Con Ultrabelleza, María José Llergo ha consolidado una voz única que atraviesa géneros y fronteras. En esta conversación con Calle52, hablamos de raíces, prensa, flamenco, Tiny Desk y su forma de entender el arte como puente entre amor y música.
Raíces y naturaleza
¿Qué serías si no hubieses cantado nunca?
Estaría en el campo. Podría ser guarda forestal, pastora o tener un refugio de animales. La música me encanta, pero lo que siento cuando ayudo a un animal no lo siento jamás. Aprendí a cantar con mi abuelo mientras sembraba el huerto; él me decía: “ahora cántalo a tu forma, como los pájaros”.
Industria y prensa
¿La música te ha acercado a algún vacío?
La música no tiene nada malo, lo que lo tiene es la industria: la presión, los titulares que no te representan. Con el tiempo aprendí que un titular no me define. Mi relación con la música es pura, ahí no se mete ni Dios.
¿Cómo gestionas la relación con la prensa?
En los comienzos fue duro. Un medio dijo que “me quedaba grande la prensa”. Luego gané un Goya y el mismo medio aplaudió. Es cuestión de perseverar: no eres un momento, eres la vida entera. La música nunca te abandona.
Tiny Desk y el mensaje universal
Eres la quinta persona española en tener tu propio Tiny Desk. ¿Cómo lo viviste?
Fue una oportunidad inmensa. Yo veía todos los Tiny Desk, para mí eran una enciclopedia musical. Cuando acabé me eché a llorar de la emoción. La gente me dice “no he entendido una palabra, pero he sentido todo”. No hay barrera del idioma, la emoción lo traspasa todo.
Córdoba y el flamenco
¿Cómo llevas la relación con tu tierra?
Maravillosa. Soy lo que soy gracias a mi tierra. Es mi raíz, y todo lo demás son mis alas. La dignidad de la gente de campo me guía: quizá no tengan dinero, pero tienen libertad.
¿Y la situación del flamenco en Córdoba?
El flamenco es un tesoro, un diamante que hay que pulir. Córdoba es mágica, con artistas como El Pele, Lin Cortés o Nani Cortés. Falta industria inclusiva que cuide a los artistas y permita que nuestro legado cultural no se pierda.
Arte, poesía y legado
¿Qué papel tiene la escritura en tu vida?
Escribo todos los días poesía, aunque no la canto. Respeto la esencia de cada cosa: sé lo que es un poema y lo que es una canción. También me inspira el legado de Gata Cattana; la tengo muy presente en mi obra, le pregunto muchas cosas.
Lo sagrado y la creación
¿Qué es lo sagrado para ti?
El amor. Todo lo demás son fuerzas que intentan controlarlo. Mi religión es cantar, mi forma de rezar es cantar, mi forma de vivir es amar y mi forma de amar es hacer música.
¿Qué necesitas para crear?
Dormir bien, comer bien y que mi familia esté bien. Se puede hacer arte desde la felicidad, no es necesario romantizar el sufrimiento. Mi filosofía es simple: aprovechar el presente y sembrar cosas bonitas para que florezcan mañana.
El consejo de los mayores
“Canta, cobra, pero no te vendas”, me dijo mi abuelo. Ese consejo lo llevo siempre conmigo. Más allá de mi voz, me importa que la gente recuerde mi persona y que mi existencia haya servido para que nos queramos más y mejor.
La entrevista íntegra, con todo el proceso creativo y su visión completa, está disponible en el print #001 de Calle52 junto con material fotográfico exclusivo.
Créditos
Dirección Creativa: Blanca Buisán & Santi Medina
Fotografía digital y polaroids: Blanca Buisán (@blancabuisan)
Cuando tuvo lugar el concierto de Hoke en Vistalegre allá por finales de marzo yo debería de haber publicado una crónica sobre el concierto en este medio. Como muchos sabréis, en lugar de hacer eso, me apresuré a poner un par de tweets sobre lo que me había parecido el show que acabaron causando más revuelo del deseado. Ahí me di cuenta de que hay una conversación mucho más grande detrás de todo esto y que una sencilla crónica para cumplir no sirve para trazar el dibujo que estoy tratando de mostraros con esto. Toca ponerse serios, vamos a sentarnos a hablar como adultos.
Salí desencantado del concierto de Hoke. No es sorpresa para nadie, lo dejé bastante claro en aquellos infames tweets que tantas fatigas me costaron a posteriori. Las razones fueron principalmente la calidad del sonido, el show per se y el precio de las entradas. Los temas no tienen fallo, tanto Tres Creus como BBO me parecen proyectos sobresalientes, pero a la hora de preparar un directo hay mucho más allá de confiar en los temas y lanzar un beso al aire y a donde caiga, hay que dar un show, que por algo se llaman así.
El modelo de directo estándar en el mundo del rap actualmente se encuentra en un punto medio entre la comodidad y la mediocridad, en muchas ocasiones conviviendo estas dos posibilidades. No hablo solo de Hoke, sino de la escena en general. No hay más que pasarse por cualquier festival en el que predominen estos géneros para ver que la variedad de la oferta entre los artistas que componen el cartel suele ser bastante escasa. Parece que no hay interés por invertir algo más de cara a permear en el imaginario colectivo y aportar a este microcosmos de nuestra cultura, el interés se limita a hacer la bolsa y salir por patas.
Es una sensación que lleva mucho tiempo rondando mi cabeza, toda la generación de los últimos 7 años en el rap mainstream español ha llegado a un punto de comodidad en el que saben que tienen un público que les va a respaldar y ya no ven la necesidad de currarse las cosas porque el dinero va a llegar igualmente. Ya no queda nada de ese hambre que les hizo llegar a donde están, o mejor dicho, han perdido el fondo que tenían de chorbo…
Si esta fuese la tónica general en el 100% de los casos pues no nos quedaría más que exhalar un solemne “es lo que hay” y seguir pagando por conciertos a medio fuelle, pero lo cierto es que no es así, todavía hay artistas que cuidan sus directos y tratan de ofrecer algo distinto a la historia de siempre. Desde el obvio Ralphie Choo, que tiene uno de los mejores directos de nuestro país, pasando por artistas más pequeños como Teo Lucadamo, que se vale de su carisma natural y la banda que le acompaña para elevar su obra al siguiente nivel. No es una cuestión de tener más o menos ingresos, porque los dos ejemplos que he puesto son muy dispares en cuanto a su posición actual, pero ambos se las apañan para entregar un trabajo de calidad con lo que tienen a mano. Se pueden hacer las cosas bien.
Fotografía de @cicutafilms
Otro hecho desencadenante que me ha hizo llegar a este punto en el que no estoy dispuesto a tragar más fue sin duda el concierto de diciembre de 2024 de Yung Beef en el mismo Vistalegre. Ya se habló de esto en su día, pero si no sois capaces de dimensionar la importancia de este evento, tened en cuenta que el mayor impacto cultural de un show de Yung Beef hasta entonces era aquel concierto del Primavera Sound de 2018 con Yung Beef subido en una jaula de metal haciendo el cafre, Hakim en modo hypeman pegando berridos ininteligibles y Bad Gyal como cameo haciendo twerk en mitad del show. Nadie se esperaba que una figura tan establecida como Yung Beef diese más que eso, ser un punkarra y demostrar que lo que opinemos le importa bien poco, como ha hecho descuidando su directo en todas las oportunidades que ha tenido a lo largo de su carrera. En esta ocasión de diciembre fue algo totalmente distinto, Yung Beef decidió tomarse su show en serio, y dio un repaso a toda su carrera mientras cantaba al micro en vez de dejar la música sonar. Contaba con una escenografía cambiante que seguía una narrativa, y se respiraba un cuidado y un simbolismo que se grabó en la retina de todos los asistentes. Este concierto costaba menos de treinta euros, pero valía cada céntimo. Un ejemplo de buen hacer que vino de la mano de Velódrome, que se ocupó del aspecto creativo y nos dejó este concierto para la historia.
Este concierto sienta un precedente, tampoco en el sentido de que ahora no se pueda bajar el nivel de esto, sino que si Yung Beef se lo había tomado en serio el resto podían ponerse las pilas también, cada uno a su manera. Obviamente los artistas del panorama tomaron nota de aquel concierto, y por eso hubo conversaciones entre el equipo de Hoke y Velódrome para su Vistalegre que iba a tener lugar tres meses más tarde, aunque al final no llegaron a nada. Y no quiero decir que fue por dejadez, desconozco los motivos reales, pero lo que sí entiendo es que hay una diferencia en la envergadura y el presupuesto de Yung Beef y el de Hoke, que sigue siendo un proyecto independiente y considerablemente más pequeño que el del granadino.
Fotografía de @cicutafilms
Aquí toca abrir otro melón, y es el precio de las entradas. Un inciso importante aquí es que no es solo el equipo de los artistas el que elige el precio total, sino que las tiqueteras suelen inflarlo para maximizar beneficios y cubrir costes. En el caso de Hoke, la entrada suponía unos 45 euros más 5 de gastos de gestión cortesía de LiveNation. Un billete de los naranjas entero para un show que no estaba a la altura de ese precio, pero no os confundáis, todavía no he visto un concierto de rap en España que esté a la altura de ese precio. Parece que todos los puntos negativos del bolo fueron o bien por causas ajenas o factores externos. La inflación es algo que afecta a todos los artistas y ya si seguimos tirando del hilo llega a todos los aspectos de nuestra vida. No podemos escapar de ella, pero volviendo al ejemplo de Yung Beef, donde se podían comprar entradas por 27 euros, se hace complicado entrever la verdad de todo esto.
El hermetismo en el caso de Hoke es otro de los factores que nos llevan a este punto. Si bien yo he podido hablar desde el desconocimiento en el pasado e incluso en este mismo texto, a la hora de contrastar la información nos encontramos con una serie de barreras que nos impiden conocer la verdad. Ya hemos hablado del dinero, pero también hay que hablar del sonido. Todos los artistas que han cantado en el Palacio Vistalegre coinciden en que la acústica es pésima y que tiene una reverberación de seis segundos que no hace más que dar dolores de cabeza a los técnicos, pero por algún motivo se siguen haciendo conciertos teniendo este espacio como una de las principales opciones. En el caso de Hoke fue un concierto reducido de 5000 personas de aforo, mucha grada vacía implica mucho rebote del sonido, así que no paran de acumularse los problemas. Miguel Grimaldo fue el técnico de sonido de este concierto, y días después habló en X sobre los malabares que tuvo que hacer para el momento en el que sacaron una cabina en la que Hoke cantó Moondial.
Este momento de la cabina fue lo más destacable de todo el concierto porque encapsulaba a la perfección lo que es Hoke, esa timidez camuflada de misticismo que necesita privacidad para sacar su talento a relucir, un rollo Clark Kent/Superman bastante simbólico si me preguntan. Hoke rapea bajito, muy bajito, y esto se notaba en comparación a cuando salían colaboraciones como Ergo Pro, que no tiemblan cuando toca soltar berridos. Tampoco se mueve mucho, pero la gente no lo espera. Aquí podríamos entrar al debate de por qué a las artistas femeninas se les exigen coreografías y movimiento para considerar que hacen un buen show mientras que a los masculinos se les aplaude por quedarse tiesos, pero me parece que está muy manido y que tampoco nos lleva a ninguna parte además de ser un argumento muy dogmático.
¿Fue el Vistalegre la tumba de su ambición? Pues tampoco creo que haya que ponerse tan dramáticos, pero con este gran ejemplo quiero hacer una reflexión sobre el estado general de los shows dentro de nuestro gremio. La gente va a ver conciertos por muchos motivos: por compartir con sus amigos, por fomo, para soltar energía, para relajarse, para dejarse llevar y llorar un poquito, pero sobre todo para disfrutar de la música a un nivel superior que el que tienen disponible en sus móviles las veinticuatro horas del día. Creo que como artista todo suma a la hora de crear tu imaginario, no solo las canciones que subes a plataformas, sino tu forma de comunicarte, de vestirte, de interactuar con tus fans, y sobre todo de cómo muestras tu proyecto al gran público. Los conciertos son oportunidades de hacer todo eso y llevarlo al siguiente nivel, pero muchas veces queremos saltar muchos escalones de una sola vez y nos la acabamos pegando, o peor aún, nos quedamos en el mismo escalón para siempre. Como público tenemos en nuestras manos la posibilidad de influir en esta cultura que tanto disfrutamos, y una de las maneras es esperar un mimo y un cuidado cuando estamos pagando por algo. Conformarse y complacer solo nos lleva al estancamiento, a veces hay que pedir o incluso exigir (qué poco me gusta esa palabra) para que todo avance, para que la cultura se mueva y que crezcamos de la mano con ella.
La primera vez que escribí para este medio fue con un artículo sobre Gata Cattana. Ha sido una artista que me ha influido a través de toda su obra, cantada y escrita, y cada vez que vuelvo a sus versos descubro cosas nuevas, tanto suyas como mías. Si hoy vuelvo a escribir de ella es porque estamos de enhorabuena puesto que por fin han decidido publicar su obra poética dentro de un mismo libro.
Ya teníamos versiones independientes de parte de su obra, pero han sido Aguilar Libros junto a Penguin Random House los ocupados de juntar la obra de la poetisa Ana Sforza en este tomo único. A los compendios “La Escala de Mohs” y “No vine a ser Carne” se unen un par de notas escritas a mano recientemente descubiertas que logran aportar algo más de valor a la lectura.
Es curioso porque en el momento en el que ella dio a luz a su cuerpo de trabajo todavía nadie imaginaba que uno de los puntos más característicos lo descubriríamos con el paso del tiempo. Hablo de la anticipación, ese complejo de Nostradamus que descubrimos en Ana una vez se fue de nuestras vidas. Tanto en sus canciones como en sus poemas se respira un aire de anticipación. Ana escribía sabiendo lo que iba a pasar, nos estaba avisando en todo momento de lo que nos acechaba y nos sorprendería tiempo después.
Revisar estos textos supone un ejercicio de darle la razón. Volver a ella nos hace entender qué es lo que le definía realmente, que suele distar mucho de cómo la describen muchas veces sin estar realmente familiarizados con su trabajo. Su identidad es un punto recurrente en este libro, un viaje constante y que nunca termina para ninguno de nosotros. Entender para qué estamos aquí es el gran reto de la existencia precisamente porque nadie ha sabido resolverlo. Se juntan nuestras propias expectativas con las de los demás y eso nos convierte en una amalgama de deseos, proyecciones y sueños que nunca terminamos de descifrar en su totalidad. Asusta mirar dentro de uno mismo, y Ana nunca tuvo miedo a hacerlo, a mirar ese vacío y volver para contarnos lo que había en él.
Cuando leo a Ana me doy cuenta de que era una exploradora nata. Descubrió partes de su ser que son extrapolables a cualquiera de nosotros, y sin su ayuda quién sabe si aún no habría descubierto según que partes que me han acabado sorprendiendo de mí mismo. El hecho de tener a Gata Cattana en mi estantería es algo más que sumar un libro a mi colección; es saber que la presencia de alguien la decide el recuerdo que decidamos mantener. A día de hoy aún me pregunto que hubiera pensado la Gata de todas las cosas que nos han sucedido en estos siete años que llevamos sin ella. Cada vez que la pregunta ronda mi cabeza, vuelvo a mi estantería, y en los versos que tantas veces he procesado acabo encontrando respuestas nuevas. Ahí reside verdaderamente la magia de Gata Cattana, en recordar y reimaginar sin necesidad de cambiar nada.
GlorySixVain ha tenido muy claro siempre lo importante que es madurar. Con lo acelerado que va todo últimamente, el momento actual es uno en el que tienes que estar espabilado o la gente pasa de ti muy rápido. Por si esto fuera poca presión, que te fiche La Vendición y que este sea tu primer disco con ellos es motivo para ponerse las pilas. Glory se ve en la tesitura de demostrar todo de lo que es capaz tanto a su público como a la industria.
YELA es el título del proyecto con el que ha decidido sacar músculo, y estas letras son un acrónimo al que él mismo ha dado sentido. Hay que profesionalizarse para entrar en esta industria y que te tomen en serio, el reto está en mantener la esencia, pero ese barro del que viene Glory Ya Está Lejos, Amor.
Curiosamente Yela también es una variante del nombre árabe Yelena. El significado detrás de este nombre es “luz” o “resplandor”. Eso es lo primero que nos entra por los ojos al enfrentarnos a este disco. La portada se presenta como un cuadro en el que un resplandor níveo cubre todo el fondo, con el reflejo de un espejo de mano mostrando la figura de Glory cubierta por un velo con motivos decorativos y una gorra plana de los Yankees. Un portadón que se aleja de esa oscuridad que podíamos ver en Las Trampas Ocultas de Spiderman o 686. Es casi paradójico que se alcance esta limpieza en lo estético cuando entras de lleno a un sello tan “rudimentario” como La Vendición, pero eh, no nos quejamos.
Lo que más me sorprendió cuando me enfrenté por primera vez a YELA fue sin duda la duración del disco: cuarenta y cinco minutos que pueden parecer pocos pero que se hacen más cuesta arriba cuando ves que están repartidos en diecisiete temas. Da la sensación de que está volviendo la tendencia de los discos largos. Ya pasó con Metrika, que además es de la misma quinta que Glory, con su disco Madre Fundadora nos entregó un paquete que tampoco llegaba a la hora de duración pero que contaba con veinticuatro canciones. Muchos se alegrarán de que vuelva esta tendencia y que los artistas se preocupen de crear un cuerpo de trabajo de mayor grosor sin sacrificar calidad en el camino. La pregunta aquí es: ¿consigue Glory alcanzar este equilibrio?
Hay que empezar hablando de las producciones. Cuenta con nombres como Pochi, Jose The Engenier, Damnpablo o Roydee entre otros. El punto fuerte de este disco es sin duda la variedad a la hora de elegir los beats. Cada tema se siente muy distinto de los demás, excepto dos o tres. Con lo que sí que no se siente muy distinto es con todo lo demás que hay fuera de este álbum. La gente de La Vendición se ha acostumbrado a un sonido específico y parece que les cuesta salir de ahí. Por eso es complicado escuchar cualquier canción del disco y sentirla como algo totalmente nuevo. Hay también ciertas inspiraciones que vienen de más allá del charco, la más destacable siendo el “Ken Carson type beat” que se marca PAINKID en No quiero Dormir, el tema con Yung Beef. Este productor ya había trabajado con Fernandito en temas recientes como AL DENTE o ZKITTLEZ y se nota en ciertas señas de identidad ya establecidas que hacen flaco favor a Glory a la hora de definir su estilo.
Pero tampoco le voy a echar peso en los hombros por cosas que no corren directamente de su cuenta. Lo que pone Glory aquí es su voz, que puede chirriar en un primer acercamiento pero quien lo conoce ya sabe los berridos saturadísimos de autotune que lo caracterizan. Si quieres comprar el paquete, genial, lo vas a disfrutar. Si no conoces el procedimiento, agárrate que vienen curvas. El principal riesgo al que se enfrenta Glory cuando le pone voz a un proyecto tan largo es el de ser cargante. Y para mí ese momento llega en el tema número diez: Flores de Lego, que si bien en la producción tiene cosas interesantes, después de la tralla que llevas encima con diez temas es lo último que me apetece escuchar. Luego se las apaña para remontar y sorprender; el tema con El Bugg y el tema con Metrika me parecen dos highlights del disco por la capacidad de adaptación de las colabos y lo atrevido de hacer una bachata con El Bugg. Es curioso como dos chavales de la nueva han logrado eclipsar a la colabo de Yung Beef, que como pasó en el disco de Dellachaouen, colaborador recurrente de Glory también, su verso acaba siendo perezoso y carente de personalidad, falta hambre ahí. Y no todo son colabos, hay un buen puñado de temas en los que sabe defenderse sin ninguna ayuda, y entre ellos destaca Ruinera, que cuenta con un estribillo pegadizo de cojones sobre un jersey club que no falla.
Es en la racha final del disco cuando intenta hacer algo personal y potente pero no termina de encajar del todo. Descansito de Dios me parece un tema redundante y muy pobre a nivel técnico y lírico para lo que quiere contar e incluso teniendo un beat switch en medio. Los dos temas que le siguen logran subir el nivel por la genial decisión de samplear a Rosalía y un cierre con Fran Laoren que sorprende gratamente. Con toques de 808s & Heartbreak y un verso muy sentido por parte de Glory logran que me olvide de quien está cantando y hace de cierre perfecto para el proyecto.
YELA en su conjunto es un paso más en el camino de Glory, un proyecto en el que se nota una atención y un cuidado importantes. Tiene sus puntos flojos, como todo, pero eso no impide que sea una escucha disfrutable y con varias cosas a destacar. Aún así todavía no me parece que haya conseguido demostrar todo lo que pretendía, y tampoco tenía por qué hacerlo todo en un proyecto. Quedan todavía muchos años de carrera por delante para pulir todo esto o seguir sudando de todo, porque así funcionan en La Vendición a veces. De una manera o de otra, estaremos escuchando.
Llevábamos semanas viendo a Teo Lucadamo en sus historias practicar este concierto rodeado de una banda de músicos y equipado con un micrófono de diadema a lo Britney Spears. Había ambición en esos vídeos, se notaba que se estaba currando lo que más tarde acabaría por ser un conciertazo que nos tuvo a todos cantando gilipolleces a lo largo y ancho de la sala Paqui.
Cuando Teo sale al escenario parece un extra de La Lego Película: una sonrisa de oreja a oreja cubre su cara mientras que mueve las caderas de un lado para otro. Nada está mal, solo hay disfrute y por eso podemos permitirnos hablar de metrónomos, fantasear con huir de madrid y refrescarse en el lago e incluso fardar de llevar un bañador que desafía las normas impuestas sobre la masculinidad. Teo se presenta a sí mismo como una escultura clásica de rasgos apolíneos en la portada de su proyecto Lucadamnson: fuera de su jaula. La desnudez junto con el tema recurrente del agua y los bañadores nos lo presentan tal y como es. En el concierto por suerte o por desgracia no sale en bolas (pero se nota que ha ido al gimnasio).
La canción que abre el concierto es la ingeniosa Check, que hace las veces de prueba de sonido y acaba siendo un trabalenguas en el que no sabes cuándo empezar y cuando parar. Esto de tener a la sala cantando versos surrealistas que parecen generados aleatoriamente es una constante durante todo el concierto. En un momento del show hasta el artista se dio cuenta: “hay que ver las tonterías que os hago decir”. Todo esto mientras tenía a una sala entera implorando a Dios-sabe-quién que deje de comer turrón. ¿Todo bien hasta ahora?
A esta energía única e irreverente hay que sumarle el resto de cosas que había en el escenario (que no eran pocas). Durante la mitad del show contamos con una banda entera que se ocupó de añadir instrumentos reales a las canciones, sumándole un valor incalculable al espectáculo. Teo iba serpenteando entre ellos mientras que los visuales eran grabados en tiempo real, y aquí es donde pudimos ver a Luka Simmons (que no se pierde un concierto de Teo) haciendo honor al Dogma 95 con sus técnicas vanguardistas para grabar móvil en mano.
Entre tanto cachondeo hubo un momento del show en el que tocó ponerse serios. Estoy hablando del momento Luisa, en el que Teo canta uno de sus temas más íntimos y toca sacar linternitas y mover los brazos al mismo son. Es una forma perfecta de equilibrar y atemperar al público en medio de tanto ajetreo, y se nota que Teo tiene muy claro el peso que tiene ese tema dentro de su discografía y el cariño que le tiene su público.
Después de esto la banda se pira y entramos en la parte más electrónica del concierto. Aquí es cuando te das cuenta de que puedes venir incluso sin saberte las canciones y vas a disfrutar igual. A partir de este punto Teo no para de soltar babayadas y tienen lugar una serie de performances que las acompañan en temas como He Perdido a Mi Colega en el que juega al escondite improvisado con Luka Simmons.
Está bien equilibrado, es un show que da gusto ver y de esos que sales comentando con tus colegas y que además sabes que el precio a pagar vale totalmente la pena. Teo ha logrado colarse en esta escena musical haciendo su propia mierda y pocas cosas tienen más valor que eso. Verlo en directo es absolutamente imprescindible para cualquiera al que le mole mínimamente su música. Porque a veces hay que saber disfrutar aunque nada tenga sentido.
Yo también pensaba que la misa era los domingos, pero aquel viernes en las puertas de la Riviera llegué a dudar sobre si habíamos ido a un concierto o una iglesia. Centenas de fieles y feligreses del rap se acumulaban al lado del puente de Segovia esperando con ansias el sermón. En nuestro caso el plan era llegar a tiempo pero ya sabéis lo que pasa cuando el hombre hace planes. Aun así Dios esta vez se aguantó la carcajada y justo al entrar empezó a sonar el coro de ángeles que abre Skip Intro. El aire secular se mantenía, un silencio sepulcral inundaba la sala ante esta bajada de los cielos que estábamos presenciando y solo se rompió cuando lo decidió Dano junto al beat de Dj Swet. Menos mal que íbamos con los salmos preparados, porque aquello se presentó como una prueba de fe.
No había tenido oportunidad de ver a Dano en ninguna de las fechas de la gira pese a lo mucho que disfruté su último disco, y cuando vi que anunciaban esta fecha como el colofón definitivo a esta etapa supe que tenía que acudir de cualquier manera. Fue un acierto rotundo, y es que Dano se las apañó para montar una especie de festival alrededor de su figura. Vinieron casi todas las colaboraciones recurrentes de sus discos y junto a ellos hizo un repaso por su trayectoria que no solo revisitaba El Hombre Hace Planes, Dios se Ríe, sino también Istmo e incluso Braille entre otros proyectos.
La lista de nombres de apariciones estelares es larga: Ill Pekeño y Ergo Pro, Israel B, Gloosito, Juicy Bae, Cruz Cafuné, Bejo, Kuma… Cada uno aportó su granito de arena para dibujar entre todos un retrato de lo que ha sido la carrera de Danilo hasta ahora. Aquí no quiero contaros el orden de las canciones porque ya sabéis cuales son y no me parece lo interesante de todo esto. El concierto para mí fue algo simbólico. Dano es sin mucho debate una de las figuras más relevantes e influyentes a la hora de crear este movimiento del Hip Hop en España que ahora estamos viviendo en su pleno apogeo. Lleva más de diez años componiendo y escribiendo y ahora por fin es cuando está viendo los frutos que debería llevar años recogiendo. Cuando Dano luchaba por poner en valor la música que nos apasiona esta todavía no estaba en una posición ventajosa. Ha sido gracias a la unión de muchos artistas que hemos podido ver crecer esta movida hasta ser lo que es ahora, eso fue el concierto de Dano, una celebración del camino recorrido.
Dano con Elio Toffana
Dano también es conocido por su incansable capacidad de conversación. Por eso entre canción y canción compartía sus pensamientos con nosotros. Desde el principio se le pudo ver asombrado ante el recibimiento que estaba teniendo el show, y quiso recordar un bolo al que fue en esa misma sala en el que estuvieron Jota Mayúscula y Mala Rodríguez. Veinte años después le toca a él estar subido en ese escenario. Y no todo fue música, a veces es inevitable que afloren ciertos comentarios sociales pero aquí Dano no se cortó un pelo:
“¿Sabéis que me han desahuciado de mi piso en Lavapiés? ¡Fuck fondos buitre!”
Los problemas relacionados con la gentrificación y el precio de la vivienda llevan un tiempo asolando Madrid y aquí Dano quiso hacer visible que no es algo que pase solo con gente pobre y desafortunada, sino que incluso a un artista conocido como a él le afectan estos problemas. Nos recuerda que lo que pasa a nuestro alrededor nunca es ajeno, siempre es de todos. De la misma forma la dupla de Madrid Sur formada por Peke y Ergo quiso tomarse su momento de recordar la lucha palestina, que tampoco se debe olvidar.
Pero esto tampoco es un taller de concienciación, así que acto seguido cantaron Picapollo y El Manual. Entre todas las colaboraciones esperadas como Susurrar con Juicy BAE o 2 Segundos con Cruz Cafuné y su abrumadora presencia también hubo alguna sorpresa. Sobre todo quiero destacar la inesperada Aleluya, un tema de Dj Swet con Dano y Ébano (que tocaron en directo pese a la ausencia de Ébano). La base de fans del rapero ha crecido mucho desde Istmo, pero hay joyitas previas que merece la pena rescatar para que los nuevos fans se pongan también al día. El ejemplo definitivo de esto es el anteriormente mencionado Braille, el EP que lanzó en 2017 junto con $kyhook. Entre los seis temas que conforman este proyecto destaca especialmente Collabo con Nas, el tema escogido por Dano para cerrar su show por todo lo alto. Todos los invitados se unieron a Danilo en este último sprint y el escenario de repente se convirtió en el coro de una iglesia protestante. Todo el mundo se preguntaba a pleno pulmón dónde está aquella colabo con Nas, y yo después de presenciar esto solo puedo decir que cada vez más cerca.
Llevo desde los dieciocho años escuchando la música de El Virtual, y tenerle delante por primera vez impone. Es una figura con mucha presencia y con cara de que le va a tocar un control “aleatorio” cada vez que se suba a un avión. Pero lo cierto es que cuando nos sentamos en el sofá es como si estuviese con un amigo de toda la vida. Aquella mañana en la que le entrevisté no tardé en darme cuenta de que delante no tenía a El Virtual que lleva más de tres años sonando en mis cascos, sino que estaba teniendo la oportunidad de conocer a Guille. En media hora de conversación hablamos de sus inspiraciones, inseguridades y sueños. He visto de primera mano el viaje de redención del virtual, y vuelvo para contároslo con pelos y señales. Dentro entrevista.
P: ¡Buenas Virtual! Primero que nada, ¿Qué tal va todo?
R: Pues muy bien, gracias a Dios con trabajo todo el rato, sin parar de hacer música como a mí me gusta, que no puedo parar, y mientras eso esté así todo está bien.
Vuelta a Empezar es el primer proyecto que lanzas este año. ¿Cómo lo presentas al mundo y qué es lo que lo diferencia de tu trabajo previo?
Pues lo que lo diferencia es que ha habido un salto de madurez. El proceso personal que he vivido con este disco no lo he vivido con otros porque yo vinculo mucho mi trayectoria con mi proyecto. Esta vez ha sido más serio, más pies en la tierra y choques de realidad y menos pajaritos en la cabeza.
«La música ha ido poco a poco sustituyendo a la droga»
El primer tema es la secuela espiritual de Oda a la obsesión. ¿Dónde queda para ti la frontera entre reciclaje y homenaje?
Uf, curiosa pregunta, me mola. No lo veo un reciclaje para nada y tampoco un homenaje. En mi paranoia mental yo no tenía en mente hacer una nueva “oda”, simplemente llegó. Ahí me autorreferencio y tiene más de homenaje, pero lo que te digo, es una paranoia y ya está.
Te lo pregunto porque tú acostumbras mucho a hacer secuelas de tus propios temas, ahí tenemos de ejemplo El 3 pt. II: El Camino.
Para eso siempre he bebido mucho de Los Simpsons, que en un capítulo referencian a otro aunque no tenga nada que ver y sean completamente inconexos. Sobre todo con la saga de El 3 me gusta mucho hacerlo.
¿No te preocupa que afecte la cantidad de trabajo que lanzas a la calidad del mismo?
No me preocupa, la verdad. Yo estoy acostumbrado a hacer música así desde que empecé a hacerla. Hacer un tema al día, dos temas al día, cinco temas a la semana… Como desde el minuto uno he hecho eso siento que el nivel de calidad siempre va a más porque voy puliendo mis métodos, es calidad y cantidad.
¿Y no te agobian los ritmos de producción que establece la industria?
Sí me agobia porque me limita. Es cierto que ya estoy metido en el circuito de la industria pero yo no me siento así, me siento como el día uno. Intento no ponerme encima tantos agobios, cumplo las cosas porque esto es un trabajo pero sigo haciendo música aunque no la saque, la voy dosificando. El año que viene sacaré lo del año pasado (risas).
«El Virtual es Guillermo pero sin trabas en la cabeza, el Guillermo sano»
Eso te iba a preguntar, ¿Cuánto tiempo llevas haciendo este disco?
Ha sido poco, normalmente suelo tardar par de años y este ha sido uno o menos. Hacerlo lo hago en una semana, luego ya tiene los procesos de mezcla y demás que es lo que más lo retrasa.
Van a hacer tres años de El Disco Que No Quería Dedicarte y alguna vez te he escuchado decir que has tenido un relación tortuosa con ese proyecto. ¿En qué punto está tu relación con ese disco actualmente?
Considero que es de lo mejor que he hecho y a nivel repercusión y números eso se ve representado. Hace poco me lo volví a escuchar por primera vez desde que lo saqué. Con el resto de mi música si la escucho con más frecuencia, pero este disco no, porque duele. Con el tiempo se asentó todo eso y lo puedo ver como un espectador sin recordar los traumas. Hice la gira en 2021 y nunca más lo he vuelto a cantar, pero a veces pienso en hacerlo. He conseguido separar esa obra de mí.
En tus proyectos más recientes noto una vibra más alegre. ¿Ves más complicado encontrar inspiración en la felicidad que en la tristeza?
Antes si me pasaba, pero ahora si estoy triste no puedo escribir, necesito estar equilibrado. La inspiración la cojo de donde sea pero necesito ese equilibrio, y por eso creo que he logrado tener esa madurez. Ahora consigo calmar mis aguas y no dejarme llevar por las emociones. Antes si no estaba hecho una mierda no podía crear y eso tampoco es sano.
«Toda mi lista de colaboraciones soñadas prácticamente está hecha»
Te he visto meter siempre muchas referencias a cine y videojuegos. ¿Logras sacar tiempo para estas cosas?
Precisamente con los videojuegos he conseguido encontrar hueco. Me he obligado a encontrar hueco para el ocio porque desde que abro los ojos estoy pensando en trabajo. Cuando encontraba huecos vacíos en mi vida normalmente me quedaba dormido, pero sin embargo los videojuegos ya los tengo casi como algo terapéutico, y me parece un método de evasión sano, sin abusar en exceso. Saco tiempo, me mola un montonazo y me inspira un montón también. Ahora me estoy jugando por ejemplo el Baldur’s Gate 3.
Viendo el aire punk que siempre te ha caracterizado te quería preguntar: ¿es algo que haces de manera intencional o te sale solo?
Sale solo bro. Pocas cosas puedo hacer de forma intencional porque soy muy inseguro a la hora de crear un personaje. Nunca he podido creerme nada de lo que hago y he tenido mucho síndrome del impostor, son cosas malas pero también me ha ayudado a mantener el ego a raya. Hace no mucho en una de las últimas sesiones que tuve con mi psicóloga me preguntó si yo distinguía entre Guillermo y El Virtual, y yo no los distingo. En cualquier caso El Virtual es Guillermo pero sin trabas en la cabeza, el Guillermo sano. Voy deambulando en eso pero manteniéndome como yo mismo todo el rato.
Este rollo más despreocupado y punk lo llevan muchos artistas, ¿tú crees que se lo puede permitir todo el mundo o te lo crees más en unos que en otros?
Creo que hay que tener la actitud para poder hacerlo sin quedar de tonto e irrespetuoso. La gente tiene que entender que eres así. Si no estás impostando nada adelante, me parece que hay que jugar. Estaba justo pensando en Cecilo G.
A mí me encantó el videoclip pero porque es muy Cecilo (risas).
«El proceso personal que he vivido con este disco no lo he vivido con otros»
Además eso fue increíble, el me propuso hacer el vídeo a distancia. Pasaron los días y el tema iba a salir esa noche y yo ya dije “nada, este ha pasado”, y cuando quedaban diez minutos para que saliese me habla y me dice: “bro, he conseguido el kimono” (risas). Me mandó los vídeos y me pareció increíble así que me puse a grabar mis vídeos. Admiro esa despreocupación y ese amor al arte, que aun teniendo una vida caótica sacas tiempo para buscarte una escenografía y ahí es donde ganas, porque demuestras el amor que le tienes al arte.
Cambiando de tema, ¿en qué punto estás ahora en tu relación con las drogas?
El punto de inflexión fue cuando saqué El Disco Que No Quería Dedicarte. Siempre ha habido música y droga en mi vida, pero la música ha ido poco a poco sustituyendo a la droga. Desde ahí quedó muy atrás pese a no eliminarse, y creo que mi relación actual es muy madura. Teniendo en mente que todo en exceso es malo considero que todo va guay. A mí las drogas me gustan, es un mundo que me fascina. Hablando claro, yo fumo porros a diario, esporádicamente algo de jarabe y si eso de fiesta algo de M, pero de ahí no paso. Tampoco es que me hinche de fumar. Mi vida no gira en torno a eso y tampoco me quita tiempo. Está la parte buena de que me inspira y me da creatividad pero también la parte mala de que me da más ansiedad de la cuenta.
Volviendo a las colabos, ¿hay alguna reciente que hayas disfrutado especialmente?
Lo estuve hablando con mi colega el Yerman el otro día. Toda mi lista de colaboraciones soñadas prácticamente está hecha. Papi Trujillo, Cecilio G, Erik Urano… La de Erik Urano me hace mucha ilusión y hasta ahora era secreta pero ya saldrá, y lo mismo a nivel producción con Gese Da O.
Como conclusión, ¿esta “Vuelta a Empezar” que pone título al disco se refiere a un reinicio de tu faceta de artista con los oyentes o es algo más interno contigo mismo?
Es todo tío, me vinculo directamente con mi obra y me considero una avanzadilla emocional de la misma. Yo voy a vivir las cosas y vuelvo para contarlas y que la gente sepa lo que hay allí. Lo bonito es que le puedes dar el enfoque que tu quieras. Luego mágicamente la gente suele pasar por etapas similares, y cuando la gente me dice “bro estás diciendo lo que pienso” caigo en que realmente todo es muy cíclico.
En 2016 tuvo lugar un evento en el mundo del rap estadounidense que quedaría marcado a fuego en la memoria de muchos como uno de los momentos más icónicos de lo que llevamos de siglo. Efectivamente estoy hablando del XXL Freshman Cypher 2016. La revista XXL escogió como promesas de ese año a un selecto grupo formado por raperos como Lil Uzi Vert, Lil Yachty, Desiigner, Denzel Curry, 21 Savage, Kodack Black, Anderson Paak, y como sorpresa; Lil Dicky.
La historia de Lil Dicky es una sobre privilegios a la inversa, porque es un rapero que no ha sido bien recibido en la escena nunca. Su condición de rapero satírico, blanco y judío le pone en jaque en un ambiente en el que predomina la música negra. Esto pasa de castaño a oscuro sabiendo que cada vez que un rapero blanco ha decidido empezar su incursión en el sector ha conseguido el mismo o incluso más reconocimiento por parte de la industria por hacer lo mismo o incluso menos que cualquier artista negro. Y sí, estaremos muchos pensando en aquel momento de los Grammy’s de 2014 en el que Macklemore se hizo con el premio a mejor álbum de rap por encima del Good Kid m.A.A.d City de Kendrick Lamar y el Yeezus de Kanye West.
Por ende, su forma de introducirse en la industria sin ser visto como una especie invasora o un “colonizador musical” fue hacerlo desde la sátira y la inversión de roles, como ya explicó a la perfección en el ya mítico videoclip de Professional Rapper. Y no nos vamos a alejar mucho del aspecto audiovisual de su carrera. Cuando lanzó su primer disco, este vino acompañado de unos cuantos videoclips que destacaron por lo ingenioso y creativo de su propuesta (en algunos más inspirados que en otros). Y pese no a haber cuajado en España, los videoclips de temas como Pillow Talking o $ave Dat Money ya son prácticamente cultura popular.
Viendo la implicación que ponía en estos proyectos, no supone ninguna sorpresa la evolución natural que tuvo su carrera cuando dio el salto a televisión con su auto ficción biográfica DAVE. Esta serie fue producida por FX (Que también se ocupó de Atlanta en su día) y en ella el propio Lil Dicky recrea lo que fue su camino al estrellato tomándose algunas licencias por el camino. De cualquier manera, el show acaba siendo un compendio de bromas, juegos de palabras y situaciones incómodas bajo las que se esconden comentarios por momentos muy sagaces sobre los privilegios de clase, el ‘struggle’ como método de legitimización y la apropiación cultural. En el seno de esta serie es donde nace el disco que nos ocupa hoy: Penith (perdonad la introducción tan extensa pero para entender a Lil Dicky TODO es contexto).
Llegados a cierto punto de la serie la trama empieza a girar sobre como Lil Dicky tiene que hacer su primer disco, al cual titula Penith como otra broma más sobre pitos, porque que tu nombre artístico se traduzca como ‘pene pequeño’ por lo visto no es suficiente. Así mismo, el disco que ha llegado a nosotros es una banda sonora que recopila y amplía los snippets y las canciones que suenan en la serie.
Es difícil tomarse en serio a Lil Dicky, y todas las críticas que le caen se apoyan principalmente en lo cursi, rebuscado e infantil que es en muchos momentos. Es un tono complicado de pillar, y creo que el principal hándicap reside en que tienes que haber visto la serie para entender, y luego disfrutar este compendio musical. Pese a que la mayoría los “videoclips” que figuran en youtube no son más que highlights extraídos de la serie, el imaginario que esta crea se vuelve indispensable para entender ciertos momentos. De otra forma no sabría explicarle a alguien como el drop de la intro se relaciona directamente con una versión de Anna Frank en el presente haciendo el baile de Watch Me (Whip / Nae Nae) de Silentó.
Una vez la conoces, hay que abrazar esa estupidez gratuita y alocada. A veces sale mejor y otras peor, con temas que tienen potencial y quedan en bromas de mal gusto (o temas que directamente surgen como bromas y se quedan ahí). Los únicos momentos en los que el disco brilla con luz propia y se sostiene sin necesidad de la serie son probablemente los más intimistas del mismo. Temas como Going Gray o I Met a Girl son una ventanita al alma de Dave más que a la de Lil Dicky. Relatos amenos y sinceros sobre el amor y la vida con los que cualquiera puede relacionarse. El disco no tiene un ritmo fijo, va pasando de estas baladas a temas que son una exhibición de las habilidades vocales de Lil Dicky, (que en contra de la creencia popular, no le faltan) para después dejarnos con algunos ejemplos de la facilidad que tiene para el ‘storytelling’ que le ayudó a llegar a la fama. Harrison Ave y Jail (Part 1) son ejemplos perfectos de esto, con Jail (Part 1) siendo un tema magistralmente absurdo en el que habla de un falso escenario en el que le meten en la cárcel y empieza a elucubrar sobre su vida de tipo duro allí ganándose el favor de los maleantes con los que convive. En este caso el tema viene con un videoclip de ocho minutos que es una delicia que os invito a experimentar por cuenta propia.
En la producción quiero destacar que contamos con la presencia del hitmaker Benny Blanco, que también es un personaje de la serie. Las relaciones de Lil Dicky con sus amigos y compañeros son un eje central de la serie y en consecuencia también del disco. La forma que tiene de tratar a su gente va cambiando para bien y para mál según avanza la historia. Por eso me parece que la outro We Good en la que canta junto con GaTa, su segundo de abordo, cierra el disco a la perfección, suponiendo una celebración de la vida, la amistad y dejar a un lado por un momento el ego y el narcisismo. Pese a ser una auto ficción, creo que hay resquicios de cómo es Dave en realidad que se pueden vislumbrar en ciertas frases del disco. Entiendo el desinterés hacia este álbum por parte del público general y que tiene un replay value muy escaso, pero si vas con la mente abierta y dispuesto a rascar más allá de la superficie te vas a encontrar con un disco sincero y con momentos sorprendentes tanto en lo musical como en lo lírico. Ya sabéis lo que dicen, entre broma y broma la verdad asoma.
Si tuviera que escoger una palabra para definir este disco, esa sería férreo, por diversos motivos. En primer lugar, por la consistencia y solidez del proyecto a lo largo de sus 13 temas, que se complementan y toman el relevo uno de otro para contar una historia de confianza ciega.
Ciega como la fe del artista, que también se podría denominar férrea, puesto que el tema de la religión es uno recurrente en este disco y Bby Demon, pese a ser por nomenclatura un demonio, se aferra con fuerza a la figura de Dios. Y no me separo de esta fe, porque estas dos letras son las que sirven también para representar al hierro como elemento químico en la tabla periódica. La raíz etimológica de la palabra hierro viene del latín “ferrum”, de donde sale el término con el que he empezado el texto: férreo.
De hierro es el yelmo que se muestra en la portada de este disco. Un casco medieval tan peculiar que parece sacado de una obra de FromSoftware. Se caracteriza por una visera especialmente estrecha, y es que el casco cubre la cabeza completamente pero deja este pequeño hueco para los ojos, para que no se pierda la visión. Esta visión también caracteriza el comportamiento de Bby Demon en sus letras, y es que “¿cómo olvidar que el camino es recto sin parar de andar?” como dice en “El Rey sin Rostro”. Esta visión de la que hablo va más allá de la que proporcionan los ojos, me refiero a la proyección de futuro de la persona. El mensaje es claro durante toda la escucha y es fácil empatizar y conectar con la ambición del artista.
El sonido del proyecto es también metálico, robusto y contundente. Ya no hablamos de estética, hablamos de aura y esencia. La idea original de este disco en palabras del propio artista viene de que el llevaba un tiempo trabajando en la construcción en el monte, sin cobertura, acompañado del sonido de taladros y demás maquinaria. Según cuenta Bby Demon, era tal la desconexión que cuando miraba a los árboles era como si estuviese viendo a Dios. Fue esta experiencia la que le animó a crear este sonido metálico y resonante.
Mezclando esta intención con la de seguir una estética medieval, el proyecto acaba transportándonos a una fragua del siglo X. Las melodías de laúdes y demás instrumentos suenan de fondo mientras las opacan unos bajos que golpean como si de un martillo templando un hierro candente se tratase. Hierro que acaba siendo una espada, que acaba siendo la lengua de Bby Demon, como diría Kendrick. Sus frases cortan la carne y acaban no solo atravesando hueso sino llegando al corazón por momentos.
Esta forma pausada de escribir y de rapear, heredada en parte de artistas como Erik Urano, convierte “Yelmo” en un relato serio. Una historia con la que conecté desde la primera escucha, de la que no tardé en sacar lecturas y aprendizajes. Me pilla en un momento de soledad, aislamiento y retiro, y es un perfecto recordatorio de que la mayor parte del camino la haces solo, y es muy fácil olvidarse de que este camino es recto si dejas de caminar. Menciono a Erik Urano porque el broche de oro del disco es una versión de su tema “U.F.Os y fábricas (Agua)” que Bby Demon acaba cantando con una fuerza y una instrumentalización que lo dotan de un aura especial. Retroalimentarse de la influencia para convertirse en referente, ese y no otro es el camino que espero que le aguarde a este demonio de buen corazón y cabeza blindada.
Cuando eres productor pasas mucho tiempo escuchando las voces de otros artistas. Tanto trabajando con ellas, editándolas e incluso aconsejando a la persona en cuestión para cambiar ciertas cosas si es necesario. Tras hacer esto todos los días con gente a veces más talentosa y otras no tanto, debe de ser imposible que no pase por tu cabeza ese pensamiento de “yo lo haría mejor”. En “José”, Gese ha demostrado que no solo podría sino que lo hace mejor que mucha gente del panorama.
Pese a esta introducción, sabemos que en su mensaje no hay soberbia, esto es pureza.“José”es el primer EP completamente rapeado y producido por Gese Da O.
“Cuido mi ego, me da poder” es la frase que abre este proyecto, y es que la tónica que sigue el EP gira en torno al trabajo bien hecho (cuando sabes que lo haces bien), el progreso y la humildad con la que hay que llevarlo todo si no quieres torcerte en el camino. Gese lleva una década dedicándose a la producción musical, pero ya era hora de ponerse delante del micro. Ya nos dio una pequeña demostración en “Fly Ass Music” con Dano y en los singles que sacó hace unos meses, lo que ha hecho que muchos de nosotros tuviésemos muchas ganas de este trabajo.
La voz de Gese es cruda, seca y directa. Uno de los puntos más fuertes de esta faceta suya que estamos descubriendo es que su actitud y estilo casan a la perfección con sus letras, y esto es algo que se agradece muchísimo. Gese en esencia es un chaval de Cádiz, inconfundible por su acento, que hace que todo el EP suene a Andalucía, y no sabéis lo bien que le queda.
De hecho lleva esto hasta el punto de haber metido a JK11300 en la mixtape. Este no es un artista tan popular como si lo son los otros que salen en el proyecto, pero se marca un cacho durísimo en “11k”, y es que el número que acompaña su nombre viene del código postal de La Línea de la Concepción. “Ayudo al que veo que es puro” dice Gese en la intro, y es que barre para casa, pero le queda muy bien.
Este proyecto va para la gente que viene de zonas como La Línea, para aquellos que sueñan con salir del barrio a través de trabajo duro y sin tener que hacerse camellos. Y es que esto no lo va a entender alguien que ha nacido en un chalet. En el rap de Gese no hay referencias gratuitas ni bulto. Todo lo que dice es porque lo ha vivido, y pocas cosas se agradecen tanto como que un artista sea real con lo que dice.
Las producciones corren todas a su cargo, y ya nos veíamos venir el estilo del proyecto con los adelantos. El sonido aquí se define por un Pluggnb predominante a lo largo de todo el EP trasteando entremedias con el New Jazz. Si repasamos un poco la trayectoria sonora de las bases de Gese, podemos ver como hubo una época con un boom-bap old school que se le daba muy bien, y más tarde un cambio más hacia el sonido Detroit. De ahí por ejemplo sale “No Lol Zone”, de Gloosito. Por eso sorprende tanto esta nueva dirección, que por otra parte, está muy bien escogida
Hay momentos en los que acompaña a estas bases poniéndose algo más melódico pero la mayoría del rato tenemos rapeos sobrios y directos. La voz de Gese como comentaba antes, es muy característica, no es una voz de cantante, sino de un chaval de Cádiz. Habrá gente que aprecie esa pureza y cercanía y otra que no conecte por buscar voces más suaves o melódicas. Sea como sea, su destreza con el micro no queda muy lejos de la que tiene con el FL.
El disco cuenta con la participación de nombres más grandes como Ergo Pro o Cruz Cafuné. Estos artistas tienen prácticamente una relación de colegas con Gese, y se nota esa química cantando mano a mano que ya estaba ahí cuando Gese todavía se quedaba fuera de la cabina y solo podíamos percibirle a través de las instrumentales. “José” es un EP hecho por disfrute y con calma absoluta, sin presiones, y eso se nota. Al final no hay nada más real que hablar de uno mismo, y es que este EP nos habla de Jorge José y todas las cosas que le han llevado a ser Gese Da O.