No puede negarse que esta película ha provocado un delirio colectivo en nosotros, ya sea tanto para bien como para mal. Pero estoy segura de que muchos no habéis pensado en lo siguiente: ¿puede volvernos igual de locos su vestuario? Yo, personalmente, creo que sí. E indudablemente esta vez es en el buen sentido.
Nosferatu, la nueva película de Robert Eggers, ha sido todo un éxito en cuanto a crítica se refiere. Ya no sólo por su
ingeniosa y original forma de contar una historia que llevamos escuchando durante más de cien años, sino porque todos
los elementos que la componen la convierten en un verdadero homenaje a la novela gótica en la que está basada; incluso
nos parece que todo lo que vemos en la pantalla podría haber sido perfectamente sacado de un cuadro romántico de la
época. Esto es lo que ha provocado que cuente con cuatro nominaciones a los premios Óscar y cinco a los BAFTA, entre
muchísimos otros. Lo interesante de todo esto es que las categorías más elogiadas han sido fotografía y diseño de
vestuario, algo que tampoco ha sorprendido a nadie, ya que Eggers es conocido por su precisión histórica y su capacidad
para crear atmósferas envolventes y atractivas para el espectador.
Para hacer las magníficas piezas que componen este desfile terror gótico, Eggers ha vuelto a contar con la diseñadora canadiense Linda Muir, quien ya había sido la encargada de confeccionar los vestuarios de otras películas del director tales como La bruja (2015), El faro (2019) o El hombre del norte (2022). Ella es la responsable de que cada detalle, por muy pequeño que sea, se convierta en una parte fundamental de la historia que se está contando, una historia que además es fidedigna a la cronología y al lugar en los que se desarrolla. En una entrevista que hizo junto con la productora Focus Features, Linda Muir nos demuestra que para ella diseñar no es sólo vestir a una serie de personajes, sino definirlos y crear toda una serie de universos dialécticos alrededor de ellos.

¿Qué nos dice cada personaje según su vestuario?
Debemos tener en cuenta que aquí, hasta el detalle más insignificante nos puede estar contando algo. El armario de
Ellen, la protagonista de este complicado romance que además es interpretada por Lilly-Rose Depp, tiene un aspecto
etéreo por esa conexión que siente hacia el mundo de lo sobrenatural y lo onírico. Algo muy interesante sobre éste
mismo es que también nos habla sobre su clase social: al no tener una posición tan elevada y no contar con una criada,
tiene que atarse el corsé a sí misma, lo que se nos refleja en la propia prenda. Pasa lo mismo con sus vestidos, que
también se cierran por la parte delantera.
Su vestuario está condicionado por la floriografía o “lenguaje de las flores”, una forma de comunicar sentimientos que no podían expresarse en voz alta por aquel entonces. La flor por excelencia del personaje de Ellen son las lilas, que simbolizan la nostalgia del primer amor y la fragilidad como metáfora de la propia mortalidad. Por eso mismo, las elige en su boda y más tarde estarán presentes en todo el desarrollo de la trama. Asimismo, sus propios vestidos presentan bordados con esta flor. La paleta de colores de sus atuendos va variando en función de su estado de ánimo: apreciamos tonalidades más claras y pasteles durante sus momentos de tranquilidad, mientras que cuando le invade la melancólicos patrones se vuelven más oscuros, llegando a ver un traje de luto negro que incluso sabemos que está adecuado a los protocolos de luto de la época.

Su marido Thomas (Nicholas Hoult), el encargado de viajar a las profundidades de los Cárpatos, lleva una serie de trajes que anteriormente eran utilizados también para hacer largos viajes, uniendo lo funcional y lo decorativo. Esto contrasta directamente con los de su amigo Friedrich Harding (Aaron Taylor-Johnson), quien cuenta con mucho más dinero y prestigio social y no necesita hacer esa “excursión que te cuesta la vida” como me gusta decir a mí. Lo vemos en detalles como los propios botones de las camisas, los cuales están recubiertos de joyas. Su vestuario refleja riqueza y poder, evidenciando aún más esa diferencia que existía entre clases sociales. Lo mismo pasa con su mujer Anna, Emma Corrinen la vida real, que con todos esos vestidos lujosos nos transmite que, a pesar de toda esa opulencia que se respira en su vida, ella es lo más bello y valioso para su marido. Así, vemos un estilo elevado y suave, que contiene un mayor número de volantes, brocados, encajes y adornos, y una mayor variedad de textiles, indicando a su vez un interés mucho más marcado por las tendencias de aquel momento.
Pero es que todo esto no se queda sólo aquí: este lenguaje también puede aplicarse a los camisones de las dos protagonistas. Mientras que los de Ellen lucen mucho más simples, fluidos y vulnerables, creando una especie de delicado y precioso estado mental, los de Anna vuelven a ser mucho más opulentes, consiguiendo reflejar además esa diferencia de riqueza y posición entre ambas. Vaya, que quién nos dice que las cayetanas y las rachetas no puedan ser amigas ahora.
Linda Muir también nos ha sorprendido utilizando piezas vintage y de influencia oriental para componer el personaje de Willem Dafoe, o mejor dicho el profesor Von Franz, que para recibir al resto de personajes en su estancia no lleva otra cosa que un típico “banyan” o camisón (una prenda directamente influenciada por el kimono japonés), combinado con un gorro que se asemeja al típico turbante con el que se solía llevar. Por último, ha hecho lo mismo para ataviar al personaje más misterioso de todo el filme: el Conde Orlok, interpretado por Bill Skarsgård, que va vestido con un atuendo inspirado en la vestimenta típica de la nobleza transilvana, cargando a sus espaldas siglos y siglos de historia. En definitiva, podemos decir que estamos ante piezas repletas de significado, y que son casi arquitectónicas. Así pues, tenemos una visión de diferentes mundos que se funden en uno solo para contarnos uno de los romances góticos más jugosos de este año, y posiblemente de toda la década. Yo la verdad espero que le den a Linda Muir ese Óscar. Que no se me ofendan los fans de Gladiator II por favor.


