito del diseño, introduciendo y perfeccionando nuevas líneas que transformaron la silueta femenina tradicional. Con un enfoque que desafiaba los cánones socioculturales de su tiempo, su trabajo incorporó progresivamente un grado creciente de abstracción. Centró su atención en la espalda, desdibujó la cintura, generó volúmenes innovadores y simplificó los cortes, redefiniendo así la elegancia en la moda.
    Su obra constituyó una reinterpretación sofisticada de la tradición española, una fuente inagotable de inspiración para el modisto. En particular, halló en la indumentaria de los pescadores vascos un vínculo directo con sus orígenes, mientras que en los grandes maestros de la pintura española —El Greco, Goya, Velázquez y Picasso— encontró un modelo estético que influyó profundamente en su visión. Sus creaciones, caracterizadas por la búsqueda de la comodidad, la pureza de las líneas y un magistral manejo de los volúmenes, marcaron un hito en la moda de las décadas centrales del siglo XX, hasta el cierre de su casa en la década de los 60.

    Balenciaga

    Cierre de la Maison y vuelta a España: sus últimos años

    Es en el año 1968 cuando toma la súbita decisión de cerrar su Maison. El encarecimiento de la Alta Costura, debido al incremento de los costes salariales y laborales, hizo que ésta empezara a perder peso a favor de un nuevo sistema que se encontraba despegando por aquel momento y al que él se sentía totalmente ajeno: el prêt-à-porter. De esta manera vuelve a España, falleciendo en la localidad alicantina de Jávea en 1972.
    Sin embargo, el cierre de la casa en 1968 no marcó el final definitivo de la firma. En 1986, la marca Balenciaga fue relanzada bajo una nueva dirección, pasando a formar parte del conglomerado francés Kering. Desde entonces, ha contado con algunos de los diseñadores más influyentes de la moda contemporánea, entre ellos Nicolas Ghesquière, Alexander Wang y Demna Gvasalia, quien recientemente ha acabado su carrera como director creativo de la firma.
    Lo que es indudable, es que el recuerdo y legado de Cristóbal Balenciaga siguen presentes, hasta en el más mínimo vuelo de un vestido o las formas de los tejidos. Su figura es totalmente atemporal y va mucho más allá de cualquier tendencia o cambio estético, y aunque él mismo afirmase que “es más importante el prestigio que la fama; el prestigio queda, la fama es efímera”, en su caso ambos se quedan con nosotros para siempre.

  • La elegancia del terror gótico con Nosferatu

    La elegancia del terror gótico con Nosferatu

    No puede negarse que esta película ha provocado un delirio colectivo en nosotros, ya sea tanto para bien como para mal. Pero estoy segura de que muchos no habéis pensado en lo siguiente: ¿puede volvernos igual de locos su vestuario? Yo, personalmente, creo que sí. E indudablemente esta vez es en el buen sentido.

    Nosferatu, la nueva película de Robert Eggers, ha sido todo un éxito en cuanto a crítica se refiere. Ya no sólo por su
    ingeniosa y original forma de contar una historia que llevamos escuchando durante más de cien años, sino porque todos
    los elementos que la componen la convierten en un verdadero homenaje a la novela gótica en la que está basada; incluso
    nos parece que todo lo que vemos en la pantalla podría haber sido perfectamente sacado de un cuadro romántico de la
    época. Esto es lo que ha provocado que cuente con cuatro nominaciones a los premios Óscar y cinco a los BAFTA, entre
    muchísimos otros. Lo interesante de todo esto es que las categorías más elogiadas han sido fotografía y diseño de
    vestuario, algo que tampoco ha sorprendido a nadie, ya que Eggers es conocido por su precisión histórica y su capacidad
    para crear atmósferas envolventes y atractivas para el espectador.

    Para hacer las magníficas piezas que componen este desfile terror gótico, Eggers ha vuelto a contar con la diseñadora canadiense Linda Muir, quien ya había sido la encargada de confeccionar los vestuarios de otras películas del director tales como La bruja (2015), El faro (2019) o El hombre del norte (2022). Ella es la responsable de que cada detalle, por muy pequeño que sea, se convierta en una parte fundamental de la historia que se está contando, una historia que además es fidedigna a la cronología y al lugar en los que se desarrolla. En una entrevista que hizo junto con la productora Focus Features, Linda Muir nos demuestra que para ella diseñar no es sólo vestir a una serie de personajes, sino definirlos y crear toda una serie de universos dialécticos alrededor de ellos.

    vestuario de Nosferatu

    ¿Qué nos dice cada personaje según su vestuario?

    Debemos tener en cuenta que aquí, hasta el detalle más insignificante nos puede estar contando algo. El armario de
    Ellen, la protagonista de este complicado romance que además es interpretada por Lilly-Rose Depp, tiene un aspecto
    etéreo por esa conexión que siente hacia el mundo de lo sobrenatural y lo onírico. Algo muy interesante sobre éste
    mismo es que también nos habla sobre su clase social: al no tener una posición tan elevada y no contar con una criada,
    tiene que atarse el corsé a sí misma, lo que se nos refleja en la propia prenda. Pasa lo mismo con sus vestidos, que
    también se cierran por la parte delantera.


    Su vestuario está condicionado por la floriografía o “lenguaje de las flores”, una forma de comunicar sentimientos que no podían expresarse en voz alta por aquel entonces. La flor por excelencia del personaje de Ellen son las lilas, que simbolizan la nostalgia del primer amor y la fragilidad como metáfora de la propia mortalidad. Por eso mismo, las elige en su boda y más tarde estarán presentes en todo el desarrollo de la trama. Asimismo, sus propios vestidos presentan bordados con esta flor. La paleta de colores de sus atuendos va variando en función de su estado de ánimo: apreciamos tonalidades más claras y pasteles durante sus momentos de tranquilidad, mientras que cuando le invade la melancólicos patrones se vuelven más oscuros, llegando a ver un traje de luto negro que incluso sabemos que está adecuado a los protocolos de luto de la época.

    vestuario de Nosferatu

    Su marido Thomas (Nicholas Hoult), el encargado de viajar a las profundidades de los Cárpatos, lleva una serie de trajes que anteriormente eran utilizados también para hacer largos viajes, uniendo lo funcional y lo decorativo. Esto contrasta directamente con los de su amigo Friedrich Harding (Aaron Taylor-Johnson), quien cuenta con mucho más dinero y prestigio social y no necesita hacer esa “excursión que te cuesta la vida” como me gusta decir a mí. Lo vemos en detalles como los propios botones de las camisas, los cuales están recubiertos de joyas. Su vestuario refleja riqueza y poder, evidenciando aún más esa diferencia que existía entre clases sociales. Lo mismo pasa con su mujer Anna, Emma Corrinen la vida real, que con todos esos vestidos lujosos nos transmite que, a pesar de toda esa opulencia que se respira en su vida, ella es lo más bello y valioso para su marido. Así, vemos un estilo elevado y suave, que contiene un mayor número de volantes, brocados, encajes y adornos, y una mayor variedad de textiles, indicando a su vez un interés mucho más marcado por las tendencias de aquel momento.

    Pero es que todo esto no se queda sólo aquí: este lenguaje también puede aplicarse a los camisones de las dos protagonistas. Mientras que los de Ellen lucen mucho más simples, fluidos y vulnerables, creando una especie de delicado y precioso estado mental, los de Anna vuelven a ser mucho más opulentes, consiguiendo reflejar además esa diferencia de riqueza y posición entre ambas. Vaya, que quién nos dice que las cayetanas y las rachetas no puedan ser amigas ahora.

    Linda Muir también nos ha sorprendido utilizando piezas vintage y de influencia oriental para componer el personaje de Willem Dafoe, o mejor dicho el profesor Von Franz, que para recibir al resto de personajes en su estancia no lleva otra cosa que un típico “banyan” o camisón (una prenda directamente influenciada por el kimono japonés), combinado con un gorro que se asemeja al típico turbante con el que se solía llevar. Por último, ha hecho lo mismo para ataviar al personaje más misterioso de todo el filme: el Conde Orlok, interpretado por Bill Skarsgård, que va vestido con un atuendo inspirado en la vestimenta típica de la nobleza transilvana, cargando a sus espaldas siglos y siglos de historia. En definitiva, podemos decir que estamos ante piezas repletas de significado, y que son casi arquitectónicas. Así pues, tenemos una visión de diferentes mundos que se funden en uno solo para contarnos uno de los romances góticos más jugosos de este año, y posiblemente de toda la década. Yo la verdad espero que le den a Linda Muir ese Óscar. Que no se me ofendan los fans de Gladiator II por favor.