En la música, a veces, las historias más auténticas son aquellas que nacen sin pretensión, como una necesidad visceral de expresar lo que se lleva dentro. Así es «Amoríos. La verdad de mi coplilla», el primer disco de La Tania, una obra que se gestó en medio de una crisis personal. Es un testimonio, un ajuste de cuentas con la vida y una declaración de guerra contra el olvido. Pero para entender este álbum, primero hay que conocer a su autora: Tania García Martínez, alicantina de nacimiento, artista por destino y mujer que ha encontrado en la copla su forma de catarsis.

El amor fue el punto de partida de «Amoríos. La verdad de mi coplilla». O, más bien, el desamor. La Tania y Yerai Cortés, guitarrista flamenco y pareja de la cantante, se conocieron en un verano que, sin saberlo, marcaría sus trayectorias. Ella tenía 24 años, él apenas 17. La diferencia de edad y sus mundos distintos no fueron impedimento para que, tres meses después, estuvieran viviendo juntos en Madrid. Todo parecía perfecto, hasta que el tiempo, la distancia y los celos hicieron que dejara de serlo.
En medio de la tormenta emocional, Tania decidió escapar. París fue su refugio, aunque no hablaba francés ni conocía a nadie. Allí, con la melancolía como compañera, encontró consuelo en la música. Cantaba coplas con Rodolfo, un guitarrista español que se convirtió en su amigo del alma. En las noches parisinas, revivía «El emigrante» de Juanito Valderrama y se veía reflejada en su letra: una extranjera no solo en tierra ajena, sino también en su propio corazón.
Pero París no era el final del camino, sino una pausa necesaria. La distancia trajo consigo claridad. En el fondo, su historia con Yerai aún no había terminado. El reencuentro era inevitable, y con él, la materialización de «Amoríos». Donde otros verían un punto final, La Tania y Yerai vieron una partitura. La música se convirtió en su idioma cuando las palabras dejaron de servir. Yerai componía, La Tania escuchaba. Ella se reconoció en cada acorde, en cada letra. No podía escapar de su historia, así que decidió cantarla.

El tiempo, que parece que todo lo cura, ha terminado dándoles un momento inolvidable: un Premio Goya. El pasado 8 de febrero, «Los almendros», una pieza flamenca compuesta por Yerai Cortés junto a C. Tangana e interpretada por La Tania, fue reconocida como la mejor canción del cine español en el último año. Fue ella quien subió al escenario para recoger el premio, con la emoción reflejada en cada palabra.

Pero después de todo este contexto, es hora de hablar de lo que suena en «Amoríos». La Tania ha resucitado la copla y la ha adaptado al siglo XXI. Su voz, aguda y llena de matices, se mueve entre la tradición y la modernidad, rescatando ese espíritu folclórico que en el pasado fue refugio de tantas mujeres.
La influencia de artistas como Marifé de Triana, Rafael Farina o Manolo Caracol convive con sonidos urbanos y una sensibilidad que conecta con el presente. En canciones como «Monigote», «Besitos de otro» o «Mal d’amores», se respira esa esencia de la copla clásica: letras cargadas de sentimiento, desgarro y, sobre todo, verdad. Pero hay algo más: la perspectiva femenina. La Tania se apropia de su historia y la canta sin tapujos, demostrando que el dolor también puede ser sinónimo de empoderamiento. El álbum culmina con una canción homenaje a C. Tangana, quien no solo ha sido productor del disco, sino también un amigo y confidente.
En un mundo donde el amor y el arte suelen ir de la mano, «Amoríos» es la prueba de que la música puede ser la mejor manera de sanar. Hoy, La Tania se encuentra en un punto de inflexión. Su primer disco ha visto la luz, su historia ha sido contada y su voz ha encontrado su lugar. ¿Qué viene después? No tenemos la respuesta. Pero si algo hemos aprendido de ella es que, en la música y en la vida, lo importante no es el destino, sino el camino.

