La primera vez que escribí para este medio fue con un artículo sobre Gata Cattana. Ha sido una artista que me ha influido a través de toda su obra, cantada y escrita, y cada vez que vuelvo a sus versos descubro cosas nuevas, tanto suyas como mías. Si hoy vuelvo a escribir de ella es porque estamos de enhorabuena puesto que por fin han decidido publicar su obra poética dentro de un mismo libro.

Ya teníamos versiones independientes de parte de su obra, pero han sido Aguilar Libros junto a Penguin Random House los ocupados de juntar la obra de la poetisa Ana Sforza en este tomo único. A los compendios “La Escala de Mohs” y “No vine a ser Carne” se unen un par de notas escritas a mano recientemente descubiertas que logran aportar algo más de valor a la lectura.
Es curioso porque en el momento en el que ella dio a luz a su cuerpo de trabajo todavía nadie imaginaba que uno de los puntos más característicos lo descubriríamos con el paso del tiempo. Hablo de la anticipación, ese complejo de Nostradamus que descubrimos en Ana una vez se fue de nuestras vidas. Tanto en sus canciones como en sus poemas se respira un aire de anticipación. Ana escribía sabiendo lo que iba a pasar, nos estaba avisando en todo momento de lo que nos acechaba y nos sorprendería tiempo después.

Revisar estos textos supone un ejercicio de darle la razón. Volver a ella nos hace entender qué es lo que le definía realmente, que suele distar mucho de cómo la describen muchas veces sin estar realmente familiarizados con su trabajo. Su identidad es un punto recurrente en este libro, un viaje constante y que nunca termina para ninguno de nosotros. Entender para qué estamos aquí es el gran reto de la existencia precisamente porque nadie ha sabido resolverlo. Se juntan nuestras propias expectativas con las de los demás y eso nos convierte en una amalgama de deseos, proyecciones y sueños que nunca terminamos de descifrar en su totalidad. Asusta mirar dentro de uno mismo, y Ana nunca tuvo miedo a hacerlo, a mirar ese vacío y volver para contarnos lo que había en él.
Cuando leo a Ana me doy cuenta de que era una exploradora nata. Descubrió partes de su ser que son extrapolables a cualquiera de nosotros, y sin su ayuda quién sabe si aún no habría descubierto según que partes que me han acabado sorprendiendo de mí mismo. El hecho de tener a Gata Cattana en mi estantería es algo más que sumar un libro a mi colección; es saber que la presencia de alguien la decide el recuerdo que decidamos mantener. A día de hoy aún me pregunto que hubiera pensado la Gata de todas las cosas que nos han sucedido en estos siete años que llevamos sin ella. Cada vez que la pregunta ronda mi cabeza, vuelvo a mi estantería, y en los versos que tantas veces he procesado acabo encontrando respuestas nuevas. Ahí reside verdaderamente la magia de Gata Cattana, en recordar y reimaginar sin necesidad de cambiar nada.


