Etiqueta: Grand National Tour

  • Kendrick Lamar y SZA: una histórica cita a bordo de un Buick.

    Kendrick Lamar y SZA: una histórica cita a bordo de un Buick.

    El Buick Regal Grand National es un coche de la marca General Motors protagonista de algunos de los momentos más históricos de la historia estadounidense. El nombre de este automóvil se debe a Darrel Waltrip, bicampeón del campeonato Grand National de la NASCAR. También es el nombre de la histórica gira de Kendrick Lamar y SZA, que ha sido catalogada como la más taquillera de la historia. Cómo no, nosotros estuvimos ahí para contároslo.

    El pasado 30 de julio, Barcelona se preparaba para vivir una cita histórica, pues Kendrick Lamar y SZA tenían preparados una noche inolvidable para las más de 48.000 personas que albergaría el Estadio Olímpico Lluís Companys, ubicado en Montjuic.

    En nuestra subida al estadio, que nos tomaría unos 30 minutos desde Plaza de España, una odisea de fanes con entrada en pista corrían para poder convertirse en alguno de afortunados en ver a K.Dot y a SZA lo más cerca posible, pues las posiciones más adelantadas se cotizaban caras, y es que a falta de 3 horas para la apertura de puertas, la cola casi envolvía el estadio.

    5:00 PM. Tras unas cuantas horas de calor sofocante y un par de botellas de agua entre pecho y espalda, las puertas abrían. Una marabunta de fanes corrían a adjudicarse una plaza óptima para presenciar historia en directo. Obviamente, yo no iba a ser menos, pues logré posicionarme a dos pasitos del escenario. Unas cuantas horas más tarde comenzaría el calentamiento.

    A las 7:15 PM, Mustard se encargaría de poner el ambiente a tono. Con «Pure Water», daba comienzo a un DJ Set más que sobresaliente, que lograba hacer saltar, gritar y bailar a la muchedumbre con temas como «Get It Sexyy» de Sexyy Red, «Titi Me Preguntó» de Bad Bunny o «Don’t Like.1» de Pusha T, Ye y Chief Keef. Tampoco faltaron temas icónicos del californiano como «I Don’t Fuck With You» de Big Sean o «Show Me» de Kid Ink y Chris Brown.

    Ya puestos a puntos, llegaba la hora del verdadero show. Una cinemática que mostraba un Buick Grand National Regal GNX del 1987 con las revoluciones altísimas. Se hizo el silencio, pero este no dura mucho pues, como si de una voz se tratara, todo el estadio cantaba la introducción de «wacced out murals», interpretada por Deyra Barrera. El coche de la cinemática hacía presencia en el escenario en medio del humo, alterando el corazón de más de uno. A la que rompe la canción, Kendrick sale por la puerta del conductor, haciendo que el estadio se caiga abajo. Tras los aplausos del público y la desaparición del Buick, le seguirían temas como «squabble up», «King Kunta», «ELEMENT.» y «tv off», este último sin contar con la segunda parte del tema.

    Una vez finalizada esta introducción de infarto, se nos muestra una cinemática que daría introducción al segundo acto, donde volvería a aparecer el coche, esta vez cubierto de hojas y con SZA sentada sobre el capó. Tras cantar «30 for 30», SZA interpretó tres temazos como son «Love Galore», «Broken Clocks» y «The Weekend».

    Tras estos dos actos, SZA y Kendrick se turnarían hasta siete veces más para completar un set de 52 canciones.

    En el tercer acto, Kendrick decidió tomar la vía de la adrenalina. «Backseat Freestyle», «HUMBLE», «euphoria» o «Alright» pondrían a todo el estadio a saltar como si de un parque de trampolines se tratara, aunque el momento clave fue cuando sonó «family ties», el tema junto a Baby Keem. El estadio se convirtió en un autentico tsunami en el que olas de fanes azotaban la valla de seguridad a los gritos del verso de Baby Keem, formando imágenes que se han vuelto súper virales.

    «man at the garden» daba cierre a esta enérgica parte de Kendrick y nos sumergía de nuevo en la fauna y flora que envuelve a SZA. Con temas como «Scorsese Baby Daddy», «F2F» o «Low» conseguía cautivar al público mientras la artista vivía un proceso de metamorfosis en directo, acompañada por unas visuales de lo más inmersivas.

    De nuevo, ambos artistas coexistían en el escenario para ejecutar una de las más bonitas escenas de la noche. Dos enormes plataformas acercaban a los americanos a las estrellas para interpretar «All The Stars», consiguiendo que los flashes de los teléfonos del público se convirtieran en una constelación que nada tiene que envidiar a la Vía Lactea.

    Pasado el ecuador, Kendrick volvería a tomar el control del escenario en la que, para mí, fue una de las mejores partes del concierto; tanto que hasta me quedé sin voz. «Like That» encendió el estadio, «DNA» levantó a la gente de las gradas de sus asientos, «GOOD CREDIT» abrió las puertas del mismísimo manicomio y «Count Me Out» hizo que a más de uno se le saltara una lagrimilla; una montaña rusa de emociones. Además, «Good Kid Maad City» daba cierre al acto con «Bitch, Don’t Kill My Vibe», «Money Trees» y «Poetic Justice».

    Nos dirigimos a la parte final de esta velada histórica. Para este séptimo acto, SZA realizaría su última aparición en solitario de la noche con sus temas más conocidos. Con «Snooze», «Kill Bill», «Good Days», «Open Arms» y «Nobody Gets Me», el corazón de más de uno se ablandaba y los sentimientos salían a flor de piel, yendo en consonancia con la florida escenografía escogida por la cantante de Missouri. Con «Kiss Me More» y «Rich Baby Daddy», SZA cerraba su acto poniendo a mover el culo a todo el allí presente, siendo así un broche bestial para su actuación en solitario.

    Para el octavo acto, llegaba el momento que más de uno estaba esperando. Como si de un ejercito de espartanos se tratara, con cuchillo en boca y sed de sangre en las venas, 48.001 personas se disponían a vociferar el himno de una batalla que cierto canadiense no querría volver a vivir. «Not Like Us», el diss track que cuenta con un billón y medio de reproducciones en Spotify, hacía retumbar la capital catalana, haciendo papeletas para que el canadiense se reafirme más en no pisar España.

    Y tras la tormenta, llega la calma. «luther» y «gloria» reuniría por última vez sobre el escenario del Lluís Companys a ambos artistas, que recibirían una enorme ovación por parte de un público más que entregado. Con un «te amo» de SZA en un casi perfecto español, los artistas se montaban en el coche y desaparecían del escenario, poniendo rumbo a su próxima fecha sobre el continente europeo.

    Nada más salir del concierto tuve dos cosas claras: que lo que había vivido aquella tarde era una cita irrepetible que quedará para siempre guardada en mi retina y que, junto al concierto de Travis Scott, era de los mejores conciertos a los que he asistido; no solo por los artistas que daban el concierto, sino por la energía transmitida tanto por parte del público como por parte de elementos externos a la propia figura de los artistas. Y esa energía no solo la sentí yo, pues no fueron necesarias muchas horas para que esta se transmitiera a demás países.

    Creo que siempre volvemos al mismo dilema, pero creo que esta cita ha sido un golpe sobre la mesa a nivel internacional. La energía que entregaba el público de España era sobrenatural, muy cercana a la de cualquier show celebrado en Estados Unidos, y esta era intercambiada sin pérdida alguna por parte de ambos artistas. Este concierto es esa señal de humo que necesitan los artistas extranjeros para dar conciertos de tal magnitud sobre suelo español. Kendrick y SZA no solo han venido a España a escribir un capítulo histórico en el libro de artistas que han pasado por nuestro país, han venido a dar a conocer al mundo que los españoles estamos ansiosos por más eventos de este tipo. Es el acelerón que necesitábamos, y no hay mejor acelerón que el que está en manos de pilotos experimentados.