Hace unos meses descubrí la película Wings of Desire de Wim Wenders. Era la típica que llevaba en mi watchlist años y que, por lo que sea, nunca había acabado viendo. Me conmovió profundamente; no he parado de pensar en ella desde ese día. Hacía mucho que no me cruzaba con una obra de tanta profundidad, y el contraste con mucho del arte que consumo en la actualidad me resultó evidente. De repente, la superficialidad moderna se hizo innegable, como si apuntaras con una linterna a aquello que no has querido ver.
Cuando aparecieron los créditos, tenía más preguntas que respuestas. En poco tiempo estaba leyendo sobre Walter Benjamin, sus Tesis sobre la filosofía de la historia y el cuadro de Paul Klee en el cual se inspira, llamado Angelus Novus. Sobre Rainer Maria Rilke y sus ángeles de las Elegías de Duino; sobre Martin Heidegger y el «Estar-en-el-mundo”. De repente, un hilo de ideas, nombres y nuevas obras que explorar se abría ante mí. Esto es lo que llamo una obra-puerta. No recordaba la última vez que una obra moderna me había abierto tantos caminos.
Esa sensación de descubrimiento no volvió a repetirse hasta que llegué al disco de Teo Planell, Demian. Como ocurre con muchos álbumes que ahora están en mi Hall of Fame, la primera vez que escuché Demian no conectó conmigo. Tuvo que pasar un tiempo para que volviera a mi vida en el momento perfecto. Entonces empecé a apreciar la sutileza, los detalles, las subidas emocionales, la composición y lo realmente diferente que es. Es como si no tuviera tiempo o espacio que lo condicionara. Es una obra atemporal.
Empecé a leer sobre Hermann Hesse y su libro Demian. Quillo (colaborador en Calle 52 y amigo) me habló sobre las proyecciones que Teo hizo en el Pequeño Cine Estudio: Paris, Texas, El sabor de las cerezas, La Notte, Wild at Heart. Al buscar sus entrevistas, los nombres y las obras no paraban de salir: Teo mencionaba desde a Bon Iver, Radiohead y Sufjan Stevens hasta a Arcade Fire, Todd Rundgren o Prefab Sprout.
Ya tenía mi Spotlight escrito y maquetado; iba a ser sobre EARWORM de Laundry Day. Pero cuando me llegó el vinilo de Demian junto al libro de Hesse con la portada del disco, me di cuenta de lo especial que era este proyecto y de que tenía que ser mi Spotlight. Me encantan los artistas que, como Wenders, beben de una fuente tan amplia de referencias e inspiraciones. Admiro que en sus obras se perciba un bagaje cultural que las eleva más allá de un simple producto de consumo. Que profundizan, que piensan y que aportan una entrada más en la historia del arte y del pensamiento que les precede. Siempre he pensado que una disciplina artística nunca puede estar aislada de las demás, y Demian es un testigo de esto.
Me gusta acabar los Spotlights con lo que me llevo de la obra en cuestión para el año que entra. En este caso, el propósito para 2026 es profundizar más, hablar más de los artistas que amo, de las ideas. Tanto en Calle 52 como en mi vida, hay que hacer más hueco para obras que sean desafiantes: de esas que crecen contigo y en las que no puedes parar de pensar meses después de haberlas encontrado. Esas obras-puerta, que una vez las cruzas nunca vuelves a ser el mismo.

