Categoría: Conciertos

  • Ye en Madrid: El cometa Halley de la música actual

    Ye en Madrid: El cometa Halley de la música actual

    El pasado jueves 30 de julio se hizo historia en el Estadio Riyadh Air Metropolitano. Tras 20 años de su único concierto en España, concretamente en la sala Razzmatazz, Kanye West tomaba la capital para hacer la única fecha de su gira de estadios en suelo nacional. Más de 60 mil fanes estuvieron presentes en lo que los más adeptos de Ye catalogamos como «tocar el cielo y conocer a Dios».

    Si os soy sincero, tras la noche del jueves mi vida no era la misma, pues para mí Kanye West es algo más que un simple artista: es la figura que más me ha inspirado en bastantes ámbitos de mi vida. Grité cada una de las palabras que conformaron un setlist con una duración de casi 2 horas, salté hasta romper a sudar con temas como «Father Stretch My Hand Pt.1» o «Everybody» y lloré ríos con temas que han significado tanto para mí como los que conformaron la run de «Ghost Town», «Runaway» y «True Love», que además figuró como la primera presencia de «DONDA 2» en la gira de estadios. Fue una noche mágica dominada por un espectáculo de luces hipnotizante y una semiesfera dominada por el que para mí es el artista más grande de todos los tiempos.

    Tras la velada, las crónicas del concierto inundaron Internet. Para mí, opinar de un concierto no es algo que se deba de hacer de inmediato, y más con artistas de este calibre. Al menos en mi caso, necesitaba tiempo para asimilar lo que había vivido. Al llegar el fin de semana (y antes de hacer este artículo) leí algunas de las crónicas del concierto.

    Hay un punto que creo que compartimos todos los asistentes y es que el sonido era mejorable, pues a veces se sentían un poco sucias las ondas que salían por los altavoces del Riyadh Air Metropolitano, pero tampoco es gran inconveniente cuando las más de 60 mil personas que estábamos allí sonábamos como una sola voz. Y repito: las que estábamos allí, porque leyendo algunas de la crónicas parece que hemos asistido a conciertos distintos.

    Aparte de leer por activa y por pasiva la palabra «nazi» para describir al artista de Chicago, la mayoría de crónicas tachan el concierto de «un espectáculo orientado a las redes sociales». Es cierto que la ausencia de pista hace mucha mella, pero creo que estuvo más que acertado prescindiendo de ella. El apartado visual no enmascara las flaquezas de Kanye, como algunos medios predican, si no que la refuerzan. ¿Qué te va a dar más presencia y poder que pararte sobre la cima del mundo después de haber tocado el más profundo abismo? Las luces, las proyecciones y el humo agrandaban aún más la figura de un Kanye West que cantaba y rapeaba todo, pese a que muchos pensaban que no podía articular dos palabras seguidas. Es que temas como «Jesus Walks», «Gold Digger» o «Through The Wire» entre muchos otros los cantó enteros, con una energía inmatcheable.

    Que hablando de energía, en ningún momento se sintió plano. Obviando un desplazamiento nulo en el escenario porque está anclado a una corta cuerda, Kanye se revolcaba por el suelo, saltaba, cantaba en todas las direcciones, gritaba, animaba… No te digo que se hubiera tomado unas cuantas energéticas, pero la presencia era innegable. Además, hacía sus cosas típicas de Kanye como saltarse algunos temas como «Say You Will», que me dejó con la miel en los labios, o tocar canciones por duplicado como «All Of The Lights».

    ¿Plano? ¿Soso? ¿Distante? No sé si esperaban que Kanye West se sentara al lado suya para charlar sobre geopolítica, pero el trato del artista con su público fue más que impecable. Cabe destacar el momento en el que nos animó a abrazarnos con los que teníamos al lado mientras sonaba de fondo «Runaway», una experiencia muy bonita en la que daba igual que conocieras o no al de al lado; tanto la barrera del idioma como la social se rompe cuando estás viviendo algo tan bonito.

    Y, la parte que más me chirría, las comparaciones. «Ay, es que el concierto de tal fue mejor», «mira, es que el concierto de este tenía mejor sonido», «es que es muy poco para Kanye»… Cada artista es un mundo. No puedes comparar a artistas que giran cada dos o tres años con un artista que acaba de salir de una cancelación a nivel mundial. Es cierto que tenemos que ser exigentes en cuanto a los directos de nuestros artistas favoritos, pero con este concierto se ha generado una doble vara de medir que no es justificable en ninguno de los sentidos. Que no hay banda en directo, que no hay artistas invitados o que no hay nada especial son argumentos débiles y absurdos. A Kanye no le hace falta banda, que si has escuchado algo de su música, me dirás cómo quieres que haga «On Sight» con instrumentos reales; Kanye es por sí solo una banda. Y si no, tienes a Andre Troutman y su talkbox, que daban a algunas de las canciones un boost en directo brutal. En cuanto al tema de los invitados y algo especial, ¿tan frito tenemos el cerebro? Parece como cuando escuchamos un disco y lo primero en lo que nos fijamos es en las colaboraciones. Con las sorpresas, tres cuartas de lo mismo. ¿Acaso sabe a poco tener por primera vez en toda la gira «Run This Town», «American Boy» y «True Love»? Ver a prensa que se abandera de «ser profesional» quejándose de cosas tan absurdas como esta me hacen reafirmarme en la idea de que estuvieron todo el concierto en otra cosa distinta a la actuación.

    Me da mucha pena, pues pienso que sus fans están más que conforme con el concierto, hasta el punto de repetir el próximo día 7 en el Estadio Do Algarve, en Portugal. Es muy triste ver cómo a ciertos artistas internacionales se les exige el cielo y la tierra y luego, para otros artistas, un palo y una piedra parecen más que suficiente. El concierto de Kanye West en el Metropolitano es histórico, un hecho que quizás no se repita en mucho tiempo. Si todavía no has ido y te quedaste con las ganas, te animo a que hagas un periplo este viernes 7 de agosto a Portugal. Es una experiencia única e irrepetible. Es el cometa Halley de la música actual. Si Dios me diera la oportunidad, repetiría el pasado jueves 30 de julio mil veces, porque Kanye volvió a España por la puerta grande, demostrando por qué es el artista más influyente e importante de este siglo.

    Fotos: Alber Noriega

  • Primavera Sound 2026: El millor festival y.

    Primavera Sound 2026: El millor festival y.

    Por Kaan, Quillo y Santi 🙂

    Otro año más, el Primavera Sound se nos ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, pero con bastantes horas de sueño perdidas y anécdotas que recordar. Sería bastante injusto que el pedazo de cartel de la edición de este año del festival quedase teñido por la situación meteorológica vivida el jueves. Ojo, que yo también quería ver tanto a Bad Gyal como a Doja Cat (me dio mucha pena su directo en Instagram mientras caía la de Dios) y a Massive Attack y acabé igual de mojado y tiritando con el viento, pero de esta edición prefiero llevarme las desvirtualizaciones de amigos de internet, artistas descubiertos y ver a algunos de mis favoritos en vivo por primera vez.

    Es un festival que ya evidentemente juega en otra liga, que se consolidó como el Coachella de nuestro país con el cartel bastante pop y mainstream que se marcó el año pasado (Charli XCX, Sabrina Carpenter, Chappell Roan), atrayendo aún más atención extranjera, lo cual se vio reflejado en esta edición. El concepto de encontrarte a más gente que conoces de Londres que de Madrid era sin duda curioso y también dio para reflexionar sobre la masificación turística que está viviendo la ciudad. También es verdad que hacer fila para un escenario en un festival al que has pagado para igual no llegar a ver a los artistas que quieras no me encaja del todo. Pero durante un finde, el Parc del Forum se convirtió en el punto de encuentro de algunas de las figuras culturales y artísticas más destacadas del mundo y se sintió como un Disneyland para cualquier apasionado de la música o también cualquier persona que haya acompañado a sus amigos a echar un baile y descubrir nuevos artistas. Jamás olvidaré los pogos de Knocked Loose, salir en las pantallas de Disobey o de los atardeceres tan preciosos sacados de una postal. No me enrollo más y os dejo con mis conciertos favoritos del Primavera Sound Barcelona 2026. (Kaan)

    Como decía Kaan, fue un abrir y cerrar de ojos, nuestro primer primavera y una experiencia que desde luego querremos repetir. Poder reunir tantos aves, vuelos, trenes, etc. que tendría que coger para ver a todos los artistas que pude disfrutar este finde, en uno, es surrealista. Cameron Winter, una experiencia religiosa, como mi mayor highlight de shows, lo realmente mejor fue la compañía de mis amigos o gente nueva que conocías por el festival. Creo que ha sido un año para enmarcar y no hay mejor arranque de verano que disfrutar de Sofia al lado del mar, ver a Fakemink en pleno apogeo, poder comer butifarra catalana, descubrir música increíble y sentir que toda esta muy organizado. Y eso solo pasa en el Primavera Sound. (Santi)

    Y bueno Quillo… Se lo pasó como nunca, tiene par de lagunas, muchas anécdotas, horas de sueño negativas, kilómetros de más (llegó a Valencia en vez de a Madrid después de 4 días de desenfreno) y un recuerdo pa toda su vida. (Not Quillo, but Quillo)

    Día 1: Lluvía, más lluvia y algo de lluvía

    Cameron Winter (Quillo)

    Entended que este concierto no empieza con buen sabor de boca. Llevaba más de 24 horas mano a mano con Pablo, cargando las maletas de un lado a otro sin comer y, para lo que comíamos, mejor hacer ayuno. Para entrar al auditorio (ojo, que este concierto era sentados) tocó hacer un salto de fe en el comercio local, depositando nuestras maletas en un pakistaní que se encontraba en los aledaños del Parc del Fórum. Por tener no teníamos ni sitio en el que dormir aquella noche. Si bien este preludio aterra a cualquiera, había una fuerza imparable que nos arrastraba a las puertas de aquel edificio. Como una voz que nos decía que todo iba a estar bien.

    Entramos al auditorio, pero todavía no teníamos la sensación de que aquello fuese algo real. Llevábamos desde que se anunció el festival fantaseando con ver ese piano, ese juego de luces minimalista y, sobre todo, las greñas de Cameron Winter. Ahora, después de todo el trote, parecía que iba a pasar. Plantamos campamento en una fila cercana al escenario y respiramos profundamente. Ya está. Se apagaron las luces y salió aquella figura. Un chavalín de nuestra edad sale de entre bambalinas con un chándal de Adidas y un papel (no sabemos ni si era la partitura, no la miró en todo el concierto). No miró al público, es más, no le vimos la cara en toda la hora que pasamos enganchados al asiento. Try as I may fue el pistoletazo de salida de lo que puede ser el concierto de mi vida.

    Los dedos le van solos, toca muchas notas mal y muchas otras bien. Su voz tiembla y su pose se encorva. La música de Cameron Winter me acompaña allá a donde voy, y como muchos otros grandes artistas, ha forjado lazos de amistad entre yo y mis compañeros de vida. No llevaría ni 5 minutos al piano cuando empecé a sobrecogerme, sentir que muchos de los malos momentos que había pasado este año llegaban a buen puerto. Pocas veces he planteado de una manera tan visceral lo importante que es para mí la música, lo que eso conlleva y a dónde me ha llevado esa pasión. Nadie de los amigos que fuimos se movió un ápice en todo el concierto. Love Takes Miles hizo que rompiera a llorar. No tengo casi recuerdo del concierto, no me atreví a sacar el móvil ni a pensar en qué estaba viviendo. Tengo en la memoria que viví con tanta intensidad ese presente que no tuve tiempo a centrarme en qué recordaría en el futuro. Ale, ya me estoy poniendo dramático, lo siento.

    Blood Orange (Kaan)

    Antes de las procesiones bajo las lluvias torrenciales del primer día, todo pintaba más que bien cuando Blood Orange abrió la jornada para mí en uno de los escenarios principales junto a su imponente banda de músicos y coristas. El público, con toda razón, se agitó y prorrumpió en vítores para darles la bienvenida a los artistas, quienes abrieron el concierto con una versión inesperada de How Soon Is Now, de The Smiths. Durante esa hora, Hynes se lució como un auténtico multiinstrumentista, pasando del violonchelo al teclado y a varias guitarras y a la vez cantando en directo, en momentos llegando a dejar que sus coristas se encargaran de las voces para poder centrarse en tocar. Yo personalmente estaba boquiabierto y más que conmovido por su presencia escénica y sensibilidad sonora. Fue uno de esos conciertos durante todo el finde en los que recordé lo mucho que disfruto de la música en vivo y más cuando se hace con tanta precisión y amor al arte. Además, su selección de temas extraídos de su extensa discografía fue absolutamente perfecta pasando por Cupid Deluxe, Negro Swan, Four Songs, Freetown Sound, Coastal Grooves y Essex Honey.

    Ravyn Lenae (Kaan)

    Justo al acabar Blood Orange mientras a la mayoría de la gente le dio algo por ir a ver a Geese en una de sus tres actuaciones este año, yo preferí no seguir al rebaño de hombres performativos, quedándome en los escenarios principales para ver a la mamá del R&B alternativo, neo-soul y pop estadounidense Ravyn Lenae Tengo que decir que tenía mis dudas porque, aunque su música es indiscutiblemente brutal, la última vez que la vi en directo me decepcionó un poco; por eso, cuando salió con una falda metalizada de corte holgado, el pelo suelto, una escenografía nueva y mejorada, una banda en directo, y una actitud y energía magnetica, me llevé una sorpresa bastante agradable y reafirmé mi decisión de quedarme en este escenario a pesar de la enorme presión y turra que me dieron varios. Sonaba aún mejor de lo que recordaba, y mucho más segura de sí misma, moviéndose por el escenario con un aire imponente pero a la vez fluido. Además, tenía un repertorio impecable y, aunque me fui un poco antes para llegar al final de la actuación de La Blackie, disfruté muchísimo de su sagacidad sonora y repaso de temas como Skin Tight, Sticky, Genius y Venom, entre otros hits.

    Geese (Santi)

    Aquí los vimos el primer día, prácticamente seguido de ver a Cameron Winter, su cantante, en solitario en el Auditori del Fórum, en lo que fue una experiencia casi religiosa. Era increíble ver cómo, apenas un par de horas después de aquel show tan íntimo, personal y humano, salía con toda la banda al escenario Occident desbordando una energía de rockstar absoluta, pero sin perder esa esencia de calma y serenidad que lo caracteriza. Nos encontramos con muchísima más gente de la que esperábamos, aunque tiene sentido porque era de los conciertos que con más ganas teníamos. No en vano, eran el tema de conversación de todo el Primavera. Arrancaron y fueron desfilando temas como Cobra, que sonaron increíbles, con el público completamente entregado. Tocaron versiones en directo de todo con leves modificaciones que, lejos de restar, me subían la nota a cada tema. El momento pico llegó cuando coreamos Au Pays du Cocaine al unísono, todo el Primavera cantando a la vez en una de esas comuniones que solo se dan en directo, antes de rematar con Taxes (DOCTOOOR CUREEESEEEE). Pero entonces empezó la lluvia. Y no una lluvia cualquiera: a mitad del concierto el cielo tronaba y nos caía una cascada de agua encima mientras sonaba Trinidad, sin ir nosotros precisamente bien equipados, Pablito algo malo y el resto con pitis mojados. Aun así, nada nos impidió quedarnos a disfrutar de un show único, con una energía tan arrolladora que daban ganas de volverse inmune a la lluvia con tal de aguantar y poder ir a primera fila de cabeza como El Primo de brawlstars. De hecho, fueron de los últimos en poder terminar su actuación antes de que el temporal obligara al festival a cancelar los escenarios principales, llevándose por delante a Doja Cat, Bad Gyal, Mac DeMarco o Massive Attack. Mojados hasta los huesos, Geese demostraron por qué su Getting Killed tiene a medio mundo rendido, firmaron su mejor show hasta la fecha, dicho también por ellos mismos, y dejaron algo que el Primavera no olvidará.

    Oklou (Kaan)

    Aquí ya las cosas se empezaron a torcer el primer día y ya íbamos un poco mojaditos a ver a la presidenta de Francia. Con las olas encrespadas del mar Mediterráneo a sus espaldas firmó su mayor concierto (dicho por ella misma y confirmado por los asistentes). Su paisaje sonoro, etéreo pero emocionalmente vulnerable, resonaba a través del mar de chubasqueros y ropa impermeable multicolor en frente suyo. La potente luz de su linterna atravesaba la lluvia y se proyectaba sobre un Cupra Stage más que abarrotado. Los sintetizadores penetrantes y el electro pop de su álbum Choke Enough alcanzaron su punto álgido cuando consiguió que todo el anfiteatro se pusiera de pie a dar saltos desenfrenados con Harvest Sky. Aunque debido a la meteorología no pudimos ver ni a Bad Gyal (que tampoco parecía muy molestada por haber cancelado) ni a Doja Cat (que sí que veía bastante molestada), Oklou se coronó como la headliner de honor de ese día y una de mis favoritas del festival entero. Si no estabais allí, lo siento por vosotros porque fue simplemente mágico.

    Día 2: Here we go, ahora sí

    Ethel Cain (Kaan)

    Tras haber tenido que abandonar el Parc del Forum antes de lo previsto la noche anterior, ver a Ethel Cain el segundo día fue una resurrección espiritual y religiosa. Aunque a momentos no se le escuchaba del todo, consiguió despertar esa devoción en su público, uno que tiene una adoración estridente hacia ella. Su puesta en escena fue una de mis favoritas y bastante memorable y su setlist, el cual cambia cada vez que actúa, me sorprendió a bien ya que pasó más o menos por todos sus proyectos desde Golden Age a Preacher’s Daughter a su último disco Willoughby Tucker, I’ll Always Love You. Supo transformar el escenario en un patio trasero en ruinas desde el que proyectó su visión del gótico americano decorado por maleza crecida, neumáticos y metal oxidado por todo el escenario. Los escenarios principales ese día estaban abarrotados por gente ansiosa de ver a The Cure, pillando sitio desde bastante temprano, cosa que resultó en gran parte del público no conociendo a Ethel, y también supongo que el motivo con el que se despidió diciendo que disfrutasen de ver a The Cure. Yo espero que Ptolemaea les haya perturbado y alterado la composición química de sus cerebros un poco.

    Amaarae (Kaan)

    Esta fue su tercera actuación en el festival a lo largo de los años, y quizás su mejor. Su álbum debut, The Angel You Don’t Know, la dio a conocer al mundo y sus proyectos posteriores, Fountain Baby y, más recientemente, BLACKSTAR, consolidaron su estatus de estrella internacional a largo plazo y con este directo, el público no tuvo que preguntarse por qué. El diseño del escenario y puesta en escena eran el peak del minimalismo salvo varias luces con colores de la bandera de Ghana, ya que carecía de bailarines, banda, DJ y gráficos. Solo estaban Amaarae y el público, y eso es exactamente lo que se percibía: un espectáculo íntimo y privado para un amfiteatro con miles de personas. El impulso y la participación del público recaían exclusivamente sobre los hombros de Amaarae y, como una auténtica estrella, ofreció una actuación trepidante con total naturalidad. Repasó los temas más destacados de sus tres álbumes, incorporando mezclas de Pump Up the Jam, Fein y Scream and Shout. Y aunque nos quedamos con ganas de que ella y Pinkpantheress cantasen su colaboración Kiss Me Thru The Phone pt.2 ya que Pink la seguía en el mismo escenario, su presencia y capacidad para conectar plenamente con el público fueron suficientes para dejar algo más que memorable.

    Fakemink (Santi)

    La madrugada del segundo día nos llevó al escenario Schwarzkopf, para uno de esos conciertos que no se olvidan. Veníamos de ver The Cure lo cual fue histórico a pesar de no ser su mayor fan. Fakemink salió a desatar pura energía y aquello se convirtió en algo más parecido a un ritual colectivo que a una actuación al uso, ya que él canta y baila a ratos o posa como alguien que le está dando un cólico. Sonaron LV Sandals, Under Skin y una Night Bloom Jasmine que fue sencillamente brutal, con todo el público bajando al suelo y, cuando por fin rompió la canción, el escenario entero estalló. Blow the Speaker remató la faena y, fiel a su nombre, casi reventó los altavoces y los tímpanos (gracias primavera por dar tapones). Yo personalmente me sentí libre, feliz y con una vitalidad que no me cabía en el cuerpo, agarrando a mis compas Gonz y Quillo para saltar y bailar juntos durante Easter Pink. Fue uno de esos momentos en los que el concierto deja de ser solo música y se convierte en recuerdo compartido con tus mexican primazos. Según su propia publicación en Instagram, fue su mejor show hasta la fecha y un instante especialmente significativo después de muchas críticas a sus directos anteriores. Quienes le habían cuestionado que sigan haciéndolo, que él te baila el robot y se las goza.

    Día 3: El inicio del fin

    Sofia (Quillo)

    Son las 5 de la tarde y me aproximo a la barra que encara al Port, el escenario que alberga los bolos más emergentes del festival. Pido, con la cara desencajada por los dos días de trote, una Estrella Damm. Siento que estoy viviendo otro festival, uno diurno, con familias y señores mayores zarandeándose entre conciertos que no conocen pero agradecen escuchar. Me gusta estar aquí. No había mucha gente de primeras así que me sitúo en la barrera y espero a que Sofía presione las primeras teclas de su sintetizador. El sol hace que pida crema a un guiri que estaba de paso. Ahora sí, estoy preparado para el concierto que más ganas tenía de vivir aquel sábado.

    Bajo el bochorno de una Barcelona pasada por agua y la brisa de la costa, Sofía encara un setlist variado pero frenético. Tiene una manera de moverse en el escenario que me emociona, una mirada perdida entre el público que conmueve, aunque a menudo torne la cabeza hacia su manager y demás amigas, que se encuentran al lado de mí coreando cada tema. Lleva puesto un vestido de Hoodbyair. Como siempre, rompiendo con contrastes su línea estética con el tono de su música. A la que me quiero dar cuenta, estoy bailando solo, vociferando clásicos como Ganar el amor eterno o El cielo blanco. Me doy cuenta de que Sofía es la artista de mi momento, que ha llegado a mi vida en un punto muy específico y ha adornado mi cabeza con melodías oscuras y vocales místicas. Su imagen me arrolla y su puesta en escena hace que quiera conocer más de ella. ¿Qué hago enamorándome de una cantante? Es broma, pero sin duda necesito tomar un café con Sofía, tengo que entender por qué hace lo que hace. O no, quizás es mejor mantener el misterio. Que su teclado siga el curso del tiempo y su música perdure.

    Gorillaz (Santi)

    El concierto de Gorillaz fue en el escenario Estrella Damm, esa explanada que muchos conocen como Mordor, y tuve la suerte de verlo desde el balcón de Adidas (gracias @adidas_es, Pau y Pau) con unas vistas privilegiadas. Antes de arrancar, invitaron al escenario a Aarab, hijo del preso palestino Marwan Barghouti, para leer un manifiesto reclamando la libertad de su padre, un momento de reflexión que precedió a la salida de Damon Albarn y los suyos con The Mountain, el tema que da título a su nuevo disco. Fue un show espectacular: poder contemplar en directo todos esos visuales de Jamie Hewlett que llevaba viendo desde pequeño en MTV Push cada finde y escuchar clásicos como Clint Eastwood o Feel Good Inc., temas que son de mi infancia y que me han acompañado durante años, fue una experiencia preciosa que no olvidaré nunca. La escenografía fue sencillamente increíble, con un desfile constante de invitados que iban apareciendo, entre ellos Little Simz para cantar Garage Palace, Moonchild Sanelly, Yasiin Bey y Kara Jackson. Fue un broche final perfecto, un show que tenía muchísimas ganas de ver, y al que mi niño interior también tenía mucho que agradecer.

    Rusowsky (Santi)

    Lo de Rusowsky en el escenario Cupra fue una auténtica montaña rusa de emociones, la verdad. Venía de habérselo visto la noche anterior saliendo de invitado en el show de Ralphie Choo, donde ya había dejado claro el nivel, así que llegaba con muchas ganas, sobre todo porque poder escuchar Daisy por fin en directo era una espinita que tenía clavada y que gracias al Primavera pude quitarme. La puesta en escena fue todo un espectáculo: el escenario lleno de pelucas, con una docena de músicos ataviados con esos ya clásicos monos blancos, gafas de sol y peluca, en una especie de extensión clónica del propio Rusowsky, que brillaba como una estrella por doquier. El show fue precioso y repasó la gran mayoría de su disco con momentos muy especiales, como Sophia o (ecco). Todo el mundo se movía con Gata, que junto a Ralphie Choo fue de lo más bonito de la noche, y el set fue claramente de menos a más hasta desembocar en un póker final demoledor de malibU, BBY Romeo y su mítico Valentino, con el que es casi imposible irse con mal sabor de boca y sin sudor jaja. Mención especial para su banda, que estuvo increíble, porque da gusto poder tener esta calidad y originalidad en España. Pero si me quedo con un instante, es con Pink + Pink: las castañuelas retumbando y la sensación, por un momento, de estar en unas fiestas de pueblo con todo el mundo bailando, bebiendo y abrazándose. Eso y el tema con La Zowi, que tuvo de los mayores punches de todo el festival para mí. Una de esas actuaciones que te recuerdan por qué merece la pena verlo todo en directo y cómo RusiaIDK domina la escena.

    Dijon (Santi)

    Fue en el escenario Cupra el sábado y llegaba con ganas de verlo, en parte por el hype de varios amigos y artistas que tenían su show como prioridad absoluta del Primavera. A mí me había gustado mucho su primer EP, que descubrí gracias a Fantano allá por 2020, pero desde entonces le perdí la pista hasta que salió todo su chanchullo con Justin Bieber, que mola. Comenzó y su presencia no me cautivó de primeras, y el escenario me pareció más bien minimalista, pero tras dos canciones me había cambiado por completo la opinión. Poder escuchar Rock N Roll (mi tema favorito suyo) y entender que todo era en riguroso directo, hasta la mezcla sobre la marcha, y sentir cómo retumbaban esas guitarras eléctricas con su voz privilegiada al frente, me hizo volver a conectar con Dijon y disfrutar de lleno de lo que estaba viendo. El despliegue de medios y la perfección en la preparación eran de otro nivel, con la banda chequeando el sonido hasta dos minutos antes de empezar, centradita en el Cupra como si aquello fuera el propio estudio de grabación en el que habían quedado una tarde cualquiera. Da que pensar lo difícil que es que ese lofi tan despreocupado suene en directo tan inalcanzable como suena. Repasó gran parte de su discografía de Baby o Absolutely, y a mi parecer firmó el mejor show a nivel musical de todo el Primavera Sound 2026.

    Peggy Gou (Quillo)

    Sinceramente tengo pocos recuerdos de aquello. Eran como las 4 de la mañana del último día. Voy a intentar relatar las lagunas de la noche en la que pinchó Peggy Gou, pero no prometo ser fiel al relato que tendrá otra gente. Nos echaron del Cupra Pulse, el escenario «privado» de techno, porque nos colamos. Venga vale, lo entiendo, sigamos buscando un sitio en el que bailar. Vamos a otro escenario, uno cubierto, no me acuerdo ni cómo se llamaba. Al llegar nos dicen que nanai, que hay overbooking. Me da por mirar desesperado el horario mientras que el grupo pedía otra copa. De repente, un «chunda-chunda» empieza a llegar del escenario Cupra, lona en la que habían cantado esos días grandes como Dijon, 2hollis o Pinkpantheress. Ahí pensé: es la nuestra, hay que meterse ahí como sea y a bailar hasta que cierren.

    ¿Cómo pincha Peggy Gou? Pues supongo que bien. Iba saltando entre track y track de house y EDM, con muy buen gusto. La gente bailaba sin control, alguno pasándose de frenada y chocándose con otro. Son altas horas de la noche, hay altercados garantizados. Pero eso no nos quitó de disfrutar bajo el juego de luces de un set movidito y ajeno a lo que habíamos estado presenciando los días de festival, que está muy bien.

    Tampoco tengo recuerdo de que acabase, simplemente se fue difuminando la música y ahí estábamos, en medio del Parc del Fórum. Hectáreas de granito que nos acogieron aquel fin de semana. La habíamos pasado canutas, pero también habíamos creado recuerdos que me llevaré para toda la vida. Me di cuenta que, desde que cogí el Ouigo de Madrid a Sants, no había borrado la sonrisa de mi cara. Eso es impagable, eso solo lo logra un festival como el Primavera Sound.

    Merçi de corazón Primavera Sound por un festival de 10.

    Y gracias Adidas por cuidarnos tanto <3.

    Nos vemos pronto 😉

    2027 tickets ya disponibles 😉 https://www.primaverasound.com/es/barcelona/tickets-barcelona

  • Dillom en La Riviera: sudor, pogos y la consagración de un icono argentino

    Dillom en La Riviera: sudor, pogos y la consagración de un icono argentino

    El pasado 18 de febrero Dillom comenzó el último tramo de su gira Por Cesárea: Irreversible en Madrid.

    El artista argentino de 25 años, se ha proclamado como uno de los artistas más importantes de la música latina contemporánea. Desde su debut, Post Mortem, se ha transformado, ha cruzado audiencias y ha experimentado con géneros hasta conseguir su punto clave. Por Cesárea es muestra de esto, y la gira de ya casi dos años que acompaña a este disco lo consolida.

    Hay algo poético en ver cómo un escenario se le queda pequeño a un artista para, dos años después, devorar uno con más del doble de capacidad. Si en 2024 Dillom congregaba en Madrid a alrededor de mil personas en la Sala But, en 2026 demostró que su fenómeno no conoce techo tocando en La Riviera, abarrotada hasta su límite de 2.500 personas.

    Fotografía por Alejandro Mora

    Desde horas antes de la apertura de puertas, los expatriados argentinos convirtieron la zona en una sucursal de Buenos Aires. El concierto no era solo una presentación musical, sino que era un punto de encuentro, una olla a presión esperando estallar.

    Cuando las luces se apagaron e «(Irreversible)» comenzó a sonar, la locura fue instantánea. Dillom saltó al escenario con «Coyote», seguida de «Piso 13». No hizo falta más para que el centro de La Riviera se partiera en dos, inaugurando el primero de incontables pogos (o moshpits) que no pararían en toda la noche. El concierto siguió con momentos de más introspección y teatralidad, pero igual de energéticos, con “Mi peor enemigo”, «Ola de suicidios» y «Rojo profundo».

    Dillom sabe cómo manejar a su público dirigiendo el caos con una de las audiencias más dedicadas que he vivido. Este espíritu rock es lo que lo aleja de los estereotipos clásicos del artista urbano, estallando esta energía con canciones como su colaboración con Pussy Riot y un cover de “Chinese Rocks» de The Heartbreakers, dejando claro sus raíces musicales.

    Fotografía por Alejandro Mora

    El tramo final del concierto fue una gran exhibición de su versatilidad y evolución. Desde el clásico «220» hasta «Ciudad de la paz», «Amigos nuevos» y “Reiki y yoga”, el público acompañó al argentino en un descenso emocional que preparaba el terreno para el gran cierre a manos de «Buenos tiempos”, un clímax de intensidad emocional y más pogos. Tras salir del escenario, “My Way” de Frank Sinatra despidió al público lleno de adrenalina, con calma y un momento casi cinemático.

    En una conversación que tuve con Dillom en 2024, cuando entonces empezaba la gira en España, confesaba que venía con «cero expectativas» para no decepcionarse. Lo que se vivió este 18 de febrero y semana posterior, fue la respuesta definitiva en fin de gira de un público que ya no solo lo conoce, sino que lo venera como el icono en el que se ha convertido.

  • Ralphie Choo convirtió el fracaso en éxito en un Movistar Arena lleno de energía y admiración

    Ralphie Choo convirtió el fracaso en éxito en un Movistar Arena lleno de energía y admiración

    El salto a recintos masivos como el Movistar Arena (antiguo WiZink Center), siempre es un arma de doble filo para los artistas nacidos en la fragilidad del bedroom pop. Sin embargo, Juan Casado Fisac, o mejor conocido como Ralphie Choo, demostró el pasado viernes 20 de febrero que su universo no sigue medidas convencionales. Su debut de arena supuso una gran apuesta que llevo a la catarsis colectiva marcada por la honestidad más pura.

    La noche venía con una expectativa enorme, anunciada como la presentación de su anticipado segundo disco tras el éxito de SUPERNOVA. Pero la realidad era que el álbum no estaba listo. En lugar de esconderse, Ralphie mostró vulnerabilidad antes miles de personas: «Os animo a que falléis una y otra vez… Os invito a que no sobrepenséis las cosas y que las hagáis con naturalidad. Fallad mucho». El concierto se sintió muy lejos del fracaso y una confesión se convirtió en una sinceridad desarmante, transformando la noche en el triunfo absoluto de un artista que sigue evolucionando y creciendo ante su audiencia.

    El concierto arrancó con «PIRRI», el primer adelanto de esta nueva era. Ralphie irrumpió en escena en un mono rojo, acompañado de un potente elenco de músicos, incluido Juan Arance y DRUMMIE. Inmediatamente, se sabía que sería una experiencia totalmente sensorial.

    A pesar de algunos fallos técnicos, especialmente durante «TANGOS DE UNA MOTO TRUCADA» y “TOTAL90NOSTALGIA”, todo quedó rápidamente en anécdota. Fueron aspectos que sumaron a la naturaleza orgánica del show, y la versatilidad, en casos hasta esquizofrénica, de Ralphie, oscilando del romanticismo acústico a lo hardcore en segundos. Así como hizo su compañero y colaborador rusowsky el pasado septiembre, el madrileño logró juntar bajo un mismo techo a una mezcla de modernos de la ciudad y amantes del perreo más duro. 

    En un momento ambicioso, como homenaje, y porque le «apetecía cantar un poquito», versionó “At Your Best (You Are Love)” de Aaliyah, que recordó a Frank Ocean (versionada en su álbum Endless) y su mítico tour de 2017. Ralphie no le tiene miedo a mostrar sus inspiraciones en sus presentaciones, no desde la imitación, pero desde la admiración y el reconocimiento.

    Las joyas del aclamado SUPERNOVA brillaron con una luz distinta a la de la gira anterior. Todo se sintió más refinado y fresco. También cantó un par canciones inéditas de su nuevo disco, con aires a Mk.gee, Frank Ocean (posterior a Blonde), Oklou, y algunos toques latinos como Latin Mafia.

    Crípticamente anunció el nombre del próximo disco, ya previamente insinuado en el teaser de “PIRRI”. El título: CHARMAIN, mostrado lentamente en las pantallas, antes de salir con un nuevo outfit amarillo, las zapatillas de Le Toy Factory y aún más energía. Un disco que, aunque no terminado, podemos asumir que contará con «ROCCO» y «TENTACIÓN», las cuales debutando en vivo, adquirieron un cuerpo hasta trascendental, sonando muchísimo más gigantes que en sus versiones de estudio, respaldadas por una escenografía de luces y visuales minimalistas que daban una atmósfera cinematográfica al recinto.

    Los momentos de mayor éxtasis, como no podía ser de otra forma, llegaron junto a la familia de Rusia IDK. La aparición de Morí para cantar su colaboración “WCID?”, y posteriormente de rusowsky para interpretar “BBY ROMEO” y “GATA”. “BBY ROMEO” fue un momento particular en el que hicieron estallar el aura presente con sentimientos de nostalgia y amor puro.

    El concierto siguió con su colaboración con Rosalia, “OMEGA”, que el público gritó cada segundo, y las clásicas “VOYCONTODO” y “MÁQUINA CULONA” que supusieron de los momentos más memorables de la noche. Decidió cerrar la noche con canciones familiares, y antiguas de su discografía como “lamento de una supernova” y «Dolores» junto a Rusowsky. Un cierre que se sintió muy full circle, desatando la locura cuando reapareció en escena, con su banda y compañeros de Rusia IDK para cantar «VALENTINO», convirtiendo el Movistar Arena en un pogo masivo y eterno.

    A pesar de algunos contratiempos, como el retraso del disco, algunos fallos de sonido, y un setlist tan familiarizado, fue un debut de arena impresionante que se recordará en su carrera en años adelante.

    Fue el primer Movistar Arena de muchos que vendrán y una apuesta que confirmó una cosa: con el disco terminado o no, el talento y la ambición de Ralphie Choo sigue expandiéndose de forma innegable.

  • Carlos Ares en La Riviera: adéntrate en la cueva

    Carlos Ares en La Riviera: adéntrate en la cueva


    La Boca del Lobo, el último trabajo de Carlos Ares, es una pintura rupestre en forma de melodía. El pino mojado, las cabañas de barro, las cuevas y sus estalactitas. Se siente como descubrir unos dibujos milenarios en medio de un páramo. Su paisaje sonoro, para quienes no nos podemos considerar connoisseurs del folk, nos pilló desprevenidos. Tuvimos que dejar a un lado sonidos más artificiales y robóticos para reconectar con lo primitivo de este arte. Cencerros, cacerolas, guitarras y, ¿un saxofón? Carlos Ares nos tiende la mano para llevarnos de ruta por la montaña y el patrimonio galaico en una de sus tres fechas agotadas en la capital. 


    Como si fuésemos al Teatro Nacional, el escenario de La Riviera estaba tapado cuando entramos al recinto. Cualquier cosa nos podíamos esperar de uno de los artistas más célebres del indie español. La gente abarataba la barra de la sala, cogían un sitio para poder bailar sin chocarse y tanteaban si llevarse algo del merchandising para casa. En conciertos con público más adulto de lo que habituamos tiendo a observar más mi alrededor. Es revitalizador darte cuenta que hay vida más allá de la juventud. Quizás ese es uno de los puntos más favorables que asocio a Carlos Ares: lograr que mis padres y yo nos encontremos en un concierto.


    La música que actuaba como preludio del gran acto era original: el cantautor había preparado música de manera extraordinaria para que la gente fuese aclimatándose. Cuando cesaron las instrumentales y se corrió el telón, una gran cabaña prehistórica se cierne sobre el público. Alrededor de ella, numerosos instrumentos y artilugios improvisados que aportan atmósfera. Un mecanismo de cuerdas y poleas sostiene unos cencerros que se acabarán usando brevemente durante el concierto, lo cual me dio bastante pena. De pronto, de la cabaña emergió una banda que saludó al público como si de una obra de teatro se tratase. Carlos Ares fue el último en salir de aquella casucha, dando comienzo a un concierto que hipnotizó a todos los asistentes. 


    Los acordes de Días de Perros abrieron la noche, revolucionando al público y poniendo a prueba las rodillas de toda la sala. Sin parar a descansar, las guitarras transicionaron a Aquí Todavía, de su primer LP Peregrino. Fue un inicio marcado por saltos, cánticos y un repertorio de canciones que todo el mundo se sabía. Es por ello que, al entrar en un segundo acto algo más calmado, se sentía como si el ritmo hubiese dado un volantazo del que luego fue complicado recomponerse. Con esto me refiero a un setlist más calmado, más folk que rock, que hizo que los asistentes perdiesen ligeramente el hilo. Si a esto le sumas una acústica que dejó que desear, hubieron pasajes agridulces que no llegaban a estar a la altura de la euforia colectiva que se sufrió con los temas más populares. 

    Créditos: BMG


    Fue en un interludio que logró bajar las revoluciones y acercarnos al cantante que el concierto volvió a alcanzar las expectativas que tenía. El escenario tornó a un minimalismo que nos permitió tener un momento íntimo con Carlos Ares. Los saltos al son de guitarras y lo estrambótico de la puesta en escena pasaron a ser un número de butacas y una luz tenue. Los miembros de la banda iluminaron la sala con Importante y Collar, dos de los fragmentos más memorables del disco. El público mandaba callar, dejando que las cuerdas y la voz del cantante inundasen La Riviera. Fue el momento más bonito y sentido del concierto. Los destellos instrumentales favorecían a una voz que no podía hacerlo todo sola. 

    Créditos: BMG


    Para dar cierre al concierto, Carlos Ares recurrió a clásicos de su repertorio como Rocíos y Peregrino para ponerle broche de oro a una de sus tres grandes noches en Madrid. Para su última canción, la banda sorprendió con un saxofón que acentuó Peregrino, logrando traer una versión exclusiva para conciertos que sonó de maravilla. Después de agradecer al público y la banda por su exquisita labor, Carlos Ares nos concedió Páramo en forma de bis. 


    La cabaña volvió a tomar relevancia cuando todos los integrantes de la banda se adentraron en ella, no sin echar un último vistazo a un público que les despedía con aplausos y gritos. Entraron en la cabaña, lo cual me parece significativo y vital para entender el propósito de su música: Carlos Ares no trata de salir de su cabaña, sino que nos invita a entrar en ella. Invitación que nunca podremos rechazar.

    Créditos: BMG

  • Primavera Sound 2026: el cartel donde confluye nostalgia y futuro

    Primavera Sound 2026: el cartel donde confluye nostalgia y futuro

    Barcelona se prepara para una de sus semanas más esperadas del año: Primavera Sound 2026. No se trata solo de un evento musical, sino de esa pequeña gran reunión donde la ciudad se convierte en el epicentro de un fenómeno generacional; un espejo de cómo suena nuestro tiempo. Presenta un cartel que, como nunca, enfrenta el pasado y el futuro en el mismo escenario: The Cure, Doja Cat, The xx, Gorillaz, Massive Attack, Addison Rae, My Bloody Valentine, PinkPantheress, Skrillex y Peggy Gou encabezan el cartel. Nombres que actúan como puentes entre épocas y formas de entender la música y la vida.

    Just like heaven: the Cure’s 20 greatest songs – ranked!
    Doja Cat - Sony Music Entertainment México

    El regreso del «pasado»

    La vuelta de The Cure no es una mera vuelta: es una actualización. Robert Smith regresa con su mirada melancólica desde una perspectiva renovada, como si el eco de los noventa encontrase nuevas texturas y significados. Y justo al lado, Gorillaz, quienes presentarán una propuesta escénica innovadora con un espectáculo visual y sonoro totalmente envolvente. Massive Attack, por otro lado, vuelve con esa mezcla indescifrable de beats y activismo, donde el sonido sirve también de grito colectivo.

    Gorillaz: discos, canciones y conciertos | Deezer

    El pop como género del momento

    En cambio, del lado más vanguardista y performativo está Doja Cat, perfecta para estos tiempos donde la música es espectáculo e iconografía. Su show será un viaje entre pop, rap y todo ese imaginario versátil y estético en el que se mueve con seguridad y dominio, explorando su identidad artística híbrida, la cual moldea su sonido en constante evolución. Y junto con ella, Addison Rae y PinkPantheress, dos nombres nacidos de los algoritmos que ya reclaman su lugar sobre el escenario más vivo de la música, donde lo performativo y lo musical se entrelazan para definir la banda sonora de nuestro tiempo. Addison Rae, quien saltó de las RRSS a los escenarios masivos, encarna la nueva generación que transforma el fenómeno viral en presencia escénica firme y carismática; su estilo mezcla melodías pegadizas, como en las canciones “Diet Pepsi” o “Headsphones on”, con una capacidad natural para conectar con audiencias cada vez más globales. Por otro lado, PinkPantheress ofrece una propuesta más íntima y experimental, un bedroom pop que combina drum & bass con una melancolía nostálgica, convirtiéndose en la voz de esas emociones que circulan en la era digital con tacto y originalidad. Además de todas estas artistas, también resuenan nombres como Oklou, Men I Trust y Role Model. 

    Addison Rae - Addison – Crash Records
    PinkPantheress annuncia il remix di Fancy That - Radio Subasio

    Pero lo más interesante está debajo de la cabeza de cartel. Esa sensación de descubrir algo que, desde los márgenes, gobierna silenciosamente la escena global, impulsado por una urgencia creativa que rompe esquemas y redefine lo que entendemos como vanguardia hoy. Propuestas como Ethel Cain, que lleva el country a un territorio oscuro, casi confesional, o Kneecap, que mezcla hip hop con su activismo, y Amaarae, que reinterpreta el R&B con una mirada futurista, aportan profundidad y complejidad a esa amalgama creativa que caracteriza esta edición.

    Ethel Cain Is Done Trying to Control the Narrative

    Asimismo, durante las semanas previas al anuncio, circularon rumores sobre la posible presencia de Lorde en el cartel, alimentados por el hecho de que no figuraba ninguna fecha en España dentro de su gira internacional. La expectativa era máxima entre los fans y medios, que apostaban por una de las artistas más influyentes del pop contemporáneo como sorpresa del festival. Sin embargo, esa especulación terminó por desvanecerse cuando Lorde decidió finalmente sumarse a la programación de otro gran festival español, dejando al Primavera Sound con una ausencia notable, pero también con la sensación de que la conversación y las apuestas en torno a su cartel siguen siendo un espectáculo en sí mismo.

    Innovación y diversidad local

    En casa, la escena local brilla con fuerza. Artistas como Ralphie Choo, con su innovador pop electrónico que fusiona capas sonoras experimentales y ritmos modernos; Bad Gyal, quien ha revolucionado la música urbana española con su fusión de reggaetón, dancehall y una actitud desinhibida que la ha convertido en icono generacional; Rusowsky, cuya voz y su narrativa emotiva abren nuevos caminos en el pop alternativo; Guitarricadelafuente, que mantiene viva la tradición del folk mediterráneo mientras la reinventa con una sensibilidad contemporánea y una conexión especial con el público; y Depresión Sonora, que con su propuesta introspectiva y atmosférica da voz a las contradicciones y emociones de la juventud actual. Todos ellos no solo muestran que España es una pieza clave en el mapa musical, sino que forman parte fundamental del discurso plural y dinámico que define la esencia del Primavera Sound, un espacio donde se celebra la diversidad y la innovación. A estos nombres se suman también Barry B, Juicy BAE, Jimena Amarillo y VVV [Trippin’you], artistas los cuales aportan frescura y diversidad a la escena nacional.

    Barry B lleva la fiesta más salvaje a la Sala Copérnico de Madrid -
    GUITARRICADELAFUENTE en Les Arts València

    Iconografía barcelonesa

    Visualmente, este año, se ha apostado por utilizar símbolos muy barceloneses en el cartel como las anillas olímpicas y el panot que se pisa cada día, elementos que funcionan como un recordatorio tangible de comunidad y pertenencia. 

    Logo olímpico, diseño del póster e imagen de los juegos de Barcelona 1992
    El adoquín de Barcelona: esta es la historia detrás del icónico 'panot'

    En definitiva, Primavera Sound es, sobre todo, ese instante único en Barcelona donde la música se vuelve memoria y futuro al mismo tiempo, un espacio donde se celebra la diversidad, la innovación y la identidad sonora compartida, la cual trasciende épocas y estilos. Un escenario en constante transformación.

  • Ethel Cain en Madrid: una misa entre guitarras y lágrimas

    Ethel Cain en Madrid: una misa entre guitarras y lágrimas

    El pasado 8 de noviembre, Hayden Anhedönia, mejor conocida como Ethel Cain se presentó en el Teatro Eslava de Madrid, como parte de la gira de su disco Willougby Tucker, I Will Always Love You.

    Aterrizando en la capital española por primera vez en su carrera, fue una experiencia que muchos esperaban con ansias. Con una capacidad de 1.200 personas y todas las entradas vendidas en la preventa, el Teatro Eslava se quedó un poco pequeño para la cantante americana, sintiéndose como una vuelta a sus conciertos más tempranos, íntimos y cercanos sus fans.

    La noche comenzó con 9million, la banda de Matthew Tomasi, conocido por su trabajo como productor con Ethel Cain, sirviendo como un puente perfecto hacia su mundo. La banda tocó un set con un sonido rock, cercano al shoegaze y lo industrial, creando un ambiente con un tono introspectivo, pero animado.

    Anhedönia abrió con “Willoughby’s Theme”, una entrada cinematográfica que hizo emocionar al teatro entero. La secuencia de temas del nuevo álbum, “Janie”, “Fuck Me Eyes”, “Nettles” y “Dust Bowl”, marcó un inicio potente y atmosférico. Cada canción sirvió como un capítulo sobre la historia de amor trágica que sigue el disco. En vivo, su voz suena aún más desgarradora, con matices entre lo celestial y lo terrenal. Las transiciones entre canciones, especialmente “Willoughby’s Interlude”, controlan el tempo emocional, con pausas, silencios y ecos que mantenían al público suspendido.

    Hacia la mitad del set, cambió el tono para sumergirse en su proyecto más ambiental, “Perverts”, lanzado a principios de año. Con “Vacillator” y “Onanist”, el escenario se llenó de neblina, oscuridad y un sonido casi sacro. Fue el tramo más introspectivo del concierto, donde el público pasó del grito a la contemplación. Un momento casi intimidante, en el cual le cantó cara a cara a varios fans en primera fila, reafirmando que es una artista que entiende el directo como una experiencia sensorial completa, más que como un simple concierto.

    Tras ese paréntesis, el set regresó a su narrativa principal con “A Knock at the Door”, “Radio Towers” y “Tempest”. Aquí el público volvió a corear, pero una mezcla de nostalgia y comunión. “Tempest” fue especialmente emotiva, un clímax contenido donde la iluminación y la voz de Ethel se fundieron en un mismo crescendo. Su control del dramatismo, sin caer en lo teatral, fue impresionante.

    Al comenzar “Sun Bleached Flies” el Teatro Eslava se transformó. Las luces doradas bañaron el escenario mientras los fans cantaban cada palabra, muchos con lágrimas en los ojos. La cantante se mostró vulnerable, canalizando algo más grande que ella.

    Después del falso final, volvió para el encore con “Family Tree”, “Crush” y la icónica “American Teenager”, que cerró la noche con aplausos y saltos. Fue un momento de desahogo total tras toda la contención anterior.

    El concierto de Ethel Cain fue una experiencia espiritual disfrazada de pop. Está consiguió crear su propio universo dentro del teatro, donde la fe, la tragedia y el amor se cantaron con una voz angelical entre guitarras lentas y sonidos ambientales. Anhedönia vive sus canciones y las transmite con mucha emoción, explicando por qué su público la sigue con una devoción casi religiosa.

    Salir del Teatro Eslava esa noche fue como despertar de un sueño. Fue una experiencia trascendental que sirve como claro ejemplo a seguir en el directo. Una en el que el dolor y la belleza coexistieron, y en Anhedönia no solo se consolidó como una gran artista, sino también como una de las voces más impactantes de nuestra generación.

    Fotografía:  Marina Rodríguez, @marinistrumpet

  • Barry B conquista la primera Riviera de la gira Infancia Malcalibrada Tour.

    Barry B conquista la primera Riviera de la gira Infancia Malcalibrada Tour.

    El artista burgalés ofreció un concierto íntimo y contundente ante una sala repleta, acompañado por Gara Durán, Depresión Sonora y Candela Gómez en la primera de tres fechas soldout en la Riviera.

    Una sala entregada desde el primer minuto

    El pasado 7 de noviembre, La Riviera tembló. Barry B volvió a demostrar por qué es una de las voces más especiales del panorama musical español. Desde las nueve de la noche que empezó el concierto, el sitio ya estaba hasta arriba y se respiraba ese aire de nervios, como si todos supiéramos que algo bueno estaba a punto de pasar. Y vaya si pasó.

    Desde el principio, Barry se marcó un recorrido por todas las etapas de su carrera, mezclando sus canciones más conocidas con temas nuevos que reflejan lo mucho que ha crecido como artista. Con una luz tenue y una banda perfectamente sincronizada, consiguió crear un ambiente que pasaba de momentos introspectivos a otros de auténtica celebración.

    Colaboraciones que marcaron la noche

    No estuvo solo. La primera en subir al escenario fue Candela Gómez con su voz cálida, para un dueto junto a Barry en «Todo ese dolor». Luego llegó Gara Durán, con quien interpretó «El lago de mi pena», uno de los momentos más íntimos de la noche. Se notaba la conexión entre ellos, y fue imposible no emocionarse. Piel de gallina.

    Después apareció Depresión Sonora, con su toque post-punk y ese aura melancólica tan suya. Juntos tocaron «El efímero arte de perdonar», y aunque no sea una colaboración oficial, el público enloqueció. Muchos ya pedían una colaboración real entre ambos, y no sería ninguna locura.

    Entre canción y canción, Barry también nos regaló temas que ha hecho junto a otros grandes del momento, como Aitana o Ralphie Choo. La relación especial con Ralphie, por cierto, tiene historia: fueron compañeros de piso, algo que el propio Barry contó recientemente en una entrevista. Ahora todo encaja.

    Y si hablamos de energía… los pogos no faltaron. En las canciones más potentes, la gente se vino arriba sin pensárselo. Todo el mundo cantando y saltando al ritmo de Barry B.

    Primer cierre de tres, suma y sigue

    Para el cierre, Barry eligió dos de sus temas más conocidos: «Victoria», de su último trabajo Infancia mal calibrada , un himno a la superación, y «Yo creía que me había tocado Dios», la joya junto a Carolina Durante del álbum Chato. Con los móviles iluminando toda la sala, Barry se despidió entre los aplausos interminables de un público agradecido.

    La conexión con su banda fue impecable: cada tema sonaba aún mejor que en estudio. Cuando las luces se encendieron, todos compartíamos la misma sensación: la de haber vivido algo grande y especial.

    Porque lo de Barry B no fue solo un concierto. Fue una experiencia épica, honesta y emocional que nuestra generación necesitaba vivir en tiempos en los que propuestas así ya no surgen en los jóvenes. Su música no entiende de edades ni de orígenes, solo de goce y emoción.

    Fotografía: Helena Hernández

  • Rusowksy – El rey del bedroom pop español se corona en el Movistar Arena.

    Rusowksy – El rey del bedroom pop español se corona en el Movistar Arena.

    Por fin ha ocurrido. El chico de Fuenlabrada que producía canciones en su habitación con un portátil viejo y un micrófono barato durante la cuarentena ha llenado una arena, siendo el primero de su colectivo RUSIAIDK en hacerlo. Y no cualquiera, sino un Movistar Arena abarrotado con más de 15.000 personas vestidas de amarillo con el gorila de su último disco, el cual presentaba, Daisy.

    El triunfo de lo experimental

    Llevando lo experimental a un público más mainstream sin perder su esencia, fue una noche que se convirtió rápidamente en un manifiesto artístico, oda a la generación Z, homenaje a sus compañeros, punto de inflexión en la industria española y la indudable subida de liga de Rusowsky.

    Aparte de un espectáculo inolvidable (a pesar de fallos técnicos) ha sido prueba de que en España cada vez se apoyan más sonidos y movimientos que se salen del mainstream (por mucho que malibU se haya viralizado en TikTok), reuniendo a una generación Z de partes iguales cayetana, modernito y alternativo al igual que bastantes centennials también. Ha sido este apoyo y años de estar marinándose en el underground lo que le ha llevado a refinar su arte y del dormitorio al estrellato.

    Empezar el show con un primer plano selfie donde el humo del vaper se integra a la perfección con las máquinas de humo del escenario para dar la bienvenida a Ruso y su banda, marcó el tono de la noche: absurdo, hiperconsciente, digital y muy real. El escenario en sí creaba el contraste necesario con el maximalismo digital y performativo que planteaba, con un decorado minimalista que consistía de lámparas nacaradas y escalares blancas en las que Ruso y sus coristas y orquesta compuesto de 12 músicos, darían uno de los conciertos más inolvidables de ese mismo recinto. Percusiones, batería, guitarras, coristas, teclados (entre ellos su productor y amigo Drummie en los sintetizadores), salieron uniformados con un chándal blanco, un bob negro a lo Edna Mode y gafas de sol.

    Rusowsky entró pisando fuerte y no podría ser ni más ni menos que con su propio traje blanco cargado de pedrería que deletreaba “Daisy” por la parte de atrás, una peluca bob naranja y unas gafas de sol. La verdad es que no sabía muy bien si estaba viendo a Anna Wintour, soyunapringada, Willy Wonka, Raffaella Carrà o una mezcla de todos.

    El arranque fue bastante potente al dar el pistoletazo de salida al concierto con Johnny Glamour antes de pasar a versionar altagama a guitarra y voz, acompañado con las miles de linternas de los móviles, iluminando el recinto con un Rusowsky bastante coqueto hacia el final. Después de versionar su colaboración con saramalacara (que por desgracia no fue uno de los invitados), siguió ese romanticismo que puebla su discografía con 4 Daisy y SOPHIA, el cual  transformó en una bachata a ritmo tropical yendo un paso más allá de la versión que mostró en su Tiny Desk.

    En poco más de 20 minutos, Rusowsky había dejado claro que su música no entiende de géneros ni etiquetas y durante el concierto dejaría entender que lo suyo es más un collage sonoro donde caben tanto el techno, la cumbia y el drum’n’bass como el pop, el jungle o incluso el ska. Pasar del acústico al breakbeat sin aviso, como hizo con Pikito o de repente 99% rompiendo en ska fueron algunos ejemplos de esta diversidad sonora.

    Aunque Ruso protagonizó la noche, el espíritu de su colectivo RUSIAIDK estaba más vivo y presente que nunca. Tristán! subió a cantar Cell, el nombre de mori apareció proyectado en varias pantallas y Drummie lo acompaña con flauta travesera y teclados en la gira. Tampoco podía faltar su amigo y colaborador Ralphie Choo, quien salió varias veces para cantar GataBby Romeo y Valentino Rossi, con la que cerró la noche.

    Poco antes del desenlace, un video proyectaba escenas fragmentadas de todo el colectivo. Imágenes de viajes con los colegas, sesiones de estudio, abrazos y cumpliendo sueños juntos, fueron recordatorios constantes de que este proyecto siempre fue algo más grande que él y fue un bonito homenaje a la comunidad que ha impulsado su carrera. Tan bonito que ni el propio Rusowsky pudo contener las lágrimas.

    Brainrot y colaboraciones iconicas

    Tras precalentar al público en un microondas en la gran pantalla, nos dio una buena dosis de brainrot. Clips de gatitos, Britney Spears con cuchillos, gorilas generados con IA editados al puro estilo Windows Movie Maker con la base sinfónica de KINKI Fígaro. Estas referencias que solo quien esté chronically online entendería del todo, convirtieron el espectáculo en una conversación directa con su público: una generación que consume el mundo en formato meme. En el microondas también estaba precalentando un cambio de look a un chándal de lentejuelas doradas con el que volvió al escenario para traer una buena tralla de colaboraciones.

    Aunque Çantamarta no pudo estar para cantar Liit, sí que lo hizo Latin Mafia, viniendo desde México para deleitarnos con un buen neoroneo. El Movistar arena (sobre todo las cayetanas del publico) lo perdieron todo cuando salió La Zowi para cantar sukkKK!!  Pero, sin duda, las invitadas estrellas fueron las Ketchup cantando su Johnny Glamour esta vez juntos para luego poner a todos a hacer el Asereje. Iconico.

    El tramo final fue muy apoteósico: pink + pink su colaboración con Ravyn Lenae, malibU, Dolores y Valentino junto a Ralphie que convirtió el recinto en una rave intergeneracional con varios pogos formándose en la pista mientras que Ruso lanzaba camisetas con un lanzador.

    Así se despedía tras 2 horas y 40 minutos de concierto que por momentos fue íntimo, por momentos una fiesta, y siempre, siempre, honesto. Rusowsky y RUSIAIDK siguen abriendo nuevos frentes, jugando con la música y los géneros. Este mismo  concierto y su discografía son el ejemplo más vivo de que se puede llenar arenas con un pop sin prejuicios, digital y a la vez emocional, irónico pero muy profundo y experimental.

    Entretejer capas de bachata y merengue con bajos electrónicos, jungle, ska, cumbia y otros géneros como si cada uno fuese una herramienta más, reflejaba también el disco que presentaba: Daisy. Al fin y al cabo, es una obra sincera, hecha desde la curiosidad y el riesgo, y es esa misma fusión de géneros que caracteriza su sello de identidad artística. Era el cierre perfecto para una noche que, más allá de su ejecución y de hacerse en el corazón de su ciudad, fue símbolo de la consolidación de una nueva forma de entender el pop y la música en general en nuestro país.

    En términos de su propio público: big slay, la cabra y aura infinita.

  • Dano clausura su era “Nuevos Trapos” con una oda al hip-hop en La Riviera

    Dano clausura su era “Nuevos Trapos” con una oda al hip-hop en La Riviera

    La Riviera, templo de la música en la aorta de la capital, acoge por segunda vez a uno de los
    artistas más notorios del rap en español. Laureado por grandes compañeros de oficio y
    respetado por miles de “hiphop-heads”, Dano ha logrado tejer un vínculo generacional entre
    adultos y jóvenes.

    Su repertorio de referencias aborda desde Gil Scott-Heron hasta TikTok, lo que ha acercado su música a gente muy distinta, solo hacía falta pasearse por la puerta de la sala. De chavales con la equipación del Inter de Milán a padres con sus hijos llevando merchandising de RapSolo. El ambiente era variado pero se sentía como una pequeña comuna de fanáticos del MPC y la ropa de Nautica.

    El escenario se sentía sobrio, sin ornamentos ni escenografía muy notoria. En lo personal no me preocupó; ya he visto varias veces a Dano y no ha necesitado visuales impactantes o llenar el escenario con cartón piedra para remarcar su actuación. Borirock, el rapero de Boston, sorprendió sabiendo afianzarse en un escenario muy extenso con un público desconocido para él.

    El papel del telonero es complicado, pero también es un foco de exposición que puede abrirte a un público que no te habría descubierto de otra manera. Por suerte, el bueno de Bori supo poner sus cartas en la mesa y encandilar a un público que no dudaba en tenderle la mano. Me hizo buscar su perfil en Youtube para escucharle en un futuro, y considero que no hay mejor desenlace que ese para un telonero.

    Fotografía @gtripodo

    La llegada del argentino era inminente, ya se palpaba en el ambiente (escribir sobre Dano me fuerza a crear pareados, pido disculpas).

    Con la llegada del inmortal Dj Swet y el contacto de la aguja con el vinilo se dio el pistoletazo de salida al concierto.

    Sonaba Magic Vac, el tema con el que abre su último disco Nuevos Trapos. El “drumless” que ya se siente uno de los hitos de la carrera del rapero resultó ser la manera perfecta de abrir el bolo. Fue con la salida de Dano que recordé por qué la gente viene a verle una y otra vez: vestido como siempre (esa camisa de Casino atemporal y su gorra habitual) pero con ese caminar y actitud de alguien que ya ha pisado decenas de escenarios. Entiende perfectamente cuándo interactuar con el público, qué descansos tomar y cómo reconocer a todos los artistas que pasaron por el escenario.

    Fotografía @gtripodo

    Y es que aquello fue una fiesta del rap y un recordatorio para todos de que es un género que nunca desaparecerá. Desde artistas ya asentados como Johnny Doc con su Vividor  hasta cantantes emergentes que están comenzando a despegar como Lua De Santana, quien salió para deleitarnos con su verso en Notorio. A destacar entre las colaboraciones la aparición del estelar Escandaloso Expósito, quien ya se siente un cameo necesario en todos los conciertos de Dano. Con su saxofón pintó la sala de sensualidad y elegancia como solo él puede. La presencia de DJ Swet siempre acentúa el concierto y te hace sentir dentro de una fiesta de rap en Queens. Su maestría sobre los platos y el talento para transicionar entre canciones hizo que me quedase embobado mirando al fondo del escenario.

    En el concierto hubieron “nuevos trapos”, pero no faltaron sus greatest hits: desde joyas de Istmo como Lenguaje Roto de la mano de Israel B o De la Mano, quizás el momento más especial de la noche en el que Dano desempolvó la MPC de Lex Luthorz y logró que el público participase como si fuese un botón más de la máquina. De su última mixtape, El Hombre Hace Planes Dios se Ríe, cantó la que considero que es de sus canciones más célebres, Con Billetes. Fue uno de los momentos del bolo en el que más cercano sentí al público.

    Fotografía @gtripodo

    El final fue algo agridulce (así me lo describió un chico a la salida de la sala), debido a un parón algo anticlimático en los últimos minutos. Cuando volvieron a lo que parecía un último tema (el público llevaba un largo rato coreando “otra, otra”), Dano sorprendió a toda La Riviera con un acto final con instrumentos en directo (Hoss Benítez a la batería y Dj Swet a los platos), una versión más movida de Gold Chains y la presencia del inigualable Escandaloso Expósito para cerrar con Gaviotas.

    Dano sigue abriendo nuevos frentes, jugando con la música y peleando contra el paso del tiempo y la brecha generacional en el rap, cada vez más presente. Sus conciertos y su discografía son el ejemplo más vivo de que el hip-hop es una herramienta, un sello cultural que sigue latente en los corazones de jubilados y niños, la música que lleva acompañándonos a muchos desde que nacimos. Esperemos que, en un futuro no muy lejano, podamos volver a verle pasearse por tarimas como solo él sabe.

    Fotografía @gtripodo