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  • Ye en Madrid: El cometa Halley de la música actual

    Ye en Madrid: El cometa Halley de la música actual

    El pasado jueves 30 de julio se hizo historia en el Estadio Riyadh Air Metropolitano. Tras 20 años de su único concierto en España, concretamente en la sala Razzmatazz, Kanye West tomaba la capital para hacer la única fecha de su gira de estadios en suelo nacional. Más de 60 mil fanes estuvieron presentes en lo que los más adeptos de Ye catalogamos como «tocar el cielo y conocer a Dios».

    Si os soy sincero, tras la noche del jueves mi vida no era la misma, pues para mí Kanye West es algo más que un simple artista: es la figura que más me ha inspirado en bastantes ámbitos de mi vida. Grité cada una de las palabras que conformaron un setlist con una duración de casi 2 horas, salté hasta romper a sudar con temas como «Father Stretch My Hand Pt.1» o «Everybody» y lloré ríos con temas que han significado tanto para mí como los que conformaron la run de «Ghost Town», «Runaway» y «True Love», que además figuró como la primera presencia de «DONDA 2» en la gira de estadios. Fue una noche mágica dominada por un espectáculo de luces hipnotizante y una semiesfera dominada por el que para mí es el artista más grande de todos los tiempos.

    Tras la velada, las crónicas del concierto inundaron Internet. Para mí, opinar de un concierto no es algo que se deba de hacer de inmediato, y más con artistas de este calibre. Al menos en mi caso, necesitaba tiempo para asimilar lo que había vivido. Al llegar el fin de semana (y antes de hacer este artículo) leí algunas de las crónicas del concierto.

    Hay un punto que creo que compartimos todos los asistentes y es que el sonido era mejorable, pues a veces se sentían un poco sucias las ondas que salían por los altavoces del Riyadh Air Metropolitano, pero tampoco es gran inconveniente cuando las más de 60 mil personas que estábamos allí sonábamos como una sola voz. Y repito: las que estábamos allí, porque leyendo algunas de la crónicas parece que hemos asistido a conciertos distintos.

    Aparte de leer por activa y por pasiva la palabra «nazi» para describir al artista de Chicago, la mayoría de crónicas tachan el concierto de «un espectáculo orientado a las redes sociales». Es cierto que la ausencia de pista hace mucha mella, pero creo que estuvo más que acertado prescindiendo de ella. El apartado visual no enmascara las flaquezas de Kanye, como algunos medios predican, si no que la refuerzan. ¿Qué te va a dar más presencia y poder que pararte sobre la cima del mundo después de haber tocado el más profundo abismo? Las luces, las proyecciones y el humo agrandaban aún más la figura de un Kanye West que cantaba y rapeaba todo, pese a que muchos pensaban que no podía articular dos palabras seguidas. Es que temas como «Jesus Walks», «Gold Digger» o «Through The Wire» entre muchos otros los cantó enteros, con una energía inmatcheable.

    Que hablando de energía, en ningún momento se sintió plano. Obviando un desplazamiento nulo en el escenario porque está anclado a una corta cuerda, Kanye se revolcaba por el suelo, saltaba, cantaba en todas las direcciones, gritaba, animaba… No te digo que se hubiera tomado unas cuantas energéticas, pero la presencia era innegable. Además, hacía sus cosas típicas de Kanye como saltarse algunos temas como «Say You Will», que me dejó con la miel en los labios, o tocar canciones por duplicado como «All Of The Lights».

    ¿Plano? ¿Soso? ¿Distante? No sé si esperaban que Kanye West se sentara al lado suya para charlar sobre geopolítica, pero el trato del artista con su público fue más que impecable. Cabe destacar el momento en el que nos animó a abrazarnos con los que teníamos al lado mientras sonaba de fondo «Runaway», una experiencia muy bonita en la que daba igual que conocieras o no al de al lado; tanto la barrera del idioma como la social se rompe cuando estás viviendo algo tan bonito.

    Y, la parte que más me chirría, las comparaciones. «Ay, es que el concierto de tal fue mejor», «mira, es que el concierto de este tenía mejor sonido», «es que es muy poco para Kanye»… Cada artista es un mundo. No puedes comparar a artistas que giran cada dos o tres años con un artista que acaba de salir de una cancelación a nivel mundial. Es cierto que tenemos que ser exigentes en cuanto a los directos de nuestros artistas favoritos, pero con este concierto se ha generado una doble vara de medir que no es justificable en ninguno de los sentidos. Que no hay banda en directo, que no hay artistas invitados o que no hay nada especial son argumentos débiles y absurdos. A Kanye no le hace falta banda, que si has escuchado algo de su música, me dirás cómo quieres que haga «On Sight» con instrumentos reales; Kanye es por sí solo una banda. Y si no, tienes a Andre Troutman y su talkbox, que daban a algunas de las canciones un boost en directo brutal. En cuanto al tema de los invitados y algo especial, ¿tan frito tenemos el cerebro? Parece como cuando escuchamos un disco y lo primero en lo que nos fijamos es en las colaboraciones. Con las sorpresas, tres cuartas de lo mismo. ¿Acaso sabe a poco tener por primera vez en toda la gira «Run This Town», «American Boy» y «True Love»? Ver a prensa que se abandera de «ser profesional» quejándose de cosas tan absurdas como esta me hacen reafirmarme en la idea de que estuvieron todo el concierto en otra cosa distinta a la actuación.

    Me da mucha pena, pues pienso que sus fans están más que conforme con el concierto, hasta el punto de repetir el próximo día 7 en el Estadio Do Algarve, en Portugal. Es muy triste ver cómo a ciertos artistas internacionales se les exige el cielo y la tierra y luego, para otros artistas, un palo y una piedra parecen más que suficiente. El concierto de Kanye West en el Metropolitano es histórico, un hecho que quizás no se repita en mucho tiempo. Si todavía no has ido y te quedaste con las ganas, te animo a que hagas un periplo este viernes 7 de agosto a Portugal. Es una experiencia única e irrepetible. Es el cometa Halley de la música actual. Si Dios me diera la oportunidad, repetiría el pasado jueves 30 de julio mil veces, porque Kanye volvió a España por la puerta grande, demostrando por qué es el artista más influyente e importante de este siglo.

    Fotos: Alber Noriega

  • Barry B conquista la primera Riviera de la gira Infancia Malcalibrada Tour.

    Barry B conquista la primera Riviera de la gira Infancia Malcalibrada Tour.

    El artista burgalés ofreció un concierto íntimo y contundente ante una sala repleta, acompañado por Gara Durán, Depresión Sonora y Candela Gómez en la primera de tres fechas soldout en la Riviera.

    Una sala entregada desde el primer minuto

    El pasado 7 de noviembre, La Riviera tembló. Barry B volvió a demostrar por qué es una de las voces más especiales del panorama musical español. Desde las nueve de la noche que empezó el concierto, el sitio ya estaba hasta arriba y se respiraba ese aire de nervios, como si todos supiéramos que algo bueno estaba a punto de pasar. Y vaya si pasó.

    Desde el principio, Barry se marcó un recorrido por todas las etapas de su carrera, mezclando sus canciones más conocidas con temas nuevos que reflejan lo mucho que ha crecido como artista. Con una luz tenue y una banda perfectamente sincronizada, consiguió crear un ambiente que pasaba de momentos introspectivos a otros de auténtica celebración.

    Colaboraciones que marcaron la noche

    No estuvo solo. La primera en subir al escenario fue Candela Gómez con su voz cálida, para un dueto junto a Barry en «Todo ese dolor». Luego llegó Gara Durán, con quien interpretó «El lago de mi pena», uno de los momentos más íntimos de la noche. Se notaba la conexión entre ellos, y fue imposible no emocionarse. Piel de gallina.

    Después apareció Depresión Sonora, con su toque post-punk y ese aura melancólica tan suya. Juntos tocaron «El efímero arte de perdonar», y aunque no sea una colaboración oficial, el público enloqueció. Muchos ya pedían una colaboración real entre ambos, y no sería ninguna locura.

    Entre canción y canción, Barry también nos regaló temas que ha hecho junto a otros grandes del momento, como Aitana o Ralphie Choo. La relación especial con Ralphie, por cierto, tiene historia: fueron compañeros de piso, algo que el propio Barry contó recientemente en una entrevista. Ahora todo encaja.

    Y si hablamos de energía… los pogos no faltaron. En las canciones más potentes, la gente se vino arriba sin pensárselo. Todo el mundo cantando y saltando al ritmo de Barry B.

    Primer cierre de tres, suma y sigue

    Para el cierre, Barry eligió dos de sus temas más conocidos: «Victoria», de su último trabajo Infancia mal calibrada , un himno a la superación, y «Yo creía que me había tocado Dios», la joya junto a Carolina Durante del álbum Chato. Con los móviles iluminando toda la sala, Barry se despidió entre los aplausos interminables de un público agradecido.

    La conexión con su banda fue impecable: cada tema sonaba aún mejor que en estudio. Cuando las luces se encendieron, todos compartíamos la misma sensación: la de haber vivido algo grande y especial.

    Porque lo de Barry B no fue solo un concierto. Fue una experiencia épica, honesta y emocional que nuestra generación necesitaba vivir en tiempos en los que propuestas así ya no surgen en los jóvenes. Su música no entiende de edades ni de orígenes, solo de goce y emoción.

    Fotografía: Helena Hernández