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    BLAIR: Bar Scorpios

    Tras meses de alimentar el hype con adelantos, visuals de otro planeta y una narrativa que se mueve entre el costumbrismo pop y el thriller existencial, Blair irrumpe en la escena con Bar Scorpios: un disco que no solo confirma el giro oscuro y conceptual de su música, sino que la instala como una de las narradoras más inquietantes y lúcidas de su generación. Aquí no hay espacio para la indiferencia: cada tema es un guiño a la cultura digital, a la obsesión por la estética y a ese arte de convertir la vulnerabilidad en su mayor fortaleza.

    Blair es de esas artistas que no temen ensuciarse las manos -ni el vestuario- en busca de una identidad propia. Lo suyo es mezclar referencias de culto, sangre (literal y metafórica) y una honestidad brutal que la vuelve imposible de encasillar. Charlamos en remoto, ella desde Buenos Aires y yo desde Madrid, pero la distancia se desdibuja cuando la conversación fluye y el entusiasmo es mutuo. Sin filtros, nos sumergimos en el universo de Teresa, la protagonista de su nuevo disco, y en todo lo que convierte a Blair en una artista única.

    Bar Scorpios no es solo un disco: es una invitación a perderse en nuevas historias, abrazar la sensibilidad y descubrir la belleza en los matices más inesperados.

    Tu último disco, Bar Scorpios, marca un giro hacia una narrativa más oscura y conceptual, con un personaje principal. ¿Cómo surgió la idea de contar una historia a través de un álbum y qué te inspiro a crear a Teresa como eje central?

    Cuando uno saca un disco, surgen muchas teorías y me gusta dejar que la gente imagine. Teresa, en realidad, iba a la iglesia porque no le gustaba su casa y no tenía amigos; era su refugio. Me divierte que las fans hayan pensado que era aspirante a monja, incluso mi prensa lo puso así. La idea de hacer un álbum conceptual nació porque sentía que mis canciones de desamor se repetían mucho. Quise inventar algo distinto, y así surgió la historia de Teresa: una chica inocente cuya pureza se va corrompiendo, inspirada en personajes como Laura Palmer de Twin Peaks. Me interesaba explorar esa transformación y llevarla al extremo.

    ¿Qué rol tiene la ficción y la dramatización en tus letras y shows? ¿Te sientes más cómoda narrando historias propias o creando personajes y universos alternativos?

    Siempre busco llevar todo al extremo, aunque a veces no se puede por presupuesto o logística. Por ejemplo, una vez me bañé en sangre en un show y, sin querer, terminé rompiendo un micrófono carísimo –no fue algo planeado, simplemente pasó en medio del impacto visual-. La sangre empezó como una metáfora de arrancarse el corazón por amor y terminó siendo un recurso recurrente. La ficción y la dramatización me permiten explorar fantasías y emociones que no podría vivir en la realidad. Es mi gran excusa creativa.

    En tus trabajos, por lo que he visto, la estética visual y la puesta en escena parecen tan importantes como la música. ¿Cómo concibes la relación entre imagen y sonido en tu proyecto?

    Para mí, es impensable una canción sin su videoclip. Crecí con MTV y YouTube, y siento que el video complementa la canción, permite mostrar el universo que tengo en la cabeza. En este disco, la historia es casi cinematográfica: necesito que el público vea al personaje, no solo lo imagine. Los detalles visuales, como por ejemplo, las monjas ayudando a limpiar sangre, son parte de la narrativa que no siempre está en la letra.

    Vienes de experimentar con el trap, pero tu sonido actual mezcla pop, rock alternativo y referencias a otras décadas. ¿Qué artistas o movimientos crees que más influyeron en tu búsqueda de un estilo propio?

    Empecé en el trap porque me daba vergüenza cantar y el autotune ayudaba a disimular. Pero después me di cuenta de que disfrutaba más componer otro tipo de música, influenciada por The Cure, el pop de los 2000, y artistas como Lady Gaga. También me inspiro mucho en libros y películas, como Twin Peaks o poetas argentinas como Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo. En este disco, la narrativa visual y literaria fue tan importante como la musical.

    ¿Cómo viviste el salto de la escena under al mainstream, tocando en festivales como Lollapalooza o en el The Eras Tour en River?

    Fue una validación enorme, tanto externa como interna. Me demostró que se puede soñar en grande y que los sueños, a veces, se cumplen. También fue un cambio de mentalidad: pasé de pensar en pequeño a permitirme soñar con escenarios enormes. No fue fácil, hubo críticas y hasta amenazas, pero estar ahí fue como el final de una película: ganó lo bueno.

    Tus canciones suelen hablar de la tristeza, la soledad y el no encajar. ¿Por qué crees que tu público se identifica tan fuerte con estas emociones?

    Creo que la gente conecta porque mis letras reflejan mi edad y experiencias. Cuando estaba triste, escuchaba música triste, pero me gusta equilibrar melodías alegres con letras melancólicas. Así, quienes me escuchan pueden canalizar su dolor bailando o cantando, sin caer en la tristeza absoluta.

    ¿Qué lugar ocupa la vulnerabilidad en tu propuesta artística? ¿Sientes que hoy en día mucha gente no se muestra “real”?

    Para mí, no mostrarse real es cavar tu propia tumba. Es importante que la gente que me sigue me quiera por lo que soy. Comparto mucho de mi vida en redes y creo que eso genera una conexión genuina. Me gusta ser fan, compartir lo que me apasiona, y creo que eso también se refleja en mi música.

    En esta revista se pone mucho foco en la moda y la estética. ¿Cómo piensas tus looks y la dirección de arte en tus videos y shows? 

    Me fascina el cine antiguo, el old Hollywood, las divas como Audrey Hepburn y Marlene Dietrich. Todo lo guío hacia ese lado, pero sin forzar una estética. Me gusta experimentar, cambiar de personalidad y no limitarme a un solo estilo. Lo importante es tener una identidad visual coherente con el proyecto, pero también permitirse jugar.

    Si tuvieras que definir tu universo visual en tres palabras, ¿Cuáles serían y por qué?

    Atemporal, porque me gusta lo vintage pero también lo actual; cinematográfico, por todas las referencias a películas; y bipolar, porque el disco tiene dos polaridades muy marcadas.

    Ahora que tu música y tu estética están en constante cambio, ¿hacia dónde te gustaría llevar tu próximo proyecto? ¿Hay algún género o formato artístico que te interese explorar?

    Quiero seguir explorando letras más divertidas y melodías pop, pero siempre manteniendo esa esencia retro y de diva. Me gustaría que cada disco tenga su propio universo visual, que sean diferentes entre sí, como capítulos de una misma película.

    ¿Qué sueños o metas te quedan por cumplir, tanto en la música como en otras ramas del arte o la cultura pop?

    Lo más valioso para mí es conocer y hacerme amiga de artistas que admiro. Me encantaría algún día hablar con Rosalía, por ejemplo. También sueño con tocar en grandes arenas y, por qué no, ganar algún premio. Pero lo más importante es seguir viajando y creciendo gracias a la música.

    ¿Qué te emociona más: mirar para atrás y ver todo lo que lograste o pensar en lo que todavía te falta por descubrir?

    Definitivamente, mirar para atrás. El futuro me ilusiona, pero disfruto mucho ver todo lo que he conseguido hasta ahora.

    Y así, entre melodías radiantes y letras que duelen, Blair demuestra que la sensibilidad también puede ser revolución. Para quienes buscan algo auténtico y diferente, su música se convierte en un refugio y una inspiración.