‘Sleeping on Floors’: Un descanso en la huída

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Hay discos que no sólo se escuchan: se viven, se habitan y se recuerdan. Cleopatra, de The Lumineers, es uno de ellos. Un álbum que desde 2016 sigue latiendo en quienes lo hicieron suyo. Esta es una crónica sobre una banda, una película y un viaje emocional que empieza en una carretera americana y termina, de algún modo, en Madrid.

La noche madrileña se dispone, una vez más, a ser escenario de uno de los rituales musicales más esperados del año: el regreso de The Lumineers, en concierto. Justo en la antesala de ese estío que cada año suspende la ciudad en un paréntesis latente, como si Madrid necesitara despojarse de sí misma para recobrar el aliento. Camino por Malasaña cuando uno de los carteles de la gira, aferrado a una pared descascarillada, irrumpe en mi trayecto con la contundencia de lo inevitable. La fecha, destacada en mayúsculas, me reclama. Y con ella, la urgencia de escribir. Quiero escribir sobre el grupo y sobre ese álbum que, sin previo aviso, vino a definir lo que suena de fondo en casa o vibra en mis auriculares mientras camino hacia algún lugar.

Quiero detenerme en el imaginario que lo sustenta, en el concepto narrativo que da forma a cada canción, a los silencios entre tracks, y que he recomendado tantas veces con la devoción con la que se comparten ciertas películas o poemas. Hay entusiasmos que no se explican, se contagian. Sobre todo cuando el otro ya conoce aquello de lo que hablamos y basta un gesto o un verso para entendernos. Y es precisamente esto lo que despliega Sleeping on Floors. Isaac Ravishankara concibe un largometraje cuya sinopsis visual —presentada en forma de videoclip— acompaña una de las piezas homónimas más emblemáticas de la banda y, a su vez, da inicio a Cleopatra: un álbum tejido con melodías que esta noche esperamos escuchar en vivo, como quien asiste a un reencuentro con algo íntimo y largamente esperado.

Portada del álbum «Cleopatra»

Km 0

Un primer plano de Cleo abre el film, anticipando el deseo inminente de huida junto a Anthony. Juntos dejan atrás su hogar en California y emprenden un rumbo incierto hacia Nueva York. Son figuras arrastradas por esa emoción ambigua, agridulce, de quien necesita escapar sin saber del todo si ha elegido bien, pero obedeciendo unas instrucciones que resuenan —casi a gritos— dentro de la cabeza. La intuición, una vez más, impone su ley. Así comienza un viaje de varios días a través del país, con un propósito silencioso pero firme: construir un nuevo hogar juntos. Uno donde, por ahora, cada noche se duerme sobre un suelo distinto siendo el trayecto en sí el único territorio posible hasta alcanzar el destino final.

A medida que avanza la trama, somos testigos de la comunión entre dos almas enamoradas. Por supuesto, no exentas de sus fracturas emocionales, de sus miedos, de esos saltos al vacío —y siempre de espaldas— que sólo el amor se atreve a dar. Justamente ahí reside una de las cosas que más me fascinan de su vínculo: la decisión de recorrer una carretera incierta, con paradas imprevistas y encuentros fugaces con personas que también arrastran sus propias historias en reparación. Ravishankara no sólo condensa en ochenta minutos la poética sonora de The Lumineers, sino que consigue algo aún más delicado: hacernos sentir cerca, casi cómplices, de dos personajes que apenas acabamos de conocer durante una noche que se parece demasiado a las nuestras. Una noche en la que también nosotros queremos sentir.

Fotograma inicial de la película «Sleeping on Floors»

¿En qué suelo dormirás tú?

El espacio que Ravishankara concede al espectador se sitúa lejos de la perfección técnica a la que nos ha acostumbrado la industria audiovisual, pero muy cerca de algo más valioso: el cumplimiento pleno de su propósito. Nos lleva lejos, con Cleo y Anthony, en un coche desvencijado que atraviesa los paisajes abiertos de Estados Unidos, mientras la emoción —más que la nitidez— guía la mirada. Por eso, tanto si hoy asistes al Movistar Arena como si dejas que las canciones suenen a todo volumen en casa, no estarás simplemente escuchando un disco ni viendo una película. Estarás habitando una historia pensada para volverse parte de ti, de tu memoria y de ese momento en el que le recomendaste a alguien una canción de The Lumineers.

“It’s better to feel pain, than nothing at all

The opposite of love’s indifference

So pay attention now

I’m standing on your porch screaming out

And I won’t leave until you come downstairs.”

— Stubborn Love, The Lumineers