Rusowksy – El rey del bedroom pop español se corona en el Movistar Arena.

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Por fin ha ocurrido. El chico de Fuenlabrada que producía canciones en su habitación con un portátil viejo y un micrófono barato durante la cuarentena ha llenado una arena, siendo el primero de su colectivo RUSIAIDK en hacerlo. Y no cualquiera, sino un Movistar Arena abarrotado con más de 15.000 personas vestidas de amarillo con el gorila de su último disco, el cual presentaba, Daisy.

El triunfo de lo experimental

Llevando lo experimental a un público más mainstream sin perder su esencia, fue una noche que se convirtió rápidamente en un manifiesto artístico, oda a la generación Z, homenaje a sus compañeros, punto de inflexión en la industria española y la indudable subida de liga de Rusowsky.

Aparte de un espectáculo inolvidable (a pesar de fallos técnicos) ha sido prueba de que en España cada vez se apoyan más sonidos y movimientos que se salen del mainstream (por mucho que malibU se haya viralizado en TikTok), reuniendo a una generación Z de partes iguales cayetana, modernito y alternativo al igual que bastantes centennials también. Ha sido este apoyo y años de estar marinándose en el underground lo que le ha llevado a refinar su arte y del dormitorio al estrellato.

Empezar el show con un primer plano selfie donde el humo del vaper se integra a la perfección con las máquinas de humo del escenario para dar la bienvenida a Ruso y su banda, marcó el tono de la noche: absurdo, hiperconsciente, digital y muy real. El escenario en sí creaba el contraste necesario con el maximalismo digital y performativo que planteaba, con un decorado minimalista que consistía de lámparas nacaradas y escalares blancas en las que Ruso y sus coristas y orquesta compuesto de 12 músicos, darían uno de los conciertos más inolvidables de ese mismo recinto. Percusiones, batería, guitarras, coristas, teclados (entre ellos su productor y amigo Drummie en los sintetizadores), salieron uniformados con un chándal blanco, un bob negro a lo Edna Mode y gafas de sol.

Rusowsky entró pisando fuerte y no podría ser ni más ni menos que con su propio traje blanco cargado de pedrería que deletreaba “Daisy” por la parte de atrás, una peluca bob naranja y unas gafas de sol. La verdad es que no sabía muy bien si estaba viendo a Anna Wintour, soyunapringada, Willy Wonka, Raffaella Carrà o una mezcla de todos.

El arranque fue bastante potente al dar el pistoletazo de salida al concierto con Johnny Glamour antes de pasar a versionar altagama a guitarra y voz, acompañado con las miles de linternas de los móviles, iluminando el recinto con un Rusowsky bastante coqueto hacia el final. Después de versionar su colaboración con saramalacara (que por desgracia no fue uno de los invitados), siguió ese romanticismo que puebla su discografía con 4 Daisy y SOPHIA, el cual  transformó en una bachata a ritmo tropical yendo un paso más allá de la versión que mostró en su Tiny Desk.

En poco más de 20 minutos, Rusowsky había dejado claro que su música no entiende de géneros ni etiquetas y durante el concierto dejaría entender que lo suyo es más un collage sonoro donde caben tanto el techno, la cumbia y el drum’n’bass como el pop, el jungle o incluso el ska. Pasar del acústico al breakbeat sin aviso, como hizo con Pikito o de repente 99% rompiendo en ska fueron algunos ejemplos de esta diversidad sonora.

Aunque Ruso protagonizó la noche, el espíritu de su colectivo RUSIAIDK estaba más vivo y presente que nunca. Tristán! subió a cantar Cell, el nombre de mori apareció proyectado en varias pantallas y Drummie lo acompaña con flauta travesera y teclados en la gira. Tampoco podía faltar su amigo y colaborador Ralphie Choo, quien salió varias veces para cantar GataBby Romeo y Valentino Rossi, con la que cerró la noche.

Poco antes del desenlace, un video proyectaba escenas fragmentadas de todo el colectivo. Imágenes de viajes con los colegas, sesiones de estudio, abrazos y cumpliendo sueños juntos, fueron recordatorios constantes de que este proyecto siempre fue algo más grande que él y fue un bonito homenaje a la comunidad que ha impulsado su carrera. Tan bonito que ni el propio Rusowsky pudo contener las lágrimas.

Brainrot y colaboraciones iconicas

Tras precalentar al público en un microondas en la gran pantalla, nos dio una buena dosis de brainrot. Clips de gatitos, Britney Spears con cuchillos, gorilas generados con IA editados al puro estilo Windows Movie Maker con la base sinfónica de KINKI Fígaro. Estas referencias que solo quien esté chronically online entendería del todo, convirtieron el espectáculo en una conversación directa con su público: una generación que consume el mundo en formato meme. En el microondas también estaba precalentando un cambio de look a un chándal de lentejuelas doradas con el que volvió al escenario para traer una buena tralla de colaboraciones.

Aunque Çantamarta no pudo estar para cantar Liit, sí que lo hizo Latin Mafia, viniendo desde México para deleitarnos con un buen neoroneo. El Movistar arena (sobre todo las cayetanas del publico) lo perdieron todo cuando salió La Zowi para cantar sukkKK!!  Pero, sin duda, las invitadas estrellas fueron las Ketchup cantando su Johnny Glamour esta vez juntos para luego poner a todos a hacer el Asereje. Iconico.

El tramo final fue muy apoteósico: pink + pink su colaboración con Ravyn Lenae, malibU, Dolores y Valentino junto a Ralphie que convirtió el recinto en una rave intergeneracional con varios pogos formándose en la pista mientras que Ruso lanzaba camisetas con un lanzador.

Así se despedía tras 2 horas y 40 minutos de concierto que por momentos fue íntimo, por momentos una fiesta, y siempre, siempre, honesto. Rusowsky y RUSIAIDK siguen abriendo nuevos frentes, jugando con la música y los géneros. Este mismo  concierto y su discografía son el ejemplo más vivo de que se puede llenar arenas con un pop sin prejuicios, digital y a la vez emocional, irónico pero muy profundo y experimental.

Entretejer capas de bachata y merengue con bajos electrónicos, jungle, ska, cumbia y otros géneros como si cada uno fuese una herramienta más, reflejaba también el disco que presentaba: Daisy. Al fin y al cabo, es una obra sincera, hecha desde la curiosidad y el riesgo, y es esa misma fusión de géneros que caracteriza su sello de identidad artística. Era el cierre perfecto para una noche que, más allá de su ejecución y de hacerse en el corazón de su ciudad, fue símbolo de la consolidación de una nueva forma de entender el pop y la música en general en nuestro país.

En términos de su propio público: big slay, la cabra y aura infinita.