Barcelona se prepara para una de sus semanas más esperadas del año: Primavera Sound 2026. No se trata solo de un evento musical, sino de esa pequeña gran reunión donde la ciudad se convierte en el epicentro de un fenómeno generacional; un espejo de cómo suena nuestro tiempo. Presenta un cartel que, como nunca, enfrenta el pasado y el futuro en el mismo escenario: The Cure, Doja Cat, The xx, Gorillaz, Massive Attack, Addison Rae, My Bloody Valentine, PinkPantheress, Skrillex y Peggy Gou encabezan el cartel. Nombres que actúan como puentes entre épocas y formas de entender la música y la vida.
El regreso del «pasado»
La vuelta de The Cure no es una mera vuelta: es una actualización. Robert Smith regresa con su mirada melancólica desde una perspectiva renovada, como si el eco de los noventa encontrase nuevas texturas y significados. Y justo al lado, Gorillaz, quienes presentarán una propuesta escénica innovadora con un espectáculo visual y sonoro totalmente envolvente. Massive Attack, por otro lado, vuelve con esa mezcla indescifrable de beats y activismo, donde el sonido sirve también de grito colectivo.
El pop como género del momento
En cambio, del lado más vanguardista y performativo está Doja Cat, perfecta para estos tiempos donde la música es espectáculo e iconografía. Su show será un viaje entre pop, rap y todo ese imaginario versátil y estético en el que se mueve con seguridad y dominio, explorando su identidad artística híbrida, la cual moldea su sonido en constante evolución. Y junto con ella, Addison Rae y PinkPantheress, dos nombres nacidos de los algoritmos que ya reclaman su lugar sobre el escenario más vivo de la música, donde lo performativo y lo musical se entrelazan para definir la banda sonora de nuestro tiempo. Addison Rae, quien saltó de las RRSS a los escenarios masivos, encarna la nueva generación que transforma el fenómeno viral en presencia escénica firme y carismática; su estilo mezcla melodías pegadizas, como en las canciones “Diet Pepsi” o “Headsphones on”, con una capacidad natural para conectar con audiencias cada vez más globales. Por otro lado, PinkPantheress ofrece una propuesta más íntima y experimental, un bedroom pop que combina drum & bass con una melancolía nostálgica, convirtiéndose en la voz de esas emociones que circulan en la era digital con tacto y originalidad. Además de todas estas artistas, también resuenan nombres como Oklou, Men I Trust y Role Model.
Pero lo más interesante está debajo de la cabeza de cartel. Esa sensación de descubrir algo que, desde los márgenes, gobierna silenciosamente la escena global, impulsado por una urgencia creativa que rompe esquemas y redefine lo que entendemos como vanguardia hoy. Propuestas como Ethel Cain, que lleva el country a un territorio oscuro, casi confesional, o Kneecap, que mezcla hip hop con su activismo, y Amaarae, que reinterpreta el R&B con una mirada futurista, aportan profundidad y complejidad a esa amalgama creativa que caracteriza esta edición.
Asimismo, durante las semanas previas al anuncio, circularon rumores sobre la posible presencia de Lorde en el cartel, alimentados por el hecho de que no figuraba ninguna fecha en España dentro de su gira internacional. La expectativa era máxima entre los fans y medios, que apostaban por una de las artistas más influyentes del pop contemporáneo como sorpresa del festival. Sin embargo, esa especulación terminó por desvanecerse cuando Lorde decidió finalmente sumarse a la programación de otro gran festival español, dejando al Primavera Sound con una ausencia notable, pero también con la sensación de que la conversación y las apuestas en torno a su cartel siguen siendo un espectáculo en sí mismo.
Innovación y diversidad local
En casa, la escena local brilla con fuerza. Artistas como Ralphie Choo, con su innovador pop electrónico que fusiona capas sonoras experimentales y ritmos modernos; Bad Gyal, quien ha revolucionado la música urbana española con su fusión de reggaetón, dancehall y una actitud desinhibida que la ha convertido en icono generacional; Rusowsky, cuya voz y su narrativa emotiva abren nuevos caminos en el pop alternativo; Guitarricadelafuente, que mantiene viva la tradición del folk mediterráneo mientras la reinventa con una sensibilidad contemporánea y una conexión especial con el público; y Depresión Sonora, que con su propuesta introspectiva y atmosférica da voz a las contradicciones y emociones de la juventud actual. Todos ellos no solo muestran que España es una pieza clave en el mapa musical, sino que forman parte fundamental del discurso plural y dinámico que define la esencia del Primavera Sound, un espacio donde se celebra la diversidad y la innovación. A estos nombres se suman también Barry B, Juicy BAE, Jimena Amarillo y VVV [Trippin’you], artistas los cuales aportan frescura y diversidad a la escena nacional.
Iconografía barcelonesa
Visualmente, este año, se ha apostado por utilizar símbolos muy barceloneses en el cartel como las anillas olímpicas y el panot que se pisa cada día, elementos que funcionan como un recordatorio tangible de comunidad y pertenencia.
En definitiva, Primavera Sound es, sobre todo, ese instante único en Barcelona donde la música se vuelve memoria y futuro al mismo tiempo, un espacio donde se celebra la diversidad, la innovación y la identidad sonora compartida, la cual trasciende épocas y estilos. Un escenario en constante transformación.
Conocí a Fátima el año pasado viendo su desfile The Art of Loss en la 080 BCN Fashion Week. Recuerdo pensar, al finalizar el show, que justo en ese momento había encontrado a alguien con una sensibilidad especial, alguien que diseña desde un lugar donde se entrelazan emociones, pensamiento y deseo. Esta conversación no es tanto un documento periodístico como una invitación a descubrir las capas emocionales que sostienen su trabajo.
Prendas con alma
Fátima: Creo que el interés en mis prendas nace de que son ponibles al mismo tiempo que creativas. Hacen posible vestir algo único sin ir incómodo o disfrazado. Me hace especial ilusión vestir a artistas a los que admiro; siento que me escogen porque compartimos puntos y estéticas comunes. Me enorgullece formar parte de otros proyectos artísticos.
Reconocimiento y evolución
Fátima: Lo mejor del premio Mercedes Benz Fashion Talent es el reconocimiento que otorga a nivel industria. Para un diseñador joven, contar con ese respaldo es una ventaja enorme, ya que es reconocible internacionalmente.
Fátima: Cuando hago piezas customizadas intento adaptar mi estilo a los gustos del cliente. A veces me lleva a trabajar con tejidos o siluetas que nunca habría probado. Por ejemplo, haciendo los vestidos para la gira de Sin Cantar ni Afinar de C. Tangana me enamoré del satén —que ya ha sido protagonista de dos colecciones.
Lenguaje y contemporaneidad
Fátima: Cada diseñador tiene una identidad visual y un discurso distinto. Creo que mi trabajo se reconoce por el patronaje creativo, el uso de tejidos inusuales y el equilibrio entre concepto y funcionalidad. Otros diseñadores me han dicho que aprecian justo eso: mi forma de experimentar con formas y materiales sin que las prendas dejen de ser ponibles.
El cuerpo femenino como lienzo
Fátima: La figura de la mujer me inspira desde que empecé. Me interesa trabajar con el cuerpo femenino y jugar con la sensualidad a través de cut outs, usar la cintura o las caderas como puntos clave. La experimentación con el cuerpo me ha permitido romper con la silueta clásica y crear nuevas. Ahora tengo muchas ganas de llevar esa misma exploración al menswear.
Geometría emocional
Fátima: La geometría es casi una pulsión inconsciente. Te prometo que intento salir de ella, pero es superior a mí. Es mi forma natural de expresarme. Creo que hay algo psicológico en eso, pero no sabría explicarlo. Simplemente, cuando diseño, tiendo a lo geométrico.
Musas y universos
Fátima: Estas ideas van definiendo a mi musa —o mejor dicho, a la mujer para la que diseño. No es siempre la misma, pero hay una energía o actitud que cambia según lo que quiero contar. En Geometry of Fear me inspiré en el movimiento artístico británico del mismo nombre, nacido tras la Segunda Guerra Mundial. Quise traducir ese miedo y esa inestabilidad en cortes angulosos, siluetas deformadas y una paleta oscura. En cambio, Precious Decay nació desde un lugar más romántico y melancólico, inspirado en la belleza decadente del joie de vivre de la Belle Époque.
Entre la belleza y la pérdida
Fátima:The Art of Loss es la colección más emocional que he hecho. Parte de mi experiencia personal perdiendo a alguien cercano. Intenté mantener el equilibrio entre concepto y funcionalidad. La música aportó dramatismo, pero también alivio. Me gusta la metáfora de los cut outs porque siento que en cada colección dejo ver una parte de mí, pero también me reservo otra.
Inspiraciones y proceso
Fátima: El punto de partida de todas mis colecciones es siempre el arte, normalmente pictórico o escultórico. Cuando empiezo una colección busco hasta que me enamoro de una obra o un movimiento. La música es también fundamental durante todo el proceso.
Fátima: Con la belleza y la elegancia me pasa lo mismo que con la geometría: son innatas a mi proceso creativo. Soy una friki de la moda de los 50 y 60, del patronaje inteligente y de la nueva feminidad de diseñadores como Pierre Cardin. Me inspiran mucho marcas como Prada o Marni.
El error como método
Fátima: Muchas piezas nacen desde la intuición. A veces empiezo sin saber qué quiero conseguir. Me gusta trabajar con libertad. Muchos de mis mejores diseños han surgido de errores o soluciones inesperadas mientras modelaba. El error, a veces, es el camino.
La entrevista íntegra, junto con las imágenes y el editorial completo, está disponible en el print #001 de Calle52.
En esta conversación con Calle52, Fuji —nombre artístico de Carlos Jiménez— abre la puerta a un universo propio: Super Sweet, su nuevo álbum, un viaje entre nostalgia japonesa, pop ochentero y contradicciones bellas. Un proyecto que, como él mismo dice, “no viene a encajar, sino a contagiar libertad”.
Identidad y comienzos
Hay artistas que se inventan en el camino y otros que lo tienen claro desde la primera clase de instituto. Fuji pertenece a la segunda categoría. «Yo ya era Fuji antes de tener un micro delante», dice. Empezó en 2017 haciendo producciones, aunque no tardó en lanzarse a cantar. “Les decía a los chavales: llamadme Fuji, que soy Fuji, que esto me mola”.
Tras varios años de silencio público, el artista ha pasado los últimos tres buscando su voz, perfeccionando su sonido y encontrando una forma de expresión que le representa. “Por fin siento que he dado con algo que digo: esto soy yo, esto sí que me gusta”.
Proceso y evolución
Durante ese tiempo, Fuji estudió diseño de interiores y moda, pero pronto entendió que su camino estaba en la música. “He estado probando mil cosas hasta que por fin me siento cómodo produciendo lo que quiero. Ahora estoy 100% en la música”.
Su nuevo proyecto, Super Sweet, nace del amor por el pop. “El pop mola, bro. El pop es todo”, afirma riendo. Un álbum de doce canciones donde cada detalle —desde el sonido hasta el estilismo— forma parte de un universo coherente y emocional.
Super Sweet
El título surgió entre risas con sus amigos: “Empezamos a decir super sweet para todo: esta comida está súper sweet, este tema está súper sweet… y se quedó”. Pero el concepto tomó forma durante un viaje a Japón, pedaleando de ciudad en ciudad, escuchando música y visualizando el disco en su cabeza.
«Quiero que la gente baile tranquila, sin presión. Que puedan cantar, moverse, fluir. Todo el disco va de eso: groove, libertad, aroma, color».
El sonido Fuji
El álbum combina pop, disco y R&B. “Mi apuesta es hacer algo que aquí no se hace: un género disco-R&B-bailable que puedas escuchar en un club”. Entre los temas destacados menciona 90%, Michelin y Momiji, piezas que funcionan como pilares de su nuevo universo.
“Sé que habrá críticas por querer llegar a los clubes con este sonido, pero no pasa nada. Lo que quiero es contagiar libertad. La música no tiene que encajar en normas impuestas”.
Japón, melancolía y estética
Japón atraviesa todo el proyecto. «Estuve viviendo allí, viajando en bici, pensando en el álbum y en mi vida. Fue un proceso visceral, de abrirme a la vida y poner todo en perspectiva. Llegué a la conclusión de que quiero vivir de la música, que me agobie solo la música».
La metáfora central del disco es el melocotón: símbolo de belleza y contradicción. “En Japón el melocotón es un símbolo, y a mí me da alergia. Pero me encanta. Es suave, bonito, pero me hace daño. Esa contradicción define mi música”.
Fuji combina la estética del Japón ochentero —edificios viejos, ventiladores en la calle, trajes con los pies descalzos— con la España más cotidiana y nostálgica. “Me atrae esa cutrería estética, esa libertad sin pretensiones. Hay algo muy honesto en eso”.
Colaboraciones y futuro
Entre los colaboradores de Super Sweet se encuentra Rus, en el tema Frankenstein (o quizás Frank), además de posibles apariciones de Fuera!, Suave y Suave y Carmen. “Aún estamos viendo qué temas entran, pero todos forman parte de este mundo que quiero crear”.
Con Super Sweet, Fuji busca emocionar, divertir y liberar. “Quiero que la gente se identifique sin tener que encajar. Que baile sin pensar. Que sienta lo que yo sentí haciéndolo”.
La entrevista íntegra, junto con el editorial fotográfico y material inédito, está disponible en el print #001 de Calle52 y en nuestra web.
Conversación para Calle52 en su edición print. En un panorama saturado de fast fashion y colecciones que caducan antes de llegar al armario, DÜA DÜA no grita, pero se escucha. Eduardo González Vega, diseñador madrileño nacido en 1999, encarna una resistencia cada vez más relevante: la del trabajo bien hecho, el diseño con alma y la ropa que está hecha para durar. Desde un taller en Madrid —más cocina abierta que fábrica—, DÜA y su equipo fabrican vaqueros como quien esculpe: con precisión, carácter y una fe inquebrantable en el valor de lo artesanal.
DÜA DÜA no es solo denim. Es memoria, visión y una forma de entender el lujo que no necesita etiquetas. 100% algodón japonés tejido en telares centenarios, prendas pensadas para acompañarte décadas y, si hace falta, ser reparadas a los 30 años. En un sistema que pide más y más rápido, él opta por lo contrario: formar personas, coser despacio, encontrar identidad sin un logo. Su proyecto es uno de esos que no se explican en una campaña, sino que se entienden cuando te pruebas un jean y sientes que llevas una armadura.
Hablamos con Eduardo sobre qué significa hacer las cosas bien en 2025, cómo se construye una marca con cultura y qué se necesita para formar parte de una tripulación unida por un sueño.
Un poco como introducción, me gustaría que nos contaras cómo surgió la idea de DÜA DÜA. ¿Cuáles son los valores que más definen a la marca?
Lo primero de todo, yo estudié moda en la ESD Madrid, y realicé unas prácticas de un año en la sastrería Prats (Joaquín Prats), donde pude entender la manera de hacer las cosas y el respeto que hay que tener tanto por la profesión como por la prenda en sí. El nombre de DÜA DÜA surge a raíz de un amigo que me llamaba siempre “Dua” (mi nombre real es Eduardo) y cuando empecé con la marca, buscando un nombre me acordé.
Los valores de la marca fundamentalmente son la simbiosis entre la artesanía, el buen hacer y el diseño innovador y funcional. El denim japonés tradicionalmente tiene una manera de hacer, unos códigos, que en DÜA DÜA nos encanta mantener, pero también hay muchos otros que prefiero saltarme, ya que creo que hay que actualizarlos y crear así nuestros propios códigos. Otro valor de la marca es una identidad muy fuerte, siempre nos gusta crear sin la necesidad de un logo grande que identifique el diseño o la marca, nosotros preferimos que el diseño hable por sí mismo y sea este por el cual identifiques la marca. Por ejemplo, solemos hacer muchos bolsillos redondos, muchas costuras llevan un degradado de hilos, la línea del diseño…
Hacemos ropa que dura toda la vida, eso no significa que dentro de 30 años siga perfecta, obviamente se va deteriorando; lo que buscamos es hacer prendas que te acompañen a lo largo de la vida. Si algo se rompe, ofrecemos garantía de 50 años: todo lo que le pase al pantalón, ya sea un roto, que se le caiga un botón o cualquier cosa, nosotros la volvemos a arreglar.
¿Qué vacíos veías en la industria del denim que te impulsaron a crear la marca?
Si es cierto que la industria del denim es gigante, es de las más grandes de todas. ¿Quién no tiene más de una pieza de denim en su armario? Nosotros vemos muchos fallos de marcas grandes y marcas de lujo que no mejoran el denim demasiado en comparación con otros mucho más baratos. Para hacer un vaquero de calidad empiezas desde el hilo, las propias máquinas de coser, por supuesto la tela, pero aparte de eso, un diseño innovador.
Muchas marcas de lujo venden la misma chaqueta pero con distinta etiqueta (chaqueta type 3), un diseño muy general y conocido. Yo quería salirme de ese diseño y hacer otros que mantengan la esencia.
Nuestra tela viene importada de Japón, donde se conservan telares antiguos de más de 100 años creados para hacer el mejor denim, no grandes producciones. Es por eso que nosotros lo elegimos.
Definís vuestros jeans como “el denim que heredarán tus nietos”. ¿Qué significa esto para ti a nivel diseño, materiales y producción?
Esto es futuro. Nosotros queremos hacer de DÜA DÜA una marca que la gente de España se sienta orgullosa, como un Levi’s para los americanos. Obviamente no quiero ser el nuevo Levi’s, porque ya existe, pero quiero crear una marca enfocada en la ropa de lujo y artesanal, hecha de una manera especial y con alma. El verdadero ecologismo está en marcas así, que apuestan por un producto con los mejores materiales y que dure toda la vida.
¿Qué importancia tiene la producción local en vuestro modelo de negocio?
Yo de negocios la verdad que no sé mucho, todo lo he ido aprendiendo poco a poco a base de tropezar con problemas. Es un modelo de negocio muy difícil, no es escalable. Por lo menos manteniendo la calidad que quiero. Por ejemplo, el bolso Birkin de Hermès: el mismo que corta el cuero es el que pone el remate final, solo interviene una persona en todo el proceso, un artesano profesional. En DÜA DÜA buscamos algo así.
Prefiero gastar mi tiempo en formar a gente para que sea capaz de coser con la calidad que quiero, que enviarlo a un taller en Portugal o Turquía y bajar la calidad. Es un modelo que funciona a fuego lento, pero miramos al futuro y no tenemos prisa en llegar a ningún sitio. Con trabajo y esfuerzo todo llega.
Trabajas con algodón japonés. ¿Por qué elegiste este material? ¿Es por calidad únicamente o significa algo más para ti?
El algodón japonés tiene unas características que yo buscaba. Aparte de ser 100% natural, sin fibras sintéticas, tiene una cadena de producción muy lenta. Los telares miden de ancho 75 centímetros y yo necesito casi 3 metros para realizar un pantalón. Sin embargo, un telar tradicional mide 3 metros de ancho y necesitas 1,10 metros para hacer dos pantalones.
Es también la misma maquinaria que utilizaba Levi’s cuando empezó, sin obsolescencia programada, sin ese consumismo brutal y sin la necesidad de que la gente se comprase cinco pantalones. Aparte de la calidad, los japoneses trabajan con el corazón y el alma: maniáticos y perfeccionistas. Un método y manera de trabajar única. No solo sirve con buena materia prima, también hay detrás artesanos que aman su trabajo. Y alguien que ama su trabajo consigue el mejor producto.
En un mundo dominado por el fast fashion, ¿cómo conseguís poner en valor lo artesanal? ¿Cómo educáis al cliente sobre el valor de lo que hacéis?
Siendo sincero, me da mucha pereza el tener que educar a la gente. En países como España, la gente gasta más en entretenimiento que en moda, y no pasa nada, es algo cultural y social. Eso sí, yo siempre defenderé mi posición porque creo en ella, y creo que es el futuro sostenible ideal. No desaparecerá el fast fashion, siempre habrá gente dispuesta a comprarla, ya sea por problemas económicos o cualquier tipo de situación, pero la gente poco a poco se está dando cuenta de que a la larga es mucho mejor invertir en ropa. Países como Suecia, Dinamarca, Francia o Italia lo han hecho desde siempre.
No hay una fórmula para lo idílico, pero poco a poco todo se estabiliza. Hay hueco para todos en el mercado. Solo hay que buscar tu público.
¿Qué referencias visuales o culturales inspiran DÜA DÜA? ¿Tienes algún icono del denim que te guste especialmente?
Referencias visuales sobre todo. Mi hermano es actor y amante del cine, por lo que yo he mamado de todo eso, aprendiendo y empapándome de la cultura visual. Todas mis colecciones tienen como inspiración alguna película, corto o pieza audiovisual. Es algo que hago y haré siempre. Me parece la mejor manera de expresar una marca de ropa: lo visual.
Todos mis referentes tienen 200 seguidores y son frikis de máquinas y denim, muchos de ellos japoneses pero también europeos.
¿Qué te gustaría cambiar del sistema moda actual desde tu posición?
No considero que pueda cambiar nada yo solo. Desde siempre la gente se ha juntado, gente con un mismo objetivo con la intención de luchar por lo que les importa. En España no considero que las marcas se lleven mal entre sí, por lo menos desde mi lado. Hay muchas marcas en España que tienen mucho que decir, y yo las apoyaré siempre. Marcas como “UGO BOULARD” son un ejemplo.
Lo que tendríamos que hacer es algo como la generación del 27 (García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti…), un grupo de escritores que se juntaron con la idea de hacer ruido.
¿Qué significa para ti el lujo hoy en día?
El lujo es la combinación de materiales, artesanía y diseño. Cuando tienes las tres, para mí es lujo. No necesitas un logo o una gran marca. No digo que no existan grandes marcas de lujo, pero siempre manteniendo esa combinación.
¿Cómo veis la evolución de DÜA DÜA a medio plazo? ¿Qué os gustaría lograr?
A medio plazo, hablando de dos años, sería tener una marca con 3-4 empleados y una producción máxima de 4 piezas al día. Y tener más de tres puntos de venta nacionales (Madrid, Barcelona) y dos internacionales (Londres, Nueva York).
¿Veis posible abrir un espacio físico o estáis cómodos operando desde Instagram?
Realmente yo sí tengo un espacio físico donde puedes venir a probarte y coger medidas. Pero si te refieres a un espacio abierto al público, sí, estoy buscando un sitio céntrico donde la gente que pase también pueda ver la marca. Pero siempre con el taller. Me gusta la idea de los restaurantes con cocina abierta, donde ves al chef preparar tu plato. Pues quiero un poco eso: que el taller forme parte de la esencia de la marca.
¿Cuál ha sido la lección más dura desde que empezaste? ¿Hay alguna decisión que hoy no tomarías igual? ¿Qué te enseñó?
Es un trabajo que requiere muchísimo tiempo. Estoy entre 12 y 15 horas al día en el taller, fines de semana incluidos. No es algo que vea malo a corto o medio plazo; es algo que creo que hay que pasar. Es duro al principio, una decisión que tus amigos, pareja y familiares también van a “sufrir”, pero en mi caso, todos lo han entendido y me apoyan. ¡Más suerte no he podido tener!
¿Qué parte del proceso creativo te conecta más contigo mismo?
Me encanta diseñar. Mis moodboards son físicos, los voy imprimiendo y pegando en la pared, haciendo un mural visual amplio y atractivo. Tal vez es mi parte favorita, pero cada proceso tiene su encanto. Coser, por ejemplo, para quien sepa, es una terapia, algo tranquilo. Por lo menos en mi caso.
¿Qué os gustaría que la gente sintiera al ponerse un jean de DÜA DÜA?
Algo que dice muchísima gente: “es como llevar una armadura”. La tela es muy rígida al principio y a la gente eso le gusta. Para mí lo ideal es que sea su pantalón favorito, un pantalón para el día a día. Y con cada cliente intento que así sea. Lo más importante es que sea cómodo, si no, mal vamos…
¿Y qué os sigue impulsando, después de todo?
Pues tanto yo como el resto del equipo compartimos un sueño. No sé si habéis visto One Piece, pero la tripulación está unida por un sueño. Nosotros igual: tanto Matías, que es el videógrafo, como Clemen y Bryan, que son los chicos de taller; Juanmi, nuestro fotógrafo; o Ana, la diseñadora de producto digital y web. Todos queremos que la marca triunfe. Lo más importante de un equipo es la confianza y estar juntos. Darle a cada uno la importancia que se merece siempre, y hacerles partícipes del proyecto. Aquí somos compañeros 🙂
Créditos
Fotografía: Juan Miguel Herrero (@juanmiguel_herrero)
En esta conversación con Calle52, Roy Borland reflexiona sobre el proceso de reconciliarse con su música, los errores de juventud y la búsqueda de un sonido más honesto. Con Un Tiempo en Casa Solo y Fotografías de España, el artista madrileño inaugura una nueva etapa donde la calma, la espiritualidad y la soledad se transforman en arte.
Primeras canciones y rechazo
«El año 2023 fue un proceso muy complejo en mi vida, lleno de consecuencias provocadas por muchos errores, no graves, sino propios de la inexperiencia», cuenta Roy. Escuchar su música antigua le generaba rechazo, no tanto por las canciones en sí, sino por las razones con las que las creó: «quería subir números, sentía envidia…». Ese aprendizaje lo llevó a valorar temas como Sal, Madrugada o Sueño, piezas que —dice— «nacieron de una necesidad real de crear, no de querer gustar».
Fotografías de España
El proyecto nace al reencontrarse con una grabadora Tascam de su adolescencia: empezó a registrar paisajes sonoros por todo el país sin un plan previo. Con las guitarras de Mario y el máster de Carlos Avatar, construyó una obra entre nostalgia y campo. «No quería imitar el folklore ni teorizarlo; solo reflejar la tranquilidad de los lugares donde estuve».
La soledad como refugio
Un Tiempo en Casa Solo surgió tras una ruptura y un periodo viviendo en un local sin ventanas. «Escribía imaginando la casa que algún día tendría». De esa noche nacen Casa, Amor Amable y Destrozado por tu amor: «las compuse entre las doce y las seis; si una canción funciona en media hora, sé que es buena».
Familia y arte
La portada del EP es un cuadro de su abuela; su padre, pianista de jazz, marcó la disciplina: «pasa nueve horas al piano; entendí que la música es una compañera de vida». De su madre aprendió el anclaje a lo cotidiano: «ella representa el mundo real; mi padre, el arte».
Espiritualidad y propósito
«Creo en el dios de Spinoza: la suma de las leyes del universo». Para Roy, la espiritualidad nace de la incertidumbre fértil: «no sé de dónde vienen las ideas, pero sé que existen».
Un nuevo comienzo
Tras dos EPs en un año, ya trabaja en su primer álbum «real»: «será mi mejor trabajo hasta ahora; cuando salga, los anteriores parecerán otra vida».
La entrevista íntegra, con fotos inéditas y material extendido, está disponible en el print #001 de Calle52, ya en el link en bio.
Entre la improvisación, la confianza y la intuición, Caua Colombo presenta INDIGO: Chapter One, una colección que no busca definirse sino sentirse. Un universo donde los errores son puertas y cada prenda se convierte en personaje.
Realmente no habría algo que defina la colección entera como tal; INDIGO: Chapter Onees una mezcla de cosas que me gustan en el momento. Muchas de ellas son improvisadas: rara vez me siento a planear un diseño meticulosamente. La mayoría de las veces hago lo que se me ocurre y trabajo a partir de ahí, me parece mucho más divertido y natural de esa forma.
«Con la improvisación de casi todo tampoco hay errores como tal —explica Caua Colombo—. Un supuesto “error” me abre las puertas a algo que no había visto antes, así que es una parte muy importante del proceso».
Improvisar hasta encontrar un mundo propio
Ese mismo impulso espontáneo se refleja en cómo decide presentar sus prendas. «Para mí, la forma de presentar es el sentido y el contexto que das a tu trabajo para que la gente pueda entender de dónde viene. Mi forma favorita siempre es hacerlo de manera épica o más uncanny, porque me parece lo que más atrapa la vista y lo que transforma un look normal en un personaje dentro de un mundo cualquiera».
«Busco el efecto de cuando le coges cariño a un personaje de una serie o película y de repente quieres vestir como él o saber más. Que te haga preguntarte e interesarte más».
Una narrativa abierta a la interpretación
Ese universo que crea no tiene límites: «El mundo que uno mismo quiera. Yo conozco el mío y sé de dónde viene cada cosa, pero cada persona es libre de interpretarlo y moldearlo al suyo para sentirlo lo más cercano posible».
Aunque asegura que nunca querría atarse a una estética concreta, reconoce haber encontrado algo más sólido en esta etapa. «Creo que es simplemente un tema de confianza. Antes me daba hasta cosa usar mi propio nombre como marca, pero ahora siento que ya tengo la seguridad como para hacer todo lo que quiera. Llevaba esperando mucho tiempo sentirme así».
«Para mí las dos cosas van de la mano. Si lo entiendes, ya te hace sentir algo o preguntarte algo».
El comienzo de una nueva etapa
La segunda parte de INDIGO está a punto de ver la luz. Y aunque Caua Colombo insista en que no quiere encasillarse, todo apunta a que ha encontrado su propio mundo —uno nacido de la intuición, el error y la libertad de crear sin mapa.