Hay un momento en la vida en el que tus padres empiezan a dejar de ser figuras intocables para convertirse, aunque solo sea en parte, en personas de carne y hueso. Es una transición extraña, llena de recovecos y calles sin salida, y que probablemente nunca llega a completarse del todo.
En las relaciones familiares existen roles muy rígidos: el hijo, el padre, la madre, el abuelo. Y para romperlos, cada uno tendría que empezar a actuar como realmente es, sin respetar esas normas invisibles que sostienen la familia y correr el riesgo de dejar de ser, aunque solo sea por un momento, padre e hijo, para convertirse simplemente en dos personas.
Cuando cruzas la mayoría de edad, y sobre todo cuando eres un adulto joven, empiezas a darte cuenta del peso de esos roles. De cómo la imagen que tus padres tienen de ti muchas veces ya no se corresponde con quien eres realmente, pero también de cómo la imagen que tú tienes de ellos está construida sobre apenas un pequeño fragmento de sus vidas. Conoces a tus padres como padres, pero no como personas completas. No sabes cómo eran antes de ti, qué les aterraba, qué querían ser, qué decisiones les persiguen todavía hoy.

En ese espacio aparece El Sur, la película de Víctor Erice estrenada en 1983. La historia se cuenta a través de los ojos de una niña que vive con sus padres en un pueblo perdido del norte de España e intenta descifrar la vida y el comportamiento de su padre. Es una de esas películas que parece más un recuerdo arrancado de la psique de alguien que una ficción. Todo tiene esa sensación borrosa de la infancia, donde las cosas suceden delante de ti, pero nunca acabas de entenderlas del todo.
Yo también recuerdo las visitas de familiares sin saber muy bien quiénes eran ni de dónde venían. Las fotos en blanco y negro de gente muy seria, con traje, en calles de un Madrid irreconocible. Recuerdo asumir la existencia de mi abuela sin plantearme jamás que había tenido una vida larguísima antes de que yo naciera. Nunca pensé de dónde habían salido todos los objetos de su casa, por qué cocinaba tan bien, o por qué había personas de las que nunca se hablaba. Y aunque parece que con la edad uno sale de ese estado de niebla, creo que es mucho más común de lo que parece seguir viviendo así, rodeado de personas cuya historia desconocemos casi por completo.
Hay decisiones de un familiar que a ti pueden parecerte incomprensibles y que en realidad llevan gestándose veinte años. Hay silencios que empezaron antes incluso de que nacieras. Y muchas veces heredamos consecuencias sin haber conocido jamás el origen. Tú que estás leyendo esto, ¿sabes dónde nacieron tus bisabuelos, a qué se dedicaban, si emigraron, si lucharon en alguna guerra, cómo murieron? Yo no es que no lo supiera: es que nunca me lo había planteado. Y si no conoces esas vidas, ¿conoces realmente a tus abuelos? ¿A tus padres? ¿A ti mismo?

Otra película que trata este tema es Sentimental Value, dirigida por Joachim Trier y probablemente mi película favorita de 2025. Pero mientras El Sur habla del misterio familiar, Sentimental Value habla de la herencia emocional. Durante toda la película, las generaciones anteriores acechan a los personajes como fantasmas. La casa familiar funciona como un punto de conexión físico, mientras que las historias, traumas y silencios familiares actúan como una conexión invisible que atraviesa a todos los personajes.
Esto se refleja especialmente en la historia de la abuela de la protagonista, que sufrió torturas durante la ocupación nazi y terminó quitándose la vida años después del final de la guerra. Ese dolor atraviesa después la vida de Gustav, luego la relación con sus hijas Nora y Agnes, y finalmente la del hijo de Agnes. Lo más devastador es que Agnes tiene que reconstruir parte de la historia de su propia familia a través de archivos y documentos de biblioteca, porque probablemente su padre nunca fue capaz de contarlo del todo. Y ahí la película muestra algo muy real: las familias muchas veces funcionan como historias incompletas, transmitidas a trozos, deformadas por la memoria y por aquello que cada uno decide callarse.
En El Sur, sin embargo, hay todavía menos respuestas. La vida de la madre permanece casi completamente oculta, y la del padre se intenta reconstruir a través de conversaciones ajenas, cartas secretas, discusiones escuchadas detrás de puertas cerradas o pequeños gestos imposibles de interpretar cuando eres niño. Nunca llegas a comprender realmente quién era, igual que ocurre en la vida real. No existen archivos ni explicaciones definitivas, solo restos dispersos de una vida anterior que el tiempo vuelve cada vez más borrosos.

El propio título de la película hace referencia al lugar donde nació y creció el padre, Andalucía, probablemente Sevilla. Que la familia se traslade al norte simboliza también la distancia que intenta poner entre su pasado y su nueva vida. Pero el pasado nunca desaparece del todo. Aunque el silencio intente enterrarlo, siempre termina regresando y condicionando el presente. Y la niña, incapaz todavía de entender lo que ocurre realmente, solo puede asumir cómo ese misterio transforma lentamente su vida.
El plano final, con ella ya adolescente preparando la maleta para viajar con su abuela a El Sur, recetado como la solución a sus problemas de salud, representa no solo el impulso, si no la necesidad, de intentar reconstruir tus propios orígenes. No para resolver completamente el misterio, porque eso probablemente es imposible, sino para acercarte un poco más a entender quiénes fueron tus padres y, en consecuencia, quién eres tú.
Desde que vi la película he intentado empezar ese viaje, sin más fuentes que la memoria de mis padres y sin más registros que las historias que todavía recuerdan. Y aun así me entristece pensar que nunca conoceré toda la historia, igual que probablemente ellos tampoco conocerán nunca la mía. Pero creo que es mejor intentarlo que quedarse para siempre en esa mirada infantil donde los padres simplemente existen, sin pasado y sin contradicciones, porque todo lo que ocurrió antes de ti, incluso aquello que nunca llegaste a conocer, también te convirtió en la persona que eres hoy.
Fotografías: Sentimental Value (2025) arriba y El Sur (1983) abajo

