Etiqueta: moda española

  • Fátima: «Cada colección deja ver una parte de mí, pero también me reservo otra»

    Fátima: «Cada colección deja ver una parte de mí, pero también me reservo otra»

    Conocí a Fátima el año pasado viendo su desfile The Art of Loss en la 080 BCN Fashion Week. Recuerdo pensar, al finalizar el show, que justo en ese momento había encontrado a alguien con una sensibilidad especial, alguien que diseña desde un lugar donde se entrelazan emociones, pensamiento y deseo. Esta conversación no es tanto un documento periodístico como una invitación a descubrir las capas emocionales que sostienen su trabajo.

    Prendas con alma

    Fátima: Creo que el interés en mis prendas nace de que son ponibles al mismo tiempo que creativas. Hacen posible vestir algo único sin ir incómodo o disfrazado. Me hace especial ilusión vestir a artistas a los que admiro; siento que me escogen porque compartimos puntos y estéticas comunes. Me enorgullece formar parte de otros proyectos artísticos.

    Reconocimiento y evolución

    Fátima: Lo mejor del premio Mercedes Benz Fashion Talent es el reconocimiento que otorga a nivel industria. Para un diseñador joven, contar con ese respaldo es una ventaja enorme, ya que es reconocible internacionalmente.

    Fátima: Cuando hago piezas customizadas intento adaptar mi estilo a los gustos del cliente. A veces me lleva a trabajar con tejidos o siluetas que nunca habría probado. Por ejemplo, haciendo los vestidos para la gira de Sin Cantar ni Afinar de C. Tangana me enamoré del satén —que ya ha sido protagonista de dos colecciones.

    Lenguaje y contemporaneidad

    Fátima: Cada diseñador tiene una identidad visual y un discurso distinto. Creo que mi trabajo se reconoce por el patronaje creativo, el uso de tejidos inusuales y el equilibrio entre concepto y funcionalidad. Otros diseñadores me han dicho que aprecian justo eso: mi forma de experimentar con formas y materiales sin que las prendas dejen de ser ponibles.

    El cuerpo femenino como lienzo

    Fátima: La figura de la mujer me inspira desde que empecé. Me interesa trabajar con el cuerpo femenino y jugar con la sensualidad a través de cut outs, usar la cintura o las caderas como puntos clave. La experimentación con el cuerpo me ha permitido romper con la silueta clásica y crear nuevas. Ahora tengo muchas ganas de llevar esa misma exploración al menswear.

    Geometría emocional

    Fátima: La geometría es casi una pulsión inconsciente. Te prometo que intento salir de ella, pero es superior a mí. Es mi forma natural de expresarme. Creo que hay algo psicológico en eso, pero no sabría explicarlo. Simplemente, cuando diseño, tiendo a lo geométrico.

    Musas y universos

    Fátima: Estas ideas van definiendo a mi musa —o mejor dicho, a la mujer para la que diseño. No es siempre la misma, pero hay una energía o actitud que cambia según lo que quiero contar. En Geometry of Fear me inspiré en el movimiento artístico británico del mismo nombre, nacido tras la Segunda Guerra Mundial. Quise traducir ese miedo y esa inestabilidad en cortes angulosos, siluetas deformadas y una paleta oscura. En cambio, Precious Decay nació desde un lugar más romántico y melancólico, inspirado en la belleza decadente del joie de vivre de la Belle Époque.

    Entre la belleza y la pérdida

    Fátima: The Art of Loss es la colección más emocional que he hecho. Parte de mi experiencia personal perdiendo a alguien cercano. Intenté mantener el equilibrio entre concepto y funcionalidad. La música aportó dramatismo, pero también alivio. Me gusta la metáfora de los cut outs porque siento que en cada colección dejo ver una parte de mí, pero también me reservo otra.

    Inspiraciones y proceso

    Fátima: El punto de partida de todas mis colecciones es siempre el arte, normalmente pictórico o escultórico. Cuando empiezo una colección busco hasta que me enamoro de una obra o un movimiento. La música es también fundamental durante todo el proceso.

    Fátima: Con la belleza y la elegancia me pasa lo mismo que con la geometría: son innatas a mi proceso creativo. Soy una friki de la moda de los 50 y 60, del patronaje inteligente y de la nueva feminidad de diseñadores como Pierre Cardin. Me inspiran mucho marcas como Prada o Marni.

    El error como método

    Fátima: Muchas piezas nacen desde la intuición. A veces empiezo sin saber qué quiero conseguir. Me gusta trabajar con libertad. Muchos de mis mejores diseños han surgido de errores o soluciones inesperadas mientras modelaba. El error, a veces, es el camino.

    La entrevista íntegra, junto con las imágenes y el editorial completo, está disponible en el print #001 de Calle52.

    Créditos

    Fotografía: María Leyba (@sasha.leyba)
    Entrevista: Che Abjeli (@cheabjeli)

  • DÜA DÜA — el denim que heredarán tus nietos

    DÜA DÜA — el denim que heredarán tus nietos

    Conversación para Calle52 en su edición print. En un panorama saturado de fast fashion y colecciones que caducan antes de llegar al armario, DÜA DÜA no grita, pero se escucha. Eduardo González Vega, diseñador madrileño nacido en 1999, encarna una resistencia cada vez más relevante: la del trabajo bien hecho, el diseño con alma y la ropa que está hecha para durar. Desde un taller en Madrid —más cocina abierta que fábrica—, DÜA y su equipo fabrican vaqueros como quien esculpe: con precisión, carácter y una fe inquebrantable en el valor de lo artesanal.

    DÜA DÜA no es solo denim. Es memoria, visión y una forma de entender el lujo que no necesita etiquetas. 100% algodón japonés tejido en telares centenarios, prendas pensadas para acompañarte décadas y, si hace falta, ser reparadas a los 30 años. En un sistema que pide más y más rápido, él opta por lo contrario: formar personas, coser despacio, encontrar identidad sin un logo. Su proyecto es uno de esos que no se explican en una campaña, sino que se entienden cuando te pruebas un jean y sientes que llevas una armadura.

    Hablamos con Eduardo sobre qué significa hacer las cosas bien en 2025, cómo se construye una marca con cultura y qué se necesita para formar parte de una tripulación unida por un sueño.

    Un poco como introducción, me gustaría que nos contaras cómo surgió la idea de DÜA DÜA. ¿Cuáles son los valores que más definen a la marca?

    Lo primero de todo, yo estudié moda en la ESD Madrid, y realicé unas prácticas de un año en la sastrería Prats (Joaquín Prats), donde pude entender la manera de hacer las cosas y el respeto que hay que tener tanto por la profesión como por la prenda en sí. El nombre de DÜA DÜA surge a raíz de un amigo que me llamaba siempre “Dua” (mi nombre real es Eduardo) y cuando empecé con la marca, buscando un nombre me acordé.

    Los valores de la marca fundamentalmente son la simbiosis entre la artesanía, el buen hacer y el diseño innovador y funcional. El denim japonés tradicionalmente tiene una manera de hacer, unos códigos, que en DÜA DÜA nos encanta mantener, pero también hay muchos otros que prefiero saltarme, ya que creo que hay que actualizarlos y crear así nuestros propios códigos. Otro valor de la marca es una identidad muy fuerte, siempre nos gusta crear sin la necesidad de un logo grande que identifique el diseño o la marca, nosotros preferimos que el diseño hable por sí mismo y sea este por el cual identifiques la marca. Por ejemplo, solemos hacer muchos bolsillos redondos, muchas costuras llevan un degradado de hilos, la línea del diseño…

    Hacemos ropa que dura toda la vida, eso no significa que dentro de 30 años siga perfecta, obviamente se va deteriorando; lo que buscamos es hacer prendas que te acompañen a lo largo de la vida. Si algo se rompe, ofrecemos garantía de 50 años: todo lo que le pase al pantalón, ya sea un roto, que se le caiga un botón o cualquier cosa, nosotros la volvemos a arreglar.

    ¿Qué vacíos veías en la industria del denim que te impulsaron a crear la marca?

    Si es cierto que la industria del denim es gigante, es de las más grandes de todas. ¿Quién no tiene más de una pieza de denim en su armario? Nosotros vemos muchos fallos de marcas grandes y marcas de lujo que no mejoran el denim demasiado en comparación con otros mucho más baratos. Para hacer un vaquero de calidad empiezas desde el hilo, las propias máquinas de coser, por supuesto la tela, pero aparte de eso, un diseño innovador.

    Muchas marcas de lujo venden la misma chaqueta pero con distinta etiqueta (chaqueta type 3), un diseño muy general y conocido. Yo quería salirme de ese diseño y hacer otros que mantengan la esencia.

    Nuestra tela viene importada de Japón, donde se conservan telares antiguos de más de 100 años creados para hacer el mejor denim, no grandes producciones. Es por eso que nosotros lo elegimos.

    Definís vuestros jeans como “el denim que heredarán tus nietos”. ¿Qué significa esto para ti a nivel diseño, materiales y producción?

    Esto es futuro. Nosotros queremos hacer de DÜA DÜA una marca que la gente de España se sienta orgullosa, como un Levi’s para los americanos. Obviamente no quiero ser el nuevo Levi’s, porque ya existe, pero quiero crear una marca enfocada en la ropa de lujo y artesanal, hecha de una manera especial y con alma. El verdadero ecologismo está en marcas así, que apuestan por un producto con los mejores materiales y que dure toda la vida.

    ¿Qué importancia tiene la producción local en vuestro modelo de negocio?

    Yo de negocios la verdad que no sé mucho, todo lo he ido aprendiendo poco a poco a base de tropezar con problemas. Es un modelo de negocio muy difícil, no es escalable. Por lo menos manteniendo la calidad que quiero. Por ejemplo, el bolso Birkin de Hermès: el mismo que corta el cuero es el que pone el remate final, solo interviene una persona en todo el proceso, un artesano profesional. En DÜA DÜA buscamos algo así.

    Prefiero gastar mi tiempo en formar a gente para que sea capaz de coser con la calidad que quiero, que enviarlo a un taller en Portugal o Turquía y bajar la calidad. Es un modelo que funciona a fuego lento, pero miramos al futuro y no tenemos prisa en llegar a ningún sitio. Con trabajo y esfuerzo todo llega.

    Trabajas con algodón japonés. ¿Por qué elegiste este material? ¿Es por calidad únicamente o significa algo más para ti?

    El algodón japonés tiene unas características que yo buscaba. Aparte de ser 100% natural, sin fibras sintéticas, tiene una cadena de producción muy lenta. Los telares miden de ancho 75 centímetros y yo necesito casi 3 metros para realizar un pantalón. Sin embargo, un telar tradicional mide 3 metros de ancho y necesitas 1,10 metros para hacer dos pantalones.

    Es también la misma maquinaria que utilizaba Levi’s cuando empezó, sin obsolescencia programada, sin ese consumismo brutal y sin la necesidad de que la gente se comprase cinco pantalones. Aparte de la calidad, los japoneses trabajan con el corazón y el alma: maniáticos y perfeccionistas. Un método y manera de trabajar única. No solo sirve con buena materia prima, también hay detrás artesanos que aman su trabajo. Y alguien que ama su trabajo consigue el mejor producto.

    En un mundo dominado por el fast fashion, ¿cómo conseguís poner en valor lo artesanal? ¿Cómo educáis al cliente sobre el valor de lo que hacéis?

    Siendo sincero, me da mucha pereza el tener que educar a la gente. En países como España, la gente gasta más en entretenimiento que en moda, y no pasa nada, es algo cultural y social. Eso sí, yo siempre defenderé mi posición porque creo en ella, y creo que es el futuro sostenible ideal. No desaparecerá el fast fashion, siempre habrá gente dispuesta a comprarla, ya sea por problemas económicos o cualquier tipo de situación, pero la gente poco a poco se está dando cuenta de que a la larga es mucho mejor invertir en ropa. Países como Suecia, Dinamarca, Francia o Italia lo han hecho desde siempre.

    No hay una fórmula para lo idílico, pero poco a poco todo se estabiliza. Hay hueco para todos en el mercado. Solo hay que buscar tu público.

    ¿Qué referencias visuales o culturales inspiran DÜA DÜA? ¿Tienes algún icono del denim que te guste especialmente?

    Referencias visuales sobre todo. Mi hermano es actor y amante del cine, por lo que yo he mamado de todo eso, aprendiendo y empapándome de la cultura visual. Todas mis colecciones tienen como inspiración alguna película, corto o pieza audiovisual. Es algo que hago y haré siempre. Me parece la mejor manera de expresar una marca de ropa: lo visual.

    Todos mis referentes tienen 200 seguidores y son frikis de máquinas y denim, muchos de ellos japoneses pero también europeos.

    ¿Qué te gustaría cambiar del sistema moda actual desde tu posición?

    No considero que pueda cambiar nada yo solo. Desde siempre la gente se ha juntado, gente con un mismo objetivo con la intención de luchar por lo que les importa. En España no considero que las marcas se lleven mal entre sí, por lo menos desde mi lado. Hay muchas marcas en España que tienen mucho que decir, y yo las apoyaré siempre. Marcas como “UGO BOULARD” son un ejemplo.

    Lo que tendríamos que hacer es algo como la generación del 27 (García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti…), un grupo de escritores que se juntaron con la idea de hacer ruido.

    ¿Qué significa para ti el lujo hoy en día?

    El lujo es la combinación de materiales, artesanía y diseño. Cuando tienes las tres, para mí es lujo. No necesitas un logo o una gran marca. No digo que no existan grandes marcas de lujo, pero siempre manteniendo esa combinación.

    ¿Cómo veis la evolución de DÜA DÜA a medio plazo? ¿Qué os gustaría lograr?

    A medio plazo, hablando de dos años, sería tener una marca con 3-4 empleados y una producción máxima de 4 piezas al día. Y tener más de tres puntos de venta nacionales (Madrid, Barcelona) y dos internacionales (Londres, Nueva York).

    ¿Veis posible abrir un espacio físico o estáis cómodos operando desde Instagram?

    Realmente yo sí tengo un espacio físico donde puedes venir a probarte y coger medidas. Pero si te refieres a un espacio abierto al público, sí, estoy buscando un sitio céntrico donde la gente que pase también pueda ver la marca. Pero siempre con el taller. Me gusta la idea de los restaurantes con cocina abierta, donde ves al chef preparar tu plato. Pues quiero un poco eso: que el taller forme parte de la esencia de la marca.

    ¿Cuál ha sido la lección más dura desde que empezaste? ¿Hay alguna decisión que hoy no tomarías igual? ¿Qué te enseñó?

    Es un trabajo que requiere muchísimo tiempo. Estoy entre 12 y 15 horas al día en el taller, fines de semana incluidos. No es algo que vea malo a corto o medio plazo; es algo que creo que hay que pasar. Es duro al principio, una decisión que tus amigos, pareja y familiares también van a “sufrir”, pero en mi caso, todos lo han entendido y me apoyan. ¡Más suerte no he podido tener!

    ¿Qué parte del proceso creativo te conecta más contigo mismo?

    Me encanta diseñar. Mis moodboards son físicos, los voy imprimiendo y pegando en la pared, haciendo un mural visual amplio y atractivo. Tal vez es mi parte favorita, pero cada proceso tiene su encanto. Coser, por ejemplo, para quien sepa, es una terapia, algo tranquilo. Por lo menos en mi caso.

    ¿Qué os gustaría que la gente sintiera al ponerse un jean de DÜA DÜA?

    Algo que dice muchísima gente: “es como llevar una armadura”. La tela es muy rígida al principio y a la gente eso le gusta. Para mí lo ideal es que sea su pantalón favorito, un pantalón para el día a día. Y con cada cliente intento que así sea. Lo más importante es que sea cómodo, si no, mal vamos…

    ¿Y qué os sigue impulsando, después de todo?

    Pues tanto yo como el resto del equipo compartimos un sueño. No sé si habéis visto One Piece, pero la tripulación está unida por un sueño. Nosotros igual: tanto Matías, que es el videógrafo, como Clemen y Bryan, que son los chicos de taller; Juanmi, nuestro fotógrafo; o Ana, la diseñadora de producto digital y web. Todos queremos que la marca triunfe. Lo más importante de un equipo es la confianza y estar juntos. Darle a cada uno la importancia que se merece siempre, y hacerles partícipes del proyecto. Aquí somos compañeros 🙂

    Créditos

    • Fotografía: Juan Miguel Herrero (@juanmiguel_herrero)
    • Maquillaje: Cay Jiménez (@cayjimenezz)
    • Modelos: @mcantero_ · @darioldman · @dukethezen · @_claugarm
    • Producción: @duadua.es
    • Entrevista: Tomás Casado (@tomascg_)
    • Texto: Santiago Medina (@santii_medina)

    La entrevista está disponible en el print #001 de Calle52 y en nuestra web (link en bio).

  • Caua Colombo: INDIGO — Chapter One | Moda sin mapa

    Caua Colombo: INDIGO — Chapter One | Moda sin mapa

    Entre la improvisación, la confianza y la intuición, Caua Colombo presenta INDIGO: Chapter One, una colección que no busca definirse sino sentirse. Un universo donde los errores son puertas y cada prenda se convierte en personaje.

    Realmente no habría algo que defina la colección entera como tal; INDIGO: Chapter One es una mezcla de cosas que me gustan en el momento. Muchas de ellas son improvisadas: rara vez me siento a planear un diseño meticulosamente. La mayoría de las veces hago lo que se me ocurre y trabajo a partir de ahí, me parece mucho más divertido y natural de esa forma.

    «Con la improvisación de casi todo tampoco hay errores como tal —explica Caua Colombo—. Un supuesto “error” me abre las puertas a algo que no había visto antes, así que es una parte muy importante del proceso».

    Improvisar hasta encontrar un mundo propio

    Ese mismo impulso espontáneo se refleja en cómo decide presentar sus prendas. «Para mí, la forma de presentar es el sentido y el contexto que das a tu trabajo para que la gente pueda entender de dónde viene. Mi forma favorita siempre es hacerlo de manera épica o más uncanny, porque me parece lo que más atrapa la vista y lo que transforma un look normal en un personaje dentro de un mundo cualquiera».

    «Busco el efecto de cuando le coges cariño a un personaje de una serie o película y de repente quieres vestir como él o saber más. Que te haga preguntarte e interesarte más».

    Una narrativa abierta a la interpretación

    Ese universo que crea no tiene límites: «El mundo que uno mismo quiera. Yo conozco el mío y sé de dónde viene cada cosa, pero cada persona es libre de interpretarlo y moldearlo al suyo para sentirlo lo más cercano posible».

    Aunque asegura que nunca querría atarse a una estética concreta, reconoce haber encontrado algo más sólido en esta etapa. «Creo que es simplemente un tema de confianza. Antes me daba hasta cosa usar mi propio nombre como marca, pero ahora siento que ya tengo la seguridad como para hacer todo lo que quiera. Llevaba esperando mucho tiempo sentirme así».

    «Para mí las dos cosas van de la mano. Si lo entiendes, ya te hace sentir algo o preguntarte algo».

    El comienzo de una nueva etapa

    La segunda parte de INDIGO está a punto de ver la luz. Y aunque Caua Colombo insista en que no quiere encasillarse, todo apunta a que ha encontrado su propio mundo —uno nacido de la intuición, el error y la libertad de crear sin mapa.

  • Miguel Adrover: La cultura no son números

    Miguel Adrover: La cultura no son números

    Visionario, autodidacta y siempre incómodo para la industria, Miguel Adrover irrumpió en la moda neoyorquina con un discurso político y colecciones que desafiaban las reglas. Del éxito fulgurante a la caída por no ceder ante el sistema, su regreso con The Designer is Dead llega acompañado de polémica y nos recuerda que la cultura, cuando es auténtica, no se mide en números.


    Miguel Adrover: integridad cultural en tiempos de ruido

    En la historia de la moda hay nombres que desaparecen de las portadas, pero no de la memoria de quienes entienden la cultura más allá de las tendencias. Miguel Adrover es uno de ellos. Mallorquín, autodidacta y con una visión profundamente política, irrumpió en Nueva York a finales de los noventa como un meteorito que sacudió la escena. Sus primeras colecciones —Manaus-Chiapas-NYC y Midtown— fueron aplaudidas por la crítica y le valieron premios importantes. Desde el principio, su trabajo fue un acto de resistencia contra la moda vaciada de mensaje: reutilizaba prendas, cuestionaba el poder de las marcas y convertía sus desfiles en declaraciones sociales.

    En una época en la que el diseño con carga política era casi una rareza, Adrover ya abría un camino que hoy continúan figuras como el mexicano-neoyorquino Willy Chavarria, que une moda, identidad y activismo para incomodar al mainstream (a pesar de serlo).


    Éxito, caída y exilio creativo

    Su debut en 1999 fue un éxito inmediato, generando millones en ventas y atrayendo al grupo Pegasus Apparel gracias al apoyo económico de su socio Alicio. Pero esa misma dependencia se convirtió en su fragilidad: cuando Pegasus quebró y Alicio retiró el respaldo, la estructura financiera de su marca se desplomó.

    El golpe final llegó en 2001, cuando presentó una colección inspirada en Oriente Medio dos días antes del 11-S. La prensa la malinterpretó, llegó a ser investigado por la CIA y las tiendas cancelaron sus pedidos. Adrover regresó a su pueblo natal en Mallorca en 2004 y, salvo su última colección en 2012 (Out of My Mind), nunca volvió a vender una prenda. Hoy se dedica a la fotografía y a otras disciplinas, manteniendo intacto su discurso activista que invita a la conciencia y reflexión de los tiempos en los que vivimos.

    Colección Out of my mind, 2012. Fotografía: Dan Lecca

    Regreso, polémica y la cultura que no se mide en números

    En 2025, su nombre regresa a escena con el documental The Designer is Dead, producido por Little Spain. El proyecto rescata su trayectoria y reivindica una forma de entender la moda que no vive pendiente del algoritmo. Pero su estreno coincidió con una polémica: Adrover rechazó vestir a Rosalía por no posicionarse de forma activa contra el genocidio en Palestina y lo hizo público. Rosalía respondió que la vergüenza no es el camino y que el silencio no implica indiferencia. Little Spain aclaró que sus declaraciones eran personales y expresó respeto y admiración por la artista.

    Más allá de la disputa, el caso refleja una tensión constante: la exigencia inmediata de posicionarse frente a la coherencia personal y el riesgo de que la denuncia se convierta en espectáculo. Como dijo recientemente Pharrell, “el heat cultural no se puede medir en números”. Adrover es uno de esos casos: puede que su nombre no lidere listas ni viralice, pero su influencia persiste en quienes entienden la moda como herramienta de conciencia.

    En un tiempo dominado por el ruido, su integridad es, quizá, su mayor obra.

  • MBFW: Este no es un artículo de moda, es un artículo sobre ti.

    MBFW: Este no es un artículo de moda, es un artículo sobre ti.

    La moda nos habla de algo más que tendencias: de nuestra identidad. No se trata de qué llevamos, sino de cómo nos define lo que elegimos ponernos. Aquí, la pasarela se convierte en un espejo.

    Encuentro mi asiento entre el vaivén de asistentes y el destello incesante de los flashes. Las luces se apagan, la señal inequívoca de que algo significativo está a punto de comenzar. En el ambiente se percibe una expectación latente, una tensión contenida que se traduce en silencios compartidos y miradas atentas. Asistir a un desfile de moda es, en sí mismo, un acto colectivo: lo hacemos con miradas analíticas, entusiasmo mesurado y una predisposición casi ritual hacia lo que estamos a punto de presenciar. Sobre la pasarela no desfilan solo prendas, sino discursos visuales, manifiestos textiles que definen no solo el rumbo de la industria —¡ay!, la industria—, sino también la manera en la que entendemos la identidad a través del vestuario.

    Prefiero situarme en el umbral entre la exaltación y el escepticismo, dejando margen para la sorpresa y la reinterpretación. Cada colección supone una propuesta estética, pero también un reflejo de los códigos culturales y emocionales del momento. Y si hay algo que se comparte en este espacio, antes, durante y después de cada desfile, es precisamente la búsqueda de un lenguaje propio: la moda como construcción de identidad. Un escenario donde la prenda deja de ser un mero objeto utilitario para convertirse en un vehículo de expresión, en la primera impresión que comunicamos al mundo.

    Studio Cumbre desfilando en la MBFW 2025 – IFEMA

    El discurso

    Hace unos meses me preguntaron si la moda es una forma de arte. A simple vista, la respuesta parece obvia, pero la cuestión es más compleja de lo que aparenta. Existe una tendencia a desestimarla frente a disciplinas como la pintura o el cine, en parte porque su dimensión más visible suele estar dominada por la fugacidad del fast fashion y la ostentación de logos. Y sí, todo eso es frívolo. Pero reducir la moda a esa superficialidad es ignorar su verdadera naturaleza: un fenómeno cultural que atraviesa épocas, estructuras y significados. Incluso en su faceta más comercial, la moda sigue siendo una construcción simbólica, un lenguaje que opera tanto en lo individual como en lo colectivo. Basta con recordar la escena de El diablo viste de Prada, donde Meryl Streep desmonta la ilusión de libre elección en el vestir, trazando el recorrido de una prenda desde su concepción en los HQ de una firma hasta sus innumerables derivaciones en el mercado masivo. Por su parte, Roland Barthes señalaba en El sistema de la moda que el vestido no es solo una prenda, sino un entramado de signos, un discurso visual que comunica significados más allá de la función utilitaria. Porque, nos guste o no, la moda es un reflejo de nuestro tiempo, con todas sus contradicciones.

    El pulso de la moda española

    En Menchén Tomás, comparto asiento con Lucía, que me habla de cuales de las prendas que vemos desfilar son un adelanto de las tendencias que marcarán el próximo ciclo. Los trajes estructurados combinados con blusas oversize en mujeres, los tejidos de gran caída y las sedas brillantes —cuya calidad se intuye incluso a la distancia, como si su tacto flotara en el aire— componen una colección que encapsula nuestra primera experiencia en la MBFW. Un día después, Jnorig sacude los sentidos con una propuesta que impacta desde la primera salida a pasarela. Las siluetas de sus prendas evocan un vanguardismo que inyecta frescura al panorama de la moda española, mientras que la paleta cromática —dominada por negros y rojos intensos— y los accesorios, como las máscaras que sugieren un misterio latente, refuerzan una estética de claras influencias asiáticas. Su colección es un recordatorio de que la identidad es un territorio amplio y mutable, un espacio en el que convergen referencias diversas y donde cada individuo encuentra puntos de anclaje distintos. La moda, en este contexto, se convierte en un reflejo de esa pluralidad, un espectro con matices casi infinitos en el que es posible reconocerse, aunque sea fugazmente, en los atuendos que desfilan ante nuestros ojos y se graban en la retina.

    Jnorig desfilando en la MBFW 2025 – IFEMA

    El domingo está reservado para la pasarela EGO, el escaparate de las marcas emergentes españolas. Jóvenes diseñadoras que revitalizan la moda nacional con una mirada innovadora, donde el diseño y la sensibilidad trascienden los diez minutos fugaces de desfile. Studio Cumbre despliega una propuesta de sobriedad calculada: tejidos de gran presencia, una paleta cromática contenida pero exquisita, volúmenes y geometrías que convierten la pasarela en una galería de formas escultóricas. Por su parte, Alineo Studio nos arrastra a las profundidades del océano con una colección que parece fluir con la misma cadencia que el agua. Tejidos de movimiento amplio y colores vibrantes se despliegan dentro de una narrativa que nos transporta al fondo marino. Los modelos emergen en pasarela como criaturas anfibias, envueltos en una estética que sugiere un renacimiento acuático, una metamorfosis etérea entre la moda y el mito.

    Alineo Studio desfilando en MBFW 2025 – IFEMA

    La forma que habitamos

    Al despertar al día siguiente, reflexiono sobre cómo nos percibimos y cómo nos perciben después de un fin de semana saturado de estímulos. Nos preocupa, de manera consciente o inconsciente, el qué llevar y el cómo, ya sea para integrarnos, destacar o desaparecer entre la multitud. Pero, de algún modo, durante estos días de moda, todos coincidimos en un mismo espacio donde la expresión personal se impone sobre cualquier otra intención. La identidad se despliega como un lenguaje silencioso, una necesidad de afirmarse desde dentro. No solemos detenernos a pensar en todo lo que entra en juego cuando elegimos cómo presentarnos al mundo, pero, en ese instante en que las luces se apagan y el primer diseño aparece en pasarela, algo en todos nosotros converge: el deseo de ver, de ser visto y, en última instancia, de reconocernos.

  • Bass | Cabinet des Modes EP3

    Bass | Cabinet des Modes EP3