La soledad encierra a las personas en su mundo interior. Este suele actuar como una pared en la que los sentimientos juegan al frontón, encogiéndose hasta que tu cabeza sea una bomba de relojería.

Para algunos, la mejor manera de evitar que esas paredes mengüen es expresarlo a través del cine, la pintura, la música. Para Cameron Winter, aprovecharse de esos pensamientos intrusivos y transformarlos en teclas de piano o voces rasgadas es su superpoder. La angustia hacia un futuro inestable, una búsqueda del individuo como llave a la felicidad… En fin, el amor al prójimo y a uno mismo. ¿Cuántos podemos decir que hemos descifrado esto?
Heavy Metal no inventa la rueda, tampoco pretende hacerlo. Es el relato de un artista en el ápice del éxito sin necesidad de alardear de ello. La cabeza de un prodigioso poeta que, pese a lo reconocido que está su talento, no logra encontrarle el sentido al camino que está recorriendo. Recuerda a los puntos más ácidos de Bojack Horseman o los fantasmas que retrata Kiyoshi Kurosawa en su obra. Si bien es mucho más esperanzador, su fondo es melancólico y solitario. Sus letras reniegan de convencionalismos, recurre a lo absurdo y divertido para retratar sentimientos muy concretos. ¿De qué sirve un “siento que nadie me entiende” cuando puedes decir “i’ve been getting spanked by everybody lately”? A eso me refiero.
Si bien muchos conocimos al joven Cameron con su banda de Brooklyn Geese, algunos hemos decidido acurrucarnos en este rincón de su discografía en solitario. Nos sentimos más comprendidos en un álbum tan humano, que pese a su simpleza respecto al reciente Getting Killed de la banda, logra evocar más sentimientos y preguntas dentro de nosotros. Es mi disco del año porque, pese a los buenos ratos, he tenido momentos de introspección que han cambiado mi manera de ver mi futuro, pero sobretodo mi presente. Heavy Metal es una palmada en la espalda, pero también una señal de advertencia sobre nuestro propósito en el mundo. Sobre nuestra manera de relacionarnos con él y con la gente que habita en nuestra vida.
Cameron Winter, pese a las alabanzas de grandes críticos musicales, no se siente suficiente. Se compara, se fustiga, reniega de su reputación. Es un impostor en su propio proyecto, lo cual vuelve todo el mensaje del disco algo más oscuro. El sentir que nadie entiende tus frustraciones, que nadie termina de entender lo que estás haciendo. Su disco me ha abierto las puertas a entender problemas que previamente no lograba ni enunciar.
Queda mucho trabajo por hacer, pero este disco es un pequeño recordatorio de que no estás solo. Y eso ahora mismo es todo lo que necesito.

