El pasado 18 de febrero Dillom comenzó el último tramo de su gira Por Cesárea: Irreversible en Madrid.
El artista argentino de 25 años, se ha proclamado como uno de los artistas más importantes de la música latina contemporánea. Desde su debut, Post Mortem, se ha transformado, ha cruzado audiencias y ha experimentado con géneros hasta conseguir su punto clave. Por Cesárea es muestra de esto, y la gira de ya casi dos años que acompaña a este disco lo consolida.
Hay algo poético en ver cómo un escenario se le queda pequeño a un artista para, dos años después, devorar uno con más del doble de capacidad. Si en 2024 Dillom congregaba en Madrid a alrededor de mil personas en la Sala But, en 2026 demostró que su fenómeno no conoce techo tocando en La Riviera, abarrotada hasta su límite de 2.500 personas.

Desde horas antes de la apertura de puertas, los expatriados argentinos convirtieron la zona en una sucursal de Buenos Aires. El concierto no era solo una presentación musical, sino que era un punto de encuentro, una olla a presión esperando estallar.
Cuando las luces se apagaron e «(Irreversible)» comenzó a sonar, la locura fue instantánea. Dillom saltó al escenario con «Coyote», seguida de «Piso 13». No hizo falta más para que el centro de La Riviera se partiera en dos, inaugurando el primero de incontables pogos (o moshpits) que no pararían en toda la noche. El concierto siguió con momentos de más introspección y teatralidad, pero igual de energéticos, con “Mi peor enemigo”, «Ola de suicidios» y «Rojo profundo».
Dillom sabe cómo manejar a su público dirigiendo el caos con una de las audiencias más dedicadas que he vivido. Este espíritu rock es lo que lo aleja de los estereotipos clásicos del artista urbano, estallando esta energía con canciones como su colaboración con Pussy Riot y un cover de “Chinese Rocks» de The Heartbreakers, dejando claro sus raíces musicales.

El tramo final del concierto fue una gran exhibición de su versatilidad y evolución. Desde el clásico «220» hasta «Ciudad de la paz», «Amigos nuevos» y “Reiki y yoga”, el público acompañó al argentino en un descenso emocional que preparaba el terreno para el gran cierre a manos de «Buenos tiempos”, un clímax de intensidad emocional y más pogos. Tras salir del escenario, “My Way” de Frank Sinatra despidió al público lleno de adrenalina, con calma y un momento casi cinemático.
En una conversación que tuve con Dillom en 2024, cuando entonces empezaba la gira en España, confesaba que venía con «cero expectativas» para no decepcionarse. Lo que se vivió este 18 de febrero y semana posterior, fue la respuesta definitiva en fin de gira de un público que ya no solo lo conoce, sino que lo venera como el icono en el que se ha convertido.





