El artista burgalés ofreció un concierto íntimo y contundente ante una sala repleta, acompañado por Gara Durán, Depresión Sonora y Candela Gómez en la primera de tres fechas soldout en la Riviera.

Una sala entregada desde el primer minuto
El pasado 7 de noviembre, La Riviera tembló. Barry B volvió a demostrar por qué es una de las voces más especiales del panorama musical español. Desde las nueve de la noche que empezó el concierto, el sitio ya estaba hasta arriba y se respiraba ese aire de nervios, como si todos supiéramos que algo bueno estaba a punto de pasar. Y vaya si pasó.
Desde el principio, Barry se marcó un recorrido por todas las etapas de su carrera, mezclando sus canciones más conocidas con temas nuevos que reflejan lo mucho que ha crecido como artista. Con una luz tenue y una banda perfectamente sincronizada, consiguió crear un ambiente que pasaba de momentos introspectivos a otros de auténtica celebración.

Colaboraciones que marcaron la noche
No estuvo solo. La primera en subir al escenario fue Candela Gómez con su voz cálida, para un dueto junto a Barry en «Todo ese dolor». Luego llegó Gara Durán, con quien interpretó «El lago de mi pena», uno de los momentos más íntimos de la noche. Se notaba la conexión entre ellos, y fue imposible no emocionarse. Piel de gallina.
Después apareció Depresión Sonora, con su toque post-punk y ese aura melancólica tan suya. Juntos tocaron «El efímero arte de perdonar», y aunque no sea una colaboración oficial, el público enloqueció. Muchos ya pedían una colaboración real entre ambos, y no sería ninguna locura.
Entre canción y canción, Barry también nos regaló temas que ha hecho junto a otros grandes del momento, como Aitana o Ralphie Choo. La relación especial con Ralphie, por cierto, tiene historia: fueron compañeros de piso, algo que el propio Barry contó recientemente en una entrevista. Ahora todo encaja.
Y si hablamos de energía… los pogos no faltaron. En las canciones más potentes, la gente se vino arriba sin pensárselo. Todo el mundo cantando y saltando al ritmo de Barry B.

Primer cierre de tres, suma y sigue
Para el cierre, Barry eligió dos de sus temas más conocidos: «Victoria», de su último trabajo Infancia mal calibrada , un himno a la superación, y «Yo creía que me había tocado Dios», la joya junto a Carolina Durante del álbum Chato. Con los móviles iluminando toda la sala, Barry se despidió entre los aplausos interminables de un público agradecido.
La conexión con su banda fue impecable: cada tema sonaba aún mejor que en estudio. Cuando las luces se encendieron, todos compartíamos la misma sensación: la de haber vivido algo grande y especial.
Porque lo de Barry B no fue solo un concierto. Fue una experiencia épica, honesta y emocional que nuestra generación necesitaba vivir en tiempos en los que propuestas así ya no surgen en los jóvenes. Su música no entiende de edades ni de orígenes, solo de goce y emoción.
Fotografía: Helena Hernández



