Tras el éxito del CAP.5 Casa Bruto vuelve a abrir sus puertas el próximo 30 de mayo con el CAP. 6, una nueva edición de este proyecto cultural independiente
En un barrio cualquiera de Madrid, hace más de un año que Mar Sempere y Albert Marcos tuvieron la iniciativa de crear The Corridor Gallery, una galería de fotografía en el absurdamente largo pasillo de su piso.
Tras cinco ediciones se consolidan como un espacio cultural y artístico en formato pop-up que tiene como propuesta una alternativa de vivir la cultura, dejando a un lado el arte como un tema de élite.
Rompiendo con esa distancia, han construido un lugar donde obra, artista y espectador conviven más cerca que nunca. Fuera de los códigos habituales de los espacios expositivos.
En febrero de 2026 The Corridor Gallery desaparece para dar la bienvenida a Casa Bruto. Un rebranding completo es lo que ha marcado las últimas exposiciones: un espacio de texturas con zona para performances y una identidad visual que compone el nuevo imaginario que expande las posibilidades del proyecto original.
En esta ocasión, Casa Bruto presenta una propuesta curatorial que mira hacia lo popular, lo cotidiano y aquello que permanece. Una edición que reúne los proyectos fotográficos de Paola Arbildua y Marta Vizoso y la performance de el Refranero Español en Movimiento.
Primero, Fototeca, de Paola Arbildua, nace de la necesidad de estar presente y encontrar verdad en el entorno inmediato. A través del teléfono móvil, la artista construye un archivo instintivo de escenas cotidianas donde Madrid deja de ser ajena y empieza a sentirse hogar.
Por su parte, Mixto, de Marta Vizoso, parte de un gesto aparentemente simple, fotografiar cada sándwich mixto que se come. Lo que comenzó como un juego termina convirtiéndose en una reivindicación del Madrid sencillo y popular, de sus bares, sus rutinas y esos gestos cotidianos que construyen memoria.
La programación contará también con el Refranero Español en Movimiento, un proyecto de Sara Herrera que reinterpreta refranes populares desde el cuerpo, la imagen y el movimiento, trasladando la tradición oral al presente a través de un lenguaje performativo.
En medio de un Madrid hostil que se percibe como un lugar de paso (un lugar no lugar), la temática de esta exposición nos recuerda que a pesar de la inmediatez y los estímulos esta ciudad también puede ser un hogar donde se construyen recuerdos colectivamente.
En pleno Madrid Río, donde cada vez podemos descubrir más propuestas creativas, el pasado 6 de febrero El taller inauguró la exposición “este y otros mundos” formada por los artistas Pablo J. Maté, Javi Mosquera y Carmen Posada.
Este proyecto se trata de un espacio autogestionado por Lucía Sánchez y Pablo J. Maté que da respuesta a la falta de oportunidades para los que se quieren dedicar al arte. Creo que este tipo de iniciativas marcan la diferencia para dejar de encasillarnos en “emergentes” y ser artistas sin más.
Durante la exposición, detrás de estas paredes se esconde una filosofía protagonizada por Foucault, quien bebe de Borges para su obra Las palabras y las cosas. De aquí, viene el concepto heterotopía que dialoga con el pensamiento actual que cuestiona las órdenes establecidas y el significado de las cosas, idea que se materializa mediante esta exposición.
Nos encontramos en un punto de inflexión de la historia de inquietud reflexionando sobre lo que ya está establecido. En cuanto al territorio, la exposición encarna la experimentación con los espacios y cómo éstos se convierten en «lugares otros», «lugares inclasificables» o «lugares fuera de lugar» que cuestionan las clasificaciones construidas socialmente.
Los tres artistas juegan con el tiempo y el paisaje construyendo una nueva realidad a través de su propio imaginario que surge si te preguntas qué relación podemos construir con los lugares que habitamos.
Teniendo en cuenta lo que es posible decir o saber en nuestra época, lo que ya sabemos de tiempos pasados o visualizar mundos futuristas; Pablo, Carmen y Javi realizan una investigación visual e individual.
Por una parte, Pablo J. Maté nos presenta Tajo abierto que trata sobre la identidad colectiva a través de los espacios que son modificados visiblemente. Investiga como las rocas sacadas de canteras nunca volverán a su estado inicial pero se convertirán en otros cuerpos en nuevas ubicaciones. Su propia familia emigró desde Torrequemada, Cáceres al barrio de San Blas, Madrid afectados por por el éxodo rural español de mediados del siglo XX.
Mediante sus fotografias percibimos la memoria de una familia y de unos lugares marcados por la migración, y así entender que nada es cómo lo conocemos, que tanto las personas como los lugares tienen una historia detrás.
Por otro lado, Javi Mosquera realiza una arqueología de lo visual. Su estudio consiste en representar el hacer primitivo de nuestros antepasados pintando en las cuevas que él identifica como una “pulsión latente”. A Mosquera le interesa representar paisajes inventados antes de que la humanidad se interesara en sistemas de pensamiento y la ordenación del mundo.
El artista indaga sobre la construcción pictórica del paisaje desde la acción más pura y no desde el pensamiento. Recupera materiales como el ladrillo como acto de resistencia contra un consumo pasivo que escapa del control humano a propósito.
Por último, la artista Carmen Posada crea un paisaje del futuro que personalmente me conecta directamente con la idea principal de la exposición: la construcción social del significado de las cosas y cómo cambian a lo largo del tiempo. En este caso, la artista nos presenta a través de su imaginación un futuro incierto que nos parece conocido pero a la vez extraño.
Su obra muestra lugares ficticios donde solo quedan restos de lo que conocemos, fósiles de animales que ya desaparecieron. Lo que me atrapó fue la elección de colores vivos y la inocencia en su estética para envolver la inquietante idea de la extinción.
La trayectoria de El taller empieza con dos amigos que se quieren hacer un hueco en el mundo del arte y apunta a nuevas propuestas que por muy pequeñas que seanenriquecen el panorama artístico español e inspiran a los que lo vemos desde fuera.
Con apenas 25 años, el artista malagueño ha conseguido construir un universo propio que él mismo describe como «Naturalismo artificial».
Comienzos, empezaste a los 18 años, ¿por qué empezaste?, ¿ya tenías el arte como hobby desde antes?
Yo creo que desde pequeño uno lleva el arte dentro. Hasta los 18 no me planteé nada serio en la vida ni entendía que el arte es una forma de vivir. Porque mis padres no me educaron en eso. Pero aunque empezara a pintar como tal a los 18, yo desde muy pequeñito siempre he tenido como un mundo propio. Al final el pintar para mí es un acto que no refleja lo que es ser artista. Yo desde pequeño era muy imaginativo y vivía en una especie de cuentos que yo creaba y pintar ha sido mi manera de sacarlo fuera.
¿Has aprendido de forma autodidacta?
Sí, nunca fui a clases, en general he ido aprendiendo de mis colegas. Además, el óleo es una técnica de pintura que una vez entiendes el fundamento, simplemente mirando y probando, puedes llegar a comprenderlo y yo así funciono mejor. Se me da muy mal recibir órdenes.
¿Cuál fue el momento decisivo de dedicarte al arte como trabajo?
Hay dos momentos. Uno de ellos fue en un viaje de vuelta a España desde Seattle en el que tuve una mega revelación en mi cabeza. Mientras todo el mundo estaba dormido en el avión, yo me levanté con una especie de visión, una sensación interna súper fuerte que no sabría ni describir. Como de haber vivido cosas en tu subconsciente que de repente estamos hablando súper firmemente. Yo antes de ser artista, soñé con una realidad que era la realidad del artista, por así decirlo. Ese fue un momento muy importante para mí, el que me hizo crear la visión.
Después, el segundo momento es más bajado a lo terrenal. Fue cuando hice mi primera exposición en Málaga, donde expuse 30 cuadros. Ahí dije, vale, con esto puedo tirar un tiempo hasta que por lo menos siga vendiendo.
¿Te esperabas poder llegar a vivir de esto? ¿Con qué objetivo empezaste?
Sinceramente, llegó un momento en mi vida en el que pintar era lo único que sabía hacer. Como se me daba tan mal todo, por así decirlo, y había intentado tantas cosas que no me habían salido que pintar parecía como lo más real a mí mismo y lo que más se adapta a mi naturaleza. Y encima me funcionó, entonces fue pues como motivación en muchos sentidos.
¿Qué momento/evento destacarías de toda tu trayectoria?
Mi trayectoria se ha llenado de mini victorias muy poquito a poco. Aunque es cierto que ha sucedido todo muy rápido, en ningún momento ha sido de pelotazo ni nada por el estilo. Todos los días cada cuadro que me pinto es un esfuerzo y cada pequeña exposición que he hecho alrededor del mundo: en París, en Miami, en Corea, En México o Madrid es un esfuerzo. Cada pequeña cosita que he hecho para mí ha sido igual de importante la verdad. Lo que más me gusta de mi carrera es mi día a día. Amo pintar y realmente ya no quiero hacer otra cosa. Toda mi carrera mola, yo me lo paso genial, pero no tengo ningún momento especial…
Bueno, te voy a contar uno por las risas. Pol Arregi (manager) y yo nos fuimos a Miami sin un duro a exponer cuadros en una galería que nos hacía pagar por exponer y fue increíble. Fuimos un día a una exposición de gente súper rica y me acuerdo que teníamos como 60 € en la cuenta, que eso no da para nada en Miami. Llegamos a un evento de la galería, nosotros dos vestidos de calle, Pol con su mochila puesta, porque siempre llevaba su mochila para llevar mi libreta y mi estuche, él es mi fiel compañero. Cuando entramos ahí nos sentimos ridículos y nos hicimos como super pequeñitos.
Al final dijimos venga, no hay nada que perder. Entonces, me puse a dibujar en una mesa en mitad del terreno que había al lado de la galería. Un rato después, toda la atención de las personas que estaban allí se centró en mí. De repente, nos vimos rodeados de gente ultra rica con trajes y Ferraris y nosotros vestidos como dos niños pequeños regalándole dibujos a toda esa gente que se preguntaba quiénes éramos.
¿En qué o quién te inspiras?
Pues me inspiro mucho en la vida misma, creo que como artista te conviertes en una especie de catalizador de vida. Pues sí, desde un paisaje te puede inspirar hasta una imagen que ves un día. También, otros artistas me inspiran mucho, porque soy muy fan del arte en general y lo consumo mucho. Yo simplemente expulso todo lo que vivo.
Tengo muchos referentes, la verdad. Para empezar, un artista referente que tengo siempre presente es Zoilo Blanca, un chaval que trabaja conmigo en mi estudio y quien más me ha enseñado a pintar dentro de lo poco que he aprendido. Te diría que él es el que más técnica me enseñó. Después, artistas como Dalí, El Bosco, George Condo me inspiran. Hay muchos artistas que me inspiran y que no tengo nada que ver con lo que ellos hacen.
¿Cómo definirías tu estilo de arte? ¿Cómo es el proceso de encontrar tu propio estilo? ¿Ha cambiado a lo largo del tiempo?
Al final es normal que me consideren pintor surrealista, pero no estoy muy de acuerdo. Hace poco escribí un manifiesto sobre esto y le he dado un nombre a lo que hago y lo titulo “Naturalismo Artificial”. De alguna manera en mi pintura importan mucho estas dos cosas y el contraste que generan entre ellas. No sé si se me podría encasillar porque tengo un imaginario y mundo propio que voy desarrollando que parte mucho de la figura humana y formas orgánicas.
Por lo general la gente sufre mucho con el proceso de encontrar su propio estilo y sobre todo por la manera en la que funciona el arte hoy en día, te obliga a definirte. Al principio me rayaba, pero después me puse a pintar y directamente me salían mis formas. En mi caso, la clave ha sido no usar referentes a la hora de pintar, yo dejo que mi mano pinte y eso hace que me salgan siempre las mismas formas. Es cierto que con el tiempo se va mejorando y va pillando más seriedad, el imaginario se va extendiendo. Pero creo que mi estilo nace de mí, hay símbolos en mis obras que repito desde que soy pequeño.
¿De dónde viene el mundo onírico/mágico que hay en tus cuadros?
Estas ideas estaban destinadas a existir y que nunca vamos a poder entender y yo soy simplemente un transmisor. Estas experiencias me han influenciado mucho y me han dado una libertad, soy bastante bohemio, lo que me lleva a pintar como lo hago.
También haces esculturas, ¿qué materiales utilizas?, ¿cuándo te adentraste en el mundo de la escultura?
Al final la pintura es un medio simple para desarrollar las ideas de un artista, pero en mi caso yo pinto mundos 3D dentro de lo que cabe. Pero creo que las esculturas que he hecho hasta ahora son bocetos, estoy empezando a meterme en ese mundo y todavía estoy lejos de donde quiero llegar, por ahora estoy explorando.
En este ámbito trabajo mucho con mi colega Jon Benet que es diseñador 3D que entiende mi manera de ver y cuando nos juntamos diseñamos en su ordenador.
Quería abrir el tema de la creatividad, ¿cómo es que tu pasión sea tu profesión? Supongo que estarás continuamente trabajando con galerías, exposiciones y al final trabajando para los demás. ¿Cómo buscas el equilibrio entre tu trabajo y seguir haciendo arte para tí, por disfrute y para seguir mejorando o creando tu estilo propio?
Yo ya no sé diferenciar nada, vivo haciendo esto y no hago otra cosa con mi vida. Creo que mi pasión por esto es tan grande que quiero que ocupe todo mi tiempo. Es tan fuerte que se ha convertido en mi trabajo y sigue siendo mi manera de vivir. He vivido muchos años trabajando en otras cosas pero ahora mismo no me veo de otra forma.
¿Cómo es el proceso creativo que sigues para hacer un cuadro o una escultura?
Siempre estoy pensando en el siguiente cuadro, entonces siempre llevo mi libreta en la que hago los bocetos, dibujo la idea y luego hago que exista. Mi cabeza es como una especie de almacenamiento de ideas y de vez en cuando acudo a ellas y las saco de ahí
¿Dirías que en tus obras cuentan historias propias en las que te ves reflejado o creas desde una tercera persona?
Esto es algo que yo mismo me pregunto también. Creo que es un mix de todo, hay días que mis cuadros no hablan nada de mí, hay días que sí. Pienso que mi obra y mis pensamientos son muy universales, osea que cuando hablo de mí hablo del resto. Obviamente siempre existe una marca propia y cuando tengo un mal día eso se refleja en mis cuadros. Pero no por eso pinto un cuadro oscuro, de hecho al revés, me considero una persona positiva y bastante hedonista que aspira a la luz, intento que mis cuadros saquen lo mejor de mí.
En febrero de este año has tenido una expo en París, ¿qué se siente al haber vivido eso con tan solo 24 años?
Estuvo bien pero no estoy satisfecho, sé que puedo hacer más y mucho mejor. Me esforcé mucho y fue muy guay, vinieron mis amigos, mi familia, incluso mi padre que nunca viene a ver mis expos… Sin embargo, todavía no he llegado a donde quiero.
Además, nos pasó que a 10 días de tener la exposición nos la cancelaron porque pensaban que no íbamos a vender nada y Pol en 24 horas vendió todos los cuadros. Nosotros nos esforzamos mucho, Pol y yo vivimos por y para esto. El arte no es nada fácil, un mundo muy complicado con mucha competencia.
¿Cómo es ser un artista joven en un ambiente tan exigente como es el del arte?
Yo sé mejor que nadie que soy un artista, me ha costado creerlo, pero ahora no hay nadie que me quite esa idea de mí mismo y no lo digo desde un punto de vista ególatra. No te toman en serio hasta que ven tus cuadros, por eso, creo que es muy importante que mi obra hable por sí misma. Mi truco es que yo prefiero no hablar y que mis cuadros hablen por sí mismos.
¿Crees que hay que separar al artista de su obra?
Pues como quieras, si crees que el artista esté ahí para entender su obra utilízalo, pero si no empatizas con él disfruta de su obra y ya está.
En tu caso, ¿cómo quieres que te perciban los demás?
Es importante que mi obra hable por sí misma, lo que pasa que yo como ser humano también tengo cosas que decir. Me considero un buen ser humano ayudo mucho a mis colegas y a mi familia y me gustaría que se me recordase como tal.
¿Es difícil para ti decidir qué oportunidades o propuestas de trabajo aceptar y cuáles no?
Me considero super selectivo. Es verdad que he tomado malas decisiones, pero yo soy muy purista y al final como artista lo que te diferencia es más a lo que le dices que no que a lo que dices que sí.
También, soy muy selectivo con la gente que me rodeo y no lo digo de una manera elitista, porque en mi estudio te puedes encontrar de todo, desde inmigrantes y vagabundos hasta gente rica y me gusta aprender de todos. Pero es cierto que me baso mucho en la energía y cómo cada uno se esfuerza en vivir.
¿Cómo crees que está actualmente el mercado del arte?
Este año hay un montón de galerías que están cerrando. El mundo se está dando cuenta que hay artistas jóvenes muy buenos que no tienen porqué estar muertos y arte que no tiene que valer dos millones de euros. Ese segmento del mercado creo que está decayendo.
En España hay muy mala cultura del arte, la gente ve comprar arte como un gasto mientras que en el resto de Europa es muy importante criar a tus hijos rodeados de arte.
¿ Podrías explicar qué estás haciendo en Bilbao en Villa Tola, la residencia de Tas Careaga? ¿sobre qué han tratado tus últimos días allí?
Tas Careaga es un colega que se dedica a reformar casas y ahora está haciendo un programa en el que invita a un artista a pasar el tiempo aquí y a pintar a cambio de dejar un cuadro aquí. Venir aquí me está ayudando a cambiar un poco de aires y salir de mi burbuja del estudio en Málaga. Estoy centrándome en pintar, estar tranquilo con mi perrita en el campo y de vez en cuando salgo a ver a viejos amigos.
¿Qué es una residencia de artistas?
Las galerías suelen organizar sitios donde van los artistas a producir. Las galerías lo hacen así: te preparan todo, la comida y demás para que tu solo tengas que centrarte en producir. En la que estoy ahora han pasado ya dos artistas.
¿Cuál va a ser el siguiente capítulo en tu carrera? ¿En qué estás trabajando?
El año que viene quiero hacer una mega exposición, quiero dedicarle un año entero a hacer una expo. También estoy produciendo una rotonda para mi pueblo y empezando una escultura de dos metros. Entre muchas cosas, busco cambiar el formato del lienzo y explorar otras formas para producir.
En otoño de 2025 Cinemanía celebra su trigésimo aniversario regresando al lugar donde nace la cinefilia. En colaboración con la Sala Equis de Madrid, la revista ha organizado un ciclo especial que recopila diez «clásicos modernos» entre 1995–2025.
Cada martes, durante los meses de octubre y diciembre, vuelven a la gran pantalla títulos que la audiencia y expertos consideran verdaderas “obras maestras” del cine reciente.
El objetivo es «recordar, descubrir y seguir pensando en el cine juntos»: rescatar una experiencia colectiva en una época dominada por el consumo individual.
Antes de enumerar las diez de obras seleccionadas, es necesario comprender el concepto de «clásico moderno».
¿Qué entendemos por «clásico moderno» dentro del cine?
Lo «clásico moderno» son películas posteriores a 1959 que rompen con los márgenes del cine clásico centrándose en la visión creativa del director.
Este concepto se refiere a un punto intermedio entre películas antiguas consideradas hitos del cine y estrenos recientes sin recorrido. Esta intersección se traduce en obras relativamente jóvenes que se comportan como clásicos, ya que tienen la capacidad de influir y dialogar con la tradición.
Según la teoría cinematográfica entendemos el término «clásico», entre otras cosas, como aquello que persiste a lo largo del tiempo y que, como afirmó Roger Ebert: «sigue siendo joven porque siempre encuentra un nuevo espectador».
En cambio, lo «moderno» rompe con las convenciones y se caracteriza por las rupturas temporales, la psicología profunda de los personajes, lo subjetivo, los finales abiertos… No obstante, existen obras que aunque pertenezcan a nuestro tiempo contienen la madurez, el influjo cultural y la capacidad de perdurar.
De aquí nace este híbrido que no necesita envejecer para que se le de relevancia, no depende del éxito comercial, su contexto trasciende e interpela emocionalmente con distintas generaciones.
Los diez “clásicos modernos” seleccionados
Este concepto articula el calendario de películas programadas en la Sala Equis este 2025:
Tesis (Alejandro Amenábar, 1996)
Deseando amar (In the Mood for Love, Wong Kar-wai, 2000)
Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
Oldboy (Park Chan-wook, 2003)
Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003)
Eternal Sunshine of the Spotless Mind (¡Olvídate de mí!, Michel Gondry, 2004)
There Will Be Blood (Pozos de ambición, Paul Thomas Anderson, 2007)
La La Land (Damien Chazelle, 2016)
Parásitos (Gisaengchung, Bong Joon-ho, 2019)
Aftersun (Charlotte Wells, 2022)
«Lalaland» como ejemplo de transcendencia
De todas las opciones de la lista elegí ir a ver «Lalaland», aunque ya la haya visto cincuenta veces. Lo curioso es que siempre me emociona de la misma manera, como si siguiera esperando ver a Mia eligiendo su vida con Sebastian. Y creo que eso es justo lo que la hace especial.
La La Land es un ejemplo para comprender qué significa un “clásico moderno”. Es cierto que podemos ver referencias del pasado: Los paraguas de Cherburgo, Un americano en París o Cantando bajo la lluvia, pero la película de Damien Chazelle no mira al musical de Hollywood tradicional como un modelo a seguir, sino como un legado para reinterpretar desde su punto de vista crítico.
El musical se divide en dos trayectorias que se complementan a la perfección: por un lado, los cánones del musical clásico, la coreografía y el color; y por otro, el final trágico que rompe con la trama lineal clásica. Ésto último, acompaña a la idea moderna de que los sueños no siempre se cumplen y que en la vida real hay que sacrificar la felicidad.
El color, proveniente del Technicolor, deja de ser un elemento superficial para convertirse en una extensión emocional de los personajes. Incluso su historia de amor se puede entender a través del rojo, amarillo y verde. Huyen del final feliz: eligen la melancolía y la aceptación de que dos personas pueden amarse sin coincidir.
Es una película profundamente consciente de su tradición, pero sabe que el espectador de hoy carga con expectativas románticas idealizadas y, al mismo tiempo, acepta un final como éste con un escepticismo que el género musical clásico no contemplaba.
Desde su estreno, el musical ha generado debates sobre la identidad creativa, la parte asociada al arte, la tensión entre fantasía y realidad o la reformulación de un género que parecía agotado. Y eso hace que se comporte como una película destinada a permanecer.
Este ciclo importa: construir el canon del futuro
Es importante destacar la intervención cultural por parte de Cinemanía y la Sala Equis en un momento en que el modo de ver el cine lo domina el consumo individual, fragmentado y doméstico. El hecho de que hayan programado diez películas recientes que ya muestran signos de perdurar y todas los sitios de la sala estuviesen llenos representa un despertar de la sociedad.
La sala de cine conserva algo que ninguna otra experiencia puede replicar para los cinéfilos: el ritual compartido. La oscuridad, la pantalla grande, la presencia de espectadores desconocidos que se reúnen por un mismo motivo…
En conclusión, lo que hoy llamamos “clásico moderno” depende de la capacidad de una obra para conectar generaciones y generar pensamiento crítico y emocional.
Que Cinemanía ofrezca estos títulos al espacio donde nació la cinefilia implica reconocer que por su madurez estética e influencia no nos podríamos imaginar un futuro sin estas obras.
Treinta años después de su fundación, la revista reafirma que el canon no es una circunferencia perfecta, sino una masa que siempre está en movimiento y se construye cada vez que un espectador vuelve a ver una película en distintas etapas de su vida o cada vez que una generación la hace suya.
Los clásicos no sobreviven sin razón, lo hacen porque seguimos recurriendo a ellos en distintos contextos. Por eso, programarlos hoy es también una forma de imaginar el futuro del cine.