Autor: Diego Sánchez

  • Nico: «tenía que quererme y enseñar que me quería»

    Nico: «tenía que quererme y enseñar que me quería»

    Me siento en el sofá de Nico y preparo la grabadora. Acaba de nevar en Madrid pero los rayos de sol atizan el salón. Teníamos que empezar la entrevista hace una hora pero no paramos de hablar sobre un abanico de bobadas. Desde que me abre la puerta de su humilde morada hasta que me tengo que ir escopetado al turno de tarde de la uni no se nos ha borrado la sonrisa de la cara a ninguno de los dos. Creo que, preso de la comodidad, se me va el santo al cielo y da hasta palo darle al botón de la grabadora. Dice: “yo lo que quiero con esto de la música es conocer a gente y hacer amigos”. Acaba de ganarse uno, es recíproco.

    Su música, y en especial su reciente trabajo PERDEDOR es un abrazo al alma. Un recordatorio de que nada es tan serio como para devanarse los sesos. En la línea temporal tan turbulenta en la que vivimos, nunca está de más darse cuenta de que este tipo de momentos son sobre los que construimos nuestra vida. Bueno, me dejo de cursiladas, está claro que este chico tiene mucho que contar.

    Portada de PERDEDOR , el último proyecto de Nico

    ¿Tienes algo que te tenga obsesionado últimamente?

    Demasiadas cosas, como “microobsesiones”. Siempre han sido videojuegos en cierta parte, pero desde que vivo en Madrid tengo que ordenar bien mis obsesiones. El Binding Of Isaac, por ejemplo, que es el juego de mi vida. Siento que ahora estoy un poco gris, cuando dejas espacio y tienes que estar currando pierdes un poco los hobbies. Necesito volver a Murcia para reconectar con esas obsesiones.

    Que bueno que digas el Isaac, uno de los juegos de mi vida también. La historia del juego me recuerda mucho al mensaje de PERDEDOR, al fin y al cabo es sobre un niño que llora y es una trama súper trágica. El protagonista es un pringado. 

    Es “pásalo mal”, bro (risas). Es un juego que no tiene recompensas: llora y ya. De eso se trata. Me lo compré en la PsVita junto a un colega y fuimos aprendiendo poco a poco. Desde entonces que no paro de jugar. 

    Te descubrí porque me escribió tu manager, David, allá por 2024 con tu primer single Moongazing. Ahora que lo escucho, ha cambiado muchísimo tu manera de hacer música y afrontarla. Ya solo tu último EP es mayoritariamente acústico. ¿A qué se debe ese volantazo?

    Pues conocí a David en la uni, yo ya había sacado el tema por Distrokid y él me habló. Nos sentíamos outsiders, y eso es lo principal que ha cambiado. Me sentía raro y no quería ser pesado con la gente para promocionarlo. Cuando me empecé a enseñar un poco, que antes me costaba muchísimo, pude hacer ese trato humano que tanto quería. A veces hay que ser un poco pesado. En el aspecto musical, en su momento conectaba con referencias colectivas que yo creo que todos tenemos. Había una inquietud gigante porque sabía que una parte mía que estaba en el EP de Nuevo, luchar contra estímulos de novato musical como ir por primera vez a un estudio. Estaba en una batalla interna y tenía que hacer ese EP para no hacerlo más, ¿se entiende? No porque no me gustase, pero estaba luchando con mi identidad. 

    Siempre digo que lo mejor que me podía pasar es que no me funcionase “bien” ese primer EP. Era lo justo y lo necesario para decir: me he enseñado con gente que son referencias para mí, cojo y cambio por completo. No sé qué me hubiera pasado si Nuevo hubiese funcionado muy muy bien. 

    ¿Qué crees que podría haber pasado?

    Te mentiría si te dijese que hubiese seguido con lo orgánico. Si pienso de manera objetiva, habría seguido haciendo trap. Fue en ese momento que me di cuenta que no me sentía cómodo con ello y aproveché el no ser nadie para hacer un cambio total. Ahí abracé un poco el hacer lo que me apetecía y saqué Píldora (su segundo EP). Dentro de mí, había algo que inconscientemente quería gustar. Ese golpe en la mesa y ese cambio es una de las decisiones más bonitas de mi vida. Hacer un stepup y sentir que tenía algo que decir. Cuando volví a grabar con LEÏTI se sintió algo totalmente distinto, me sentía más artista. Que esto cuando lo digo me raya (risas), da la impresión de que me siento superior. A lo que me refiero es que vivo a través del arte, y mis canciones son una necesidad y una forma de ver el mundo. Para mí, ser artista es querer salir a la calle para ver historias y luego plasmarlas.

    Que el mundo gire alrededor de tu arte.

    Efectivamente, y que canalizas tu vida a través de ello. Un artista puede ser un cerrajero. Entonces, cuando grabamos Nuevo en 2023, salí del estudio con mucha inquietud porque no lo sentía tan propio, por mucho que fuese la música que me salía hacer en ese momento. Salí de allí muy rayado y por eso mismo tardé un año en sacar el proyecto.

    A la hora de dar el salto a la industria y afrontar los miedos del artista primerizo, ¿cómo de importante es para ti el hacer amistades y no quedarse en el formalismo?

    Súper importante.

    Quiero decir, ya solo que tu manager sea colega dice mucho del proyecto.

    Para mí es lo que va primero y es lo que más intentamos preservar. Y las oportunidades profesionales que desde fuera se ven como “mentalidad de tiburón” son en realidad que hemos sido humanos y ya. Todo lo bonito ha salido de ser humano. 

    ¿Te preocupa que el proyecto se vuelva algo masivo y que las relaciones se comiencen a tornar a profesionales mucho antes que personales? ¿Crees que serás capaz de preservarlo?

    Un montón, y es que tengo que preservarlo. Es incondicional. Mi objetivo desde el año pasado es ver otros humanos, con inquietudes y vulnerabilidad, y trabajar con ellos. Tanto en la música como profesionalmente soy como cualquier otra persona. No me siento en la mesa con un A&R y siento que no puedo tirarme la de ser un chulo, debo de ser yo y mostrarme vulnerable. Muchas veces tienes que saber con quién hacerlo, pero saca la parte más humana de la gente. Es un check, y no me imagino un universo en el que no lo haga de esa forma. No contemplo un momento en el que seamos puramente profesionales, y si llega ese momento tendremos que preservarlo. David (mi manager) y yo quedamos para escuchar música y jugar al FIFA, y así es como tiene que ser.

    Fotografía: @ianpizq – Estilismo: @clarisinha.mp3

    Llevas ya varios proyectos cortos sacados, cada vez refinando más la estética y el mensaje. ¿Tienes ese miedo irracional a hacer tu primer álbum? Ese mantra que tanto oyen los artistas de “nunca harás algo como tu primer álbum”.

    Es un miedo que me he planteado ahora, pero como no lo he hecho nunca dejo que fluya. Tengo claro que no voy a hacer un álbum cuando no sienta que lo debo hacer. Tampoco se cómo llegar a ese punto (risas). Estoy tranquilo en ese aspecto, creo que la única forma de llegar a hacer tu “College Dropout” es estar en conexión con tu vida y con una necesidad de hacer un LP. 

    Sí que existía ese miedo a no tener un concepto gigante sobre el que construir un álbum. Que parece que si quieres hacerlo debes tener un Astroworld (disco de Travis Scott) en la cabeza. Siento que tampoco sale de esa manera. Gracias a Kendrick Lamar y su Mr Morale & The Big Steppers me ayudó mucho a ver que para llegar a un producto final hay que pasar por mil versiones de canciones y conceptos. Hago música por necesidad, por eso hay días en los que me hago 5 temas y semanas en las que no me sale nada. Dejé hace mucho tiempo el hacer arte por profesión, el ir al estudio y tener que hacer algo sí o sí. A veces llego al estudio y me quedo callado, dejo que otra gente trabaje. Le tengo mucho respeto a ese tipo de cosas.

    Me gusta mucho ver que no tienes una prisa pese a estar funcionando tu proyecto. No te noto presionado por hacer música con miedo a que se te pase el arroz.

    A lo mejor me tiro 2 años sin hacer un álbum, quién sabe. Saco PERDEDOR y la gente me pide un álbum, y creo que mucha peña no es consciente de lo que es hacer eso. Para mí, un álbum tiene que decir y hacer mucho, y hasta que no me sienta cómodo no lo haré. No paro de hacer música, pero no tengo ni idea de cuándo llegará el input para ponerme a montar un LP.

    Respecto a 0tres, uno de tus temas más célebres: hablas en la primera estrofa de joderte la mañana con 0,3. ¿Qué relación tiene el cannabis con tu proceso artístico y tu evolución? ¿Te aporta un “tercer ojo” y te ayuda a entender mejor la música que haces?

    Creo recordar que C.Tangana dijo que los porros le habían abierto una ventana que no se le ha vuelto a cerrar. Yo no lo necesito a nivel creativo, es más, empecé a hacer música sin haber fumado una sola vez. Llegó un punto en el que sentía que estaba dando un 80% de mi potencial por fumar. Siento que el cannabis me daban una forma distinta de llegar a situaciones, como puede ser cualquier otra droga. Pasa que cuando se convierte en adicción vives más ahí que en otro sitio. Ahora justo he dejado de fumar y creo que uno de los conceptos para el álbum es cuidarme. He hecho música fumando pero se acabó, me estoy poniendo en otras situaciones. 

    Ahora me pongo en habitaciones. Hace falta que me meta en una habitación blanca para que me salga un tipo de música, y estar en un habitación roja para que me salga otra. En 0tres lo estaba pasando mal, esa música la hacía para mí por muy egoísta que suene. Siento que hay una mente colmena y que la gente conecta con esa debilidad, y ese es el poder de la música. Me despertaba, me fumaba un 0,3 y sentía que estaba perdiendo mi identidad. Los porros a largo plazo han sido dolor y he tenido que saber dar el salto a no hacerlo. También le agradezco mucho a ello, porque me ha hecho falta vivirlo, pero ya fue. 

    Cuando hablo con gente sobre esto, algunos me dicen que les abría una puerta a entender mejor lo que hacían y otros que confiesan que era solo una excusa.

    No había caído, pero muchas veces los utilizaba para callarme. Hacen que te silencies, que no digas lo que quieres decir. Cuando me di cuenta de que los usaba para no sacar lo que tenía que sacar, me di cuenta de que ese espacio que ocupaban en mi vida los porros ahora tiene que ocuparlo la propia música. Y para ello había que pasar por dolor, pero no siempre es malo. Tengo que canalizar todo en la música, llorar si hace falta para terminar una canción pero siento que es mi deber. Ser claro conmigo mismo es importante, y los porros hacen todo lo contrario. Si tienes el control son la polla, pero yo no lo tenía. 

    Noto en Píldora, tu anterior EP, ese enfrentamiento directo a esa frustración. Pero de repente das un volantazo en tu carrera con EL ADIVINO, una canción con tonos más alegres. Se sentía como un día soleado después de nevar. ¿Crees que puedes hacer música que se oponga completamente a cómo te sientes en ese momento?

    Por supuesto, es más, así funciona. Soy fiel creyente de que, cuando estás feliz, puedes encontrar algo en tu cabeza que te ponga triste. Y cuando escuches ese tema y estés realmente triste te va a matar, ¿sabes? Y lo mismo al revés. Desde Píldora sentía que la música la tenía que hacer por mí. EL ADIVINO tiene tres años, pero CONFIANZA la hice cuando estaba realmente triste.

    Se crea un contraste muy bonito entre el mensaje y las instrumentales

    Porque estoy triste pero esa música me está haciendo feliz. No existe mi música si no existen los contrastes. Todo es equilibrio, y ahora vibro mucho con esa imagen. Encontrar eso en mí hace que pueda hacer PERDEDOR. La gente me dice que el EP suena a “buena energía”, pero era todo lo contrario a como me encontraba en el momento de hacerlo, y por eso necesitaba hacer música más alegre.

    Me sorprende, pensaba que era todo lo contrario, que como artista no te puede salir un tema melancólico cuando estás muy contento.

    Justo en Engañarle (del EP Píldora) quería jugar con ese contraste. Mi idea era hacer un videoclip pillando códigos súper lejanos a mí y a mi proyecto. Llevar pipas y vestir Supreme (risas). Era un egotrip de querer ser algo que no era y me encanta. Una balada que jugase mucho con ese contraste. 

    El concepto sobre el que orbita tu último proyecto es el de ser un perdedor. ¿En qué aspectos te sientes uno?

    Siempre me he sentido así. Nunca he sabido jugar al fútbol ni he sido de un grupo “cool”. Es un poco reivindicar que los que lo ven desde fuera mi proyecto parece muy chulo pero estoy abrazando quien soy. No es intentar forzarte a llevar Supreme, es dejar claro que nunca ha ido conmigo. Es ser un perdedor pero estar a gusto con ello. Me gustaba una chica y me daba por ir detrás de ella como un pagafantas. No estaba mirando en mí, y eso fue lo que hizo que mirase a mis adentros. Lo que quería transmitir es que, al abrazar que soy un perdedor, empieza a gustarle a la gente la idea. Tus debilidades son los que te hacen grande. Esa madurez ha llegado de juntarme con gente normal, ser humano con ellos y coger cositas de cada uno. Soy muy analista en ese sentido, en construirme a mí mismo y a mi círculo. 

    Por eso el proyecto se llama Nico, porque no me quería poner un AKA. Si me puedo enseñar y cada vez que lo haga soy yo, eso va a funcionar. Creo que la gracia es esa vulnerabilidad de enseñarse, que te ayuda a conectar con la gente y les lleva a darse cuenta que dentro de ellos también viven lo que vivo yo. 

    Esa idea de enseñarle a la gente que lo que ellos piensan que es “cool” no lo es en absoluto. ¿Te preocupa a futuro esa relación parasocial con tu público en la que la gente te tenga como una figura idolatrada?

    No me preocupa porque cuando esa persona interactúe conmigo verá que no lo soy. La clave es ser la misma persona todo el rato y dejar que la gente se de cuenta de ello. Yo me estoy haciendo caso a mí mismo y construyo la vida a mi alrededor porque me quiero, por muy egocéntrico que suene. Y que eso te haga hablar conmigo y pensar: tío, me quiero querer. Cuando lo sentí así quería que le llegase a la gente, pero no se logra algo así escribiéndoles o haciendo autoayuda. 

    Tenía que quererme y enseñar que me quería.

    Es un mensaje general de que la realidad funciona así: estar presente y en tu eje.

    Hago cambio a una pregunta súper seria: ¿nivel de inglés?

    Medio-bajo (risas), perdedor.

    Lo digo por el tema de SO BAD!, en el que cantas íntegramente en inglés. ¿Cómo te da por ahí?

    Escucho un montón de música en inglés, y siempre tuve ese complejo de que no podría hacer una. En PERDEDOR me quité de todos esos estigmas y cosas que tenía en la cabeza que no me dejaban. La hice y ya.

    ¿Crees que podrías alcanzar un público más internacional?

    Me encantaría en el sentido de hacer más música en otros idiomas, no llegar a un público mundial. Me pasa mucho con Frank Ocean y el uso del inglés, creo que hay cosas que suenan demasiado bien en ese idioma. Hay una parte de Blonde que me da un abrazo al alma y me encantaría llegar al punto de saber usar un idioma a ese nivel, utilizarlo como un nativo. 

    Me parece que el propio tema juega con que no eres nativo. Si fuese un inglés perfecto perdería parte de su magia. Funciona mejor cuando sabes que no eres de allí, se siente perdedor.

    Total, estoy abrazando eso.

    ¿Sientes que tu música puede encontrar un hueco en el océano del “urbano” de este país?

    No estoy pensando en ello ni siento que tenga que buscarlo activamente. Se hará un hueco donde tenga que hacerse, por eso agradezco no haber pegado el primer EP. La gente vibra con el mensaje y con escuchar a Nico, no con un género. Cuando la gente piense que tengo un hueco es cuando no querré estarlo, ¿sabes? Quiero ir a contracorriente en ese aspecto.

    Creo que, sobre todo en el urbano, está viviéndose un auge de lo acústico.

    Sí, y también quería dejar claro que no fue una decisión ejecutiva el decantarse por lo orgánico. Es que lo fue realmente, el coger la guitarra y cambiar mi música completamente. Que Chechu tocase la guitarra y el instrumento empezó a decirme cosas. Hay un movimiento general del acústico que, si no se hubiese movido toda la gente en conjunto, siento que no habría sido tan fácil dar ese salto. Creo que estábamos trillados de siempre los mismos sonidos y se está retrocediendo en el tiempo a los instrumentos y lo orgánico.

    De cara al concierto que tienes mañana [ya pasó, fue historia], ¿tienes síndrome del impostor a la hora de este tipo de eventos?

    Creo que es la primera vez que no, porque ya he abrazado eso. Ya le he mostrado a la gente que soy un perdedor para estas cosas, así que no me da miedo eso. Simplemente tengo que salir y disfrutar, canalizar todo lo que quiero transmitir al público. Sí que me da miedo la puesta en escena y poder sentir en condiciones todos los temas. De hecho, el EP se iba a llamar “Impostor”, porque en parte me sentía así. Pero le di un poco la vuelta, quise apelar a lo que era.

    ¿Cómo fue la primera vez que te subiste a una tarima?

    Pues fue en un evento en Murcia. Todavía no había sacado música en Spotify pero algunos ya sabían que cantaba. La verdad es que disocié mucho en el escenario, estaba muy nervioso. Esos conciertos del año pasado los sufrí porque estaba muy concentrado en no fallar notas y en la puesta en escena. Mañana, si tengo que fallar 70 notas pues que pase, no estoy pensando en eso, estoy concentrado en la energía. 

    Después del concierto, ¿tienes algún objetivo más o checkpoint a futuro?

    Quiero irme todo febrero a Murcia, estar tranquilo, ver a mi madre y a mi hermana. No siento que me haya quemado pero necesito estar a mi bola, Madrid absorbe y mucho. Necesito rellenarme de experiencias; quedar con mi colega y que me cuente que le ha dejado la novia, ¿sabes? 

    Tengo muy claro que la música vive conmigo y no la fuerzo, ya no existe esa presión al ritmo. Siento que, al vivir en Madrid, te condiciona un poco esa velocidad. Por eso volver a mi casa en Murcia hace que me de cuenta de que no va de eso.

    Te noto muy ajeno al ritmo de la industria musical y esas prisas de “perder el arroz” que sufren muchos artistas emergentes.

    Porque ya me he demostrado que si hago música que siento la gente la siente igual. Por eso solo tengo que sentir, y para ello me hace falta vivir. Es la única forma. No me voy a dejar pisar por esos ritmos.

    Y para terminar, ¿campeón favorito del League of Legends?

    Que pregunta más loca hermano. Veía mucho a ElMillor, por lo que jugaba a Fiddlesticks. La idea de un personaje que fuese un espantapájaros flaco, fua. Es un personaje raro, la forma de jugarlo es tétrica. El objetivo principal es que no te vean, es muy loco. Vibra mucho conmigo eso (risas).

    Fotografía: @ianpizq – Estilismo: @clarisinha.mp3

  • Carlos Ares en La Riviera: adéntrate en la cueva

    Carlos Ares en La Riviera: adéntrate en la cueva


    La Boca del Lobo, el último trabajo de Carlos Ares, es una pintura rupestre en forma de melodía. El pino mojado, las cabañas de barro, las cuevas y sus estalactitas. Se siente como descubrir unos dibujos milenarios en medio de un páramo. Su paisaje sonoro, para quienes no nos podemos considerar connoisseurs del folk, nos pilló desprevenidos. Tuvimos que dejar a un lado sonidos más artificiales y robóticos para reconectar con lo primitivo de este arte. Cencerros, cacerolas, guitarras y, ¿un saxofón? Carlos Ares nos tiende la mano para llevarnos de ruta por la montaña y el patrimonio galaico en una de sus tres fechas agotadas en la capital. 


    Como si fuésemos al Teatro Nacional, el escenario de La Riviera estaba tapado cuando entramos al recinto. Cualquier cosa nos podíamos esperar de uno de los artistas más célebres del indie español. La gente abarataba la barra de la sala, cogían un sitio para poder bailar sin chocarse y tanteaban si llevarse algo del merchandising para casa. En conciertos con público más adulto de lo que habituamos tiendo a observar más mi alrededor. Es revitalizador darte cuenta que hay vida más allá de la juventud. Quizás ese es uno de los puntos más favorables que asocio a Carlos Ares: lograr que mis padres y yo nos encontremos en un concierto.


    La música que actuaba como preludio del gran acto era original: el cantautor había preparado música de manera extraordinaria para que la gente fuese aclimatándose. Cuando cesaron las instrumentales y se corrió el telón, una gran cabaña prehistórica se cierne sobre el público. Alrededor de ella, numerosos instrumentos y artilugios improvisados que aportan atmósfera. Un mecanismo de cuerdas y poleas sostiene unos cencerros que se acabarán usando brevemente durante el concierto, lo cual me dio bastante pena. De pronto, de la cabaña emergió una banda que saludó al público como si de una obra de teatro se tratase. Carlos Ares fue el último en salir de aquella casucha, dando comienzo a un concierto que hipnotizó a todos los asistentes. 


    Los acordes de Días de Perros abrieron la noche, revolucionando al público y poniendo a prueba las rodillas de toda la sala. Sin parar a descansar, las guitarras transicionaron a Aquí Todavía, de su primer LP Peregrino. Fue un inicio marcado por saltos, cánticos y un repertorio de canciones que todo el mundo se sabía. Es por ello que, al entrar en un segundo acto algo más calmado, se sentía como si el ritmo hubiese dado un volantazo del que luego fue complicado recomponerse. Con esto me refiero a un setlist más calmado, más folk que rock, que hizo que los asistentes perdiesen ligeramente el hilo. Si a esto le sumas una acústica que dejó que desear, hubieron pasajes agridulces que no llegaban a estar a la altura de la euforia colectiva que se sufrió con los temas más populares. 

    Créditos: BMG


    Fue en un interludio que logró bajar las revoluciones y acercarnos al cantante que el concierto volvió a alcanzar las expectativas que tenía. El escenario tornó a un minimalismo que nos permitió tener un momento íntimo con Carlos Ares. Los saltos al son de guitarras y lo estrambótico de la puesta en escena pasaron a ser un número de butacas y una luz tenue. Los miembros de la banda iluminaron la sala con Importante y Collar, dos de los fragmentos más memorables del disco. El público mandaba callar, dejando que las cuerdas y la voz del cantante inundasen La Riviera. Fue el momento más bonito y sentido del concierto. Los destellos instrumentales favorecían a una voz que no podía hacerlo todo sola. 

    Créditos: BMG


    Para dar cierre al concierto, Carlos Ares recurrió a clásicos de su repertorio como Rocíos y Peregrino para ponerle broche de oro a una de sus tres grandes noches en Madrid. Para su última canción, la banda sorprendió con un saxofón que acentuó Peregrino, logrando traer una versión exclusiva para conciertos que sonó de maravilla. Después de agradecer al público y la banda por su exquisita labor, Carlos Ares nos concedió Páramo en forma de bis. 


    La cabaña volvió a tomar relevancia cuando todos los integrantes de la banda se adentraron en ella, no sin echar un último vistazo a un público que les despedía con aplausos y gritos. Entraron en la cabaña, lo cual me parece significativo y vital para entender el propósito de su música: Carlos Ares no trata de salir de su cabaña, sino que nos invita a entrar en ella. Invitación que nunca podremos rechazar.

    Créditos: BMG

  • SPOTLIGHT 2025 | «Heavy Metal» – Cameron Winter

    SPOTLIGHT 2025 | «Heavy Metal» – Cameron Winter

    La soledad encierra a las personas en su mundo interior. Este suele actuar como una pared en la que los sentimientos juegan al frontón, encogiéndose hasta que tu cabeza sea una bomba de relojería.

    Para algunos, la mejor manera de evitar que esas paredes mengüen es expresarlo a través del cine, la pintura, la música. Para Cameron Winter, aprovecharse de esos pensamientos intrusivos y transformarlos en teclas de piano o voces rasgadas es su superpoder. La angustia hacia un futuro inestable, una búsqueda del individuo como llave a la felicidad… En fin, el amor al prójimo y a uno mismo. ¿Cuántos podemos decir que hemos descifrado esto? 


    Heavy Metal no inventa la rueda, tampoco pretende hacerlo. Es el relato de un artista en el ápice del éxito sin necesidad de alardear de ello. La cabeza de un prodigioso poeta que, pese a lo reconocido que está su talento, no logra encontrarle el sentido al camino que está recorriendo. Recuerda a los puntos más ácidos de Bojack Horseman o los fantasmas que retrata Kiyoshi Kurosawa en su obra. Si bien es mucho más esperanzador, su fondo es melancólico y solitario. Sus letras reniegan de convencionalismos, recurre a lo absurdo y divertido para retratar sentimientos muy concretos. ¿De qué sirve un “siento que nadie me entiende” cuando puedes decir “i’ve been getting spanked by everybody lately”? A eso me refiero. 


    Si bien muchos conocimos al joven Cameron con su banda de Brooklyn Geese, algunos hemos decidido acurrucarnos en este rincón de su discografía en solitario. Nos sentimos más comprendidos en un álbum tan humano, que pese a su simpleza respecto al reciente Getting Killed de la banda, logra evocar más sentimientos y preguntas dentro de nosotros. Es mi disco del año porque, pese a los buenos ratos, he tenido momentos de introspección que han cambiado mi manera de ver mi futuro, pero sobretodo mi presente. Heavy Metal es una palmada en la espalda, pero también una señal de advertencia sobre nuestro propósito en el mundo. Sobre nuestra manera de relacionarnos con él y con la gente que habita en nuestra vida. 


    Cameron Winter, pese a las alabanzas de grandes críticos musicales, no se siente suficiente. Se compara, se fustiga, reniega de su reputación. Es un impostor en su propio proyecto, lo cual vuelve todo el mensaje del disco algo más oscuro. El sentir que nadie entiende tus frustraciones, que nadie termina de entender lo que estás haciendo. Su disco me ha abierto las puertas a entender problemas que previamente no lograba ni enunciar. 


    Queda mucho trabajo por hacer, pero este disco es un pequeño recordatorio de que no estás solo. Y eso ahora mismo es todo lo que necesito.

  • Tristán: «Intento no pensar demasiado en el tiempo»

    Tristán: «Intento no pensar demasiado en el tiempo»

    Tristán! piensa en borrar palabras del diccionario, se ríe del artista que conceptualiza en exceso, y sueña con hacer una película. Es el artista detrás de Tristán, ahora con reloj. Pertenece al dúo creativo bajo el nombre Fomotrauma, los chavales detrás de la mayoría de videoclips y visuales de artistas como Rusowsky y Ralphie Choo. Me recibe por videollamada desde el salón de su casa. Transmite tranquilidad, es atento y me habla sobre sus sueños y preocupaciones. Últimamente piensa en qué pasaría si no existiesen palabras que usamos en nuestro día a día. Yo pienso en qué pasaría si no existiese gente como él.

    Créditos: Clo-Tem

    ¿Qué te ha obsesionado estas últimas semanas?

    Últimamente pienso mucho en borrar palabras del vocabulario. Siento que construimos nuestra vida alrededor de las palabras que usamos, y que si eliminas palabras del diccionario también desaparecen sus conceptos. Me ha hecho bastante gracia pensar que borras palabras y por ello se eliminan de tu vida. Por ejemplo, borras “depresión” y por lo tanto ya no existe.

    Me esperaba una peli o un álbum de música.

    Podría decirlo también pero esto es de lo último que he estado pensando.

    Me gustaría empezar la entrevista con Music EP. Ya ha pasado tiempo desde entonces, ¿qué recuerdos tienes de la época en la que lo hiciste?

    Buenos recuerdos en general. Todo lo que haces previamente te sirve para luego crear en el futuro. Aunque ahora mismo no haría un EP así, sí que siento que fue un momento importante para mí. Estar sacando singles y tomar por primera vez la decisión activa de hacer un proyecto como tal. El englobar las canciones en un concepto, aunque en el caso de Music EP era algo más global. Siento que fue un primer paso y un aprendizaje de cara a preparar el álbum que acabo de sacar.

    ¿Cómo interpretaste ese cambio? ¿Fue natural o sentías que debías hacerlo?

    Sí. Siento que pasa con todos los artistas, ¿no? Empiezas con los singles porque es lo más fácil de hacer y no requiere tanto concepto, cuando tienes pillado el tranquillo dices “venga voy a hacer un EP”, un proyecto más pequeño y que no tiene tanto peso. Ya de ahí vas al álbum.

    Del EP al álbum, ¿cómo ha cambiado tu manera de ver tu música y plasmarla?

    Es inevitable, te cambia el chip. Todas las canciones deben de convivir de una forma u otra. En Music EP algunas canciones las hice por mi cuenta, pero empezaron a dispersarse las responsabilidades. Trabajé con Roy (Borland) y con Daniela Lalita, y para cuando empecé con el álbum sentí que debía trabajar con más gente a parte de mí para darle cohesión. Estuvimos Roy, Teo (Planell) y yo desde cero y eso le aportaba coherencia al proyecto, más allá de pensar en un concepto. Aunque tampoco considero que sea un disco conceptual, no lo es. Más que nada son canciones que me representaban a mí y ese era el marco narrativo. 

    ¿Cómo es el momento en el que dejas de hacer música solo en tu cuarto y pasas a delegar en otra gente aspectos de tu proyecto?

    Pues tiene dos caras: cuando delegas en que otra persona produzca o componga, tienes que dejar ir, ya que estás interrumpiendo el proceso. Delegas en el sentido que esa persona lleva la batuta en ese aspecto del proyecto. Al empezar fue difícil, ¿sabes? De estar acostumbrado a tomar las decisiones yo solo a tener que dialogar y no siempre elegir lo que más te gusta. Yo creo que es muy parecido al proceso de hacer una película. Hay más gente en el equipo y hace falta un consenso. Cuando acabé el álbum pensé justo en eso, que lo siento muy mío pero inevitablemente es un álbum de Roy y Teo también, ya que han estado prácticamente igual de involucrados que yo, más allá de que firmaba las canciones yo y los conceptos salían de mí. También creo que va por proyectos, que esta vez decido hacerlo así y en otro con otras características y enfoques me apetece hacerlo yo todo. 

    Ahora echo mucho de menos producir, y aunque me haya gustado delegar en Tristán, ahora con reloj, si que me planteo volver a producir yo o coproducir con otra persona.

    Es como saltar de un cortometraje a una película. Tiene sus pros y sus contras.

    Justo, es muy bonito y gratificante, pero por otro lado echo de menos el proceso de estar en mi cuarto solo y producir a mi bola.

    Sobre tu disco, primera duda que tengo: ¿qué te ha dado con los relojes?

    En verdad fue una coña que me vino un día. Rondaba la idea de hacer un álbum en verano, subirme a casa de Roy y Teo. Una mañana recuerdo que llevaba un reloj y me hizo gracia el nombre del álbum, pero más como algo sonoro. Me gustaba como sonaba la palabra “reloj”. Empezó como una coña y a lo largo del proceso de hacer el álbum la broma cobró vida y obtuvo un trasfondo. Fue clave ponerme a hacer el álbum con el título ya en la cabeza, creo que generó un marco de por sí en las canciones. Como dije, no considero que sea un álbum conceptual, por lo que las canciones que entraban se decidían por si entraban o no en este lore.

    Lore “reloj” (risas).

    Sí, tenían que tener el punto justo de humor y de ser canciones serias para entrar dentro del álbum. Creo que tiene bastante coña, el nombre determinó mucho el tono del álbum

    Pensaba que sería un concepto rebuscado, el paso del tiempo o algo así

    Inevitablemente acabó cogiendo ese peso, son canciones que representan a la persona que era yo haciendo el álbum, hace año y poco. De primeras era más una coña entre nosotros.

    De cara a este disco, ¿volvías a tu música de antes como punto de partida?

    Fue borrón y cuenta nueva. Tenía claro que quería que fuese algo distinto a lo que había hecho antes. Si hubiese cogido referencias de canciones anteriores, esa ruptura no tendría sentido. En verdad no había referencias más allá de una playlist de inspiración, de cómo quieres que se escuche el álbum. A la hora de grabar la mantuve en secreto, no se la enseñó a Roy, más que nada para no condicionar. No quería ir a tiro hecho, mi plan era coger los instrumentos y confiar en el proceso, ver cómo surgían los temas.

    También es verdad que tenéis un bagaje previo y compartís inspiraciones muy similares.

    Total, era estúpido poner las referencias de manera tan clara en las canciones. Entre nosotros, al ser colegas, sabemos lo que le gusta al otro. 

    Créditos: Clo-Tem

    Sobre Life is a Movie, en la canción dices: “si pudiera nacer otra vez, sería otro hombre”. A estas alturas de tu carrera, ¿cambiarías algo sobre tu trayectoria musical?

    Yo creo que tampoco cambiaría nada, no se me ocurre algo que le diría a mi yo del pasado. No correr, quizás eso. Siento que cuando empiezas en una cosa y te va bien, tiendes mucho a la carrera, a pensar que se te puede ir la oportunidad. El mejor consejo es bajar las revoluciones, el correr hace que no tengas claras las cosas. Cuando pierdes el ansia de todo, mejor van las cosas. 

    Mapamundi es uno de los temas que más me han cautivado del disco. Es una introducción épica para un disco que luego es muy minimalista. ¿Cómo nace esa idea?

    Surge de manera bastante natural, quería hacer una intro que se diese la bienvenida en diferentes idiomas, me hacía bastante gracia. Cuando se lo comenté a Roy, me dio la idea de samplear el Voyager-1, que es el mensaje que Carl Sagan envió al espacio con el fin de encontrar vida extraterrestre. Probamos varias cosas y cuando dimos con ello nos pareció perfecto. Es bastante épica pero fue de manera azarosa, podría haber tomado otro camino pero acabamos metiendo sintes y sintes. Choca bastante con el disco. ¿Cuál venía después de Mapamundi?

    Capitán Cocodrilo.

    Justo, de repente bajada total (risas).

    Mapamundi se siente como si estuvieses lanzando un cohete.

    Era un poco la idea de dar la bienvenida al mundo el disco que íbamos a sacar. Tampoco sabíamos muy bien qué iba a ser ese mundo, pero teníamos ese objetivo de que se sintiese como una nave espacial aterrizando.

    ¿Dónde sería tu sueño presentar un álbum? Algo como un cohete en el espacio con tu música.

    Bua, ni idea. La verdad es que se me ocurren muchas, pero me quedo con esa.

    En Tristán, ahora con reloj mezclas instrumentos acústicos con sonidos propios de ordenadores. ¿Cómo ha cambiado tu manera de hacer música a la hora de introducir instrumentos reales?

    Pues yo no sé tocar la guitarra, estoy aprendiendo ahora. La verdad es que no era bueno con los instrumentos, el piano lo tocaba a duras penas, no tengo batería en casa ni nada. Cuando tomé la decisión de hacer el disco con Roy en su casa, pensé en incluir todos los instrumentos que teníamos a nuestro alcance. Fue muy estimulante porque venía de hacer música en mi cuarto simplemente con el ordenador, así que de repente se abrió un mundo. El poder hacer todas las canciones del mundo, posibilidades infinitas. El sonido orgánico no es una búsqueda demasiado consciente. Siempre me ha gustado la música de bandas y vengo de escuchar indie

    Sobre la canción Tutta La Notte, que haces con Calcutta y es entera en italiano. ¿Cómo fue dar el salto a cambiar de idioma para este tema?

    Yo estudié en el Liceo Italiano. Mis padres no son italianos ni nada pero he viajado y escuchado mucha música de allí, aprendí de muy pequeño. Cuando empecé a hacer el álbum tenía en una libreta apuntado cosas que quería tener en él, y una de ellas era tener una canción en italiano. Más que nada como homenaje a las canciones que me gustaban de artistas como Calcutta. Quería “performear” ser otra persona, que siento que está en otras canciones del álbum también. Como muchas otras cosas del proyecto, fue algo que estaba entre la coña y hacerlo en serio.

    Me gusta mucho el peso que le das a la broma, a disfrutar sin un concepto detrás.

    Sí, en Tristán, ahora con reloj me parecía clave el pasarlo bien haciéndolo. Durante todo el proyecto intenté evitar cualquier cosa que me rayase mínimamente. Al principio, al tener que delegar la producción, inevitablemente te preocupas. Piensas: ¿está el álbum yendo bien? Al estar todo el rato jugando en la broma, tampoco quería que fuese excesivamente de coña y que la gente se pensase que era música meme, porque no era la idea. Me tomo en serio pero quería que hubiesen bromas. La idea era evitar a toda costa la solemnidad, que quedase muy épico. Por eso tampoco hay un concepto detrás del álbum, el propio nombre es una coña.

    En Tutta La Notte, dices: “Athletic de Bilbao, Atlético”. ¿A qué te refieres?

    Pues esa es la parte de Calcutta. Cuando le envié la canción, me pidió las pistas y reestructuró la canción. Y cuando me manda la demo, me pongo a escucharla y veo que el pibe ha puesto una referencia al Athletic de Bilbao. Que en verdad venía de cajón al álbum, pero parece que estuviese muy pensado, pero fue algo random.

    Además que no le antecede nada sobre fútbol, viene al dedo con la idea del disco.

    Total. Lo que intuyo es que la letra habla de una especie de romance después de un partido del Athletic de Bilbao. Es un concepto muy estrafalario que me encanta.

    Me sorprende porque no recurre al cliché, no es un equipo español famoso. Algo le ha tenido que pasar para pensar en el Athletic de Bilbao.

    Yo pienso que él estaba contando su película, algo que le habrá pasado alguna vez. Se debió de enamorar de una española en un viaje, no tengo ni idea, pero me encanta especular con a qué se refiere con eso.

    ¿Cuál es el instrumento que más disfrutas en tu música? En su momento, cuando sacaste Green Love como single, me sorprendió el saxofón.

    Tampoco te se decir, la verdad. En la libreta con lo que quería que estuviese en álbum, tenía apuntado lo del saxofón. Es un instrumento que me encanta, que en la música que se hace ahora falta. Me gustan lo que se salga de sintetizadores y percusiones más traperas. Era muy gracioso meter instrumentos que rompiesen con el sonido del disco por la cara. Me encantaría que alguien del mundo urbano empezase a usar instrumentos raros, de repente sacar un clarinete (risas). El saxofón me flipa, pero también las baterías, la guitarra, el piano…

    En medio del disco hay dos temas instrumentales seguidos. ¿Funcionan como interludio o fue pura aleatoriedad?

    Para mí Kung Fu Beat tenía sentido que interrumpiese en mitad del álbum, que hiciese de conector entre la parte A y B del disco. La parte A me parecen canciones más sólidas, con más peso. Transhumancia (el segundo tema instrumental) seguía esa vorágine de la segunda parte. No fue premeditado, pero tenía sentido tomarse una pausa en medio del proyecto. Que después de la tralla de la intro y las primeras 5 canciones hubiese un momento de tranquilidad.

    Me encanta el concepto de descansar en tu propio álbum.

    Justo. Escuchando LUX de Rosalía, tenía la sensación de que no me dejaba descansar. Era demasiado que procesar, en el último disco acabas sudando. Me gustaba que hubiese un momento de break en Tristán, ahora con reloj, que pudieses ir al baño o ponerte a cocinar.

    En la segunda parte del disco está Ártico, uno de los temas más sentimentales del disco. Hablas mucho sobre el paso de tiempo, ver más allá del presente. ¿Qué es el paso del tiempo para ti y tu proyecto?

    Algo inevitable, lo quieras o no el tiempo acaba pasando.

    ¿Le tienes miedo?

    Intento no pensarlo excesivamente para no rayarme. Pero es algo que está ahí por huevos, más te vale convivir con él o te mata.

    Dentro de la canción, ¿qué es el “ártico” del que hablas?

    No es algo en especial. Las canciones del álbum surgen de estar Teo, Roy y yo charlando y de repente tener el venazo de ponernos a escribir la canción. De una temática que surge vamos tirando del hilo. No hay una gran metáfora, no me gusta tampoco escribir así. El “ártico” es como lo quieras entender tú, y ese será el verdadero significado.

    Preparando la entrevista me surgía todo el rato esa duda. Los artistas suelen ser bastante presentes en redes sociales y entrevistas, y escuchando tu música no sabía por dónde me tirarías. Que a lo mejor todo tenía un proceso y concepto muy elaborado o simplemente te las gozabas y ya.

    Yo creo que siempre son ambas cosas, no es blanco y negro. Se tiende a pensar que si yo te dijese que el ártico es algo súper rebuscado, la gente pensaría que hay más bagaje detrás, que fuese más interesante. Siento que a veces, que a mí también me pasa, ves películas y piensas: si esto no es una representación de la metafísica del protagonista… Cuando las cosas están sobre el papel porque sí es cuando más las disfruto. Tendemos a llenar de significado a cosas que no lo tienen y así están bien. Me gusta darle una idea propia a las cosas sin necesidad de que ese sea el del autor, es muy válido.

    Me pasa con David Lynch, que siento que hay cosas que simplemente le apetecían poner sin darle demasiadas vueltas.

    Claro, es que yo te podría decir algo súper rebuscado sobre qué significa el reloj en este proyecto pero muchas veces las cosas vienen de ideas que aparecen en tu cabeza sin significado claro. Si a David Lynch le apetece meter un enano en una escena, lo hace porque esa es la idea íntegramente. No tiene un significado o una metáfora detrás más allá de tener esa idea. Eso ya es suficiente, no hay necesidad de rellenar con un contenido extra ese propio concepto.

    Que el sentido literal puede tener el mismo peso que el conceptual

    Sí, y que sobre todo que el sentido tangencial tiene mucho más significado que algo que va de denso y rebuscado. Es como: venga tío no me la cuentes. Muchas veces el propio sentido se lo damos nosotros, no tienes la necesidad de agarrarte a lo que piensa el autor. Estoy en contra del artista que trata de meter mucho significado en los álbumes, que a veces es mejor dejarlo estar y que sea el oyente quien se haga su película.

    Créditos: Clo-Tem

    También tengo que preguntarte sobre tu otro lado artístico, tu dúo con Mori en FOMOTRAUMA. Es algo muy rompedor para la gente que no está en internet o que no se haya criado con él. Recuerdo ir con mi madre a un concierto de Ralphie Choo y que no diese crédito con los visuales que hicisteis. ¿Cómo dais ese paso a trabajar en otros áreas más allá de la música?

    Pues yo antes de hacer música siempre quise dedicarme al cine. No concibo hacer música como algo separado de hacer la portada o el videoclip. Para mí todo eso va muy ligado, debe tener una intención más allá de las canciones. A la hora de hacer el álbum pienso en cómo haré la portada, los vídeos, la promoción. Fomotrauma viene de que Mori y yo somos amigos y compartimos referencias.

    ¿Es una respuesta a no encontrar artistas que tuviesen la misma visión de vuestro arte?

    En parte sí, siento que tanto él como yo venimos de la experiencia de hacer videoclips con gente que no éramos nosotros y no haber acabado contentos. Tomamos la decisión inevitable de hacerlo nosotros. A veces piensas que no eres suficiente o que, al no tener una productora, no saldrá un buen trabajo. Al final tenemos las herramientas, ya sean un móvil o una luz. Todos los vídeos del álbum los hemos grabado con un móvil y éramos Martín (Mori) y yo con una idea. No lo digo porque sean mis vídeos, pero siento que están más guapos que otros con muchísimo presupuesto o una idea muy grande. Me aburre cuando los presupuestos y los recursos técnicos pesan más que la idea. Siento que si tienes un concepto en la cabeza tienes que hacerlo, independientemente de si no tienes una grúa o unos focos. Tienes un móvil o un colega tendrá una cámara, y si le pones cariño va a estar más guapo que la idea inicial. El videoclip que querías hacer ya lo habrá hecho Dua Lipa, siento que hay que volver al formato pequeño y casero.

    Videoclip de uwu^^, de Rusowsky y Bb Trickz. Dirigido por fomotrauma

    Una duda que siempre he tenido: ¿quién de los dos tiene las ideas más descabelladas? Que el otro haya tenido que pararle los pies alguna vez.

    Depende, a veces soy yo, otras Martín. Los dos tenemos ideas descabelladas que luego vamos reduciendo. Cuando trabajamos para Rusowsky o Ralphie Choo, que sabemos que hay más medios, queremos tirar la casa por la ventana. Luego la productora nos para los pies.

    Veo Fomotrauma como un proyecto que inevitablemente saltará a un formato más allá de videoclips. ¿Tenéis algo pensado en un futuro?

    Estamos con ganas de hacer una película, lo único que nos importa verdaderamente ahora mismo. Ya sabemos hacer vídeos, pero una peli es un reto que no es solamente algo estético sino que tiene un peso aparte. Creo que vamos a tener la oportunidad, hecho con nuestros recursos y a escala muy mínimo, pero a ver lo que sale.

    ¿Tratas Fomotrauma con el mismo peso que tu proyecto musical?

    Absolutamente, ambas me quitan el mismo tiempo de mi vida y en mi cabeza. Va por etapas, cuando estaba con Roy haciendo el disco pues dejé un poco a parte Fomotrauma pero ahora que estamos pensando en la película, la música desaparecerá durante un tiempo. Para mí lo visual siempre ha tenido el mismo peso que lo musical.

    Dices que te quitan el mismo tiempo. ¿Te tomas descansos o te permites darte un tiempo a la hora de hacer arte?

    Creo que la pausa viene entre medias de proyectos. En verano me apetece irme con mi familia y no pensar en ello, pero la música o el cine es algo muy diferente a un trabajo normal. Al final estoy pensando todo el rato en eso. Inevitablemente veo películas y escucho música que me estimula. Si no pienso en ellas acaban viniendo a mi vida. 

    ¿Qué sientes que te falta por explorar en la música? 

    Muchas cosas. Me apetece hacer álbumes muy distintos, a lo mejor me da por hacer algo totalmente electrónico. Hay mucho tiempo todavía para hacer cosas. Pensaba mientras que hacía el álbum que la gente tiene mucha presión por hacer su primer álbum, que parece que solo vas a poder hacer uno en tu vida. La verdad es que puedes hacer lo que quieras, es una carrera de fondo.

    ¿Te molaría jugar con seudónimos o mantenerlo todo bajo el nombre de Tristán?

    Pues no lo sé, a lo mejor probaría. Quizás tiene más sentido hacer cosas bajo otro nombre. Sí que pienso: claro, si ahora hago un álbum de electrónica, a lo mejor la gente no termina de pillarlo. La gente tiene a encasillar y verlo todo por cuadrículas. Ojalá existiese más gente que fuese fan del proyecto independientemente de las canciones, que confíe vayas a donde vayas. Los artistas que más me gustan soy fan de todo lo que hacen. Si David Lynch hubiese diseñado un videojuego habría sido el primero en querer probarlo. Eso es lo importante para mí, para mí lo que me gusta de un artista es su cabeza, lo que hay detrás de su arte. La pena es que la gente lo acabe encasillando en un perfil de Spotify o una serie de canciones. 

    Para terminar, quiero volver a tu idea de borrar palabras. ¿Si borrases la palabra reloj, qué quedaría?

    Si borrases el reloj, seguiría habiendo tiempo, horas y minutos. Simplemente sería Tristán, ahora con. Ese sería el álbum.

    Créditos: Clo-Tem
  • Teo Lucadamo: «No hace falta pontificar para decir algo verdadero»

    Teo Lucadamo: «No hace falta pontificar para decir algo verdadero»

    Con El dilema del rapero blanco, Teo Lucadamo ha encontrado un lugar propio desde el que bromear y reflexionar a partes iguales. En esta conversación con Calle52, hablamos de industria, crítica musical, humor, herencia y un futuro que se abre entre el boom-bap, la electrónica y el oficio de componer.

    Identidad y humor

    ¿Te sientes un intruso en la escena del rap española?

    La “escena” me parece muy dispar. Muchos chavales están en ritmos de trap y flexeo; no siento pertenecer ahí, y tampoco quiero forzarlo. Lo mío es rap contemporáneo como propuesta, no como esencia.

    ¿Usas el humor para decir lo serio?

    Totalmente. La comedia e ironía alivian mensajes intensos. Vivimos una era que necesita consuelo: no hace falta pontificar para decir algo verdadero.

    Industria y crítica

    ¿Qué falta en el periodismo musical?

    Modelo de negocio aparte, echo de menos una figura tipo Anthony Fantano en España: elevaría el listón y haría la crítica más crítica.

    ¿Cómo recibió la discográfica el álbum?

    Me dijeron “disco de reseña”. Sin singles tochos, pero con lectura. Era justo lo que quería.

    Sonido y colaboraciones

    ¿Cómo llegas a ese cruce de 90s, pop y electrónica?

    Produciendo. Descubrí “WTF is in my cup” (Chico Blanco) y vi que podía moverme cómodo en esos ritmos. Luego lo uní a mi narrativa.

    Escandaloso Xpósito y Mucho Muchacho.

    Con Escandaloso fue natural (hasta me dio clases de piano). Lo de Mucho fue sorpresa del sello: escuchó “Sabes lo que es” y se montó. Paranoia linda, pero intento naturalizarlo.

    Exposición y herencia

    “La exposición es veneno para un crío”. ¿Cómo te marcó?

    Crecí con expectativas altas y foco encima. Eso te sobrepiensa. Lo incorporé a mi propuesta, pero quiero un camino local y sano, sin fama repentina.

    ¿“Nepo baby” como lastre o motor?

    Las ventajas existen; lo importante es qué haces con ellas. La prensa vive de titulares, pero mi trabajo es construir una obra propia.

    Industria y futuro

    “UMG” es sátira o dardo real.

    Parálisis del sueño (risas). Me pongo de CEO y me doy palos a mí también. Título, risas… y desahogo. No era momento de teorizar el negocio.

    ¿Y ahora qué?

    Dos vías: un trabajo más boom-bap y, en paralelo, electrónica de aromas retro. Estudio guitarra clásica: quiero componer más allá del rap. Es una transición.

    La entrevista íntegra, con todo el proceso creativo y su visión completa, está disponible en el print #001 de Calle52 junto con material fotográfico exclusivo.

    Créditos

    Dirección Creativa: Santiago Medina@santii_medina
    Fotografía: Sergio Bartivas @sergiobartivas
    Estilismo: Millán Gómez @untitledd26_
    Producción: @discernsolve , Santiago Medina
    Entrevista: Diego Sánchez @quilloreaccion

    Agradecimientos

    @yabang.bcn · @blackjambo

  • Dano clausura su era “Nuevos Trapos” con una oda al hip-hop en La Riviera

    Dano clausura su era “Nuevos Trapos” con una oda al hip-hop en La Riviera

    La Riviera, templo de la música en la aorta de la capital, acoge por segunda vez a uno de los
    artistas más notorios del rap en español. Laureado por grandes compañeros de oficio y
    respetado por miles de “hiphop-heads”, Dano ha logrado tejer un vínculo generacional entre
    adultos y jóvenes.

    Su repertorio de referencias aborda desde Gil Scott-Heron hasta TikTok, lo que ha acercado su música a gente muy distinta, solo hacía falta pasearse por la puerta de la sala. De chavales con la equipación del Inter de Milán a padres con sus hijos llevando merchandising de RapSolo. El ambiente era variado pero se sentía como una pequeña comuna de fanáticos del MPC y la ropa de Nautica.

    El escenario se sentía sobrio, sin ornamentos ni escenografía muy notoria. En lo personal no me preocupó; ya he visto varias veces a Dano y no ha necesitado visuales impactantes o llenar el escenario con cartón piedra para remarcar su actuación. Borirock, el rapero de Boston, sorprendió sabiendo afianzarse en un escenario muy extenso con un público desconocido para él.

    El papel del telonero es complicado, pero también es un foco de exposición que puede abrirte a un público que no te habría descubierto de otra manera. Por suerte, el bueno de Bori supo poner sus cartas en la mesa y encandilar a un público que no dudaba en tenderle la mano. Me hizo buscar su perfil en Youtube para escucharle en un futuro, y considero que no hay mejor desenlace que ese para un telonero.

    Fotografía @gtripodo

    La llegada del argentino era inminente, ya se palpaba en el ambiente (escribir sobre Dano me fuerza a crear pareados, pido disculpas).

    Con la llegada del inmortal Dj Swet y el contacto de la aguja con el vinilo se dio el pistoletazo de salida al concierto.

    Sonaba Magic Vac, el tema con el que abre su último disco Nuevos Trapos. El “drumless” que ya se siente uno de los hitos de la carrera del rapero resultó ser la manera perfecta de abrir el bolo. Fue con la salida de Dano que recordé por qué la gente viene a verle una y otra vez: vestido como siempre (esa camisa de Casino atemporal y su gorra habitual) pero con ese caminar y actitud de alguien que ya ha pisado decenas de escenarios. Entiende perfectamente cuándo interactuar con el público, qué descansos tomar y cómo reconocer a todos los artistas que pasaron por el escenario.

    Fotografía @gtripodo

    Y es que aquello fue una fiesta del rap y un recordatorio para todos de que es un género que nunca desaparecerá. Desde artistas ya asentados como Johnny Doc con su Vividor  hasta cantantes emergentes que están comenzando a despegar como Lua De Santana, quien salió para deleitarnos con su verso en Notorio. A destacar entre las colaboraciones la aparición del estelar Escandaloso Expósito, quien ya se siente un cameo necesario en todos los conciertos de Dano. Con su saxofón pintó la sala de sensualidad y elegancia como solo él puede. La presencia de DJ Swet siempre acentúa el concierto y te hace sentir dentro de una fiesta de rap en Queens. Su maestría sobre los platos y el talento para transicionar entre canciones hizo que me quedase embobado mirando al fondo del escenario.

    En el concierto hubieron “nuevos trapos”, pero no faltaron sus greatest hits: desde joyas de Istmo como Lenguaje Roto de la mano de Israel B o De la Mano, quizás el momento más especial de la noche en el que Dano desempolvó la MPC de Lex Luthorz y logró que el público participase como si fuese un botón más de la máquina. De su última mixtape, El Hombre Hace Planes Dios se Ríe, cantó la que considero que es de sus canciones más célebres, Con Billetes. Fue uno de los momentos del bolo en el que más cercano sentí al público.

    Fotografía @gtripodo

    El final fue algo agridulce (así me lo describió un chico a la salida de la sala), debido a un parón algo anticlimático en los últimos minutos. Cuando volvieron a lo que parecía un último tema (el público llevaba un largo rato coreando “otra, otra”), Dano sorprendió a toda La Riviera con un acto final con instrumentos en directo (Hoss Benítez a la batería y Dj Swet a los platos), una versión más movida de Gold Chains y la presencia del inigualable Escandaloso Expósito para cerrar con Gaviotas.

    Dano sigue abriendo nuevos frentes, jugando con la música y peleando contra el paso del tiempo y la brecha generacional en el rap, cada vez más presente. Sus conciertos y su discografía son el ejemplo más vivo de que el hip-hop es una herramienta, un sello cultural que sigue latente en los corazones de jubilados y niños, la música que lleva acompañándonos a muchos desde que nacimos. Esperemos que, en un futuro no muy lejano, podamos volver a verle pasearse por tarimas como solo él sabe.

    Fotografía @gtripodo

  • Barry B en la Sala But: kleenex, mecheros y mucho (des)amor

    Barry B en la Sala But: kleenex, mecheros y mucho (des)amor

    Aún recuerdo cuando abrí los ojos con Chato, el primer disco del cantante burgalés que tiene encandilada a mi generación. Siempre he renegado del rock “blando”, quizás es un mecanismo de defensa ante lo desconocido. Estoy seguro de que Carolina Durante es impresionante, pero siempre acabo volviendo a Gloosito. Tras meses de colegas dándome la turra con temas como Joga Bonito o Yo pensaba que me había tocado Dios (ambos singles del disco), cedí ante la presión y me puse el proyecto. Bien, esto fue una semana exactamente antes de que Barry hiciese que se me saltasen las lágrimas viéndole pulular por el escenario de mi sala favorita. Una semana en la que, inconscientemente, en mis cascos solo sonaron esas melodías que lograron quitarme todos los prejuicios ante este género.

    Barry B quiso encapsular la estética «hooligan» durante todo el proceso creativo del disco. Esa sensación de estar en la previa de un partido de un equipo perdido de Liverpool, o la de entrar en un pub de forofos. La sala estaba a reventar, pero era imposible distinguir a la gente, era una masa de bufandas de Barry B y otras piezas del merchandising. Faltaban unas bengalas para pensar que aquello era un derbi. Habían pantallas alrededor del escenario que ondeaban una especie de dragón azul, como si fuese un escudo de la Premier League, pieza clave en el imaginario de Chato. En cuanto me quise dar cuenta, las luces se apagaron y salió la persona con la que llevaba fantaseando aquella semana tan especial. Barry apareció, vestido de gala, y no dejó tiempo para procesar que estábamos allí, junto a él y su banda. Ni había empezado a gritar de la emoción cuando sonaron los primeros acordes de Joga Bonito. Las letras resonaban en mí más que nunca, y es que al verme rodeado de tanta gente que sentía lo mismo, no pude hacer otra cosa que emocionarme. Suena muy cursi, pero esa es la magia de la música. El poder sentir lo mismo escuchando una canción que un adulto de 40 años.

    Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)

    Barry siguió sin dejarnos respirar. Se notaban sus ganas de abrirse ante el público y enseñar que Chato no era solo un álbum, sino un pedazo de él. Había pureza en su manera de moverse por el escenario, de mirar hacia todos los lados de la sala, en estar reconociendo constantemente a cada miembro de la banda. Recuerdo cuando cantó varias de sus canciones más tristes y dijo: ¿quién de aquí tiene el corazón roto? La sala se vio envuelta en gritos y en gente levantando la mano. Este disco había sido refugio para muchos, y este concierto era el clímax de una relación muy especial.

    Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)

    Fue una montaña rusa de emociones, pero si me tengo que quedar con un momento, sería la aparición de Gara Durán, cantante que acompaña a Barry B tanto en la música como en la vida (son pareja por si no queda claro). Gara salió al escenario entre gritos y aplausos de un público que llevaba ya una gran parte del concierto esperándola con los brazos abiertos. Su voz era cálida y cercana, y su manera de tocar el piano hizo que mucha gente que tenía alrededor sacase los kleenex. Probablemente el momento más lacrimógeno y especial de la noche fue cuando Barry le dedicó unas palabras a su prima, superviviente de una enfermedad, quien se encontraba aquel día en el concierto. Aplausos y gritos de alegría rebotaban por la sala.

    Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)

    Para cuando me estaba acostumbrando al sentimiento de hogar que me producía Barry, comenzó con sus canciones más famosas, y todos sabemos lo que significa eso. Rookies rompió con la tendencia rock-pop del concierto, Yo pensaba que me había tocado Dios nos hizo saltar de la alegría, y El efímero arte de perdonar (mi favorita) cerró una noche que me costará mucho olvidar. Barry logró conectar con una marabunta de gente que tendió sus brazos ante él, que le dieron una cálida bienvenida a la capital. Para él se debió sentir como un aperitivo del futuro concierto que dará en La Riviera el 7 de noviembre de este año. Lo que está claro es que, si es capaz de remover tanto en nosotros en una sala como esta, tiene el talento y la determinación para comerse un escenario más grande. Ansioso por ver cuál es el siguiente movimiento de este «hooligan». Por mí, que me rompan el corazón las veces que haga falta, que ahí estará Chato y los recuerdos de este concierto para cuidarme.

    Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)

  • Quevedo deslumbra en el Movistar Arena

    Quevedo deslumbra en el Movistar Arena

    Desde la salida de Buenas Noches, el polémico segundo álbum del astro canario, cientos de miles de chavales de todas las partes de nuestro país han soñado con escuchar los deliverys y estribillos de un artista que, ames o odies, da de qué hablar día sí y día también.

     Quevedo es uno de esos personajes que, pese a alcanzar el techo del éxito que solo un puñado logra, se mantiene en el anonimato. Cuando finalizó la pasada gira su paradero se convirtió en información confidencial. Meses después volvió con Duro, primer y único single del disco, y se le echaron las redes encima. Tildado de repetitivo y carente de esencia, Pedro Quevedo mantuvo la fe en su proyecto. Proyecto que, meses más tarde, llenaría 3 veces el Movistar.

    Se distingue a lo lejos de la plaza Felipe II, donde se encuentra el Movistar Arena, una marabunta de chavales en fila india esperando para entrar en el recinto. Algunos llevaban días allí, cegados por el hype, otros eran recién llegados que asumían su sitio en la fila kilométrica. Conforme te acercabas a las puertas, veías padres despidiéndose de sus hijos y grupos de niños con hermanos mayores acompañando, pero también adultos hechos y derechos con ningún menor bajo su supervisión. Quevedo había logrado lo que para muchos parecía imposible: sanar una brecha generacional en la música comercial.

    Quevedo by Alber Noriega

    Dentro esperamos más de una hora. Honestamente, daba igual, todo el mundo observaba atontado la estructura del escenario. Una gran alfombra roja y varias luces plegables en el techo. En cuanto intenté ver algo más acercándome al escenario se apagaron las luces. Me vi envuelto en una nube de gritos que rebotaban por todo el recinto. Ni siquiera había salido Quevedo ni había sonado el primer acorde de Kassandra, primer tema del disco e intro clara del concierto, pero la gente ya estaba cantando. Cuando me quise dar cuenta, una figura casi bíblica cruzaba el escenario con la confianza de una persona que ya se ha comido el mundo. 

    Tras varios temas de Buenas Noches en los que la gente no bajaba el volumen ni las ganas de cantar, me di cuenta de que faltaba algo. Me había creado unas expectativas alucinantes, probablemente culpa de la escenografía del último concierto de Yung Beef en el Vistalegre. Quevedo llevaba ya 20 minutos cantando y el escenario era él y, muy de vez en cuando, cinco bailarines. Nada más. Fue ya avanzado el concierto cuando Pedro decidió que tocaba hacer un viaje al pasado cuando el escenario comenzó a cambiar. Colocaron televisiones, sillones y más elementos para que el cuadro de baile que le acompañaba pudiese jugar. Uno de los momentos más interesantes del concierto.


    El canario sacó a cantar a numerosas colaboraciones de toda su trayectoria musical, desde Aitana con Gran Vía hasta su mano derecha La Pantera para interpretar Halo y Piel de Cordero. Con la tontería llevábamos ya más de la mitad del concierto y Quevedo no había parado de cantar, de referirse al público como una familia, de conectar con miles de personas a la vez. Fue cuando apagó las luces y cantó La Flaca junto a Jordi Mena que Pedro logró unir esas dos generaciones bajo acordes que ya consideramos atemporales. 

    Quevedo by Alber Noriega

    Cuando los ánimos estaban por las nubes, Quevedo anunció que al espectáculo le quedaba poco para extinguirse. Segundos después comenzó una ristra de sus mejores hits, sus temas más comerciales y que más han sonado en las emisoras nacionales. Pero justo antes de cantar la última del concierto, el estadio se fundió en negro y el canario dedicó unas palabras sobre Buenas Noches, el cierre homónimo de su último disco. Cuando comenzó a cantar lo que probablemente sea su tema más personal, miré a los lados y me di cuenta de que no había una persona que no se lo supiese. 

    Por mucho que se le critique y sea objeto de burlas por hacer música para el público general, está claro que Quevedo ha tocado en el corazón de muchos jóvenes y adultos de nuestro país. Por mucho que pasen los años será tema de conversación recurrente en los recreos de institutos y comedores de oficinas, porque ha sabido llegar a todo tipo de público con ritmos pegadizos y letras en las que cualquiera se puede sentir representado. 

    Quevedo by Alber Noriega
  • Milo J: tumbando el estadio

    Milo J: tumbando el estadio

    “Muy antes de los veinte, no sé cómo va a afectarme” dice el chaval que con 18 años acaba de llenar un Movistar Arena a 10.000 kilómetros de su casa. Con una mano en el bolsillo y la otra en el micro, Milo J encandiló con sus baladas y “pudrió el estadio” con sus traps, todo esto con un acompañamiento acústico que artistas consolidados solo sueñan con tener. Lo que está claro es que Camilo no dejó insatisfecha a ninguna de las más de 10.000 personas que le acompañaron en una noche que ya es historia de su carrera.

    Incluso mucho antes de abrir las puertas de nuestro palacio madrileño, ya habían fanáticos en los alrededores nerviosos; muchos con móviles al oído recordando letras de temas, haciendo un repaso final del catálogo antes de enfrentarse al examen final de Milo. Lo que se respiraba era una atmósfera jovial, chavales de 16 años que venían en grupo, muchos probablemente en el primer gran concierto de su vida; y es que no es de extrañar que Camilo, quien escribió algunos de sus grandes temas a los 17, logre conectar tanto con esos adolescentes, novatos en temas vitales como el amor. Nervios, miradas cómplices y la enésima comprobación de que tienes la entrada bien guardada en el móvil. Quién pudiera volver a esa sensación al entrar en un concierto. 

    Ya en nuestros sitios me encuentro esperando impacientemente que salga esa figura idolatrada que tanto ha dado de qué hablar en la escena latina. Está claro que si ha llenado el mismo escenario por el que pasó Travis Scott es que algo tiene. Y no podía estar más en lo cierto. Comenzó con la intro de su nuevo disco, llamado 116. Un estruendo rebota en las paredes y el techo del Movistar Arena. En cuanto entró Camilo al son de ‘3 PECADOS DESPUÉS…’ entendí todo sobre él. Tranquilo, con la mirada distante, concentrado en su música; por mucho que esté en la cresta de la ola, sigue siendo un chaval de 18 años. Desde ahí, no paró entre tema y tema. En cuanto me quise dar cuenta llevaba cinco canciones con la boca abierta.

    ‘3 Pecados Después…’, primera canción del nuevo disco de Milo J, 116

    Después de cantar ‘Vida de Rock’, su tema en el último disco de Duki, el estadio se vio envuelto en un silencio sepulcral, y es ahí cuando Milo J se acercó al micrófono y dijo: «gracias Madrid, os quiero». La gente enloqueció, y fue ahí que caí en que no le hace falta mucha parafernalia en el escenario ni aspavientos enérgicos para entender a su público. Su puesta en escena era su música en estado puro: honesta, sin necesidad de aparentar.

    Después de varios hits, paró el concierto para anunciar la llegada de una invitada, Tini. Pocas veces había oído en el Movistar Arena tal estruendo. Anunciaron un nuevo tema, una balada llamada ‘Lo que me causa’. Cuando Tini abandonó el escenario dejando atrás aplausos y gritos desesperados, Milo anunció que el show estaba llegando a su desenlace, aunque todavía quedaban sus canciones más sonadas. Desde su Bizarrap Session hasta su tema más conocido, ‘M.A.I.’, fueron cantados en su totalidad por el público. Hasta el propio Milo, quien había intercambiado dos frases con el público a lo largo de la perfomance, comentó en medio de una canción su sorpresa ante que la gente se supiese bien un tema de su catálogo antiguo. Si os preguntáis cuál fue el comentario, aquí os lo dejo: “os quiero”. Así es Milo, no es una persona de muchas palabras, deja que su música hable por él.

    ‘Lo que me causa’, de Milo J y Tini

    Para finalizar cantó ‘NO HAGO TRAP’, uno de sus temas más duros, para cerrar con un buen sabor de boca. Abandonó rápidamente el escenario, sin hacer mucha declaración. Desde que se encendieron las luces hasta que salí del recinto, fantaseaba con ver por un agujerito lo que debió de hacer al llegar al backstage. Mi apuesta es que se sentó en un sofá y se bebió un vaso de agua, me gusta pensar que es exactamente igual a como se muestra en el escenario. Lo que está claro es que tenemos Milo para rato, porque se le ve capaz de abordar varios géneros y aportar una vuelta de tuerca a ese trap argento tan saturado hoy día. 

  • Spotlight 2024 | «#gigi» – Skaiwater

    Spotlight 2024 | «#gigi» – Skaiwater

    Colores intensos, bajos distorsionados y una baby voice como ninguna que hayas escuchado antes. Así se presenta uno de los trabajos más laureados de este año en el underground estadounidense a manos de una renovada Skaiwater, gracias a la que se han logrado romper barreras de género que parecían imposibles de superar hace años. En un nicho tan masculino como el underground, el hecho de que una chica no binaria haya logrado posicionarse como una de las promesas más respetadas de la nueva ola es un hito pocas veces visto.

    Desde que escuchas real feel, el primer bocado de este proyecto, sientes un magnetismo inexplicable; quizás es la voz de Skai, cálida y sentida (“¿es Playboi Carti o Young Thug?” dije la primera vez que la escuché), o ese piano que suena de fondo que rompe todos los esquemas y prejuicios con los que entrabas. Cuando experimenté esta primera escucha, decidí dejarme sorprender sin ninguna pretensión. Y menudo disco, del que no he podido desapegarme por mucho que hayan pasado los meses.

    Hay letras, flows y beats de #gigi en los que pienso día sí y día también. El proyecto es una montaña rusa de emociones, hablando desde desamores y vulnerabilidad hasta incertidumbre con su orientación sexual. Skaiwater nos promete un relato que pocos artistas nos pueden brindar, hablando abiertamente sobre prejuicios sociales con su música y cómo se extrapolan a su vida personal y sus relaciones. #gigi es uno de estos proyectos que suenan bien en la superficie y que calan más conforme te adentras en él tratando de entenderlo.

    Dicen que el arte no solo te marca por el mero hecho de serlo, sino que a esto se le añaden las experiencias que hayas tenido junto a él. #gigi fue una de los pocos proyectos que escuché una y otra vez durante un viaje con amigos, y siempre que suenan los primeros acordes de temas como rain o richest girl alive, me transporto a un momento donde fui feliz imitando la voz de Skaiwater o acercando el dedo al altavoz para sentir los graves de box.

    Me he emocionado con heavy metal y he saltado con bleach, y siempre que lo escucho pienso “es el álbum de la década”. ¿Una exageración? Probablemente, pero el hecho de que un disco te haga sentir así no tiene precio, y es por eso que #gigi tiene un hueco especial en mi lista de discos favoritos de 2024. Deseoso de ver lo que le depara el futuro a su sonido y el mensaje que trate de reflejar. Mientras tanto, seguiré agradeciendo y recordando una y otra vez las experiencias que he atesorado con #gigi.