Acaba 2024 y nunca está de más celebrar a una de las artistas más especiales de nuestro país: Rebe. Fue de los primeros estrenos interesantes del año y la culminación de su inexplicable universo. Con “Y es que acaso no me oyes??”, Rebe presenta un sonido valiente y único (de verdad, es imposible que algo de ahora suene parecido) y a la vez hace un guiño a sus referencias de siempre. Un poco de Las Grecas, Chicago, Grimes, Pimpinela, Marisol y listo. De hecho hay un guiño a esta en “Marisol”, un primer single con el que te entrarán ganas de rescatar palabras como “guateque” o “bailongo”.
Y es que Rebe pone en valor algo que siempre se quiere esquivar: lo rancio. Mientras muchos artistas apuestan por “limpiar” y estandarizar la canción española, Rebe prefiere potenciar su verdadera magia usando campanas, mosquitos, coros desafinados, efectos que suenan a Word Art 2003, y otros recursos que te harán sacar una sonrisa. En “lejos del mundo y del dolor”, Rebe parece una caja de música rota con una bailarina llena de polvo y “duelo de amor” te transportará a esa función de infantil donde te quedabas en el sitio moviéndote de izquierda a derecha.
A pesar de todos estos adornos, este disco no es una bizarrada gratuita imposible. Son canciones pop con melodías muy pegadizas y sorprendentes que acompañan a unas letras ultra dramáticas. No sobra ni falta ningún elemento. “yo te llevo conmigo al cielo” combina su voz inconfundible con miles de microinstrumentos y hasta toques de reggaeton? En fin, se nota que estas canciones se han tejido con la única ilusión de construir un mundo tan concreto y tan mágico que sea inevitable sentir curiosidad por él. En una época donde los estrenos se nos escurren entre los dedos, se agradece contar con proyectos así de mágicos y humanos. Viva lo rancio, viva lo cutre y viva Rebe.
Desde mudarse a Madrid con la excusa de estudiar bachillerato artístico hasta firmar con una de las multinacionales más punteras del mundo (Interscope), la evolución de Judeline es digna de película. Musicalmente empezó con canciones cálidas y tranquilas como «De Una Manera» u «otro lugar» y ahora, con “Bodhiria”, explora un territorio más oscuro y envenenado.
Portada de «Bodhiria» – JP Bonino
En «INRI», Judeline suena como una cobra saliendo de una cesta. Tanto el beat como la letra están cargados de sabor y misterio, y además dejan espacio para que la voz susurrada de Lara suene gigante. Y es que Tuiste y Mayo se han convertido en una especie de maestros del diseño sonoro; siempre aportando texturas envolventes y explosiones sin clichés. Es bonito pensar que tres personas se puedan entender tan bien a la hora de construir un universo tan afilado como este disco.
Bodhiria está lleno de micromomentos de euforia. Por ejemplo, en “mangata”, Judeline clama “se escucha abajo del agua «i-li-re-li-re-ri-ro»” y las voces están colocadas de tal manera que parece que suenan debajo del mar. La letra narra la historia de una chica hechizada por la luna que recuerda con desesperación un desamor. Un gran primer single que combina trazas de techno con una sensibilidad minimalista.
En cambio, “angelA” parece la canción de los créditos iniciales de Kim Possible si existiera en 2024. “Mi toto la sangre de Cristo, bebé, bébetela, métela” posiblemente te frene en medio de la calle y te haga tragar saliva (caso real). La canción sirve como presentación del personaje que narra esta historia, una especie de alter-ego. Aquí también encontramos la inevitable conexión de Lara con África en “me tiene metida en su boca, Dios mío, mā shā’a Allāh”, que significa “lo que Dios ha querido”. Este interés siempre ha estado presente desde el inicio de su carrera, romantizando el narcotráfico en “TANGER-ZAHARA” o mismamente en INRI: «el niño que me quiere es de afuera, habla darija”.
En el plano visual, la portada de JP Bonino y los videoclips de Nono Ayuso y Rodrigo Inada, traducen a la perfección lo que la música suscita: sueños, enamoramientos y mucho veneno. A través de una paleta de colores basada en tonos tierra, grises y negros, los directores han sido capaces de desarrollar el universo “Bodhiria», usando elementos de la cultura andalusí como las “cobijás” de Vejer o la plena devoción cristiana, con escenas de estampas, rosarios y una iglesia llena de sus propios familiares. . Tanto “mangata” como “INRI” han sido nominados para los UKMVA, los premios más serios de videoclips del mundo.
Y es que desde sus inicios, Lara siempre ha contado con su familia en su música (never forget su tío bailando «CANIJO» en una playa de Cádiz) y es imposible no sentir nada al ver los videos de su padre Javier tocando el cuatro venezolano para “JOROPO”, una canción que te agita el cuerpo y te recuerda que estamos ante uno de los talentos más singulares del país. Una dosis de tierra en un disco tan celestial. La canción cuenta con uno de los momentos más vocalmente interesantes del disco, donde escuchamos por primera vez, el registro grave de Lara y un delivery más directo, menos susurrado. Quizás se echan de menos más momentos así. A veces, el sello «Judeline» puede pesar demasiado y ese arrastre de las palabras puede dificultar su comprensión e incluso volverse cargante por momentos.
“JOROPO” no es el único guiño a Venezuela. En «BRUJERÍA!», Lara canta «yo sé que soy un jaleo, un bululú» una palabra venezolana que significa desorden y alboroto. La primera escucha de este tema puede ser hasta desconcertante, sobre todo en el estribillo donde la percusión se desata. Sin embargo, es una de las razones por las que este disco es necesario. Hay que incomodar, hay que levantar cejas, hay que cortar la corriente. Ya habrá tiempo para asimilarlo.
Artwork de «Bodhiria» – JP Bonino
Está claro que la música de Judeline está cargada de espiritualidad y quién mejor que Rob Bisel para elevarla. Bisel es un productor americano que ha formado parte de los proyectos que más han impactado la cultura como el disco-monstruo de SZA «SOS», la idiosincrasia de Tyler, The Creator «IGOR» o la carta a corazón abierto de Kendrick Lamar, «Mr. Morale & The Big Steppers». Su sello está muy presente en «zarcillos de plata», que recuerda al baladón de SZA «Nobody Gets Me», con guitarras filtradas y coros celestiales. En este caso se trata de un repaso por una relación intensísima con un gangster acompañado de un delivery vocal emocionante con voice cracks (claramente intencionados) y miles de segundas voces que te llevan al cielo. Si ya funcionaba como single, en el disco aún más. Aporta variedad dentro del universo «Bodhiria».
Sin embargo, Judeline sigue confiando en artistas locales como Ralphie Choo, aunque como él mismo dice, es un artista «del mundo». Ralphie está presente en canciones como «4esquinitas» o “4 angelitos”. En esta última, escuchamos la ya clásica flauta de DRUMMIE con palmas, adlibs y mucha urgencia. Desde su primer encuentro en “EN EL CIELO” saltaron chispas. Ambos entienden sus respectivos universos y ambos atraviesan momentos muy parecidos.
Otro que está en la misma página es Rusowsky, uno de los pocos nombres que podrían encajar en el disco. Vocalmente, se podría decir que Lara y Rus son hermanos. Un tono susurrado, consonantes masticadas y un halo de misterio. Tras escuchar “Heavenly” es posible que de repente te encuentres en la ducha cantando “llévame llévame iiihhh, hacia allí hacia allí iiihhh” (caso real)
Artwork de «Bodhiria» – JP Bonino
En fin, llámala «Yudlain», «Yudlín», «Judelín» o «Judeline» pero nadie se veía venir que una chica de 2003 de Caños de Meca fuese a ser una de las figuras con más proyección del país. “Bodhiria” es uno de esos proyectos con los que a uno le entran ganas de ponerse a hacer cosas, reunir referencias y pintar la imagen que siempre has querido pintar. Ha bajado un ángel del cielo y se llama Judeline.
Amaia es uno de esos talentos naturales de los que no puedes apartar la mirada ni el oído y con su último single “Nanai” lo vuelve a constatar. Este es el primer adelanto de su tercer disco y se puede convertir en un punto de inflexión importante en su carrera por varias razones:
Portada de Nanai: Adrián Cuerdo
La letra
Si bien “Pero No Pasa Nada” y “Cuando No Sé Quién Soy”, contienen letras directas y sencillas sobre el amor, la amistad o la búsqueda de uno mismo, «Nanai», en cambio, presenta algo más fragmentado, un cóctel de microsensaciones, un puente entre lo real y lo onírico. “Cuando abra los ojos todo se me olvidará”, cuya melodía recuerda al principio de “Qué No Va A Pasar” de La Buena Vida, es una de las muchas referencias a los sueños.
Amaia tiene la suerte de que sus amigos son los creativos más punteros de la industria y contar con Irene Garry y Amore en la composición es sinónimo de éxito. La letra es tan gustosa y acogedora que apetece escuchar alguna estrofa más. Aunque precisamente, esa ruleta de palabras en una duración tan corta es lo más cercano a un sueño que podemos encontrar y como dice al final: “aquí un segundo puede ser la eternidad”.
La producción
Primero fue Santiago Motorizado, su ídolo de la adolescencia y el cabeza de una de las bandas de rock más emblemáticas de Argentina “Él Mató A Un Policía Motorizado”. Luego fue Alizzz, quien la ayudó a “sofisticar” su sonido y acercarse a un pop más electrónico y menos analógico. En esta ocasión, Amaia ha elegido trabajar con la gente de su quinta y cuenta con Ralphie Choo en la producción. Ralphie es un artista con una gran intuición, buen gusto y también es el rey de los ruiditos. De hecho, la canción puede desconcertar e incluso marear por momentos. Una percusión desdibujada pero galopante con unos coros hipnóticos que recuerdan a “Give It Up To Me” de Ojerime puede parecer algo difícil de digerir. Sin embargo, la voz cristalina de Amaia ayuda a bajar todo a tierra y a humanizar la canción. De repente parece que te está cantando al oído como cuando tu padre te contaba un cuento antes de dormir.
El videoclip
El formato del videoclip está viviendo un declive y muchos artistas apuestan por visualizers para que el oyente pueda ver algo mientras escucha la canción. No es el caso de Nanai. El video, dirigido por Tomás Peña (De Plata, Harleys In Hawaii, Sin Carné), es una pieza fundamental para expandir el universo onírico de la canción. A través de transiciones de Grand Theft Auto, casas de muñecas, pedicuras con peces y automasajes, repasa las distintas etapas de su carrera desde que salió de OT. Quizás Amaia no había tenido la oportunidad de aplicar su universo irónico-paranoico de Instagram a sus temas y videoclips pero parece que en este disco lo tendremos muy presente.
La difusión
También se nota un cambio en su forma de compartir su música. Al principio, en un intento por abandonar el «sobrehype» de OT, apostó por soltar su música de forma casi austera con un simple anuncio, un videoclip, algunas entrevistas y ya. Esta vez ha subido dos tiktoks, varias stories, tres posts, e incluso ha lanzado preguntas a sus fans. También ha ocurrido lo contrario; hasta ahora no había tenido la oportunidad de aplicar ese universo irónico-paranoico de su Instagram a sus propias canciones/videoclips pero parece que en este disco lo tendremos muy presente.
Amaia ha empezado un nuevo capítulo y promete ser uno de los más interesantes de su carrera. Ya no solo hace canciones pop bonitas y agradables. Ahora nos invita a su propio universo.
PD: A partir de ahora, si escuchas «aaaaahaaahaaahaaaahaaahaaaaa» en tus sueños ya sabes por qué es.
En su primera mixtape de 2016 “Slow Wine” teníamos a una Bad Gyal recién salida del cascarón con todas sus referencias jamaicanas a flor de piel y unas ganas enormes de comerse el mundo. En su EP de 2021 “Warm Up”, Alba exploraba por primera vez el tirar barras secas sin apenas melodía. Un nuevo registro que ha sabido pulir y desarrollar en su disco debut. Ahora tenemos a una Bad Gyal más segura y convertida en estrella internacional gracias a su Chulo pt.2 con Tokischa y Young Miko.
Portada de «La Joia». Fotografía: Sheila Janet
El rollout de “La Joia” ha sido caótico y agridulce. El 70% del material se había presentado en singles y conciertos desde 2022, y aunque el público respondía positivamente, se respiraba cierto desencanto. Lejos quedaron los tiempos en los que sacaba cosas improvisadas y rarunas como “Nicest Cocky” o “Indapanden” pero hay que entender que Alba tiene otra vida y otro contexto.
Esta vez no se esconde, su misión es incendiar las discotecas. Nos presenta un tracklist lleno de reggaeton, house o brega funk. Sin embargo, aunque todas las canciones tienen un nivel de energía parecido, no son el tipo de canciones que puedes encontrar en el Top 50 de Spotify España. Alba se las ingenia para jugar con melodías pegajosas, colaboradores diferentes y producción sorprendente. Las canciones tienen ese espíritu vivo y fresco que tenían los primeros temas de Tego Calderón o Plan B. Tiene sentido que “Perdió Este Culo” sea el single promocional del album porque destaca desde la primera escucha. Suena cara, exclusiva y oscura.
En cuanto a la portada del LP apuesta todo a un color: el azul discoteca. Quizás todos pensábamos que la portada de su debut iba a ser algo celestial con joyas, ostras y todo a lo que Bad Gyal nos tiene acostumbrados. Esta vez nos encontramos un vestido de latex, una tipografía fina muy flow 2000 y su inconfundible melena rubia. No es espectacular pero es reconocible y distinguida.
Fotografía: Ancla Music Photo
Si bien podrían haber sacado más punta a algunas intervenciones, los invitados de este disco han sido un gran acierto. No tanto por sus aportaciones sino por el dinamismo que aportan al tracklist. En Bad Boy (una versión más lenta que la que había adelantado en sus shows) escuchamos a Ñengo en su salsa con barras retozonas y pegajosas y con una gran química. Barras Un reggaeton “Dime Bad Gyal, soy tu fucking Bad Boy”.
Alba ha contado con varios de los productores más punteros del momento como Sky Rompiendo, El Guincho o Mag. Este último ha firmado varios temas y entre ellos “La Que No Se Mueva”, un beat oscuro de dancehall en el que parece que en cualquier momento sonará una corneta jamaicana. También cuenta con una de las colaboraciones más sorprendentes, Tommy Lee Sparta. Un delivery salvaje y agresivo que se agradece en el tracklist. Bota Niña funciona mucho mejor dentro del disco que como single. Cuesta familiarizarse con el ritmo y Anitta no suena tan prominente pero la percusión imaginativa y los sonidos de cascabeles hacen que reluzca.
Fotografía: Ancla Music Photo
Escuchando estas canciones, es imposible no imaginarse a Alba interpretándolas en el escenario con su mirada fija, sus caras serias y sus pasos prohibidos. Frases como “La que no se mueva está eliminá” o “Si me pego me imagina en la capilla” van a ser coreadas hasta la saciedad. Sin embargo, hay otros momentos en los que puede resultar algo unidimensional. Por ejemplo, ese “lado melancólico” que prometió, no parece estar. Quizás lo más cercano sea la esperada colaboración con Morad “Así Soy”, en la que ambos reflexionan acerca de sus vidas y sus pilares.
Uno de los aspectos más criticados durante su carrera ha sido su voz. Todos sabemos que el autotune y Bad Gyal han sido uña y carne desde el inicio de su carrera pero esto no significa que su voz no esté llena de carácter y matices. Cada vez que suelta una frase lo hace con un aplomo y seguridad que consigue camuflar algunas carencias a nivel lírico. Además, Alba ha hecho un gran esfuerzo por relucir su registro grave y explorar nuevas texturas como en “Otra Vez Más”, la canción que cierra el disco y en la que usa tonos más agudos.
Fotografía: Ancla Music Photo
La Joia es la consagración de Bad Gyal. Ha esculpido una gran estatua con todo lo que significa su personaje: liberación sexual, fiesta, lujo y marihuana. Nos encontramos un proyecto con barras ingeniosas, estructuras efectivas, invitados variados y producción imaginativa que muestran la mejor versión de Bad Gyal hasta ahora.
André 3000 ha conseguido desarrollar un sonido evocador y sorprendente sin pronunciar una palabra. ¿Por qué se tendría que pasar toda la vida con la etiqueta de rapero si tiene otros intereses? O como dijo recientemente en una entrevista con GQ: “¿De qué voy a rapear con 50 años? ¿De cómo me hago una colonoscopia? Ha pasado página y de repente, hacer un disco instrumental es un movimiento lógico.
Portada del disco: Dexter Navy
Y aunque se ha promocionado como “un disco de André 3000 tocando la flauta”, es mucho más que eso. De hecho, lo primero que pensé al escucharlo fue «¿pero dónde está la flauta? » Resulta que André colecciona más de 40 flautas y la que aparece en la portada es una flauta maya doble y personalizada. Su sonido se asemeja más al de un sintetizador y André, junto con el productor californiano Carlos Niño, juegan con esa dualidad de una forma extraordinaria. Escuché el proyecto por primera vez mientras preparaba una presentación en una sala llena de ordenadores y de repente estaba rodeado de plantas y pájaros en una selva tropical.
La portada, al igual que el disco, es un chute de vida. El jersey amarillo fosforito entrelazándose con los hierbajos desenfocados… La sensación es como ese trozo de sol que se cuela en el sofá por la mañana y en el que te quieres regocijar hasta que desaparezca.
Fotografía: Renell Medrano – GQ
“BuyPoloDisorder’s Daughter Wears A 3000® Shirt Embroidered” es uno de los cortes más largos del álbum con 13:05 minutos de duración y aunque quizás no tiene las texturas microscópicas de los discos de Matmos ni las progresiones poéticas de Brian Eno, consigue crear una atmósfera exótica y relajante. Incluye desde pasajes íntimos con un palo de lluvia hasta un climax de una flauta distorsionada hasta convertirse en una mosca. Y funciona. Es uno de los muchos momentos en el disco que nos recuerda que a veces tenemos que hacer cosas para nosotros y solo para nosotros.
Ya que las canciones no tienen letra, André aprovecha los títulos para añadir algo de humor a la paleta. Por ejemplo, “Ninety Three Til Infinity and Beyoncé” o “The Slang Word P (*) ssy Rolls Off The Tongue With Far Better Ease Than The Proper Word Vagina. Do You Agree?”. Esta última es la más serena y minimalista del disco e incluye algunos sintetizadores que pueden recordar a “When I Get Home” de Solange.
Fotografía: Renell Medrano – GQ
En el último tema “Dreams Once Buried Beneath The Dungeon Floor Slowly Sprout Into Undying Gardens”, André condensa el espíritu del proyecto y aprovecha para introducir nuevos instrumentos que pueden recordar a música tradicional hindú. Quizás acude con demasiada frecuencia a recursos que tradicionalmente representan paz. El palo de lluvia, las campanas tubulares, los cascabeles… Y en vez de sumar, parece que esté intentando tapar huecos menos interesantes.
“New Blue Sun” es una gran mezcla de sonidos terrenales y electrónicos que logra pintar imágenes relacionadas con la naturaleza. No tiene que ser fácil cambiar algo en lo que eres brillante por algo en lo que apenas tienes experiencia. Desde sus años en Outkast hasta el día de hoy, André 3000 ha demostrado ser un alma libre y una fuente enorme de inspiración.
Lejos quedan los días en los Alizzz era una figura casi anónima refugiada en el estudio preparando sus sesiones de DJ o produciendo hits con C.Tangana. Ahora está en primer plano y se ha consolidado como un artista referente para el pop/rock español. Tras un primer disco con “certified hits” como “El Encuentro” con Amaia o “Ya no siento nada”, este año ha vuelto con un EP colosal: “BOICOT”.
El principal cambio que aporta Cristian está en la duración de las canciones, con hasta 6 minutos. Se agradece todo este espacio extra para incluir el disfrute de la banda tocando intros y outros prodigiosas. Hay un claro intento por huir de lo digital hacia algo más orgánico y físico. De hecho, en «Superficial» dice: “no sé por qué hacemos esta música enlatada, en un par de años esta mierda vale nada”. Sin embargo, hay otros cortes más directos como “Pierdo el sentido” donde mete un breakbeat para explicar su torpeza constante cuando está enamorado.
El sample del mítico “We the best music” de DJ Khaled en “Los mejores” es uno de los mejores momentos del disco y en cuanto se lo puse a mis hermanos en el coche les entró la risa. Cuando escucho este tema siempre me acuerdo de todo lo que ha conseguido con Pucho y cómo han cambiado sus carreras. Las letras son infalibles en su propuesta. Alizzz ya es mayorcito. Tiene problemas e ilusiones de adultos y es interesante escuchar a un artista del mainstream relativizando el dinero, quejándose del curro o celebrando Castelldefels.
Mi relación con este proyecto ha ido creciendo de forma progresiva. Después de haber quemado su disco debut “Tiene que haber algo más”, tenía muchas ganas de escuchar sus siguientes pasos pero el primer adelanto “Que pasa nen” me decepcionó un poco, aunque ahora es de mis favoritos. Supongo que no me encajaba su delivery con la letra y me chocó escucharle en catalán. El estreno del EP me pilló por sorpresa. Además ese mes habían salido los discos de Lil Yachty, María Escarmiento, Caroline Polachek y Strategy, y lo dejé un poco de lado.
Un día tenía un viaje largo en coche y dije: ahora o nunca. Me puse la primera y poco a poco fui sintiendo todas las canciones hasta llegar a “Todo está bien”. Estuve en bucle varias semanas y creo que nunca he berreado tanto una canción en el coche. Alizzz ha conseguido tomar el relevo de su primer disco tejiendo un proyecto atrevido y punzante que enseña todo lo que es capaz de hacer con su banda. Desde luego, uno de los proyectos más redondos del año.
Tras un segundo disco descarado y urgente, Sebastián Cortés vuelve con “No Sé Qué Será De Nosotros”, un EP más reflexivo en el que repasa, de forma casi masoca, el fin de una relación que le ha drenado por completo. Todo esto también se refleja en los visuales con una de sus portadas más minimalistas e introspectivas. Un fondo blanco y una polaroid en medio que podría ser un recuerdo espontáneo de esa relación. Todo un acierto.
Portada de “No Sé Qué Será De Nosotros”
“Esto es la intro” empieza con una guitarra “mal” tocada que recuerda a las demos de Daniel Johnston y una conversación con una chica en la que bromean con usar ese trozo como intro. Un comienzo saleroso que le quita hierro a todo el drama que viene ahora.
Y justo después suena un sintetizador tímido que crece hasta convertirse en un synth pop épico. Y es que “Siempre Me Acuerdo De Ti” podría sonar en la escena final de una trama adolescente de los años 80. Esta dinámica progresiva también está ligada a la letra. Empieza pintando una imagen romántica de todos los momentos que le han arrebatado del tirón: la cafetería donde solían ir, besos en portales… para después acabar repitiendo “mirando la luna porque me recuerda tanto a ti, a ti, a ti, a ti”. Y así empieza la title track, con el eco de este estribillo como transición. De repente se escucha un vocoder, algo con lo que Sebastián ya había trasteado en “Todo Ha Cambiado Para Siempre”, su segundo disco. Es curioso que este efecto vocal se esté convirtiendo en un sello del pop actual. Ya lo vimos desparramado por todo el último disco de Alizzz o en el estribillo de la ya coreadísima “Columbia” de Quevedo. Cortés ha conseguido usar este recurso a su favor para resaltar el dramatismo que la canción necesitaba.
Sebastián Cortes, Foto: @madkidmontes
En “Querernos De Nuevo”, el primer adelanto del disco, Sebastián se siente aislado e incomprendido: “cuando cuento esto a cualquiera no me entienden y me miran siempre raro”. Ese solo de guitarra distorsionada es otro de los momentos memorables del proyecto y denota que efectivamente, estamos ante un EP cantado, escrito y producido por Sebastián Cortés. Todo fluye y sus decisiones parten de la intuición y el sentimiento. Quizás está demasiado cómodo en esa estructura pop-rock con toques electrónicos pero es difícil imaginar estas canciones con otra forma diferente. Aún así, sería interesante ver a Sebastián colaborando con otros compositores y explorar otros enfoques.
En “Todo El Amor Que Nos Sobra”, Cortés es capaz de identificar y enfatizar momentos delicados añadiendo armonías o filtrando su voz. La ruptura le ha pillado desprevenido pero a veces queremos refugiarnos en el dolor. Recordar lo bien qué estábamos, lamentar lo mal que estamos o imaginar cómo sería si todo siguiera igual. Todo menos aceptarlo. Quizás a nivel lírico, podría acompañar esa vulnerabilidad con escenas más concretas. ¿Qué le ha llevado hasta esos sentimientos?, ¿Qué recuerdos tiene con esa persona? Aunque la letra es honesta podría recordar a cualquier otra canción de desamor
Sebastián Cortes, Foto: @madkidmontes
Y llega el desenlace de la historia con “Me Duele Hasta Pensarte”, donde Sebastián por fin remonta y acepta que la vida sigue y puede vivir sin esa persona. Mentira. Sigue igual de triste y hundido y lo demuestra en uno de sus mejores momentos a nivel vocal, cantando “me duele odiarte, pero más olvidarte, me duele hasta pensarte” a pleno pulmón.
“No Sé Qué Será De Nosotros” no es una colección de canciones. Cortés ha conseguido tejer un proyecto clásico y aparentemente simple sin traicionar a su espíritu curioso y experimental. Los temas representan fielmente una etapa de su vida y tiene sentido escucharlas una tras otra. No sé si es el proyecto más innovador y arriesgado del mundo (ni tampoco es la intención) pero lo que está claro es que el pop español está en buenas manos. Sebastián se está estableciendo como una figura camaleónica y lo mejor es que no sabemos cuál será su siguiente paso.
Tras “to hell with it”, una mixtape que recogía las microcanciones de drum & bass que reventaron TikTok en 2021, la vida de PinkPantheress ha dado un giro de 180 grados. De saltarse clase haciendo beats en su residencia universitaria a trabajar con los mejores creativos del mundo y subirse al podium del Billboard Hot 100 de la mano de Ice Spice con “Boy’s a liar P. 2”. Ahora vuelve con «Heaven knows», un disco que se aleja del drum & bass para adentrarse en otros territorios.
Portada de «Heaven knows». Fotografía: Aidan Zamiri
Pink propone un sonido optimista y luminoso para introducir temas tan oscuros como la muerte. Aunque la mayoría de las demos estaban en Youtube desde hace meses, las versiones finales te envuelven y te sorprenden como el primer día. “Ophelia” (producida junto a Danny L Harle), empieza con un arpa insinuante a la que pronto se unen unas baterías secas y todo recuerda un drama de Disney Channel en el mejor de los sentidos. Encima, en la letra encarna a la protagonista de la famosa novela de Shakespeare aunque aquí cuenta cómo su pareja le ahoga en la bañera mientras observa su vida pasar por delante de sus ojos.
El sampling sigue siendo su hábitat natural. Se atreve a trastear con hits de K-Pop como “Ice Cream” de F(x) en “Another Life” y hasta clásicos del pop británico como “Gold” de Spandau Ballet en “Nice to meet you”. Este último es candidato a ser el single más pegado del disco. Una producción voraz y explosiva, un videoclip sacado del “student book” de 2009 y la aparición de Central Cee, uno de los artistas británicos que lideran la ola del drill a nivel global. Quizás las rimas de Cench sean algo vagas – “I might risk it for a biscuit… sweet and I can’t resist it” pero su voz empasta muy bien con el beat y aporta la energía del drill inglés que el tema necesitaba.
En los créditos de “Mosquito”, el primer adelanto del disco, sorprende encontrarse a Greg Kurstin, conocido colaborador de Adele y Sia. Esta vez usan una percusión mucho más clásica y amena con partes silbadas que recuerdan a los hits veraniegos de Corinne Bailey o Lily Allen. Su estribillo: “Acabo de soñar que estaba muerta y solo me importaba porque me separaba de ti” puede parecer la declaración de amor más bonita que has escuchado en tu vida pero en realidad Pink está hablando del dinero y su miedo a perderlo.
Fotografía: Aidan Zamiri
Algo a destacar es su obsesión por el detalle. Hay temas como “Capable Of Love” (el más largo de su carrera con 3:43 minutos) o Blue (producido junto a Sam Gellaitry), que están repletos de perlitas. Un sintetizador sumergido, unas llaves de coche, unas guitarras eléctricas adolescentes al más puro estilo “Paramore”, dos segundos de violines en medio de la canción… Y es ahí donde yace la magia de PinkPantheress. Presenta algo simple y aparentemente inofensivo con un enfoque misterioso y sugerente. Ya no es “la de TikTok que hace temas de jungle”. Es una compositora y productora que quiere demostrar todo lo que es capaz de hacer.
Si algo se echa en falta es progresión dinámica. La mayoría de los temas rondan los dos minutos y medio y las ideas se desarrollan muy rápido. Si además añades invitados como Rema en “Another Life” o Kelela en “Bury Me”, acaban siendo cortes esporádicos que se escurren un poco entre los dedos. De todas formas, el verdadero pegamento del disco es la voz de Pink. Un tono ligero y agradable, un poco de autotune y un aplastante acento de Canterbury que tira por tierra la tendencia de los cantantes ingleses a suavizar o “americanizar” su acento al cantar.
En esta nueva oleada de artistas nacidos a partir del año 2000, es fácil encontrar letras algorítmicas y fórmulas refritas, y es difícil encontrar melodías evocadoras, samples ingeniosos y voces distinguibles, pero “Heaven knows” demuestra que sí se puede. En definitiva, PinkPantheress es una figura necesaria, sorprendente y emocionante que siempre apuesta por empujar el pop hacia nuevos horizontes.