Barry B en la Sala But: kleenex, mecheros y mucho (des)amor

Aún recuerdo cuando abrí los ojos con Chato, el primer disco del cantante burgalés que tiene encandilada a mi generación. Siempre he renegado del rock “blando”, quizás es un mecanismo de defensa ante lo desconocido. Estoy seguro de que Carolina Durante es impresionante, pero siempre acabo volviendo a Gloosito. Tras meses de colegas dándome la turra con temas como Joga Bonito o Yo pensaba que me había tocado Dios (ambos singles del disco), cedí ante la presión y me puse el proyecto. Bien, esto fue una semana exactamente antes de que Barry hiciese que se me saltasen las lágrimas viéndole pulular por el escenario de mi sala favorita. Una semana en la que, inconscientemente, en mis cascos solo sonaron esas melodías que lograron quitarme todos los prejuicios ante este género.

Barry B quiso encapsular la estética «hooligan» durante todo el proceso creativo del disco. Esa sensación de estar en la previa de un partido de un equipo perdido de Liverpool, o la de entrar en un pub de forofos. La sala estaba a reventar, pero era imposible distinguir a la gente, era una masa de bufandas de Barry B y otras piezas del merchandising. Faltaban unas bengalas para pensar que aquello era un derbi. Habían pantallas alrededor del escenario que ondeaban una especie de dragón azul, como si fuese un escudo de la Premier League, pieza clave en el imaginario de Chato. En cuanto me quise dar cuenta, las luces se apagaron y salió la persona con la que llevaba fantaseando aquella semana tan especial. Barry apareció, vestido de gala, y no dejó tiempo para procesar que estábamos allí, junto a él y su banda. Ni había empezado a gritar de la emoción cuando sonaron los primeros acordes de Joga Bonito. Las letras resonaban en mí más que nunca, y es que al verme rodeado de tanta gente que sentía lo mismo, no pude hacer otra cosa que emocionarme. Suena muy cursi, pero esa es la magia de la música. El poder sentir lo mismo escuchando una canción que un adulto de 40 años.

Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)

Barry siguió sin dejarnos respirar. Se notaban sus ganas de abrirse ante el público y enseñar que Chato no era solo un álbum, sino un pedazo de él. Había pureza en su manera de moverse por el escenario, de mirar hacia todos los lados de la sala, en estar reconociendo constantemente a cada miembro de la banda. Recuerdo cuando cantó varias de sus canciones más tristes y dijo: ¿quién de aquí tiene el corazón roto? La sala se vio envuelta en gritos y en gente levantando la mano. Este disco había sido refugio para muchos, y este concierto era el clímax de una relación muy especial.

Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)

Fue una montaña rusa de emociones, pero si me tengo que quedar con un momento, sería la aparición de Gara Durán, cantante que acompaña a Barry B tanto en la música como en la vida (son pareja por si no queda claro). Gara salió al escenario entre gritos y aplausos de un público que llevaba ya una gran parte del concierto esperándola con los brazos abiertos. Su voz era cálida y cercana, y su manera de tocar el piano hizo que mucha gente que tenía alrededor sacase los kleenex. Probablemente el momento más lacrimógeno y especial de la noche fue cuando Barry le dedicó unas palabras a su prima, superviviente de una enfermedad, quien se encontraba aquel día en el concierto. Aplausos y gritos de alegría rebotaban por la sala.

Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)

Para cuando me estaba acostumbrando al sentimiento de hogar que me producía Barry, comenzó con sus canciones más famosas, y todos sabemos lo que significa eso. Rookies rompió con la tendencia rock-pop del concierto, Yo pensaba que me había tocado Dios nos hizo saltar de la alegría, y El efímero arte de perdonar (mi favorita) cerró una noche que me costará mucho olvidar. Barry logró conectar con una marabunta de gente que tendió sus brazos ante él, que le dieron una cálida bienvenida a la capital. Para él se debió sentir como un aperitivo del futuro concierto que dará en La Riviera el 7 de noviembre de este año. Lo que está claro es que, si es capaz de remover tanto en nosotros en una sala como esta, tiene el talento y la determinación para comerse un escenario más grande. Ansioso por ver cuál es el siguiente movimiento de este «hooligan». Por mí, que me rompan el corazón las veces que haga falta, que ahí estará Chato y los recuerdos de este concierto para cuidarme.

Fotografía: Renata Parada (@reniparadar)