El pasado 18 de febrero Dillom comenzó el último tramo de su gira Por Cesárea: Irreversible en Madrid.
El artista argentino de 25 años, se ha proclamado como uno de los artistas más importantes de la música latina contemporánea. Desde su debut, Post Mortem, se ha transformado, ha cruzado audiencias y ha experimentado con géneros hasta conseguir su punto clave. Por Cesárea es muestra de esto, y la gira de ya casi dos años que acompaña a este disco lo consolida.
Hay algo poético en ver cómo un escenario se le queda pequeño a un artista para, dos años después, devorar uno con más del doble de capacidad. Si en 2024 Dillom congregaba en Madrid a alrededor de mil personas en la Sala But, en 2026 demostró que su fenómeno no conoce techo tocando en La Riviera, abarrotada hasta su límite de 2.500 personas.
Fotografía por Alejandro Mora
Desde horas antes de la apertura de puertas, los expatriados argentinos convirtieron la zona en una sucursal de Buenos Aires. El concierto no era solo una presentación musical, sino que era un punto de encuentro, una olla a presión esperando estallar.
Cuando las luces se apagaron e «(Irreversible)» comenzó a sonar, la locura fue instantánea. Dillom saltó al escenario con «Coyote», seguida de «Piso 13». No hizo falta más para que el centro de La Riviera se partiera en dos, inaugurando el primero de incontables pogos (o moshpits) que no pararían en toda la noche. El concierto siguió con momentos de más introspección y teatralidad, pero igual de energéticos, con “Mi peor enemigo”, «Ola de suicidios» y «Rojo profundo».
Dillom sabe cómo manejar a su público dirigiendo el caos con una de las audiencias más dedicadas que he vivido. Este espíritu rock es lo que lo aleja de los estereotipos clásicos del artista urbano, estallando esta energía con canciones como su colaboración con Pussy Riot y un cover de “Chinese Rocks» de The Heartbreakers, dejando claro sus raíces musicales.
Fotografía por Alejandro Mora
El tramo final del concierto fue una gran exhibición de su versatilidad y evolución. Desde el clásico «220» hasta «Ciudad de la paz», «Amigos nuevos» y “Reiki y yoga”, el público acompañó al argentino en un descenso emocional que preparaba el terreno para el gran cierre a manos de «Buenos tiempos”, un clímax de intensidad emocional y más pogos. Tras salir del escenario, “My Way” de Frank Sinatra despidió al público lleno de adrenalina, con calma y un momento casi cinemático.
En una conversación que tuve con Dillom en 2024, cuando entonces empezaba la gira en España, confesaba que venía con «cero expectativas» para no decepcionarse. Lo que se vivió este 18 de febrero y semana posterior, fue la respuesta definitiva en fin de gira de un público que ya no solo lo conoce, sino que lo venera como el icono en el que se ha convertido.
El salto a recintos masivos como el Movistar Arena (antiguo WiZink Center), siempre es un arma de doble filo para los artistas nacidos en la fragilidad del bedroom pop. Sin embargo, Juan Casado Fisac, o mejor conocido como Ralphie Choo, demostró el pasado viernes 20 de febrero que su universo no sigue medidas convencionales. Su debut de arena supuso una gran apuesta que llevo a la catarsis colectiva marcada por la honestidad más pura.
La noche venía con una expectativa enorme, anunciada como la presentación de su anticipado segundo disco tras el éxito de SUPERNOVA. Pero la realidad era que el álbum no estaba listo. En lugar de esconderse, Ralphie mostró vulnerabilidad antes miles de personas: «Os animo a que falléis una y otra vez… Os invito a que no sobrepenséis las cosas y que las hagáis con naturalidad. Fallad mucho». El concierto se sintió muy lejos del fracaso y una confesión se convirtió en una sinceridad desarmante, transformando la noche en el triunfo absoluto de un artista que sigue evolucionando y creciendo ante su audiencia.
El concierto arrancó con «PIRRI», el primer adelanto de esta nueva era. Ralphie irrumpió en escena en un mono rojo, acompañado de un potente elenco de músicos, incluido Juan Arance y DRUMMIE. Inmediatamente, se sabía que sería una experiencia totalmente sensorial.
A pesar de algunos fallos técnicos, especialmente durante «TANGOS DE UNA MOTO TRUCADA» y “TOTAL90NOSTALGIA”, todo quedó rápidamente en anécdota. Fueron aspectos que sumaron a la naturaleza orgánica del show, y la versatilidad, en casos hasta esquizofrénica, de Ralphie, oscilando del romanticismo acústico a lo hardcore en segundos. Así como hizo su compañero y colaborador rusowsky el pasado septiembre, el madrileño logró juntar bajo un mismo techo a una mezcla de modernos de la ciudad y amantes del perreo más duro.
En un momento ambicioso, como homenaje, y porque le «apetecía cantar un poquito», versionó “At Your Best (You Are Love)” de Aaliyah, que recordó a Frank Ocean (versionada en su álbum Endless) y su mítico tour de 2017. Ralphie no le tiene miedo a mostrar sus inspiraciones en sus presentaciones, no desde la imitación, pero desde la admiración y el reconocimiento.
Las joyas del aclamado SUPERNOVA brillaron con una luz distinta a la de la gira anterior. Todo se sintió más refinado y fresco. También cantó un par canciones inéditas de su nuevo disco, con aires a Mk.gee, Frank Ocean (posterior a Blonde), Oklou, y algunos toques latinos como Latin Mafia.
Crípticamente anunció el nombre del próximo disco, ya previamente insinuado en el teaser de “PIRRI”. El título: CHARMAIN, mostrado lentamente en las pantallas, antes de salir con un nuevo outfit amarillo, las zapatillas de Le Toy Factory y aún más energía. Un disco que, aunque no terminado, podemos asumir que contará con «ROCCO» y «TENTACIÓN», las cuales debutando en vivo, adquirieron un cuerpo hasta trascendental, sonando muchísimo más gigantes que en sus versiones de estudio, respaldadas por una escenografía de luces y visuales minimalistas que daban una atmósfera cinematográfica al recinto.
Los momentos de mayor éxtasis, como no podía ser de otra forma, llegaron junto a la familia de Rusia IDK. La aparición de Morí para cantar su colaboración “WCID?”, y posteriormente de rusowsky para interpretar “BBY ROMEO” y “GATA”. “BBY ROMEO” fue un momento particular en el que hicieron estallar el aura presente con sentimientos de nostalgia y amor puro.
El concierto siguió con su colaboración con Rosalia, “OMEGA”, que el público gritó cada segundo, y las clásicas “VOYCONTODO” y “MÁQUINA CULONA” que supusieron de los momentos más memorables de la noche. Decidió cerrar la noche con canciones familiares, y antiguas de su discografía como “lamento de una supernova” y «Dolores» junto a Rusowsky. Un cierre que se sintió muy full circle, desatando la locura cuando reapareció en escena, con su banda y compañeros de Rusia IDK para cantar «VALENTINO», convirtiendo el Movistar Arena en un pogo masivo y eterno.
A pesar de algunos contratiempos, como el retraso del disco, algunos fallos de sonido, y un setlist tan familiarizado, fue un debut de arena impresionante que se recordará en su carrera en años adelante.
Fue el primer Movistar Arena de muchos que vendrán y una apuesta que confirmó una cosa: con el disco terminado o no, el talento y la ambición de Ralphie Choo sigue expandiéndose de forma innegable.
La Boca del Lobo, el último trabajo de Carlos Ares, es una pintura rupestre en forma de melodía. El pino mojado, las cabañas de barro, las cuevas y sus estalactitas. Se siente como descubrir unos dibujos milenarios en medio de un páramo. Su paisaje sonoro, para quienes no nos podemos considerar connoisseurs del folk, nos pilló desprevenidos. Tuvimos que dejar a un lado sonidos más artificiales y robóticos para reconectar con lo primitivo de este arte. Cencerros, cacerolas, guitarras y, ¿un saxofón? Carlos Ares nos tiende la mano para llevarnos de ruta por la montaña y el patrimonio galaico en una de sus tres fechas agotadas en la capital.
Como si fuésemos al Teatro Nacional, el escenario de La Riviera estaba tapado cuando entramos al recinto. Cualquier cosa nos podíamos esperar de uno de los artistas más célebres del indie español. La gente abarataba la barra de la sala, cogían un sitio para poder bailar sin chocarse y tanteaban si llevarse algo del merchandising para casa. En conciertos con público más adulto de lo que habituamos tiendo a observar más mi alrededor. Es revitalizador darte cuenta que hay vida más allá de la juventud. Quizás ese es uno de los puntos más favorables que asocio a Carlos Ares: lograr que mis padres y yo nos encontremos en un concierto.
La música que actuaba como preludio del gran acto era original: el cantautor había preparado música de manera extraordinaria para que la gente fuese aclimatándose. Cuando cesaron las instrumentales y se corrió el telón, una gran cabaña prehistórica se cierne sobre el público. Alrededor de ella, numerosos instrumentos y artilugios improvisados que aportan atmósfera. Un mecanismo de cuerdas y poleas sostiene unos cencerros que se acabarán usando brevemente durante el concierto, lo cual me dio bastante pena. De pronto, de la cabaña emergió una banda que saludó al público como si de una obra de teatro se tratase. Carlos Ares fue el último en salir de aquella casucha, dando comienzo a un concierto que hipnotizó a todos los asistentes.
Los acordes de Días de Perros abrieron la noche, revolucionando al público y poniendo a prueba las rodillas de toda la sala. Sin parar a descansar, las guitarras transicionaron a Aquí Todavía, de su primer LP Peregrino. Fue un inicio marcado por saltos, cánticos y un repertorio de canciones que todo el mundo se sabía. Es por ello que, al entrar en un segundo acto algo más calmado, se sentía como si el ritmo hubiese dado un volantazo del que luego fue complicado recomponerse. Con esto me refiero a un setlist más calmado, más folk que rock, que hizo que los asistentes perdiesen ligeramente el hilo. Si a esto le sumas una acústica que dejó que desear, hubieron pasajes agridulces que no llegaban a estar a la altura de la euforia colectiva que se sufrió con los temas más populares.
Créditos: BMG
Fue en un interludio que logró bajar las revoluciones y acercarnos al cantante que el concierto volvió a alcanzar las expectativas que tenía. El escenario tornó a un minimalismo que nos permitió tener un momento íntimo con Carlos Ares. Los saltos al son de guitarras y lo estrambótico de la puesta en escena pasaron a ser un número de butacas y una luz tenue. Los miembros de la banda iluminaron la sala con Importante y Collar, dos de los fragmentos más memorables del disco. El público mandaba callar, dejando que las cuerdas y la voz del cantante inundasen La Riviera. Fue el momento más bonito y sentido del concierto. Los destellos instrumentales favorecían a una voz que no podía hacerlo todo sola.
Créditos: BMG
Para dar cierre al concierto, Carlos Ares recurrió a clásicos de su repertorio como Rocíos y Peregrino para ponerle broche de oro a una de sus tres grandes noches en Madrid. Para su última canción, la banda sorprendió con un saxofón que acentuó Peregrino, logrando traer una versión exclusiva para conciertos que sonó de maravilla. Después de agradecer al público y la banda por su exquisita labor, Carlos Ares nos concedió Páramo en forma de bis.
La cabaña volvió a tomar relevancia cuando todos los integrantes de la banda se adentraron en ella, no sin echar un último vistazo a un público que les despedía con aplausos y gritos. Entraron en la cabaña, lo cual me parece significativo y vital para entender el propósito de su música: Carlos Ares no trata de salir de su cabaña, sino que nos invita a entrar en ella. Invitación que nunca podremos rechazar.
El pasado 8 de noviembre, Hayden Anhedönia, mejor conocida como Ethel Cain se presentó en el Teatro Eslava de Madrid, como parte de la gira de su disco Willougby Tucker, I Will Always Love You.
Aterrizando en la capital española por primera vez en su carrera, fue una experiencia que muchos esperaban con ansias. Con una capacidad de 1.200 personas y todas las entradas vendidas en la preventa, el Teatro Eslava se quedó un poco pequeño para la cantante americana, sintiéndose como una vuelta a sus conciertos más tempranos, íntimos y cercanos sus fans.
La noche comenzó con 9million, la banda de Matthew Tomasi, conocido por su trabajo como productor con Ethel Cain, sirviendo como un puente perfecto hacia su mundo. La banda tocó un set con un sonido rock, cercano al shoegaze y lo industrial, creando un ambiente con un tono introspectivo, pero animado.
Anhedönia abrió con “Willoughby’s Theme”, una entrada cinematográfica que hizo emocionar al teatro entero. La secuencia de temas del nuevo álbum, “Janie”, “Fuck Me Eyes”, “Nettles” y “Dust Bowl”, marcó un inicio potente y atmosférico. Cada canción sirvió como un capítulo sobre la historia de amor trágica que sigue el disco. En vivo, su voz suena aún más desgarradora, con matices entre lo celestial y lo terrenal. Las transiciones entre canciones, especialmente “Willoughby’s Interlude”, controlan el tempo emocional, con pausas, silencios y ecos que mantenían al público suspendido.
Hacia la mitad del set, cambió el tono para sumergirse en su proyecto más ambiental, “Perverts”, lanzado a principios de año. Con “Vacillator” y “Onanist”, el escenario se llenó de neblina, oscuridad y un sonido casi sacro. Fue el tramo más introspectivo del concierto, donde el público pasó del grito a la contemplación. Un momento casi intimidante, en el cual le cantó cara a cara a varios fans en primera fila, reafirmando que es una artista que entiende el directo como una experiencia sensorial completa, más que como un simple concierto.
Tras ese paréntesis, el set regresó a su narrativa principal con “A Knock at the Door”, “Radio Towers” y “Tempest”. Aquí el público volvió a corear, pero una mezcla de nostalgia y comunión. “Tempest” fue especialmente emotiva, un clímax contenido donde la iluminación y la voz de Ethel se fundieron en un mismo crescendo. Su control del dramatismo, sin caer en lo teatral, fue impresionante.
Al comenzar “Sun Bleached Flies” el Teatro Eslava se transformó. Las luces doradas bañaron el escenario mientras los fans cantaban cada palabra, muchos con lágrimas en los ojos. La cantante se mostró vulnerable, canalizando algo más grande que ella.
Después del falso final, volvió para el encore con “Family Tree”, “Crush” y la icónica “American Teenager”, que cerró la noche con aplausos y saltos. Fue un momento de desahogo total tras toda la contención anterior.
El concierto de Ethel Cain fue una experiencia espiritual disfrazada de pop. Está consiguió crear su propio universo dentro del teatro, donde la fe, la tragedia y el amor se cantaron con una voz angelical entre guitarras lentas y sonidos ambientales. Anhedönia vive sus canciones y las transmite con mucha emoción, explicando por qué su público la sigue con una devoción casi religiosa.
Salir del Teatro Eslava esa noche fue como despertar de un sueño. Fue una experiencia trascendental que sirve como claro ejemplo a seguir en el directo. Una en el que el dolor y la belleza coexistieron, y en Anhedönia no solo se consolidó como una gran artista, sino también como una de las voces más impactantes de nuestra generación.
El Buick Regal Grand National es un coche de la marca General Motors protagonista de algunos de los momentos más históricos de la historia estadounidense. El nombre de este automóvil se debe a Darrel Waltrip, bicampeón del campeonato Grand National de la NASCAR. También es el nombre de la histórica gira de Kendrick Lamar y SZA, que ha sido catalogada como la más taquillera de la historia. Cómo no, nosotros estuvimos ahí para contároslo.
El pasado 30 de julio, Barcelona se preparaba para vivir una cita histórica, pues Kendrick Lamar y SZA tenían preparados una noche inolvidable para las más de 48.000 personas que albergaría el Estadio Olímpico Lluís Companys, ubicado en Montjuic.
En nuestra subida al estadio, que nos tomaría unos 30 minutos desde Plaza de España, una odisea de fanes con entrada en pista corrían para poder convertirse en alguno de afortunados en ver a K.Dot y a SZA lo más cerca posible, pues las posiciones más adelantadas se cotizaban caras, y es que a falta de 3 horas para la apertura de puertas, la cola casi envolvía el estadio.
5:00 PM. Tras unas cuantas horas de calor sofocante y un par de botellas de agua entre pecho y espalda, las puertas abrían. Una marabunta de fanes corrían a adjudicarse una plaza óptima para presenciar historia en directo. Obviamente, yo no iba a ser menos, pues logré posicionarme a dos pasitos del escenario. Unas cuantas horas más tarde comenzaría el calentamiento.
A las 7:15 PM, Mustard se encargaría de poner el ambiente a tono. Con «Pure Water», daba comienzo a un DJ Set más que sobresaliente, que lograba hacer saltar, gritar y bailar a la muchedumbre con temas como «Get It Sexyy» de Sexyy Red, «Titi Me Preguntó» de Bad Bunny o «Don’t Like.1» de Pusha T, Ye y Chief Keef. Tampoco faltaron temas icónicos del californiano como «I Don’t Fuck With You» de Big Sean o «Show Me» de Kid Ink y Chris Brown.
Ya puestos a puntos, llegaba la hora del verdadero show. Una cinemática que mostraba un Buick Grand National Regal GNX del 1987 con las revoluciones altísimas. Se hizo el silencio, pero este no dura mucho pues, como si de una voz se tratara, todo el estadio cantaba la introducción de «wacced out murals», interpretada por Deyra Barrera. El coche de la cinemática hacía presencia en el escenario en medio del humo, alterando el corazón de más de uno. A la que rompe la canción, Kendrick sale por la puerta del conductor, haciendo que el estadio se caiga abajo. Tras los aplausos del público y la desaparición del Buick, le seguirían temas como «squabble up», «King Kunta», «ELEMENT.» y «tv off», este último sin contar con la segunda parte del tema.
Una vez finalizada esta introducción de infarto, se nos muestra una cinemática que daría introducción al segundo acto, donde volvería a aparecer el coche, esta vez cubierto de hojas y con SZA sentada sobre el capó. Tras cantar «30 for 30», SZA interpretó tres temazos como son «Love Galore», «Broken Clocks» y «The Weekend».
Tras estos dos actos, SZA y Kendrick se turnarían hasta siete veces más para completar un set de 52 canciones.
En el tercer acto, Kendrick decidió tomar la vía de la adrenalina. «Backseat Freestyle», «HUMBLE», «euphoria» o «Alright» pondrían a todo el estadio a saltar como si de un parque de trampolines se tratara, aunque el momento clave fue cuando sonó «family ties», el tema junto a Baby Keem. El estadio se convirtió en un autentico tsunami en el que olas de fanes azotaban la valla de seguridad a los gritos del verso de Baby Keem, formando imágenes que se han vuelto súper virales.
«man at the garden» daba cierre a esta enérgica parte de Kendrick y nos sumergía de nuevo en la fauna y flora que envuelve a SZA. Con temas como «Scorsese Baby Daddy», «F2F» o «Low» conseguía cautivar al público mientras la artista vivía un proceso de metamorfosis en directo, acompañada por unas visuales de lo más inmersivas.
De nuevo, ambos artistas coexistían en el escenario para ejecutar una de las más bonitas escenas de la noche. Dos enormes plataformas acercaban a los americanos a las estrellas para interpretar «All The Stars», consiguiendo que los flashes de los teléfonos del público se convirtieran en una constelación que nada tiene que envidiar a la Vía Lactea.
Pasado el ecuador, Kendrick volvería a tomar el control del escenario en la que, para mí, fue una de las mejores partes del concierto; tanto que hasta me quedé sin voz. «Like That» encendió el estadio, «DNA» levantó a la gente de las gradas de sus asientos, «GOOD CREDIT» abrió las puertas del mismísimo manicomio y «Count Me Out» hizo que a más de uno se le saltara una lagrimilla; una montaña rusa de emociones. Además, «Good Kid Maad City» daba cierre al acto con «Bitch, Don’t Kill My Vibe», «Money Trees» y «Poetic Justice».
Nos dirigimos a la parte final de esta velada histórica. Para este séptimo acto, SZA realizaría su última aparición en solitario de la noche con sus temas más conocidos. Con «Snooze», «Kill Bill», «Good Days», «Open Arms» y «Nobody Gets Me», el corazón de más de uno se ablandaba y los sentimientos salían a flor de piel, yendo en consonancia con la florida escenografía escogida por la cantante de Missouri. Con «Kiss Me More» y «Rich Baby Daddy», SZA cerraba su acto poniendo a mover el culo a todo el allí presente, siendo así un broche bestial para su actuación en solitario.
Para el octavo acto, llegaba el momento que más de uno estaba esperando. Como si de un ejercito de espartanos se tratara, con cuchillo en boca y sed de sangre en las venas, 48.001 personas se disponían a vociferar el himno de una batalla que cierto canadiense no querría volver a vivir. «Not Like Us», el diss track que cuenta con un billón y medio de reproducciones en Spotify, hacía retumbar la capital catalana, haciendo papeletas para que el canadiense se reafirme más en no pisar España.
Y tras la tormenta, llega la calma. «luther» y «gloria» reuniría por última vez sobre el escenario del Lluís Companys a ambos artistas, que recibirían una enorme ovación por parte de un público más que entregado. Con un «te amo» de SZA en un casi perfecto español, los artistas se montaban en el coche y desaparecían del escenario, poniendo rumbo a su próxima fecha sobre el continente europeo.
Nada más salir del concierto tuve dos cosas claras: que lo que había vivido aquella tarde era una cita irrepetible que quedará para siempre guardada en mi retina y que, junto al concierto de Travis Scott, era de los mejores conciertos a los que he asistido; no solo por los artistas que daban el concierto, sino por la energía transmitida tanto por parte del público como por parte de elementos externos a la propia figura de los artistas. Y esa energía no solo la sentí yo, pues no fueron necesarias muchas horas para que esta se transmitiera a demás países.
Creo que siempre volvemos al mismo dilema, pero creo que esta cita ha sido un golpe sobre la mesa a nivel internacional. La energía que entregaba el público de España era sobrenatural, muy cercana a la de cualquier show celebrado en Estados Unidos, y esta era intercambiada sin pérdida alguna por parte de ambos artistas. Este concierto es esa señal de humo que necesitan los artistas extranjeros para dar conciertos de tal magnitud sobre suelo español. Kendrick y SZA no solo han venido a España a escribir un capítulo histórico en el libro de artistas que han pasado por nuestro país, han venido a dar a conocer al mundo que los españoles estamos ansiosos por más eventos de este tipo. Es el acelerón que necesitábamos, y no hay mejor acelerón que el que está en manos de pilotos experimentados.
Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, hace historia en la industria musical con su último álbum Debí Tirar Más Fotos (DTMF). Más allá de entretener a la audiencia con su ritmo y sazón caribeño, ofrece un manifiesto político y cultural que resuena desde los barrios más locales de Puerto Rico hasta escenarios europeos, y que próximamente resonará en el Estadio Riyadh Air Metropolitano de Madrid.
DTMF: Estrategia, arte y protesta
Este álbum es una carta de amor y de reclamo. Con un alto nivel de coherencia, desde sus letras hasta sus decisiones estratégicas, Bad Bunny plantea un mensaje claro: Puerto Rico no es un souvenir. Es una colonia.
Cover del álbum DTMF, Bad Bunny.
Una de las piezas clave para entender este discurso es el cortometraje promocional, también titulado Debí Tirar Más Fotos. Escrito y dirigido por Bad Bunny junto al cineasta puertorriqueño Arí Maniel Cruz Suárez, y protagonizado Jacobo Morales (quien representa al artista en el futuro), creando una obra multidisciplinaria, combinando arte, historia, activismo y ficción. Por medio del lamento de no haber tomado más fotos del pasado, invitando a abrazar el legado, valorar las raíces y proteger la memoria colectiva.
Además, cada canción del álbum viene acompañada de un visualizer tipo diapositiva, con textos elaborados junto al historiador Jorell Meléndez Badillo. En estos se introducen datos esenciales sobre la historia puertorriqueña: desde la colonización española, la anexión a EE. UU. y el Grito de Lares, hasta la fauna en peligro de extinción.
Una estrategia innovadora y muy interesante que convierte la música en una experiencia educativa y artística a la vez.
Cuando el ritmo educa
En canciones como NUEVAYoL donde el ritmo, energía y el piquete son esencia, una mezcla muy encantadora de reggaeton y dembow. La letra es una expresión de autoconfianza de su cultura en la diversidad de la Ciudad de Nueva York, dando honor a la música latina y a la gente. Aborda temas de emigración y de un nostálgico verano en la gran ciudad.
Otro gran ejemplo es LO QUE LE PASÓ A HAWAii, donde aborda temas de gentrificación y la pérdida de identidad cultural, comparando la situación de su isla natal con la de Hawái, ambas afectadas por la colonización y el turismo desmedido.
Mientras CAFé CON RON exalta el valor de la comunidad y la tradición musical, LA MuDANZA aborda con claridad la lucha por la identidad puertorriqueña. En ambas, Bad Bunny refuerza su compromiso con una narrativa que no solo entretiene, sino que educa y reivindica.
Video oficial de LA MuDANZA de Bad Bunny (2025).
Una gira mundial sin Estados Unidos
Una de las decisiones más simbólicas del artista ha sido excluir a Estados Unidos en el tour mundial Debí Tirar Más Fotos, que se extenderá entre finales de este año hasta el verano de 2026 por América Latina, Europa, Asia y Oceanía.
Bad Bunny ha sido claro en su posición hacia la política actual estadounidense y sobre el sistema de explotación histórico de Puerto Rico y Latinoamérica. Rechazar sus escenarios es una declaración de principios ideológicos. Y aunque no ha hecho explicaciones públicas, la coherencia entre sus letras y esta decisión es evidente. Su silencio es también parte del discurso, y eso lo convierte en un artista político, aunque no lo aparente.
LOS ANGELES, CALIFORNIA – FEBRUARY 05: Bad Bunny performs onstage during the 65th GRAMMY Awards at Crypto.com Arena on February 05, 2023 in Los Angeles, California. (Photo by Emma McIntyre/Getty Images for The Recording Academy)
El regreso a España
Después de años sin presentarse en España, Bad Bunny regresa con fuerza. Madrid y Barcelona serán testigos de la enérgica fiesta puertorriqueña. Madrid será la única ciudad europea con doble cita. Esto tendrá un impacto artístico y económico significativo para ambas ciudades.
El legado del conejo malo
Bad Bunny nunca ha sido solo un cantante. Desde el inicio expresaba que venía a romper esquemas. Con DTMF, confirma esto: sin colaboraciones con estrellas globales, con boleros, una crítica social, sonidos caribeños crudos y resistencia cultural.
NEW YORK, USA – MAY 05: Bad Bunny Met Gala 2025 (Mike Coppola/MG25/Getty Images)
Su influencia ha llegado a convertirse en objeto de estudio académico en las universidades más prestigiosas del mundo. A partir del otoño 2025, Yale, ofrecerá el curso Bad Bunny: Musical Aesthetics and Politics. Otras instituciones como Princeton, Wellesley College y Loyola Marymount University, ya lo han analizado como prodigio musical y su influencia en temas de raza, género y política.
DTMF es una muestra de su evolución como artista y activista. Es Bad Bunny volviendo a la raíz, usando el arte como herramienta de memoria, denuncia política y transformación.
Claudio Montana celebra su esperado regreso a la música, de la mano de RUSIA IDK, con un triple show milimétricamente detallado en la ciudad que enmusa su música, afrontando una nueva etapa en su carrera, cargada de contrastes y recuerdos, pero sobre todo, llena de color, aire fresco y buena compañía. ¡Como volar una cometa!
Fotografía del Concierto de Claudio Montana en Madrid por Leire Téllez (@leiretelleez)
LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA: La Figura y Estatus de Claudio Montana
Es increíble cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando me gradué del instituto. O cuando mi mayor preocupación consistía en elegir qué película alquilar en el videoclub el fin de semana, o esperar a que llegara la hora de bajar al parque a jugar a la pelota con mis amigos. De igual manera, me pasa con la música. Puedo recordar con la exactitud del presente cómo fue la primera vez que escuché una canción que me marcó o algún artista que me sorprendió de alguna manera. Y sobre todo, si se trata de alguien como Claudio Montana.
Esto es curioso. En un momento en el que la presencia constante en redes es casi obligatoria, y el ritmo de demanda de nueva música por parte de los artistas es cada vez más alto, podríamos pensar que justamente la figura de Claudio sería la que tenía un mayor potencial de ser apartada a un lado y perdida de vista. Él es uno de esos artistas que no se caracteriza precisamente por sorprender con un nuevo lanzamiento cada semana (ni cada mes… ni cada año…), y está claro que no va a ser uno de mis artistas más escuchados en el Wrapped.
Pero lo cierto es que cada vez que aparece, me tiene ahí, pendiente, tratando de perseguir la concentración plena, para no perderme ni un solo detalle de su obra. Y cuando no lo hace, me tiene ahí, preguntándome cuándo será la próxima vez que escuche sus aspiraciones e inquietudes. Y eso es de admirar.
Habían pasado casi dos años desde que «Carbone», el más reciente capítulo de su diario musical donde nos revelaba su partida de Madrid en búsqueda de una paz mental, llegó a nuestros oídos, cuando recibimos la noticia de que Claudio Montana volvería al ruedo este año, pasando a formar parte del colectivo musical independiente «Rusia IDK», con la distribución de un nuevo single llamado «El paseo» y la gran sorpresa de un concierto único de tres fechas que anunciaba por todo lo alto su regreso a esta gran ciudad, tan llena de contrastes, pero que tanto ha inspirado su carrera.
Y, por supuesto, como no podía ser de otra manera, nosotros no nos lo podíamos perder.
LA VUELTA A MADRID (POR LO BUENO): Triplete de Detalles, Compañía y Amor (y Shows)
Instantes antes de entrar al concierto, al ver la fila kilométrica que rodeaba las inmediaciones de la Sala But, me vino a la cabeza el momento en el que salieron a la venta las entradas y lo mucho que me sorprendió la velocidad en la que se volatilizaron. Justo ahí, pude reafirmar de primera mano que esta sensación que provocaba la música de Claudio era algo a escala popular, y que a nadie le va a molestar si necesitas tomarte un tiempo alejado de todo, si tu aportación a sus vidas ha sido beneficiosa. Siempre habrá gente esperando tu regreso, con las mismas ganas, o incluso más que tú mismo, si es posible. Y vaya que sí había ganas.
De forma recíproca a nuestro entusiasmo, Claudio nos entregó un show a la altura de las expectativas. Primero de todo, destacar la gran labor de aprovechamiento del espacio para dar forma a una experiencia inmersiva de 360 grados, contando con varias pantallas adicionales que añadían contexto a la obra y transfondo del artista, funcionando como un pequeño museo de objetos con gran valor simbólico para Claudio, un diseño de iluminación titánico que tintaba al recital de una sensación de incertidumbre, exteriorizando el sentimiento presente, y un pequeño puesto que nos daba ciertas pistas sobre el imaginario conceptual del ansiado y muy próximo regreso a la música.
Así, el concierto se desarrolló de forma muy teatral, estableciendo una sucesión de actos a través de claros y oscuros que buscaban contar una historia de evolución. De cambio, inquietud y sobre todo de adaptación. Esa historia que tanto hemos escuchado a través de sus canciones, que aunque rodeada de información aparentemente fragmentaria, sigue un hilo conductor y un tema recurrente que se manifiesta como inquietud: el papel de la gran ciudad en la búsqueda de supervivencia frente a la vida adulta.
Fotografía del Concierto de Claudio Montana en Madrid por Leire Téllez (@leiretelleez)
Claudio, como posiblemente muchos de los asistentes al concierto, ha tenido que enfrentarse, a una edad temprana, a la necesidad de desplazarse de su hogar con el objetivo de perseguir un futuro y, con ello, adaptarse al cambio en un lugar cuyo ritmo y estilo de vida es completamente diferente y acelerado respecto a cualquier otro lugar que conozcas. Un hecho que, por supuesto, llama a la reflexión de decidir cuál es la opción que más te beneficia. Pero, no solo mirando en favor de la oportunidad, sino también de la salud, de la compañía e incluso de la felicidad. Entonces, ¿merece la pena irse de Madrid por lo malo, o volver a Madrid por lo bueno?
Esta es la cuestión que tanto se ha replanteado Claudio en su música y que llegó a su clímax entre «Carbone» y «El Paseo». Ahora, Claudio ha vuelto a darle una oportunidad a la ciudad, volviendo a Madrid por la pasión por los detalles de su profesión, la compañía de sus amigos, presentes en el concierto en canciones como «Giovanni de Luca» y «Nuevo Duelo», y por el calor humano y amor hacia su arte por parte de sus seguidores, materializándose como reafirmación total en un regreso a la música, y por encima de todo, en un regreso a los escenarios que demuestra que, en este desafío, nunca estará solo.
Fotografía del Concierto de Claudio Montana en Madrid por Leire Téllez (@leiretelleez)
SOBRE CÓMO VOLAR UNA COMETA: El Regreso a la Infancia.
Esta incorporación al equipo Rusia IDK por parte de Claudio ha llegado de la mano con «Sobre cómo volar una cometa», un EP de cuatro canciones que propone un soplo de aire fresco en el estilo habitual de Claudio, colaborando en la producción con el dúo de Art Pop con tintes de Ambient «Ultralágrima», estilos que toman una gran presencia en la escucha.
Y es que, en «Sobre cómo volar una cometa», la participación de Ultrálagrima busca acentuar el estado contradictorio de la incertidumbre y el caos de la vida adulta y cosmopolita mencionado previamente, exponiéndolo mediante la yuxtaposición a otra sensación completamente contraria: la inocencia de un niño. Desde la temática que señala su título hasta las melodías infantiles y nostálgicas que toman el control de las outros de cada canción, el EP nos transporta a una época en la que no había preocupaciones y que, como dije al principio, no parece distar demasiado de la actualidad en nuestras memorias.
Entonces, ¿acaso todo esto significa que lo de antes era infinitamente mejor y que ahora la vida es una @#$%&? Para nada. Durante el EP, podemos ver a un Claudio más optimista, que afronta una nueva etapa en su vida de la forma correcta: estando agradecido por el ahora y por la gente que le acompaña en su camino, y convirtiéndose en un adulto que comprende que para tener una vida plena, nunca hay que dejar que desaparezca ese niño interior que todos tenemos.
Sí, la vida ahora tiene exámenes, alquileres caros y reuniones larguísimas de Google Meet. Pero no por eso no puede haber películas, tardes en bares y noches de juegos de mesa con amigos. Esas cosas que, aunque tu día haya sido el más largo del mundo, te motivan a seguir adelante. Y es que, aunque esto que digo pueda parecer algo muy típico y sencillo de seguir, a veces se nos hace bola encontrar el equilibrio. Pero, al final, todo llega, y el resultado es precioso. Es como, por ejemplo… Volar una cometa.
Hay discos que no sólo se escuchan: se viven, se habitan y se recuerdan. Cleopatra, de The Lumineers, es uno de ellos. Un álbum que desde 2016 sigue latiendo en quienes lo hicieron suyo. Esta es una crónica sobre una banda, una película y un viaje emocional que empieza en una carretera americana y termina, de algún modo, en Madrid.
La noche madrileña se dispone, una vez más, a ser escenario de uno de los rituales musicales más esperados del año: el regreso de The Lumineers, en concierto. Justo en la antesala de ese estío que cada año suspende la ciudad en un paréntesis latente, como si Madrid necesitara despojarse de sí misma para recobrar el aliento. Camino por Malasaña cuando uno de los carteles de la gira, aferrado a una pared descascarillada, irrumpe en mi trayecto con la contundencia de lo inevitable. La fecha, destacada en mayúsculas, me reclama. Y con ella, la urgencia de escribir. Quiero escribir sobre el grupo y sobre ese álbum que, sin previo aviso, vino a definir lo que suena de fondo en casa o vibra en mis auriculares mientras camino hacia algún lugar.
Quiero detenerme en el imaginario que lo sustenta, en el concepto narrativo que da forma a cada canción, a los silencios entre tracks, y que he recomendado tantas veces con la devoción con la que se comparten ciertas películas o poemas. Hay entusiasmos que no se explican, se contagian. Sobre todo cuando el otro ya conoce aquello de lo que hablamos y basta un gesto o un verso para entendernos. Y es precisamente esto lo que despliega Sleeping on Floors. Isaac Ravishankara concibe un largometraje cuya sinopsis visual —presentada en forma de videoclip— acompaña una de las piezas homónimas más emblemáticas de la banda y, a su vez, da inicio a Cleopatra: un álbum tejido con melodías que esta noche esperamos escuchar en vivo, como quien asiste a un reencuentro con algo íntimo y largamente esperado.
Portada del álbum «Cleopatra»
Km 0
Un primer plano de Cleo abre el film, anticipando el deseo inminente de huida junto a Anthony. Juntos dejan atrás su hogar en California y emprenden un rumbo incierto hacia Nueva York. Son figuras arrastradas por esa emoción ambigua, agridulce, de quien necesita escapar sin saber del todo si ha elegido bien, pero obedeciendo unas instrucciones que resuenan —casi a gritos— dentro de la cabeza. La intuición, una vez más, impone su ley. Así comienza un viaje de varios días a través del país, con un propósito silencioso pero firme: construir un nuevo hogar juntos. Uno donde, por ahora, cada noche se duerme sobre un suelo distinto siendo el trayecto en sí el único territorio posible hasta alcanzar el destino final.
A medida que avanza la trama, somos testigos de la comunión entre dos almas enamoradas. Por supuesto, no exentas de sus fracturas emocionales, de sus miedos, de esos saltos al vacío —y siempre de espaldas— que sólo el amor se atreve a dar. Justamente ahí reside una de las cosas que más me fascinan de su vínculo: la decisión de recorrer una carretera incierta, con paradas imprevistas y encuentros fugaces con personas que también arrastran sus propias historias en reparación. Ravishankara no sólo condensa en ochenta minutos la poética sonora de The Lumineers, sino que consigue algo aún más delicado: hacernos sentir cerca, casi cómplices, de dos personajes que apenas acabamos de conocer durante una noche que se parece demasiado a las nuestras. Una noche en la que también nosotros queremos sentir.
Fotograma inicial de la película «Sleeping on Floors»
¿En qué suelo dormirás tú?
El espacio que Ravishankara concede al espectador se sitúa lejos de la perfección técnica a la que nos ha acostumbrado la industria audiovisual, pero muy cerca de algo más valioso: el cumplimiento pleno de su propósito. Nos lleva lejos, con Cleo y Anthony, en un coche desvencijado que atraviesa los paisajes abiertos de Estados Unidos, mientras la emoción —más que la nitidez— guía la mirada. Por eso, tanto si hoy asistes al Movistar Arena como si dejas que las canciones suenen a todo volumen en casa, no estarás simplemente escuchando un disco ni viendo una película. Estarás habitando una historia pensada para volverse parte de ti, de tu memoria y de ese momento en el que le recomendaste a alguien una canción de The Lumineers.
Bon Calso inaugura la Temporada 2025 de la iniciativa primaveral de conciertos ‘Sound Isidro’ con un doblete madrileño en la gira de su más reciente disco ‘Número 7’, llenando de energía, temazos y muchas sorpresas la, ya habitual, en su carrera y en la nuestra, Sala But.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Siempre que alguien me pregunta cuál es el artista que más veces he podido ver en directo, uno de los primeros nombres que se me viene a la cabeza (llegando a igualar el contador de Andy y Lucas, La Hungara y alguno más, que casi anualmente vienen a cantar a las fiestas de mi pueblo) es Bon Calso. Y es que el artista madrileño lleva manteniéndose en el foco de mi radar, y el de muchos de los conocedores del urbano español que nos estén leyendo, ya unos cuantos años, gracias a una secuencia de cuatro álbumes de tal atractivo que me ha llevado a sentirme en la necesidad de acudir a cada una de sus respectivas giras.
‘OUTTA MY HEAD’, ‘Love Me Not’, ‘OUTTA CONTROL’ y ‘Número 7’. Aún con poco tiempo de separación entre sus lanzamientos, cada uno de estos proyectos supo encontrar esa pieza que volvía a dotar de frescura la fórmula de Bon Calso. Ya fuera la introspección de su debut en el largo, la sensibilidad del proyecto que le prosiguió ese mismo año, la autoconfianza obtenida tras un año de reflexiones y éxitos con el tercero o la madurez de una esencia prometedora en este más reciente disco, siempre ha habido un detalle que, dentro de una música que muchos ya conocíamos, ha sabido evolucionar a la par que todos nosotros, para seguir acompañándonos en nuestro camino.
Captura de Pantalla de los Últimos 4 Proyectos de Bon Calso (Spotify)
Es por esto que cada show de Bon Calso ha servido como una especie de checkpoint en mi vida. Un momento en el que me paro a reflexionar, no solo sobre la evolución del artista respecto a su proyecto anterior, sino también sobre cómo ha cambiado mi forma de pensar, mi percepción sobre el arte, mis gustos e incluso mi vida desde entonces (algo así como la tradición de Billie Eilish en Vanity Fair). Así que, cómo no podía ser menos, aquí estoy, esta vez, listo para dejar constancia en un texto de mi experiencia en el show del tour de ‘Número 7’ de Bon Calso.
Obertura: Una (Canción) Para Todos, y Todos Para Uno (Bon Calso).
El Show, como no podía ser de otra forma, comenzó dando prioridad a esa novedad y frescura que Bon Calso tenía para mostrarnos este año, y así nos lo dejó saber el simple, pero inteligente, detallito de una peculiar cuenta atrás, que se detuvo en el momento de llegar al ‘Número 7’. Así, ‘DetoXXX’ se abrió paso entre la gente, dando el pistoletazo de salida con un primer pogo a un comienzo de noche que no le faltaría ni un ápice de intensidad.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Y es que ese primer pogo se convirtió en un segundo y un tercero, y me atrevería a decir que innumerables más, que realmente se podrían contar como uno solo muy extenso, tanto en tiempo como en espacio, ya que el agujero negro que se apoderaba de la sala, que atraía a los asistentes hacia su interior y del que no se podía escapar, no se cerró en ningún momento. Y normal. Esto es lo que ocurre cuando la elección de canciones para calentar a un público, impaciente de ser calentado, se compone de bombazos como ‘PLAYBOY’, ‘AHA’ y ‘FREAKY’ con la aparición de West Dubai.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Alguno se habrá asustado leyendo esta información. ¡¿AGUJERO NEGRO?! ¡¿NO SE PUEDE ESCAPAR?! Tranquilos, que como buen artista versátil que fue nuestro anfitrión, sabréis que siempre deja tiempo para disfrutar de otro tipo de sensaciones. Y eso es lo que más mola. Si te apetecía bailar, ‘FLORENCIA’ o ‘West Side Story’ con Aleesha motivaban a sacar tu lado más disfrutón. Si, por el contrario, estabas algo decaído o decaída por desamor, ‘Ojalá’ o ‘Que Te Vaya Bonito’ estaban ahí para ayudarte a liberar. Y, si en cambio necesitabas un empujoncito para seguir adelante y empoderarte al máximo, podías lanzar con todas tus fuerzas un ‘Pow Pow Pow’.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Así, este inicio de concierto demostró que un concierto de Bon Calso puede ser una experiencia disfrutable para todos. Si eres un fan nuevo y piensas que no vas a saberte ni una, ERROR. Si, por el contrario, eres un fan antiguo y piensas que no va a cantar ninguna de las que ya te sabes, ERROR. Quizás, ¿estás enérgico y piensas que va a ser todo llorar? ERROR. Y, ¿estás sensible y piensas que va a ser todo saltar? ERROR. Disfrutes lo que disfrutes, no lo pienses, ve y disfrútalo. (A no ser que no disfrutes de Bon Calso. Entonces… igual sí que este concierto no es lo tuyo. ¿Creo que es obvio, no? Peeeero, eso no puede ser posible. Ve igualmente, te acabará gustando).
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Desarrollo: Una Alineación Digna de 11 Titular Presenta ‘Número 7’.
Después de entrar en calor, con un deleite para cada uno de los diferentes miembros del público, Bon Calso vino a demostrar que su nuevo proyecto tenía un amplio potencial de directo. ‘Número 7’ ha dado vida a un Bon Calso con más ganas de experimentar, dándole un gran peso a las instrumentales dentro del proyecto, que se hicieron notar en el concierto con canciones como ‘Baccarat Rouge 540’, ‘Héroe’ y ‘seis nueve’ y sobre todo, ahora que ha encontrado un sonido identificativo con el que se siente cómodo, con muchas ganas de abrirse a colaborar.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
‘Número 7’ puede ser el proyecto con las colaboraciones más numerosas y sólidas de la carrera de Bon Calso, y así se pudo ver y escuchar durante todo el desarrollo del show. Desde la aparición de esas nuevas promesas (como hace no tantos años lo fue Bon Calso, y que ya comienzan a hacerse un nombre en la escena gracias a oportunidades como esta), como son Superreservao haciendo su aparición para interpretar ‘via Maffia’ y Guxo, con ‘I’LL TAKE CARE’, hasta la involucración de artistas de gran renombre como son Diego 900, subiendo al escenario para mostrarnos ‘EL PR€CIO’ y L’Haine con la ‘calma’, Aleesha interpretando su ‘West Side Story’ y Enry-K para ‘DAWG!’.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Pero sí, yo (en mi humilde opinión) me tengo que quedar con dos de estas participaciones dentro del concierto, estas son las de Juicy BAE y mvrk. Para mí, dos personas que se adueñan del lugar cada vez que aparecen en un escenario, aunque no sea su propio show, gracias a la monumental presencia escénica de la que disponen. Y por supuesto, por el nivel de calidad de los temazos que manejan.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Y es que, ¿cómo no iban a ser mis favoritos cuando nos brindaron verdaderos bangers como ‘ANTES DE QUE TÚ ME QUIERAS’ y ‘N¥’? Y por lo que pude ver en las reacciones del público, no fui el único.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Cierre: Bon Calso y La Orden del Remix (de los Nuevos Clásicos).
Para ponerle el broche de oro a un show de categoría, Bon Calso tenía guardados algunos ases sobre la manga. Algunos venían siendo muy esperados por muchos desde el comienzo del concierto, como era el momento en el que la oscuridad de la sala se llenara de ‘Estrellas’ (o flashes de móvil) para disfrutar en sintonía su canción más conocida. Pero, cuando todo parecía haber terminado, y todo el mundo gritaba «¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!», como es costumbre en todo buen concierto, sabiendo que todavía queda una canción más, Bon Calso volvió a aparecer con no una, ni dos, sino tres regalos más.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Hace unos instantes, os hablé de la tremenda alineación con la que contó el concierto, asemejándola a un 11 titular de un partido de fútbol. Y si nos ponemos a contar, sumando al propio Bon Calso, la aparición de West Dubai con su colaboración en ‘OUTTA CONTROL’ y los OCHO colaboradores de ‘Número 7’, dan… Efectivamente, diez. Esto no podía quedar así, y la gente lo sabía. Hacía falta un 11. Y quién si no mejor, para tomar el puesto de delantero centro y meter el gol decisivo en el minuto 90, que el mismísimo alma de la fiesta allá donde va: Mda, que apareció, haciendo que la gente se subiera por las paredes (cosa que él hizo de forma literal) al cantar la mítica ‘Pornstar’ de ‘OUTTA MY HEAD’.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Por último, Bon Calso se encargó de que la fiesta no frenara ni en los momentos finales, llevando la emoción (y los pogos) a todo lo alto con dos remixes bien cañeros de dos de sus mayores temazos, ya considerados nuevos clásicos: ‘Don’t Cry’ y, por supuesto, ‘Estrellas’.
Fotografía del Show de Bon Calso en Madrid en el Tour de ‘Numero 7’. Por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Conclusión: Otro Tanto Para el Marcador (+1).
Como he ido desarrollando a lo largo del artículo, puedo decir que un año más, he notado una mejoría y madurez en la mayor parte de aspectos del show de Bon Calso, que acompaña a la también notable en su música. En este caso, la importancia de las instrumentales y remixes, y por supuesto, la personificación de la bonita sensación de comunidad que se ha generado dentro de la escena, fueron los detalles que más denotaron su presencia durante el show y lograron que, en una ocasión más, mereciera la pena asistir a la gira de Bon Calso.
Cartel Promocional de las Fechas del Tour de ‘Número 7’ de Bon Calso en All Nighters (@allnightersprod)
En una de las semanas más invernales, lluviosas y anímicamente melancólicas para los habitantes de Madrid del año, Tristán se rebela ante la tormenta para entregarnos el comfort de un show cercano con el público y sus sentimientos, en el comienzo de esta gira express acompañado de la Jazz Band Air.
Fotografía Realizada en el Concierto de Tristán & The Jazz Band Air por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
EL ACTO DE IRSE DE CONCIERTO: El Remedio Casero para la Melancolía Invernal.
Si eres de Madrid (y si no te lo cuento yo ahora mismo), habrás notado que llevamos una semana (y cuando se publique este artículo será alguna más, viendo la previsión) conviviendo en una constante espiral de días invernales y lluviosos de los que despiertan la melancolía más atronadora a más de uno, entre los que me incluyo. Esos días, en las que la naturaleza decide liberarse de todo lo que lleva cargando tiempo y hacernos cómplice de ella, dejándonos como único pasatiempo y motivación la observación de su desahogo desde la clausura, pero siempre en compañía de una taza de chocolate caliente y tu mejor playlist de canciones para estar de bajón.
Quizás esta introducción suene algo dramática, pero la verdad, es que cómo persona que disfruta de hacer planes en exterior casi a diario, aunque solo sea dar un paseo para despejarme, y sobre todo, de un buen día soleado, este tiempo se siente algo así. Es por esto, que cuando me asomé a través de mi ventana (como Clara Galle jeje) este pasado jueves llegue hasta a pensar en no acudir al concierto de Tristán que se daba esa misma tarde. Era una realidad: estaba de bajón. ¿Qué si no me frenaría a mi, gran disfrutón, de irme de concierto? Pero, me paré a pensar.
Había dos opciones: abrir Spotify y ponerme esa playlist de la que hablé en el primer párrafo para afrontar la morriña, o enfrentarme a la tormenta (literalmente) y escuchar esa misma música, pero a kilómetros de mi casa y con un viaje tortuoso por delante. Vale, visto así no sonaba como lo más apetecible del mundo (como digo, no estaba yo en el mejor mood). Pero tras recapacitar unos minutos, recurrí al raciocinio de nuevo, esta vez con una visión más clara. Y es que, si el plan iba a ser el mismo, al menos que fuera en compañía y disfrutando de un buen Show. Como podréis adivinar, al estar leyendo esto, lo hice. Y menos mal que lo hice. Pero, ahora hablamos de ello. Primero…
¿QUIÉN ES TRISTÁN?: La Prometedora Esencia de RUSIAIDK.
Seguro que, si sois aficionados al cine, sobre todo más reciente, os ha pasado que habéis comenzado a ver una película y al descubrir en la propia introducción el sello de A24 o NEON habéis pensado automáticamente: «Esta va a ser buena». Y es que, casas productoras como esas han logrado convertirse, en los últimos años, en un símbolo de calidad y frescura, gracias a las sorprendentes obras del cine moderno que nos han entregado. Pero, sobre todo, en un símbolo de calidad independiente.
Listado en Letterboxd de Algunas Películas de la Productora A24.
Y es que, nombres como estos han comenzado a desafiar a los grandes titanes que siempre han dominado por completo la industria de Hollywood, entregando productos de calidad semejante (e incluso mayor en ocasiones) partiendo de unos presupuestos mucho menores, proporcionando oportunidades, y sobre todo, llenando de esperanza a las jóvenes promesas que ambicionan con lograr ese sueño de dedicarse a lo que aman. Lo hemos visto con películas como Everything Everywhere All at Once en 2023, y un caso que nos pilla mucho más reciente, con Anora, que logró arrasar en los Oscars hace cosa de una semana.
Vale, pues en la música pasa lo mismo. Hay varios grandes sellos con increíbles artistas bajo su firma, es indudable. Pero a este punto, seguro que mínimo, os suenan nombres que ya lo están petando, como Ralphie Choo, Rusowsky, Nusar3000 y Claudio Montana. Nombres, que siempre que llegan a nuestras cabezas, vienen acompañados de palabras como «vanguardia», «detallismo» y por supuesto «talento» ¿Pero sabéis que tienen todos estos artistas en común? Efectivamente. Qué todos operan bajo el sello independiente RUSIAIDK.
De esta forma, poco a poco, lo independiente está llegando al Mainstream, y mucha más gente está conociendo a esos artistas, que un día fueron promesas, y que ya se han convertido en todas unas estrellas. Está claro, que RUSIAIDK es una de esas impulsoras de talento, y muchos ya afirmamos, que uno de los mayores potenciales que se están gestando en ella ahora mismo, lleva el nombre de Tristán!
Tristán! encapsula como pocos, esa esencia minimalista en apariencia, pero a su vez, cargada de detalle en su contenido, que hemos podido ver en otros miembros previos de la firma madrileña, y que tanto nos han enganchado a su música con una sensibilidad lírica y experimentación sonora que promete sorprender hasta al más entendido de la partitura. Una música, qué si escucharla a través de tus cascos, se siente como imagino que se sentiría dormir en una nube acolchada (según lo que me transmitían los capítulos de Doraemon), espera a experimentarla en directo (y convertirte en el meme de Bob Esponja ascendiendo a los cielos).
Meme de Bob Esponja Ascendiendo Al Cielo al Escuchar una Canción.
EL SHOW DE TRISTÁN & THE JAZZ BAND AIR: Corto pero Intens(it)o.
El lugar elegido para la misa fue la Sala Copérnico de Madrid, lugar polifacético donde los haya, que unas horas después de se convertía, como cada noche, en uno de los mayores puntos de reunión fiestera y desmadre universitario de Madrid, y que, en acto de previa, ya inundaba las calles de alrededor de los más irrefrenables deseosos de fiesta, a los que no pararía ni el mismísimo apocalipsis de celebrar el último aprobado o evadirse del inminente suspenso. Pero ese bando, (hoy) no era el mío (otros días puede).
Por otro lado, nosotros. Menos desacatados y más melancólicos, pero cuyo objetivo de celebrar o evadirnos a través de la música era común. De esta forma, mientras la previa que sucedía en el Kebab próximo a nosotros llevaba como banda sonora a El Alfa El Jefe, nuestra previa se construía a través de Diego 900, Rusowsky y Frank Ocean. Ya sabéis, para ir poniéndonos a tono.
De esta forma, llegó la hora, y la sala comenzó a inundarse de una misteriosa niebla y una cuenta atrás nos avisaba de que el Show iba a dar comienzo, a la par que una voz nos invitaba a abandonar la sala si no estábamos preparados para lo que estábamos a punto a presenciar (esto es real y creo que no fue producto de mi imaginación). Así, entre más espesor que cuando salía el Undertaker a pelear en la WWE, Tristán y su banda de Jazz aparecían en el escenario, entre los que pude reconocer a caras conocidas como Tristán y Roy Borland (si no me equivoco, porque como dice Emilia: «Detrás del humo, no se ve»).
Fotografía Realizada en el Concierto de Tristán & The Jazz Band Air por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
El Show había comenzado. Al ritmo de canciones como Life Is A Movie, piezas del Music EP y algunos inéditos, dábamos nuestros primeros pasos en un ambiente, que aunque neblinoso y misterioso se sentía cómodo, como un abrazo. Y es que, detalles como la minimalista puesta en escena y las cartas de presentación a cada tema por parte de Tristán, aunque escuetas, dotando de aún más peso al suspense y al poder la difusión del mensaje a través de la música, hacían que se creara un fuerte vínculo de cercanía entre el y el público (si aún podía ser mayor).
Fotografía Realizada en el Concierto de Tristán & The Jazz Band Air por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Según iba creciendo esta conexión, me sentía aún más dentro del concierto, y así me iban haciendo llegar sonidos más conocidos como PRETTY GIRL y ROC3, hasta llegar al momento álgido de intensidad con la aparición de Rusowsky para deleitar al público con la amada por muchos CELL, que entre jolgorio y mucho cantar, desató las lágrimas de más de uno de los asistentes cercanos a mí, las cuales continuaron durante un tiempo más hasta que terminó Osaka (mi favorita), que se juntaban aparentemente contradictorias a las sonrisas que florecían posteriores.
Fotografía Realizada en el Concierto de Tristán & The Jazz Band Air por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
Y es que, esas expresiones del sentir podían aparecer por emoción al tener la oportunidad de disfrutar de un artista que admiran en directo, o quizás por añoranza al recordar un tiempo o relación pasada a través de una frase emotiva. Pero si una cosa estaba clara, es que cada una apareció gracias al poder de la música de Tristán!, en forma de una liberación de emociones, más que necesaria para muchos, en un día como este.
Fotografía Realizada en el Concierto de Tristán & The Jazz Band Air por Nadia Crusoe (@nadiacrusoe)
CONCLUSIÓN: Reflexión sobre Salir de la Zona de Comfort.
Así, al terminar el concierto, y haber tenido la oportunidad de presenciarlo, reflexioné acerca de salir de la zona de comfort. Y es que, al igual que le pasa con la propia naturaleza, todos podemos tener un día malo, y pensar en encerrarnos y dejar algo atrás, que en realidad no deseamos dejar, por miedo a enfrentarnos a la tempestad. Pero, como me lo demostró simbólicamente un acto tan sencillo como ir a un concierto en un día lluvioso y no muy animado en lo personal, es que, muchas veces, salir de la zona de comfort, aunque sea solo un poquito, es la mejor forma para escapar de la tormenta.