Autor: Marcos Sanoja

  • Dillom en La Riviera: sudor, pogos y la consagración de un icono argentino

    Dillom en La Riviera: sudor, pogos y la consagración de un icono argentino

    El pasado 18 de febrero Dillom comenzó el último tramo de su gira Por Cesárea: Irreversible en Madrid.

    El artista argentino de 25 años, se ha proclamado como uno de los artistas más importantes de la música latina contemporánea. Desde su debut, Post Mortem, se ha transformado, ha cruzado audiencias y ha experimentado con géneros hasta conseguir su punto clave. Por Cesárea es muestra de esto, y la gira de ya casi dos años que acompaña a este disco lo consolida.

    Hay algo poético en ver cómo un escenario se le queda pequeño a un artista para, dos años después, devorar uno con más del doble de capacidad. Si en 2024 Dillom congregaba en Madrid a alrededor de mil personas en la Sala But, en 2026 demostró que su fenómeno no conoce techo tocando en La Riviera, abarrotada hasta su límite de 2.500 personas.

    Fotografía por Alejandro Mora

    Desde horas antes de la apertura de puertas, los expatriados argentinos convirtieron la zona en una sucursal de Buenos Aires. El concierto no era solo una presentación musical, sino que era un punto de encuentro, una olla a presión esperando estallar.

    Cuando las luces se apagaron e «(Irreversible)» comenzó a sonar, la locura fue instantánea. Dillom saltó al escenario con «Coyote», seguida de «Piso 13». No hizo falta más para que el centro de La Riviera se partiera en dos, inaugurando el primero de incontables pogos (o moshpits) que no pararían en toda la noche. El concierto siguió con momentos de más introspección y teatralidad, pero igual de energéticos, con “Mi peor enemigo”, «Ola de suicidios» y «Rojo profundo».

    Dillom sabe cómo manejar a su público dirigiendo el caos con una de las audiencias más dedicadas que he vivido. Este espíritu rock es lo que lo aleja de los estereotipos clásicos del artista urbano, estallando esta energía con canciones como su colaboración con Pussy Riot y un cover de “Chinese Rocks» de The Heartbreakers, dejando claro sus raíces musicales.

    Fotografía por Alejandro Mora

    El tramo final del concierto fue una gran exhibición de su versatilidad y evolución. Desde el clásico «220» hasta «Ciudad de la paz», «Amigos nuevos» y “Reiki y yoga”, el público acompañó al argentino en un descenso emocional que preparaba el terreno para el gran cierre a manos de «Buenos tiempos”, un clímax de intensidad emocional y más pogos. Tras salir del escenario, “My Way” de Frank Sinatra despidió al público lleno de adrenalina, con calma y un momento casi cinemático.

    En una conversación que tuve con Dillom en 2024, cuando entonces empezaba la gira en España, confesaba que venía con «cero expectativas» para no decepcionarse. Lo que se vivió este 18 de febrero y semana posterior, fue la respuesta definitiva en fin de gira de un público que ya no solo lo conoce, sino que lo venera como el icono en el que se ha convertido.

  • Ralphie Choo convirtió el fracaso en éxito en un Movistar Arena lleno de energía y admiración

    Ralphie Choo convirtió el fracaso en éxito en un Movistar Arena lleno de energía y admiración

    El salto a recintos masivos como el Movistar Arena (antiguo WiZink Center), siempre es un arma de doble filo para los artistas nacidos en la fragilidad del bedroom pop. Sin embargo, Juan Casado Fisac, o mejor conocido como Ralphie Choo, demostró el pasado viernes 20 de febrero que su universo no sigue medidas convencionales. Su debut de arena supuso una gran apuesta que llevo a la catarsis colectiva marcada por la honestidad más pura.

    La noche venía con una expectativa enorme, anunciada como la presentación de su anticipado segundo disco tras el éxito de SUPERNOVA. Pero la realidad era que el álbum no estaba listo. En lugar de esconderse, Ralphie mostró vulnerabilidad antes miles de personas: «Os animo a que falléis una y otra vez… Os invito a que no sobrepenséis las cosas y que las hagáis con naturalidad. Fallad mucho». El concierto se sintió muy lejos del fracaso y una confesión se convirtió en una sinceridad desarmante, transformando la noche en el triunfo absoluto de un artista que sigue evolucionando y creciendo ante su audiencia.

    El concierto arrancó con «PIRRI», el primer adelanto de esta nueva era. Ralphie irrumpió en escena en un mono rojo, acompañado de un potente elenco de músicos, incluido Juan Arance y DRUMMIE. Inmediatamente, se sabía que sería una experiencia totalmente sensorial.

    A pesar de algunos fallos técnicos, especialmente durante «TANGOS DE UNA MOTO TRUCADA» y “TOTAL90NOSTALGIA”, todo quedó rápidamente en anécdota. Fueron aspectos que sumaron a la naturaleza orgánica del show, y la versatilidad, en casos hasta esquizofrénica, de Ralphie, oscilando del romanticismo acústico a lo hardcore en segundos. Así como hizo su compañero y colaborador rusowsky el pasado septiembre, el madrileño logró juntar bajo un mismo techo a una mezcla de modernos de la ciudad y amantes del perreo más duro. 

    En un momento ambicioso, como homenaje, y porque le «apetecía cantar un poquito», versionó “At Your Best (You Are Love)” de Aaliyah, que recordó a Frank Ocean (versionada en su álbum Endless) y su mítico tour de 2017. Ralphie no le tiene miedo a mostrar sus inspiraciones en sus presentaciones, no desde la imitación, pero desde la admiración y el reconocimiento.

    Las joyas del aclamado SUPERNOVA brillaron con una luz distinta a la de la gira anterior. Todo se sintió más refinado y fresco. También cantó un par canciones inéditas de su nuevo disco, con aires a Mk.gee, Frank Ocean (posterior a Blonde), Oklou, y algunos toques latinos como Latin Mafia.

    Crípticamente anunció el nombre del próximo disco, ya previamente insinuado en el teaser de “PIRRI”. El título: CHARMAIN, mostrado lentamente en las pantallas, antes de salir con un nuevo outfit amarillo, las zapatillas de Le Toy Factory y aún más energía. Un disco que, aunque no terminado, podemos asumir que contará con «ROCCO» y «TENTACIÓN», las cuales debutando en vivo, adquirieron un cuerpo hasta trascendental, sonando muchísimo más gigantes que en sus versiones de estudio, respaldadas por una escenografía de luces y visuales minimalistas que daban una atmósfera cinematográfica al recinto.

    Los momentos de mayor éxtasis, como no podía ser de otra forma, llegaron junto a la familia de Rusia IDK. La aparición de Morí para cantar su colaboración “WCID?”, y posteriormente de rusowsky para interpretar “BBY ROMEO” y “GATA”. “BBY ROMEO” fue un momento particular en el que hicieron estallar el aura presente con sentimientos de nostalgia y amor puro.

    El concierto siguió con su colaboración con Rosalia, “OMEGA”, que el público gritó cada segundo, y las clásicas “VOYCONTODO” y “MÁQUINA CULONA” que supusieron de los momentos más memorables de la noche. Decidió cerrar la noche con canciones familiares, y antiguas de su discografía como “lamento de una supernova” y «Dolores» junto a Rusowsky. Un cierre que se sintió muy full circle, desatando la locura cuando reapareció en escena, con su banda y compañeros de Rusia IDK para cantar «VALENTINO», convirtiendo el Movistar Arena en un pogo masivo y eterno.

    A pesar de algunos contratiempos, como el retraso del disco, algunos fallos de sonido, y un setlist tan familiarizado, fue un debut de arena impresionante que se recordará en su carrera en años adelante.

    Fue el primer Movistar Arena de muchos que vendrán y una apuesta que confirmó una cosa: con el disco terminado o no, el talento y la ambición de Ralphie Choo sigue expandiéndose de forma innegable.

  • Ethel Cain en Madrid: una misa entre guitarras y lágrimas

    Ethel Cain en Madrid: una misa entre guitarras y lágrimas

    El pasado 8 de noviembre, Hayden Anhedönia, mejor conocida como Ethel Cain se presentó en el Teatro Eslava de Madrid, como parte de la gira de su disco Willougby Tucker, I Will Always Love You.

    Aterrizando en la capital española por primera vez en su carrera, fue una experiencia que muchos esperaban con ansias. Con una capacidad de 1.200 personas y todas las entradas vendidas en la preventa, el Teatro Eslava se quedó un poco pequeño para la cantante americana, sintiéndose como una vuelta a sus conciertos más tempranos, íntimos y cercanos sus fans.

    La noche comenzó con 9million, la banda de Matthew Tomasi, conocido por su trabajo como productor con Ethel Cain, sirviendo como un puente perfecto hacia su mundo. La banda tocó un set con un sonido rock, cercano al shoegaze y lo industrial, creando un ambiente con un tono introspectivo, pero animado.

    Anhedönia abrió con “Willoughby’s Theme”, una entrada cinematográfica que hizo emocionar al teatro entero. La secuencia de temas del nuevo álbum, “Janie”, “Fuck Me Eyes”, “Nettles” y “Dust Bowl”, marcó un inicio potente y atmosférico. Cada canción sirvió como un capítulo sobre la historia de amor trágica que sigue el disco. En vivo, su voz suena aún más desgarradora, con matices entre lo celestial y lo terrenal. Las transiciones entre canciones, especialmente “Willoughby’s Interlude”, controlan el tempo emocional, con pausas, silencios y ecos que mantenían al público suspendido.

    Hacia la mitad del set, cambió el tono para sumergirse en su proyecto más ambiental, “Perverts”, lanzado a principios de año. Con “Vacillator” y “Onanist”, el escenario se llenó de neblina, oscuridad y un sonido casi sacro. Fue el tramo más introspectivo del concierto, donde el público pasó del grito a la contemplación. Un momento casi intimidante, en el cual le cantó cara a cara a varios fans en primera fila, reafirmando que es una artista que entiende el directo como una experiencia sensorial completa, más que como un simple concierto.

    Tras ese paréntesis, el set regresó a su narrativa principal con “A Knock at the Door”, “Radio Towers” y “Tempest”. Aquí el público volvió a corear, pero una mezcla de nostalgia y comunión. “Tempest” fue especialmente emotiva, un clímax contenido donde la iluminación y la voz de Ethel se fundieron en un mismo crescendo. Su control del dramatismo, sin caer en lo teatral, fue impresionante.

    Al comenzar “Sun Bleached Flies” el Teatro Eslava se transformó. Las luces doradas bañaron el escenario mientras los fans cantaban cada palabra, muchos con lágrimas en los ojos. La cantante se mostró vulnerable, canalizando algo más grande que ella.

    Después del falso final, volvió para el encore con “Family Tree”, “Crush” y la icónica “American Teenager”, que cerró la noche con aplausos y saltos. Fue un momento de desahogo total tras toda la contención anterior.

    El concierto de Ethel Cain fue una experiencia espiritual disfrazada de pop. Está consiguió crear su propio universo dentro del teatro, donde la fe, la tragedia y el amor se cantaron con una voz angelical entre guitarras lentas y sonidos ambientales. Anhedönia vive sus canciones y las transmite con mucha emoción, explicando por qué su público la sigue con una devoción casi religiosa.

    Salir del Teatro Eslava esa noche fue como despertar de un sueño. Fue una experiencia trascendental que sirve como claro ejemplo a seguir en el directo. Una en el que el dolor y la belleza coexistieron, y en Anhedönia no solo se consolidó como una gran artista, sino también como una de las voces más impactantes de nuestra generación.

    Fotografía:  Marina Rodríguez, @marinistrumpet