
Por Kaan, Quillo y Santi 🙂
Otro año más, el Primavera Sound se nos ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, pero con bastantes horas de sueño perdidas y anécdotas que recordar. Sería bastante injusto que el pedazo de cartel de la edición de este año del festival quedase teñido por la situación meteorológica vivida el jueves. Ojo, que yo también quería ver tanto a Bad Gyal como a Doja Cat (me dio mucha pena su directo en Instagram mientras caía la de Dios) y a Massive Attack y acabé igual de mojado y tiritando con el viento, pero de esta edición prefiero llevarme las desvirtualizaciones de amigos de internet, artistas descubiertos y ver a algunos de mis favoritos en vivo por primera vez.
Es un festival que ya evidentemente juega en otra liga, que se consolidó como el Coachella de nuestro país con el cartel bastante pop y mainstream que se marcó el año pasado (Charli XCX, Sabrina Carpenter, Chappell Roan), atrayendo aún más atención extranjera, lo cual se vio reflejado en esta edición. El concepto de encontrarte a más gente que conoces de Londres que de Madrid era sin duda curioso y también dio para reflexionar sobre la masificación turística que está viviendo la ciudad. También es verdad que hacer fila para un escenario en un festival al que has pagado para igual no llegar a ver a los artistas que quieras no me encaja del todo. Pero durante un finde, el Parc del Forum se convirtió en el punto de encuentro de algunas de las figuras culturales y artísticas más destacadas del mundo y se sintió como un Disneyland para cualquier apasionado de la música o también cualquier persona que haya acompañado a sus amigos a echar un baile y descubrir nuevos artistas. Jamás olvidaré los pogos de Knocked Loose, salir en las pantallas de Disobey o de los atardeceres tan preciosos sacados de una postal. No me enrollo más y os dejo con mis conciertos favoritos del Primavera Sound Barcelona 2026. (Kaan)
Como decía Kaan, fue un abrir y cerrar de ojos, nuestro primer primavera y una experiencia que desde luego querremos repetir. Poder reunir tantos aves, vuelos, trenes, etc. que tendría que coger para ver a todos los artistas que pude disfrutar este finde, en uno, es surrealista. Cameron Winter, una experiencia religiosa, como mi mayor highlight de shows, lo realmente mejor fue la compañía de mis amigos o gente nueva que conocías por el festival. Creo que ha sido un año para enmarcar y no hay mejor arranque de verano que disfrutar de Sofia al lado del mar, ver a Fakemink en pleno apogeo, poder comer butifarra catalana, descubrir música increíble y sentir que toda esta muy organizado. Y eso solo pasa en el Primavera Sound. (Santi)
Y bueno Quillo… Se lo pasó como nunca, tiene par de lagunas, muchas anécdotas, horas de sueño negativas, kilómetros de más (llegó a Valencia en vez de a Madrid después de 4 días de desenfreno) y un recuerdo pa toda su vida. (Not Quillo, but Quillo)

Día 1: Lluvía, más lluvia y algo de lluvía
Cameron Winter (Quillo)
Entended que este concierto no empieza con buen sabor de boca. Llevaba más de 24 horas mano a mano con Pablo, cargando las maletas de un lado a otro sin comer y, para lo que comíamos, mejor hacer ayuno. Para entrar al auditorio (ojo, que este concierto era sentados) tocó hacer un salto de fe en el comercio local, depositando nuestras maletas en un pakistaní que se encontraba en los aledaños del Parc del Fórum. Por tener no teníamos ni sitio en el que dormir aquella noche. Si bien este preludio aterra a cualquiera, había una fuerza imparable que nos arrastraba a las puertas de aquel edificio. Como una voz que nos decía que todo iba a estar bien.
Entramos al auditorio, pero todavía no teníamos la sensación de que aquello fuese algo real. Llevábamos desde que se anunció el festival fantaseando con ver ese piano, ese juego de luces minimalista y, sobre todo, las greñas de Cameron Winter. Ahora, después de todo el trote, parecía que iba a pasar. Plantamos campamento en una fila cercana al escenario y respiramos profundamente. Ya está. Se apagaron las luces y salió aquella figura. Un chavalín de nuestra edad sale de entre bambalinas con un chándal de Adidas y un papel (no sabemos ni si era la partitura, no la miró en todo el concierto). No miró al público, es más, no le vimos la cara en toda la hora que pasamos enganchados al asiento. Try as I may fue el pistoletazo de salida de lo que puede ser el concierto de mi vida.
Los dedos le van solos, toca muchas notas mal y muchas otras bien. Su voz tiembla y su pose se encorva. La música de Cameron Winter me acompaña allá a donde voy, y como muchos otros grandes artistas, ha forjado lazos de amistad entre yo y mis compañeros de vida. No llevaría ni 5 minutos al piano cuando empecé a sobrecogerme, sentir que muchos de los malos momentos que había pasado este año llegaban a buen puerto. Pocas veces he planteado de una manera tan visceral lo importante que es para mí la música, lo que eso conlleva y a dónde me ha llevado esa pasión. Nadie de los amigos que fuimos se movió un ápice en todo el concierto. Love Takes Miles hizo que rompiera a llorar. No tengo casi recuerdo del concierto, no me atreví a sacar el móvil ni a pensar en qué estaba viviendo. Tengo en la memoria que viví con tanta intensidad ese presente que no tuve tiempo a centrarme en qué recordaría en el futuro. Ale, ya me estoy poniendo dramático, lo siento.

Blood Orange (Kaan)
Antes de las procesiones bajo las lluvias torrenciales del primer día, todo pintaba más que bien cuando Blood Orange abrió la jornada para mí en uno de los escenarios principales junto a su imponente banda de músicos y coristas. El público, con toda razón, se agitó y prorrumpió en vítores para darles la bienvenida a los artistas, quienes abrieron el concierto con una versión inesperada de How Soon Is Now, de The Smiths. Durante esa hora, Hynes se lució como un auténtico multiinstrumentista, pasando del violonchelo al teclado y a varias guitarras y a la vez cantando en directo, en momentos llegando a dejar que sus coristas se encargaran de las voces para poder centrarse en tocar. Yo personalmente estaba boquiabierto y más que conmovido por su presencia escénica y sensibilidad sonora. Fue uno de esos conciertos durante todo el finde en los que recordé lo mucho que disfruto de la música en vivo y más cuando se hace con tanta precisión y amor al arte. Además, su selección de temas extraídos de su extensa discografía fue absolutamente perfecta pasando por Cupid Deluxe, Negro Swan, Four Songs, Freetown Sound, Coastal Grooves y Essex Honey.

Ravyn Lenae (Kaan)
Justo al acabar Blood Orange mientras a la mayoría de la gente le dio algo por ir a ver a Geese en una de sus tres actuaciones este año, yo preferí no seguir al rebaño de hombres performativos, quedándome en los escenarios principales para ver a la mamá del R&B alternativo, neo-soul y pop estadounidense Ravyn Lenae Tengo que decir que tenía mis dudas porque, aunque su música es indiscutiblemente brutal, la última vez que la vi en directo me decepcionó un poco; por eso, cuando salió con una falda metalizada de corte holgado, el pelo suelto, una escenografía nueva y mejorada, una banda en directo, y una actitud y energía magnetica, me llevé una sorpresa bastante agradable y reafirmé mi decisión de quedarme en este escenario a pesar de la enorme presión y turra que me dieron varios. Sonaba aún mejor de lo que recordaba, y mucho más segura de sí misma, moviéndose por el escenario con un aire imponente pero a la vez fluido. Además, tenía un repertorio impecable y, aunque me fui un poco antes para llegar al final de la actuación de La Blackie, disfruté muchísimo de su sagacidad sonora y repaso de temas como Skin Tight, Sticky, Genius y Venom, entre otros hits.

Geese (Santi)
Aquí los vimos el primer día, prácticamente seguido de ver a Cameron Winter, su cantante, en solitario en el Auditori del Fórum, en lo que fue una experiencia casi religiosa. Era increíble ver cómo, apenas un par de horas después de aquel show tan íntimo, personal y humano, salía con toda la banda al escenario Occident desbordando una energía de rockstar absoluta, pero sin perder esa esencia de calma y serenidad que lo caracteriza. Nos encontramos con muchísima más gente de la que esperábamos, aunque tiene sentido porque era de los conciertos que con más ganas teníamos. No en vano, eran el tema de conversación de todo el Primavera. Arrancaron y fueron desfilando temas como Cobra, que sonaron increíbles, con el público completamente entregado. Tocaron versiones en directo de todo con leves modificaciones que, lejos de restar, me subían la nota a cada tema. El momento pico llegó cuando coreamos Au Pays du Cocaine al unísono, todo el Primavera cantando a la vez en una de esas comuniones que solo se dan en directo, antes de rematar con Taxes (DOCTOOOR CUREEESEEEE). Pero entonces empezó la lluvia. Y no una lluvia cualquiera: a mitad del concierto el cielo tronaba y nos caía una cascada de agua encima mientras sonaba Trinidad, sin ir nosotros precisamente bien equipados, Pablito algo malo y el resto con pitis mojados. Aun así, nada nos impidió quedarnos a disfrutar de un show único, con una energía tan arrolladora que daban ganas de volverse inmune a la lluvia con tal de aguantar y poder ir a primera fila de cabeza como El Primo de brawlstars. De hecho, fueron de los últimos en poder terminar su actuación antes de que el temporal obligara al festival a cancelar los escenarios principales, llevándose por delante a Doja Cat, Bad Gyal, Mac DeMarco o Massive Attack. Mojados hasta los huesos, Geese demostraron por qué su Getting Killed tiene a medio mundo rendido, firmaron su mejor show hasta la fecha, dicho también por ellos mismos, y dejaron algo que el Primavera no olvidará.


Oklou (Kaan)
Aquí ya las cosas se empezaron a torcer el primer día y ya íbamos un poco mojaditos a ver a la presidenta de Francia. Con las olas encrespadas del mar Mediterráneo a sus espaldas firmó su mayor concierto (dicho por ella misma y confirmado por los asistentes). Su paisaje sonoro, etéreo pero emocionalmente vulnerable, resonaba a través del mar de chubasqueros y ropa impermeable multicolor en frente suyo. La potente luz de su linterna atravesaba la lluvia y se proyectaba sobre un Cupra Stage más que abarrotado. Los sintetizadores penetrantes y el electro pop de su álbum Choke Enough alcanzaron su punto álgido cuando consiguió que todo el anfiteatro se pusiera de pie a dar saltos desenfrenados con Harvest Sky. Aunque debido a la meteorología no pudimos ver ni a Bad Gyal (que tampoco parecía muy molestada por haber cancelado) ni a Doja Cat (que sí que veía bastante molestada), Oklou se coronó como la headliner de honor de ese día y una de mis favoritas del festival entero. Si no estabais allí, lo siento por vosotros porque fue simplemente mágico.

Día 2: Here we go, ahora sí
Ethel Cain (Kaan)
Tras haber tenido que abandonar el Parc del Forum antes de lo previsto la noche anterior, ver a Ethel Cain el segundo día fue una resurrección espiritual y religiosa. Aunque a momentos no se le escuchaba del todo, consiguió despertar esa devoción en su público, uno que tiene una adoración estridente hacia ella. Su puesta en escena fue una de mis favoritas y bastante memorable y su setlist, el cual cambia cada vez que actúa, me sorprendió a bien ya que pasó más o menos por todos sus proyectos desde Golden Age a Preacher’s Daughter a su último disco Willoughby Tucker, I’ll Always Love You. Supo transformar el escenario en un patio trasero en ruinas desde el que proyectó su visión del gótico americano decorado por maleza crecida, neumáticos y metal oxidado por todo el escenario. Los escenarios principales ese día estaban abarrotados por gente ansiosa de ver a The Cure, pillando sitio desde bastante temprano, cosa que resultó en gran parte del público no conociendo a Ethel, y también supongo que el motivo con el que se despidió diciendo que disfrutasen de ver a The Cure. Yo espero que Ptolemaea les haya perturbado y alterado la composición química de sus cerebros un poco.

Amaarae (Kaan)
Esta fue su tercera actuación en el festival a lo largo de los años, y quizás su mejor. Su álbum debut, The Angel You Don’t Know, la dio a conocer al mundo y sus proyectos posteriores, Fountain Baby y, más recientemente, BLACKSTAR, consolidaron su estatus de estrella internacional a largo plazo y con este directo, el público no tuvo que preguntarse por qué. El diseño del escenario y puesta en escena eran el peak del minimalismo salvo varias luces con colores de la bandera de Ghana, ya que carecía de bailarines, banda, DJ y gráficos. Solo estaban Amaarae y el público, y eso es exactamente lo que se percibía: un espectáculo íntimo y privado para un amfiteatro con miles de personas. El impulso y la participación del público recaían exclusivamente sobre los hombros de Amaarae y, como una auténtica estrella, ofreció una actuación trepidante con total naturalidad. Repasó los temas más destacados de sus tres álbumes, incorporando mezclas de Pump Up the Jam, Fein y Scream and Shout. Y aunque nos quedamos con ganas de que ella y Pinkpantheress cantasen su colaboración Kiss Me Thru The Phone pt.2 ya que Pink la seguía en el mismo escenario, su presencia y capacidad para conectar plenamente con el público fueron suficientes para dejar algo más que memorable.

Fakemink (Santi)
La madrugada del segundo día nos llevó al escenario Schwarzkopf, para uno de esos conciertos que no se olvidan. Veníamos de ver The Cure lo cual fue histórico a pesar de no ser su mayor fan. Fakemink salió a desatar pura energía y aquello se convirtió en algo más parecido a un ritual colectivo que a una actuación al uso, ya que él canta y baila a ratos o posa como alguien que le está dando un cólico. Sonaron LV Sandals, Under Skin y una Night Bloom Jasmine que fue sencillamente brutal, con todo el público bajando al suelo y, cuando por fin rompió la canción, el escenario entero estalló. Blow the Speaker remató la faena y, fiel a su nombre, casi reventó los altavoces y los tímpanos (gracias primavera por dar tapones). Yo personalmente me sentí libre, feliz y con una vitalidad que no me cabía en el cuerpo, agarrando a mis compas Gonz y Quillo para saltar y bailar juntos durante Easter Pink. Fue uno de esos momentos en los que el concierto deja de ser solo música y se convierte en recuerdo compartido con tus mexican primazos. Según su propia publicación en Instagram, fue su mejor show hasta la fecha y un instante especialmente significativo después de muchas críticas a sus directos anteriores. Quienes le habían cuestionado que sigan haciéndolo, que él te baila el robot y se las goza.

Día 3: El inicio del fin
Sofia (Quillo)
Son las 5 de la tarde y me aproximo a la barra que encara al Port, el escenario que alberga los bolos más emergentes del festival. Pido, con la cara desencajada por los dos días de trote, una Estrella Damm. Siento que estoy viviendo otro festival, uno diurno, con familias y señores mayores zarandeándose entre conciertos que no conocen pero agradecen escuchar. Me gusta estar aquí. No había mucha gente de primeras así que me sitúo en la barrera y espero a que Sofía presione las primeras teclas de su sintetizador. El sol hace que pida crema a un guiri que estaba de paso. Ahora sí, estoy preparado para el concierto que más ganas tenía de vivir aquel sábado.
Bajo el bochorno de una Barcelona pasada por agua y la brisa de la costa, Sofía encara un setlist variado pero frenético. Tiene una manera de moverse en el escenario que me emociona, una mirada perdida entre el público que conmueve, aunque a menudo torne la cabeza hacia su manager y demás amigas, que se encuentran al lado de mí coreando cada tema. Lleva puesto un vestido de Hoodbyair. Como siempre, rompiendo con contrastes su línea estética con el tono de su música. A la que me quiero dar cuenta, estoy bailando solo, vociferando clásicos como Ganar el amor eterno o El cielo blanco. Me doy cuenta de que Sofía es la artista de mi momento, que ha llegado a mi vida en un punto muy específico y ha adornado mi cabeza con melodías oscuras y vocales místicas. Su imagen me arrolla y su puesta en escena hace que quiera conocer más de ella. ¿Qué hago enamorándome de una cantante? Es broma, pero sin duda necesito tomar un café con Sofía, tengo que entender por qué hace lo que hace. O no, quizás es mejor mantener el misterio. Que su teclado siga el curso del tiempo y su música perdure.

Gorillaz (Santi)
El concierto de Gorillaz fue en el escenario Estrella Damm, esa explanada que muchos conocen como Mordor, y tuve la suerte de verlo desde el balcón de Adidas (gracias @adidas_es, Pau y Pau) con unas vistas privilegiadas. Antes de arrancar, invitaron al escenario a Aarab, hijo del preso palestino Marwan Barghouti, para leer un manifiesto reclamando la libertad de su padre, un momento de reflexión que precedió a la salida de Damon Albarn y los suyos con The Mountain, el tema que da título a su nuevo disco. Fue un show espectacular: poder contemplar en directo todos esos visuales de Jamie Hewlett que llevaba viendo desde pequeño en MTV Push cada finde y escuchar clásicos como Clint Eastwood o Feel Good Inc., temas que son de mi infancia y que me han acompañado durante años, fue una experiencia preciosa que no olvidaré nunca. La escenografía fue sencillamente increíble, con un desfile constante de invitados que iban apareciendo, entre ellos Little Simz para cantar Garage Palace, Moonchild Sanelly, Yasiin Bey y Kara Jackson. Fue un broche final perfecto, un show que tenía muchísimas ganas de ver, y al que mi niño interior también tenía mucho que agradecer.

Rusowsky (Santi)
Lo de Rusowsky en el escenario Cupra fue una auténtica montaña rusa de emociones, la verdad. Venía de habérselo visto la noche anterior saliendo de invitado en el show de Ralphie Choo, donde ya había dejado claro el nivel, así que llegaba con muchas ganas, sobre todo porque poder escuchar Daisy por fin en directo era una espinita que tenía clavada y que gracias al Primavera pude quitarme. La puesta en escena fue todo un espectáculo: el escenario lleno de pelucas, con una docena de músicos ataviados con esos ya clásicos monos blancos, gafas de sol y peluca, en una especie de extensión clónica del propio Rusowsky, que brillaba como una estrella por doquier. El show fue precioso y repasó la gran mayoría de su disco con momentos muy especiales, como Sophia o (ecco). Todo el mundo se movía con Gata, que junto a Ralphie Choo fue de lo más bonito de la noche, y el set fue claramente de menos a más hasta desembocar en un póker final demoledor de malibU, BBY Romeo y su mítico Valentino, con el que es casi imposible irse con mal sabor de boca y sin sudor jaja. Mención especial para su banda, que estuvo increíble, porque da gusto poder tener esta calidad y originalidad en España. Pero si me quedo con un instante, es con Pink + Pink: las castañuelas retumbando y la sensación, por un momento, de estar en unas fiestas de pueblo con todo el mundo bailando, bebiendo y abrazándose. Eso y el tema con La Zowi, que tuvo de los mayores punches de todo el festival para mí. Una de esas actuaciones que te recuerdan por qué merece la pena verlo todo en directo y cómo RusiaIDK domina la escena.
Dijon (Santi)
Fue en el escenario Cupra el sábado y llegaba con ganas de verlo, en parte por el hype de varios amigos y artistas que tenían su show como prioridad absoluta del Primavera. A mí me había gustado mucho su primer EP, que descubrí gracias a Fantano allá por 2020, pero desde entonces le perdí la pista hasta que salió todo su chanchullo con Justin Bieber, que mola. Comenzó y su presencia no me cautivó de primeras, y el escenario me pareció más bien minimalista, pero tras dos canciones me había cambiado por completo la opinión. Poder escuchar Rock N Roll (mi tema favorito suyo) y entender que todo era en riguroso directo, hasta la mezcla sobre la marcha, y sentir cómo retumbaban esas guitarras eléctricas con su voz privilegiada al frente, me hizo volver a conectar con Dijon y disfrutar de lleno de lo que estaba viendo. El despliegue de medios y la perfección en la preparación eran de otro nivel, con la banda chequeando el sonido hasta dos minutos antes de empezar, centradita en el Cupra como si aquello fuera el propio estudio de grabación en el que habían quedado una tarde cualquiera. Da que pensar lo difícil que es que ese lofi tan despreocupado suene en directo tan inalcanzable como suena. Repasó gran parte de su discografía de Baby o Absolutely, y a mi parecer firmó el mejor show a nivel musical de todo el Primavera Sound 2026.

Peggy Gou (Quillo)
Sinceramente tengo pocos recuerdos de aquello. Eran como las 4 de la mañana del último día. Voy a intentar relatar las lagunas de la noche en la que pinchó Peggy Gou, pero no prometo ser fiel al relato que tendrá otra gente. Nos echaron del Cupra Pulse, el escenario «privado» de techno, porque nos colamos. Venga vale, lo entiendo, sigamos buscando un sitio en el que bailar. Vamos a otro escenario, uno cubierto, no me acuerdo ni cómo se llamaba. Al llegar nos dicen que nanai, que hay overbooking. Me da por mirar desesperado el horario mientras que el grupo pedía otra copa. De repente, un «chunda-chunda» empieza a llegar del escenario Cupra, lona en la que habían cantado esos días grandes como Dijon, 2hollis o Pinkpantheress. Ahí pensé: es la nuestra, hay que meterse ahí como sea y a bailar hasta que cierren.
¿Cómo pincha Peggy Gou? Pues supongo que bien. Iba saltando entre track y track de house y EDM, con muy buen gusto. La gente bailaba sin control, alguno pasándose de frenada y chocándose con otro. Son altas horas de la noche, hay altercados garantizados. Pero eso no nos quitó de disfrutar bajo el juego de luces de un set movidito y ajeno a lo que habíamos estado presenciando los días de festival, que está muy bien.
Tampoco tengo recuerdo de que acabase, simplemente se fue difuminando la música y ahí estábamos, en medio del Parc del Fórum. Hectáreas de granito que nos acogieron aquel fin de semana. La habíamos pasado canutas, pero también habíamos creado recuerdos que me llevaré para toda la vida. Me di cuenta que, desde que cogí el Ouigo de Madrid a Sants, no había borrado la sonrisa de mi cara. Eso es impagable, eso solo lo logra un festival como el Primavera Sound.

Merçi de corazón Primavera Sound por un festival de 10.
Y gracias Adidas por cuidarnos tanto <3.
Nos vemos pronto 😉

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