Nico: «tenía que quererme y enseñar que me quería»

Me siento en el sofá de Nico y preparo la grabadora. Acaba de nevar en Madrid pero los rayos de sol atizan el salón. Teníamos que empezar la entrevista hace una hora pero no paramos de hablar sobre un abanico de bobadas. Desde que me abre la puerta de su humilde morada hasta que me tengo que ir escopetado al turno de tarde de la uni no se nos ha borrado la sonrisa de la cara a ninguno de los dos. Creo que, preso de la comodidad, se me va el santo al cielo y da hasta palo darle al botón de la grabadora. Dice: “yo lo que quiero con esto de la música es conocer a gente y hacer amigos”. Acaba de ganarse uno, es recíproco.

Su música, y en especial su reciente trabajo PERDEDOR es un abrazo al alma. Un recordatorio de que nada es tan serio como para devanarse los sesos. En la línea temporal tan turbulenta en la que vivimos, nunca está de más darse cuenta de que este tipo de momentos son sobre los que construimos nuestra vida. Bueno, me dejo de cursiladas, está claro que este chico tiene mucho que contar.

Portada de PERDEDOR , el último proyecto de Nico

¿Tienes algo que te tenga obsesionado últimamente?

Demasiadas cosas, como “microobsesiones”. Siempre han sido videojuegos en cierta parte, pero desde que vivo en Madrid tengo que ordenar bien mis obsesiones. El Binding Of Isaac, por ejemplo, que es el juego de mi vida. Siento que ahora estoy un poco gris, cuando dejas espacio y tienes que estar currando pierdes un poco los hobbies. Necesito volver a Murcia para reconectar con esas obsesiones.

Que bueno que digas el Isaac, uno de los juegos de mi vida también. La historia del juego me recuerda mucho al mensaje de PERDEDOR, al fin y al cabo es sobre un niño que llora y es una trama súper trágica. El protagonista es un pringado. 

Es “pásalo mal”, bro (risas). Es un juego que no tiene recompensas: llora y ya. De eso se trata. Me lo compré en la PsVita junto a un colega y fuimos aprendiendo poco a poco. Desde entonces que no paro de jugar. 

Te descubrí porque me escribió tu manager, David, allá por 2024 con tu primer single Moongazing. Ahora que lo escucho, ha cambiado muchísimo tu manera de hacer música y afrontarla. Ya solo tu último EP es mayoritariamente acústico. ¿A qué se debe ese volantazo?

Pues conocí a David en la uni, yo ya había sacado el tema por Distrokid y él me habló. Nos sentíamos outsiders, y eso es lo principal que ha cambiado. Me sentía raro y no quería ser pesado con la gente para promocionarlo. Cuando me empecé a enseñar un poco, que antes me costaba muchísimo, pude hacer ese trato humano que tanto quería. A veces hay que ser un poco pesado. En el aspecto musical, en su momento conectaba con referencias colectivas que yo creo que todos tenemos. Había una inquietud gigante porque sabía que una parte mía que estaba en el EP de Nuevo, luchar contra estímulos de novato musical como ir por primera vez a un estudio. Estaba en una batalla interna y tenía que hacer ese EP para no hacerlo más, ¿se entiende? No porque no me gustase, pero estaba luchando con mi identidad. 

Siempre digo que lo mejor que me podía pasar es que no me funcionase “bien” ese primer EP. Era lo justo y lo necesario para decir: me he enseñado con gente que son referencias para mí, cojo y cambio por completo. No sé qué me hubiera pasado si Nuevo hubiese funcionado muy muy bien. 

¿Qué crees que podría haber pasado?

Te mentiría si te dijese que hubiese seguido con lo orgánico. Si pienso de manera objetiva, habría seguido haciendo trap. Fue en ese momento que me di cuenta que no me sentía cómodo con ello y aproveché el no ser nadie para hacer un cambio total. Ahí abracé un poco el hacer lo que me apetecía y saqué Píldora (su segundo EP). Dentro de mí, había algo que inconscientemente quería gustar. Ese golpe en la mesa y ese cambio es una de las decisiones más bonitas de mi vida. Hacer un stepup y sentir que tenía algo que decir. Cuando volví a grabar con LEÏTI se sintió algo totalmente distinto, me sentía más artista. Que esto cuando lo digo me raya (risas), da la impresión de que me siento superior. A lo que me refiero es que vivo a través del arte, y mis canciones son una necesidad y una forma de ver el mundo. Para mí, ser artista es querer salir a la calle para ver historias y luego plasmarlas.

Que el mundo gire alrededor de tu arte.

Efectivamente, y que canalizas tu vida a través de ello. Un artista puede ser un cerrajero. Entonces, cuando grabamos Nuevo en 2023, salí del estudio con mucha inquietud porque no lo sentía tan propio, por mucho que fuese la música que me salía hacer en ese momento. Salí de allí muy rayado y por eso mismo tardé un año en sacar el proyecto.

A la hora de dar el salto a la industria y afrontar los miedos del artista primerizo, ¿cómo de importante es para ti el hacer amistades y no quedarse en el formalismo?

Súper importante.

Quiero decir, ya solo que tu manager sea colega dice mucho del proyecto.

Para mí es lo que va primero y es lo que más intentamos preservar. Y las oportunidades profesionales que desde fuera se ven como “mentalidad de tiburón” son en realidad que hemos sido humanos y ya. Todo lo bonito ha salido de ser humano. 

¿Te preocupa que el proyecto se vuelva algo masivo y que las relaciones se comiencen a tornar a profesionales mucho antes que personales? ¿Crees que serás capaz de preservarlo?

Un montón, y es que tengo que preservarlo. Es incondicional. Mi objetivo desde el año pasado es ver otros humanos, con inquietudes y vulnerabilidad, y trabajar con ellos. Tanto en la música como profesionalmente soy como cualquier otra persona. No me siento en la mesa con un A&R y siento que no puedo tirarme la de ser un chulo, debo de ser yo y mostrarme vulnerable. Muchas veces tienes que saber con quién hacerlo, pero saca la parte más humana de la gente. Es un check, y no me imagino un universo en el que no lo haga de esa forma. No contemplo un momento en el que seamos puramente profesionales, y si llega ese momento tendremos que preservarlo. David (mi manager) y yo quedamos para escuchar música y jugar al FIFA, y así es como tiene que ser.

Fotografía: @ianpizq – Estilismo: @clarisinha.mp3

Llevas ya varios proyectos cortos sacados, cada vez refinando más la estética y el mensaje. ¿Tienes ese miedo irracional a hacer tu primer álbum? Ese mantra que tanto oyen los artistas de “nunca harás algo como tu primer álbum”.

Es un miedo que me he planteado ahora, pero como no lo he hecho nunca dejo que fluya. Tengo claro que no voy a hacer un álbum cuando no sienta que lo debo hacer. Tampoco se cómo llegar a ese punto (risas). Estoy tranquilo en ese aspecto, creo que la única forma de llegar a hacer tu “College Dropout” es estar en conexión con tu vida y con una necesidad de hacer un LP. 

Sí que existía ese miedo a no tener un concepto gigante sobre el que construir un álbum. Que parece que si quieres hacerlo debes tener un Astroworld (disco de Travis Scott) en la cabeza. Siento que tampoco sale de esa manera. Gracias a Kendrick Lamar y su Mr Morale & The Big Steppers me ayudó mucho a ver que para llegar a un producto final hay que pasar por mil versiones de canciones y conceptos. Hago música por necesidad, por eso hay días en los que me hago 5 temas y semanas en las que no me sale nada. Dejé hace mucho tiempo el hacer arte por profesión, el ir al estudio y tener que hacer algo sí o sí. A veces llego al estudio y me quedo callado, dejo que otra gente trabaje. Le tengo mucho respeto a ese tipo de cosas.

Me gusta mucho ver que no tienes una prisa pese a estar funcionando tu proyecto. No te noto presionado por hacer música con miedo a que se te pase el arroz.

A lo mejor me tiro 2 años sin hacer un álbum, quién sabe. Saco PERDEDOR y la gente me pide un álbum, y creo que mucha peña no es consciente de lo que es hacer eso. Para mí, un álbum tiene que decir y hacer mucho, y hasta que no me sienta cómodo no lo haré. No paro de hacer música, pero no tengo ni idea de cuándo llegará el input para ponerme a montar un LP.

Respecto a 0tres, uno de tus temas más célebres: hablas en la primera estrofa de joderte la mañana con 0,3. ¿Qué relación tiene el cannabis con tu proceso artístico y tu evolución? ¿Te aporta un “tercer ojo” y te ayuda a entender mejor la música que haces?

Creo recordar que C.Tangana dijo que los porros le habían abierto una ventana que no se le ha vuelto a cerrar. Yo no lo necesito a nivel creativo, es más, empecé a hacer música sin haber fumado una sola vez. Llegó un punto en el que sentía que estaba dando un 80% de mi potencial por fumar. Siento que el cannabis me daban una forma distinta de llegar a situaciones, como puede ser cualquier otra droga. Pasa que cuando se convierte en adicción vives más ahí que en otro sitio. Ahora justo he dejado de fumar y creo que uno de los conceptos para el álbum es cuidarme. He hecho música fumando pero se acabó, me estoy poniendo en otras situaciones. 

Ahora me pongo en habitaciones. Hace falta que me meta en una habitación blanca para que me salga un tipo de música, y estar en un habitación roja para que me salga otra. En 0tres lo estaba pasando mal, esa música la hacía para mí por muy egoísta que suene. Siento que hay una mente colmena y que la gente conecta con esa debilidad, y ese es el poder de la música. Me despertaba, me fumaba un 0,3 y sentía que estaba perdiendo mi identidad. Los porros a largo plazo han sido dolor y he tenido que saber dar el salto a no hacerlo. También le agradezco mucho a ello, porque me ha hecho falta vivirlo, pero ya fue. 

Cuando hablo con gente sobre esto, algunos me dicen que les abría una puerta a entender mejor lo que hacían y otros que confiesan que era solo una excusa.

No había caído, pero muchas veces los utilizaba para callarme. Hacen que te silencies, que no digas lo que quieres decir. Cuando me di cuenta de que los usaba para no sacar lo que tenía que sacar, me di cuenta de que ese espacio que ocupaban en mi vida los porros ahora tiene que ocuparlo la propia música. Y para ello había que pasar por dolor, pero no siempre es malo. Tengo que canalizar todo en la música, llorar si hace falta para terminar una canción pero siento que es mi deber. Ser claro conmigo mismo es importante, y los porros hacen todo lo contrario. Si tienes el control son la polla, pero yo no lo tenía. 

Noto en Píldora, tu anterior EP, ese enfrentamiento directo a esa frustración. Pero de repente das un volantazo en tu carrera con EL ADIVINO, una canción con tonos más alegres. Se sentía como un día soleado después de nevar. ¿Crees que puedes hacer música que se oponga completamente a cómo te sientes en ese momento?

Por supuesto, es más, así funciona. Soy fiel creyente de que, cuando estás feliz, puedes encontrar algo en tu cabeza que te ponga triste. Y cuando escuches ese tema y estés realmente triste te va a matar, ¿sabes? Y lo mismo al revés. Desde Píldora sentía que la música la tenía que hacer por mí. EL ADIVINO tiene tres años, pero CONFIANZA la hice cuando estaba realmente triste.

Se crea un contraste muy bonito entre el mensaje y las instrumentales

Porque estoy triste pero esa música me está haciendo feliz. No existe mi música si no existen los contrastes. Todo es equilibrio, y ahora vibro mucho con esa imagen. Encontrar eso en mí hace que pueda hacer PERDEDOR. La gente me dice que el EP suena a “buena energía”, pero era todo lo contrario a como me encontraba en el momento de hacerlo, y por eso necesitaba hacer música más alegre.

Me sorprende, pensaba que era todo lo contrario, que como artista no te puede salir un tema melancólico cuando estás muy contento.

Justo en Engañarle (del EP Píldora) quería jugar con ese contraste. Mi idea era hacer un videoclip pillando códigos súper lejanos a mí y a mi proyecto. Llevar pipas y vestir Supreme (risas). Era un egotrip de querer ser algo que no era y me encanta. Una balada que jugase mucho con ese contraste. 

El concepto sobre el que orbita tu último proyecto es el de ser un perdedor. ¿En qué aspectos te sientes uno?

Siempre me he sentido así. Nunca he sabido jugar al fútbol ni he sido de un grupo “cool”. Es un poco reivindicar que los que lo ven desde fuera mi proyecto parece muy chulo pero estoy abrazando quien soy. No es intentar forzarte a llevar Supreme, es dejar claro que nunca ha ido conmigo. Es ser un perdedor pero estar a gusto con ello. Me gustaba una chica y me daba por ir detrás de ella como un pagafantas. No estaba mirando en mí, y eso fue lo que hizo que mirase a mis adentros. Lo que quería transmitir es que, al abrazar que soy un perdedor, empieza a gustarle a la gente la idea. Tus debilidades son los que te hacen grande. Esa madurez ha llegado de juntarme con gente normal, ser humano con ellos y coger cositas de cada uno. Soy muy analista en ese sentido, en construirme a mí mismo y a mi círculo. 

Por eso el proyecto se llama Nico, porque no me quería poner un AKA. Si me puedo enseñar y cada vez que lo haga soy yo, eso va a funcionar. Creo que la gracia es esa vulnerabilidad de enseñarse, que te ayuda a conectar con la gente y les lleva a darse cuenta que dentro de ellos también viven lo que vivo yo. 

Esa idea de enseñarle a la gente que lo que ellos piensan que es “cool” no lo es en absoluto. ¿Te preocupa a futuro esa relación parasocial con tu público en la que la gente te tenga como una figura idolatrada?

No me preocupa porque cuando esa persona interactúe conmigo verá que no lo soy. La clave es ser la misma persona todo el rato y dejar que la gente se de cuenta de ello. Yo me estoy haciendo caso a mí mismo y construyo la vida a mi alrededor porque me quiero, por muy egocéntrico que suene. Y que eso te haga hablar conmigo y pensar: tío, me quiero querer. Cuando lo sentí así quería que le llegase a la gente, pero no se logra algo así escribiéndoles o haciendo autoayuda. 

Tenía que quererme y enseñar que me quería.

Es un mensaje general de que la realidad funciona así: estar presente y en tu eje.

Hago cambio a una pregunta súper seria: ¿nivel de inglés?

Medio-bajo (risas), perdedor.

Lo digo por el tema de SO BAD!, en el que cantas íntegramente en inglés. ¿Cómo te da por ahí?

Escucho un montón de música en inglés, y siempre tuve ese complejo de que no podría hacer una. En PERDEDOR me quité de todos esos estigmas y cosas que tenía en la cabeza que no me dejaban. La hice y ya.

¿Crees que podrías alcanzar un público más internacional?

Me encantaría en el sentido de hacer más música en otros idiomas, no llegar a un público mundial. Me pasa mucho con Frank Ocean y el uso del inglés, creo que hay cosas que suenan demasiado bien en ese idioma. Hay una parte de Blonde que me da un abrazo al alma y me encantaría llegar al punto de saber usar un idioma a ese nivel, utilizarlo como un nativo. 

Me parece que el propio tema juega con que no eres nativo. Si fuese un inglés perfecto perdería parte de su magia. Funciona mejor cuando sabes que no eres de allí, se siente perdedor.

Total, estoy abrazando eso.

¿Sientes que tu música puede encontrar un hueco en el océano del “urbano” de este país?

No estoy pensando en ello ni siento que tenga que buscarlo activamente. Se hará un hueco donde tenga que hacerse, por eso agradezco no haber pegado el primer EP. La gente vibra con el mensaje y con escuchar a Nico, no con un género. Cuando la gente piense que tengo un hueco es cuando no querré estarlo, ¿sabes? Quiero ir a contracorriente en ese aspecto.

Creo que, sobre todo en el urbano, está viviéndose un auge de lo acústico.

Sí, y también quería dejar claro que no fue una decisión ejecutiva el decantarse por lo orgánico. Es que lo fue realmente, el coger la guitarra y cambiar mi música completamente. Que Chechu tocase la guitarra y el instrumento empezó a decirme cosas. Hay un movimiento general del acústico que, si no se hubiese movido toda la gente en conjunto, siento que no habría sido tan fácil dar ese salto. Creo que estábamos trillados de siempre los mismos sonidos y se está retrocediendo en el tiempo a los instrumentos y lo orgánico.

De cara al concierto que tienes mañana [ya pasó, fue historia], ¿tienes síndrome del impostor a la hora de este tipo de eventos?

Creo que es la primera vez que no, porque ya he abrazado eso. Ya le he mostrado a la gente que soy un perdedor para estas cosas, así que no me da miedo eso. Simplemente tengo que salir y disfrutar, canalizar todo lo que quiero transmitir al público. Sí que me da miedo la puesta en escena y poder sentir en condiciones todos los temas. De hecho, el EP se iba a llamar “Impostor”, porque en parte me sentía así. Pero le di un poco la vuelta, quise apelar a lo que era.

¿Cómo fue la primera vez que te subiste a una tarima?

Pues fue en un evento en Murcia. Todavía no había sacado música en Spotify pero algunos ya sabían que cantaba. La verdad es que disocié mucho en el escenario, estaba muy nervioso. Esos conciertos del año pasado los sufrí porque estaba muy concentrado en no fallar notas y en la puesta en escena. Mañana, si tengo que fallar 70 notas pues que pase, no estoy pensando en eso, estoy concentrado en la energía. 

Después del concierto, ¿tienes algún objetivo más o checkpoint a futuro?

Quiero irme todo febrero a Murcia, estar tranquilo, ver a mi madre y a mi hermana. No siento que me haya quemado pero necesito estar a mi bola, Madrid absorbe y mucho. Necesito rellenarme de experiencias; quedar con mi colega y que me cuente que le ha dejado la novia, ¿sabes? 

Tengo muy claro que la música vive conmigo y no la fuerzo, ya no existe esa presión al ritmo. Siento que, al vivir en Madrid, te condiciona un poco esa velocidad. Por eso volver a mi casa en Murcia hace que me de cuenta de que no va de eso.

Te noto muy ajeno al ritmo de la industria musical y esas prisas de “perder el arroz” que sufren muchos artistas emergentes.

Porque ya me he demostrado que si hago música que siento la gente la siente igual. Por eso solo tengo que sentir, y para ello me hace falta vivir. Es la única forma. No me voy a dejar pisar por esos ritmos.

Y para terminar, ¿campeón favorito del League of Legends?

Que pregunta más loca hermano. Veía mucho a ElMillor, por lo que jugaba a Fiddlesticks. La idea de un personaje que fuese un espantapájaros flaco, fua. Es un personaje raro, la forma de jugarlo es tétrica. El objetivo principal es que no te vean, es muy loco. Vibra mucho conmigo eso (risas).

Fotografía: @ianpizq – Estilismo: @clarisinha.mp3