Quevedo deslumbra en el Movistar Arena

Desde la salida de Buenas Noches, el polémico segundo álbum del astro canario, cientos de miles de chavales de todas las partes de nuestro país han soñado con escuchar los deliverys y estribillos de un artista que, ames o odies, da de qué hablar día sí y día también.

 Quevedo es uno de esos personajes que, pese a alcanzar el techo del éxito que solo un puñado logra, se mantiene en el anonimato. Cuando finalizó la pasada gira su paradero se convirtió en información confidencial. Meses después volvió con Duro, primer y único single del disco, y se le echaron las redes encima. Tildado de repetitivo y carente de esencia, Pedro Quevedo mantuvo la fe en su proyecto. Proyecto que, meses más tarde, llenaría 3 veces el Movistar.

Se distingue a lo lejos de la plaza Felipe II, donde se encuentra el Movistar Arena, una marabunta de chavales en fila india esperando para entrar en el recinto. Algunos llevaban días allí, cegados por el hype, otros eran recién llegados que asumían su sitio en la fila kilométrica. Conforme te acercabas a las puertas, veías padres despidiéndose de sus hijos y grupos de niños con hermanos mayores acompañando, pero también adultos hechos y derechos con ningún menor bajo su supervisión. Quevedo había logrado lo que para muchos parecía imposible: sanar una brecha generacional en la música comercial.

Quevedo by Alber Noriega

Dentro esperamos más de una hora. Honestamente, daba igual, todo el mundo observaba atontado la estructura del escenario. Una gran alfombra roja y varias luces plegables en el techo. En cuanto intenté ver algo más acercándome al escenario se apagaron las luces. Me vi envuelto en una nube de gritos que rebotaban por todo el recinto. Ni siquiera había salido Quevedo ni había sonado el primer acorde de Kassandra, primer tema del disco e intro clara del concierto, pero la gente ya estaba cantando. Cuando me quise dar cuenta, una figura casi bíblica cruzaba el escenario con la confianza de una persona que ya se ha comido el mundo. 

Tras varios temas de Buenas Noches en los que la gente no bajaba el volumen ni las ganas de cantar, me di cuenta de que faltaba algo. Me había creado unas expectativas alucinantes, probablemente culpa de la escenografía del último concierto de Yung Beef en el Vistalegre. Quevedo llevaba ya 20 minutos cantando y el escenario era él y, muy de vez en cuando, cinco bailarines. Nada más. Fue ya avanzado el concierto cuando Pedro decidió que tocaba hacer un viaje al pasado cuando el escenario comenzó a cambiar. Colocaron televisiones, sillones y más elementos para que el cuadro de baile que le acompañaba pudiese jugar. Uno de los momentos más interesantes del concierto.


El canario sacó a cantar a numerosas colaboraciones de toda su trayectoria musical, desde Aitana con Gran Vía hasta su mano derecha La Pantera para interpretar Halo y Piel de Cordero. Con la tontería llevábamos ya más de la mitad del concierto y Quevedo no había parado de cantar, de referirse al público como una familia, de conectar con miles de personas a la vez. Fue cuando apagó las luces y cantó La Flaca junto a Jordi Mena que Pedro logró unir esas dos generaciones bajo acordes que ya consideramos atemporales. 

Quevedo by Alber Noriega

Cuando los ánimos estaban por las nubes, Quevedo anunció que al espectáculo le quedaba poco para extinguirse. Segundos después comenzó una ristra de sus mejores hits, sus temas más comerciales y que más han sonado en las emisoras nacionales. Pero justo antes de cantar la última del concierto, el estadio se fundió en negro y el canario dedicó unas palabras sobre Buenas Noches, el cierre homónimo de su último disco. Cuando comenzó a cantar lo que probablemente sea su tema más personal, miré a los lados y me di cuenta de que no había una persona que no se lo supiese. 

Por mucho que se le critique y sea objeto de burlas por hacer música para el público general, está claro que Quevedo ha tocado en el corazón de muchos jóvenes y adultos de nuestro país. Por mucho que pasen los años será tema de conversación recurrente en los recreos de institutos y comedores de oficinas, porque ha sabido llegar a todo tipo de público con ritmos pegadizos y letras en las que cualquiera se puede sentir representado. 

Quevedo by Alber Noriega