De vez en cuando encuentras a un artista que encaja contigo y en el momento que estás en tu vida de una forma especial. Así me pasó cuando descubrí a Teezo Touchdown, y lo mismo me ha ocurrido este año con Niko B. Su álbum, dog eat dog food world, es un recorrido impredecible, cargado de sorpresas y matices que te envuelven en su universo único, dejándote con la sensación de haber encontrado algo que no sabías que necesitabas. Con este álbum Niko consolida su lugar como una de las voces más singulares del panorama actual.
El debut de Niko B es tan único como él mismo. Desde que apareció con sus éxitos virales, Mary Berry y Who’s That What’s That, el nativo de Milton Keynes, UK, ha sido difícil de clasificar en una sola categoría. Con este álbum, confirma que su ascenso no es casualidad. Mezcla Rap, Alt-R&B, Lofi-House e incluso Jersey Club y a pesar de su aparente caos, encuentra cohesión en su sentido del humor y su sensibilidad indie. Esto también se refleja en sus excelentes visuales, en los que recientemente ha colaborado el filmmaker británico del momento Lauzza.
Canciones como trespass coat, junto a dexter in the newsagent, son temas cargados de honestidad y desenfado, como si alguien estuviera contándote sus historias más absurdas mientras ríe contigo. Y es precisamente ese equilibrio entre lo humorístico y lo sincero lo que hace que Niko B destaque. Temas como i’ve smoked weed 9 times and have had one good experience transforman letras que, en otro contexto, parecerían absurdas —como mencionar ceniceros del tamaño de coches— en reflexiones sorprendentes que rozan lo filosófico.
Niko subvierte el típico alarde del rap, apostando por una actitud que, aunque llena de bromas, resulta profundamente genuina, apostando por una autenticidad que no necesita alardes. Con un delivery monótono, los beats llevan en gran parte del peso de la canción. Las letras, llenas de referencias de la cultura de internet, memes, humor autoreferencial y anécdotas juveniles, consiguen que sientas todo el proyecto cercano y actual. El álbum cierra con canciones como what counts as fine? y whos in designer, que vuelven a sus raíces en el Lofi-House, ofreciendo un final tranquilo pero lleno de significado.
Estos años no han sido fáciles para nadie, pero la música de Niko me ha recordado algo importante: no todo tiene que ser tan serio. En un mundo que a veces parece robarnos la capacidad de asombrarnos o disfrutar las cosas simples, artistas como él traen de vuelta esa chispa. Su energía ligera, optimista e incluso inocente me ha acompañado en los momentos felices y en los difíciles. Esa actitud, de vivir sin tomárselo todo tan en serio, es justo lo que quiero llevar conmigo al 2025.










