Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, hace historia en la industria musical con su último álbum Debí Tirar Más Fotos (DTMF). Más allá de entretener a la audiencia con su ritmo y sazón caribeño, ofrece un manifiesto político y cultural que resuena desde los barrios más locales de Puerto Rico hasta escenarios europeos, y que próximamente resonará en el Estadio Riyadh Air Metropolitano de Madrid.
DTMF: Estrategia, arte y protesta
Este álbum es una carta de amor y de reclamo. Con un alto nivel de coherencia, desde sus letras hasta sus decisiones estratégicas, Bad Bunny plantea un mensaje claro: Puerto Rico no es un souvenir. Es una colonia.
Cover del álbum DTMF, Bad Bunny.
Una de las piezas clave para entender este discurso es el cortometraje promocional, también titulado Debí Tirar Más Fotos. Escrito y dirigido por Bad Bunny junto al cineasta puertorriqueño Arí Maniel Cruz Suárez, y protagonizado Jacobo Morales (quien representa al artista en el futuro), creando una obra multidisciplinaria, combinando arte, historia, activismo y ficción. Por medio del lamento de no haber tomado más fotos del pasado, invitando a abrazar el legado, valorar las raíces y proteger la memoria colectiva.
Además, cada canción del álbum viene acompañada de un visualizer tipo diapositiva, con textos elaborados junto al historiador Jorell Meléndez Badillo. En estos se introducen datos esenciales sobre la historia puertorriqueña: desde la colonización española, la anexión a EE. UU. y el Grito de Lares, hasta la fauna en peligro de extinción.
Una estrategia innovadora y muy interesante que convierte la música en una experiencia educativa y artística a la vez.
Cuando el ritmo educa
En canciones como NUEVAYoL donde el ritmo, energía y el piquete son esencia, una mezcla muy encantadora de reggaeton y dembow. La letra es una expresión de autoconfianza de su cultura en la diversidad de la Ciudad de Nueva York, dando honor a la música latina y a la gente. Aborda temas de emigración y de un nostálgico verano en la gran ciudad.
Otro gran ejemplo es LO QUE LE PASÓ A HAWAii, donde aborda temas de gentrificación y la pérdida de identidad cultural, comparando la situación de su isla natal con la de Hawái, ambas afectadas por la colonización y el turismo desmedido.
Mientras CAFé CON RON exalta el valor de la comunidad y la tradición musical, LA MuDANZA aborda con claridad la lucha por la identidad puertorriqueña. En ambas, Bad Bunny refuerza su compromiso con una narrativa que no solo entretiene, sino que educa y reivindica.
Video oficial de LA MuDANZA de Bad Bunny (2025).
Una gira mundial sin Estados Unidos
Una de las decisiones más simbólicas del artista ha sido excluir a Estados Unidos en el tour mundial Debí Tirar Más Fotos, que se extenderá entre finales de este año hasta el verano de 2026 por América Latina, Europa, Asia y Oceanía.
Bad Bunny ha sido claro en su posición hacia la política actual estadounidense y sobre el sistema de explotación histórico de Puerto Rico y Latinoamérica. Rechazar sus escenarios es una declaración de principios ideológicos. Y aunque no ha hecho explicaciones públicas, la coherencia entre sus letras y esta decisión es evidente. Su silencio es también parte del discurso, y eso lo convierte en un artista político, aunque no lo aparente.
LOS ANGELES, CALIFORNIA – FEBRUARY 05: Bad Bunny performs onstage during the 65th GRAMMY Awards at Crypto.com Arena on February 05, 2023 in Los Angeles, California. (Photo by Emma McIntyre/Getty Images for The Recording Academy)
El regreso a España
Después de años sin presentarse en España, Bad Bunny regresa con fuerza. Madrid y Barcelona serán testigos de la enérgica fiesta puertorriqueña. Madrid será la única ciudad europea con doble cita. Esto tendrá un impacto artístico y económico significativo para ambas ciudades.
El legado del conejo malo
Bad Bunny nunca ha sido solo un cantante. Desde el inicio expresaba que venía a romper esquemas. Con DTMF, confirma esto: sin colaboraciones con estrellas globales, con boleros, una crítica social, sonidos caribeños crudos y resistencia cultural.
NEW YORK, USA – MAY 05: Bad Bunny Met Gala 2025 (Mike Coppola/MG25/Getty Images)
Su influencia ha llegado a convertirse en objeto de estudio académico en las universidades más prestigiosas del mundo. A partir del otoño 2025, Yale, ofrecerá el curso Bad Bunny: Musical Aesthetics and Politics. Otras instituciones como Princeton, Wellesley College y Loyola Marymount University, ya lo han analizado como prodigio musical y su influencia en temas de raza, género y política.
DTMF es una muestra de su evolución como artista y activista. Es Bad Bunny volviendo a la raíz, usando el arte como herramienta de memoria, denuncia política y transformación.
Me gusta escribir a mano, me gusta mi Polaroid y, en general, me gusta lo físico. Creo que hay algo especial en lo tangible; un cariño, un sentimiento, un afecto… diferente. Parece mentira que en el mundo de lo digital la tendencia vuelva a ser lo analógico, pero es ese “nosequé” que enamora de un vinilo, de un carrete o de un abrazo que nos conecta con lo auténtico, lo humano.
El error y la creación
El primer instinto, quizá, sea el de relacionar lo físico con lo finito; sin embargo, puede que la clave esté más en lo permanente. Creo que el concepto de no poder ignorar los errores otorga ese punto de realismo del que muchas veces carece lo digital, que en cierta medida engancha pero que, sobre todo, obliga a pensar antes de hacer.
María en Chipre. 2022.
Van Neistat decía, en su vídeo sobre el porqué de escribir con máquina, que es el concepto de plasmar pensamientos sin tapujos lo que permite “capturar nuestra voz”. La simbiosis entre lo que piensa nuestra mente y lo que escriben nuestras manos se alcanza al entender que las palabras, aunque no definitivas, adquieren otra dimensión en el momento en el que se escriben sobre papel. Aunque dicen que el mayor enemigo del creativo es la falta de inspiración, si hay algo peor que la página en blanco es la página en limpio. El miedo a no cumplir, a las expectativas -tanto propias como ajenas-, parece el principal obstáculo para la producción cuando, lejos de ser un problema, el error es el testimonio de la evolución de las ideas. Así, en lo físico, la imperfección se convierte en declaración de intenciones: marca la diferencia entre lo infinitamente editable y lo que reclama nuestra atención aquí y ahora.
Polloglifos, pentimenti y trascendencia
Leía hoy en las noticias sobre los polloglifos, las imágenes ocultas detrás de las pinturas de Pollock. Parecen haberse encontrado pinturas previas al goteo con imágenes recurrentes de licores, autorretratos, monos, payasos y elefantes, despertando un debate sobre su intencionalidad y conexión con su salud mental. Aunque no necesariamente iguales, la idea del polloglifo me hizo pensar en un concepto al que se me introdujo hace muy poco: el pentimento. En el mundo del arte, los pentimenti (plural del italiano “arrepentimento”) son cambios visibles o alteraciones en una obra que revelan las modificaciones durante su creación. El Matrimonio Arnolfini, de Van Eyck; el Salvator Mundi, de Da Vinci; o El viejo guitarrista, de Picasso, contienen algunos de los pentimenti más conocidos. A raíz de este fenómeno, me surgía la pregunta: ¿cuándo es que una obra puede permitirse mostrarse imperfecta? A lo que mi instinto me responde que casi siempre, pues es el error, la iteración visible, lo que conecta con lo profundamente humano.
Tienda Olivetti
En una cultura de inmediatez digital, de gratificación instantánea y dopamina fácil quizá buscamos un refugio en lo tangible. El renacimiento de la fotografía analógica, el resurgir de las handycam o la vuelta a la escritura a mano no son simples nostalgias pasajeras, sino ejemplos de un deseo de conexión más profunda con lo que hacemos. Cuando cada disparo o pincelada es (casi) definitivo, nos comprometemos más con la obra y con nosotros mismos. La apreciación intencional, tan propia del flâneur y tan familiar para el snob, es casi una meditación que nos reconecta con nuestra verdadera esencia.
Hará cosa de dos años, hablaba con Inés sobre el camino y el final. Usando el símil de una ruta en la montaña, ella me recriminaba el cómo vivo demasiado enfocado en llegar a la cima como para pararme a observar los musgos del camino. Me reí. Yo le dije que si la vida es mirar musgos, no hay motivación para llegar a la cima. Se rió. Cuando volvía a hablar de esto con Alberto, que está mucho más enfocado en llegar a la cima que yo, creo que entendí lo que decía Inés sobre mirar los musgos. Discutimos sobre la gratificación tardía, que cuando algo no está a un clic de distancia, invertir tiempo y esfuerzo otorga a la experiencia un valor distinto: no solo es el resultado final, sino el trayecto mismo el que adquiere significado. Lo físico nos empuja a tomarnos un tiempo para cada decisión.
Jackson Pollock. Tony Vaccaro.
Tal vez, en el fondo, buscamos aquello que nos ancle al presente. Es curioso como, tanto lo positivo como lo negativo del digital, sea una hiperconectividad que aísla y reúne al mismo tiempo. Quedar con alguien en una fecha, en un lugar, y confiar en que aparecerá a la hora acordada, es un acto que roza lo subversivo en una época en que todo es modificable al instante y a golpe de mensaje. La duda, la espera, la anticipación, forman parte de la experiencia de lo humano, pero cada vez más nos esforzamos en eliminar cualquier tipo de incertidumbre con herramientas que, en teoría, facilitan nuestra vida, pero que en realidad nos sumergen en un flujo constante de ansiedad, reajustes y microgestión. Lo físico, lo definitivo, lo que no puede corregirse sin dejar una huella, nos devuelve el control sobre nuestro propio tiempo. Y eso está bien.
En un mercado publicitario competitivo, Pol Rendé apuesta por la conexión real. Con POLARITY, su agencia creativa en Barcelona con visión global, desafía las normas y redefine la relación entre marcas y cultura. Hablamos con él sobre el origen de POLARITY y los retos de emprender en un sector en constante cambio.
“Soy un apasionado de las marcas, por eso me dedico a ello y amo lo que hago”
La carrera de Pol comenzó enfocada en la comunicación, pasando por roles que abarcan desde la creación de contenido hasta relaciones públicas y alianzas estratégicas entre marcas. “Mi interés por la moda y la música ha definido mi perfil profesional; son sectores que siempre me han inspirado”, añade. POLARITY, según Rendé, era un proyecto inevitable: “Mis amigos siempre me decían: móntate lo tuyo’. Pero creo que el camino hasta aquí ha sido clave. Sin lo que aprendí en compañías como Nike, Inditex o VICIO, no habría llegado a este momento. La satisfacción está en haber emprendido este nuevo viaje en el momento justo”.
POLARITY: Difuminar la línea entre marcas y cultura
El concepto central de POLARITY es “difuminar la línea entre las marcas y la cultura”. Según Rendé, las marcas aspiran a estar cerca de la música, la moda, el arte o el lifestyle, pero muchas veces encuentran barreras que les impiden conectar de manera auténtica. “En POLARITY, creemos que podemos reducir esa distancia con sensibilidad cultural y creatividad que estimule las emociones. Este enfoque se traduce en tres pilares: creación de contenido, producción y PR”, explica.
En un mundo saturado por lo que él llama “super-contenido”, Rendé apuesta por la calidad sobre la cantidad. “Nuestra misión es crear contenidos auténticos, visualmente impactantes y emocionalmente relevantes. No puede ser un contenido más; tiene que destacar y resonar con quienes lo consumen”, comenta.
Superar retos y redefinir el branding
El camino hacia POLARITY no fue fácil. Pol recuerda haber enfrentado un periodo de burn-out tras años intensos trabajando para otras marcas. “Llegué a un punto en el que me sentía desmotivado, perdido. Fue un amigo, Coko Gabriel, quien me ayudó a poner orden en mis ideas y a estructurar lo que sería POLARITY. Esa fase estratégica fue el mayor reto, pero también la más importante”. Rendé destaca la importancia de rodearse de personas talentosas y dar siempre lo mejor de uno mismo: “Si das el máximo en tu trabajo, creces profesional y personalmente. Al final, eres tú quien se beneficia de esa actitud”.
Para Rendé, la curiosidad y el aprendizaje constante son fundamentales para destacar en la industria creativa. “Rodearte de personas que admiras, pedirles consejo y observar lo que hacen bien es clave. Con trabajo, constancia y perseverancia, todo llega”, afirma. Sin embargo, no se trata solo de esfuerzo. “Tener energía, motivación y ganas de trabajar es esencial. Si estás dispuesto a poner el 100% de ti, los resultados llegan”, asegura.
El futuro de POLARITY
Pol Rendé ya ha colaborado con marcas de renombre como Desigual, Lacoste, Brownie y Soho House, y ha participado en la producción de campañas globales para marcas como Nike, Converse, Oakley o Royal Enfield, pero Rendé tiene ambiciones aún mayores. “Me encantaría colaborar en una campaña para el Manchester City o trabajar con músicos que admiro, como Oasis o John Mayer. Más allá de eso, quiero que POLARITY se convierta en una marca en sí misma, un referente para otras marcas”.
La agencia busca conectar con las nuevas generaciones, no solo a través de campañas visualmente impactantes, sino también mediante acciones que integren a las marcas en el contexto cultural de forma genuina. “La clave está en entender qué mueve a la sociedad hoy y usar esa sensibilidad cultural para construir algo relevante”, concluye Rendé.
Con POLARITY, Pol Rendé no solo se propone cambiar el juego en la industria del branding; también quiere ser un ejemplo de cómo una visión clara, creatividad y trabajo constante pueden transformar una idea en un proyecto que inspire a otros.
Llegados a un punto donde el Hip-Hop era blanco o negro, o mejor dicho rojo y azul, y la rivalidad entre la West Coast y la East Coast estaba en su pico, dos jóvenes de Georgia hicieron historia casi sin saberlo. En los Source Awards de 1995, ganaron el premio a ‘Mejor Artista Nuevo’, sembrando el caos entre el público. En ese momento, André 3000 pronunció una frase que cambiaría el Hip-Hop para siempre e iniciaría una era dorada de creatividad, de propuestas audaces sin miedo al qué dirán, y de la expansión total del rap: «El Sur tiene algo que decir».
La historia, contada así, suena muy bonita, pero el verdadero inicio se remonta varios años antes de que Outkast, la dupla de Big Boi y André 3000, tuviera siquiera una oportunidad. En 1989, a varios kilómetros de distancia, en Houston, Texas, los Geto Boys lanzaban su segundo álbum de estudio, “Grip It on That Other Level”, el primero con el legendario Scarface como miembro del grupo. La agrupación había nacido en 1986, haciendo poco ruido pero sentando los cimientos para la siguiente generación del rap.
El sonido del disco no era revolucionario en su totalidad; seguía las bases de los bajos de funk y los scratches, añadiendo un punto más de crudeza y agresividad con la jerga local. Sin embargo, lo realmente especial fue la sensación de pertenencia que generó en la zona. En ese tiempo, era inimaginable encontrar en una tienda de música algo hecho en el Sur de los Estados Unidos que fuera rap. Este álbum sirvió de inspiración para todos los jóvenes de Houston y otras ciudades, quienes desde ese momento supieron que lo que se hacía en Nueva York o Los Ángeles también lo podían hacer ellos con sus propias palabras y vivencias.
Gracias a proyectos pioneros como el de los Geto Boys, surgieron otras propuestas innovadoras como la del legendario DJ Screw y su estilo chopped and screwed en 1990. Esta técnica única, que consiste en manipular canciones bajando el tempo y enfatizando la figura del DJ, es considerada una de las pocas revoluciones totales del hip hop, siendo el padre del sonido predominante en casi todo el mundo, como es el trap y sus derivados. Lo que comenzó como una translación de los efectos ralentizadores del lean, la droga más popular de Houston en aquella época, a la música, se convirtió en un ícono de sus calles, dando una identidad bien definida al rap sureño. Lamentablemente, DJ Screw murió prematuramente en el 2000 por una sobredosis, pero su legado aún permanece intacto hasta hoy. Aunque no haya sido tan mediático como otros, si le preguntas a cualquier rapero del Sur, te dirá que es su mayor inspiración.
Con las primeras raíces ya echadas, comenzaron a surgir los protagonistas de esta historia: Outkast. En el sótano de la casa de la madre del productor Rico Wade, nació en 1991 la Dungeon Family, un grupo privilegiado de raperos y productores que intentaban hacerse un hueco en la escena desde la nada. De aquí destacan los tres pilares del ‘dirty south’ que confeccionarían “Southernplayalisticadillacmuzik”: los propios Outkast (André 3000 y Big Boi), los productores Organized Noise (Rico Wade, Sleepy Brown y Ray Murray) y el grupo Goodie Mob (CeeLo Green, T-Mo, Big Gipp y Khujo). El entorno era inmejorable y la implicación en el proyecto era total, llegando a pasar semanas durmiendo en ese sótano por el bien del álbum. La herencia de estos grupos llevó a crear una segunda generación de la Dungeon Family pasados los 2000, en la que también sobraba el talento. En esta secuela se unieron raperos como Killer Mike, cantantes como Janelle Monáe y Meathead, que quizás no te suene de primeras, pero es el nombre original del rapero Future.
Con este pretexto, el 26 de abril de 1994, salió el anticipado álbum debut de Outkast, “Southernplayalisticadillacmuzik”. André dijo en una entrevista:
“Southernplayalistic es la forma en la que vivimos, lo que hemos vivido, por lo que hemos pasado”
André 3000
y no se equivocaba. Lo costumbrista de este disco era algo que no se había visto en el rap de aquella época. No eran gangsters y no podían ajustarse a las temáticas crudas de criminalidad que primaban en el rap, pero tampoco eran eruditos; las frases poéticas contra la discriminación racial y las reflexiones complejas también les quedaban lejos. Sin embargo, André y Big Boi se aferraban a su singularidad con descripciones de la vida en Atlanta, reivindicando la jerga local y una distinción sónica que hacía que escuchar este disco por primera vez fuera una puerta a un mundo completamente nuevo. Definitivamente, este disco fue precursor de muchas cosas y ellos eran conscientes de lo que estaban creando. Términos como crunk, que proceden del argot denominado ‘dirty south slang’, fueron usados por primera vez en canciones de este disco como “Hootie Hoo”, y ahora no se puede pensar en una fiesta de los 2000 sin alguna canción de las mixtapes de Lil Jon que reivindicaban este nuevo género nacido en este disco.
El sonido funky también sufrió una renovación tras este proyecto, en gran parte debido a la visión que André tenía sobre este género y el uso de los bajos en el rap. La mezcla del sonido desafinado, casero y juguetón que se encuentra en muchos de los clásicos actuales y las líneas de bajos pesadas deriva de aquí, de una interpretación que a muchos no les convencía pero que se convirtió en una de las señas de identidad más fuertes de esta era. Y si hablamos del sonido juguetón, no se puede dejar de lado la capa humorística del disco. Puede que no lo hayan inventado ellos, porque ya había proyectos que lo implementaban, pero entre las letras de las canciones y los sketches de los interludios era otro factor destacable que completaba la experiencia “Southernplayalisticadillacmuzik”.
Esta obra cumbre de la identidad sureña fue la que ganó el premio a ‘Mejor Artista Nuevo’ en los Source Awards del año siguiente, y con mucha razón. Personalmente, te puede gustar más o menos el disco, pero la trascendencia que tendría ya se notaba desde el lanzamiento del primer sencillo.
Outkast en los Source Awards de 1995
A partir de aquí, la ola del Sur tendría un largo y complejo proceso de emersión hasta impregnar las calles de todo Estados Unidos con un sonido único. La música se escucharía en todo el país, pero serían cinco las ciudades con más implicación en el género, la llamada red sureña: Nueva Orleans, Memphis, Miami, Atlanta y Houston. Con estos cinco pilares sólidos ya formados, se crearon las infraestructuras para los artistas. Pocas discográficas operaban en la zona en ese tiempo, siendo LaFace Records la única realmente reconocida, pero con la intervención y esfuerzo de raperos, DJs, estaciones de radio, productores y demás, se crearon las tres que reinarían a finales de los 90: Disturbing Tha Peace en Atlanta, No Limit Records en Nueva Orleans y Hypnotize Minds en Memphis. Aun así, cabe mencionar que el proceso no era fácil; el rechazo hacia las propuestas del Sur aún estaba muy presente en ambas costas de USA y pocos se atrevían a promocionar estos proyectos. Esta discriminación existía, pero no evitaba que surgieran artistas que iban a reinar el género a corto y largo plazo como el DJ y luego rapero Ludacris (Atlanta), el legendario grupo Three 6 Mafia (Memphis), Slim Jim (Houston), Lil Wayne (Nueva Orleans) o Trick Daddy (Miami).
En este momento de escalada y máxima exposición, cada una de las cinco grandes ciudades ya podía identificarse por su sonido propio, pero en Atlanta ya se venía gestando algo muy grande desde principios de los 90. La Roland TR-808 cayó en manos de varios productores de la urbe, y con ella, la capacidad de generar un bajo distorsionado muy característico. Esto, acompañado de otros sonidos pertenecientes a la máquina, conforma la base del trap tal y como lo conocemos. Para cuando Cool Breeze lanzó «East Point’s Greatest Hit», considerado el primer álbum de trap moderno, en 1999, grupos como UGK o productores como Lil Jon ya habían utilizado este sonido, pero ninguno caló tanto como el que se puede escuchar en canciones de ese disco como “Cre-A-Tine”. Si escuchamos una canción de “Barter 6” de Young Thug y luego “Cre-A-Tine”, la diferencia es ínfima para los más de 15 años de distancia entre ambas, algo que solo géneros como el trap han podido conseguir.
Estos diez años comentados, de 1989 a 1999, son probablemente los más importantes en la historia del hip hop, los que definieron el rap tal y como lo conocemos. Una bola de nieve que aún hoy sigue creciendo, completamente imparable. Travis Scott, Playboi Carti, Migos… ninguno de estos artistas ni los mencionados anteriormente se habrían abierto paso si esto no hubiera ocurrido. Pero gracias a Dios que lo hicieron, porque todo lo que tenemos hoy se lo debemos a unos pocos osados que reivindicaron su cultura e impusieron su sonido a una industria opresiva. Creo que ni el propio André 3000 se lo creía del todo al decirlo, pero hoy podemos confirmar que no se equivocaba cuando, ante toda la industria musical urbana, afirmó: “El Sur tiene algo que decir”.
Puede que en el s. XVI Lope de Vega no pudiera mandarse fotos por Airdrop con las múltiples amantes que tenía, ni llorase cuando sonaba Cangrinaje en Sala Sol porque le habían dejado. Pero tenía otras maneras de sacar de dentro de él todo el drama: sus obras. En ellas plasmaba todos los enredos amorosos, tanto los que salían bien como los que no, que tienen grandes similitudes con los que podemos tener los jóvenes ahora. Y por eso la joven compañía nacional de teatro clásico ha decidido representar esta temporada La discreta enamorada, una de las obras más enrevesadas y desternillantes de toda la trayectoria del dramaturgo.
Fuente: Sergio Parra para teatroclasico.mcu.es
Los miriñaques se mezclan con los pitillos y las gorras de básket completan el look de Don Juan del siglo XVI, por lo que la obra es disfrutable lleves collar de perlas y abrigo de visón o pantalones parachute y una sudadera. Más allá de la brillantez de la propia obra, los jóvenes actores con su actuación consiguen añadirle modernidad a la interpretación, que, además, cuenta con una puesta en escena arrebatadora. Una vez nos sentamos en las butacas de la sala y ya ha sonado el aviso de “Apaguen sus teléfonos móviles, la función comenzará en cinco minutos” -ignorado por la mujer de la primera fila-, los actores aparecen en escena acompañados con el equipo técnico para montar el escenario.
Las risas incrédulas del público dejan claro que nadie entiende cómo la cuarta pared ha podido caer tan fácilmente mientras en el escenario todo les parece de lo más normal. Y de repente, cuando el público ya no sabe qué más hacer para proyectar una imagen de normalidad, las luces se apagan lentamente mientras los actores aparecen a nuestro lado cantando y bailando y todo se convierte en una fiesta de color y versos entremezclados en los que el oído y los ojos se pierden.
Fuente: Sergio Parra para teatroclasico.mcu.es
Tras esta sorprendente entrada, la obra sigue su curso natural enredándose en su propio enredo. Como si de un trabalenguas se tratase, los versos se van enlazando unos con otros creando estrofas entre varios personajes y complicando así el texto y la comprensión de la obra. Para una persona poco acostumbrada al verso -al teatral, no al de, por ejemplo, el rap- puede hacerse un poco complicado seguir el hilo de la historia. Pero la brillante actuación del elenco consigue crear esa sensación de embrollo de manera sobresaliente al tiempo que garantiza la total comprensión de la trama por parte de los espectadores.
Para ampliar esa sensación de nudo enredado, la escena siempre cuenta con varios personajes que no participan en la trama, sino que aparecen como meros espectadores. Estos rellenan la escena de la manera más perezosa posible recostados en hamacas o sentados en el suelo, además de siempre contar con alguien que va siguiendo el libreto para sí mismo a medida que avanza la obra ayudando en algunos momentos puntuales a los “despistados” enamorados por si en sus declaraciones se olvidan de sus versos. Así, uno no sabe qué esperar en cada acto, ya que el elenco nos sorprende con innovaciones modernas para sacarla de la tradición teatral haciendo gala de su lema “El clásico es joven”.
Fuente: Sergio Parra para teatroclasico.mcu.es
Además, los roles de género no parecen ser la mayor preocupación de esta joven compañía, ya que la gran mayoría de personajes masculinos están representados por mujeres. Y en mi opinión esto deja ver con mayor claridad el poder que tienen las mujeres en esta obra. Solo con pronunciar unas cuantas frases, Fenisa, la protagonista, crea enredos peores que los que se te forman en el pelo al volver de una rave. Aunque, hablando de rave, la que se montaron los actores al final de la obra, que daban ganas de levantarse y unirse a ellos, con el riesgo, eso sí, que suponía meterse en el lío que tenían montado de volteretas y danzas: mejor seguir mi filosofía de los pogos y quedarse a un lado por si acaso.
El amor, los celos, la masculinidad frágil, la búsqueda de estatus, la lucha de las clases sociales, el poder femenino, son algunos de los temas tratados en La discreta enamorada que siguen tocándonos de cerca incluso cuatro siglos después. Las risas del patio de butacas y de los palcos son la prueba palpable de que los enredos clásicos, que tanto han influido -aunque quizá no lo sepan- en las comedias del Hollywood clásico, en las sitcoms norteamericanas o en algunas series españolas de más éxito, siguen entusiasmando al público actual, al menos a ese que ha decidido darle una oportunidad a esta gran representación.
En el escenario de la cultura y el entretenimiento, surge una pregunta que resuena constantemente: ¿le deben los artistas algo a su público?, ¿los fans tienen derecho a demandar a un artista? Analizamos las distintas perspectivas de esta cuestión y exploramos algunos ejemplos que ilustran esta compleja relación, desde «Whole Lotta Red» a «Motomami».
Un Pacto Implícito
Rosalía en su Motomami Tour
En la ecuación del arte y el entretenimiento, existe una relación simbiótica entre el artista y su público. Los espectadores proporcionan la apreciación, la adoración y, a menudo, el apoyo financiero que permiten al artista continuar creando. En ese sentido, algunos sostienen que los artistas tienen la obligación de considerar a su público, ya que es este último el que, en última instancia, permite que su carrera prospere. Son los que compran el ticket para su película o la entrada de su concierto, así que de alguna forma, controlan su carrera.
Esto puede derivar en actitudes controladoras de los fans, exigiendo un tratamiento especifico, nueva música cuando ellos quieren o que el artista siga haciendo el mismo estilo de arte que a ellos les gusta de él. De esta cuestión surge el termino «fan service» que sirve para descalificar a una obra que se ha hecho con la única idea de contentar las demandas de los fans, no hay riesgo ni innovación. Artistas como Tyler the Creator, ha expresado su difícil relación con sus seguidores. Respondiendo a un fan que criticaba su nueva música comentó: «te gustaba cuando te contaba lo triste que estaba en los discos, ¿pero cuando la mierda cambia y me siento genial, no puedes lidiar con ello porque no puedes identificarte?».
La Cultura de Microondas
Convención de Marvel, 2022
Con los fans cada día más exigentes, hay un peligro de que, cada vez más, el arte se convierta en un producto de consumo, creado para gustar y apaciguar a los fans, que evolucionan a ser un agujero negro devorador de contenido. Cuando un artista saca un álbum, por ejemplo, a las horas las redes sociales están repletas de opiniones autoritarias sobre la calidad del producto, normalmente radicales. O es un clásico o es una mierda. Normalmente si es más o menos lo que se esperaba es un triunfo, si no, se le ve al artista como un traidor. El apoyo incondicional resulta que era condicional, a que lance el producto que a mí como consumidor me satisfaga, y que no pase mucho entre lanzamiento y lanzamiento, que si no me aburro.
Los grandes jugadores en la industria (discorgáficas, productoras de cine, etc) se dan cuenta de esto, y saben capitalizarlo. Un ejemplo claro son las películas de Marvel, pensadas para satisfacer a su audiencia regularmente con 3 o 4 películas al año. No faltan ejemplos en la industria de la música. Álbumes de 20 canciones, 2 o 3 proyectos al año, sin grandes riesgos ni experimentaciones. Y lo peor, es que funciona perfectamente, y me atrevería a decir que este modelo es como se mantienen las luces encendidas en las oficinas de la industria del entretenimiento.
El Arte Como Expresión Personal
Playboi Carti
Por otro lado, existe la visión del arte como una forma de expresión personal, donde el artista no tiene obligaciones más allá de su propia creatividad e integridad artística. Muchos defienden que los artistas deben tener la libertad de explorar, innovar y expresarse sin estar restringidos por las expectativas del público.
Todavía recuerdo como los fans llamaban «Whole Lotta Mid» al último álbum de Playboi Carti. El mismo álbum que hoy en día se considera un clásico, llena estadios y prácticamente ha creado un nuevo genero. Cuantas innovaciones y momentos de cambio históricos en el arte no hubieramos tenido, si los artistas hubieran hecho lo que los fans esperaban de ellos. Si no hubieran tenido la valentía de ir contra corriente y enfrentarse a lo que es, efectivamente, su única forma de sustento.
También me acuerdo de como se recibió al último disco de Rosalía en España el día de lanzamiento por una gran parte de fans, comparándolo con «El Mal Querer», llorando porque no era lo que querían. Ahora nadie se atreve a cuestionar el éxito artístico y cultural que ha sido «Motomami».
Como en muchos aspectos de la vida, la clave puede residir en el equilibrio. Los artistas no pueden ignorar por completo a su público, ya que su apoyo es esencial para su carrera. Sin embargo, también es importante que los artistas mantengan su autenticidad y no se vean obligados a sacrificar su creatividad para complacer a los demás. De hecho, es imprescindible, si queremos que el arte siga evolucionando y sorprendiendo.
Al final, los artistas que pasan a la historia son los que crean sin miedo, los que arriesgan todo y se expresan con el corazón. Como fans, no podemos exigir que los artistas nos den lo que queremos, por que así, nos privaríamos de los clásicos del futuro.
Cuando en 1863 se acordaron las primeras reglas del fútbol en una taberna inglesa, el deporte era muy distinto del que se practica hoy en todo el mundo. Era totalmente amateur y aún no había árbitros: los jugadores vestían cualquier prenda que tuvieran a mano. En 2023 se han convertido en una pieza clave en la industria de la moda. Para entender como se ha llegado hasta aquí, necesitamos darle un repaso a la historia.
Con el paso de las décadas, el fútbol se convirtió en un deporte consolidado, no sólo en Gran Bretaña sino en muchos otros países, y se crearon uniformes más formales para los clubes. Normalmente adoptaban los colores de las escuelas u organizaciones a las que estaban asociados. Muchos de los clubes más famosos del mundo se fundaron a finales del siglo XIX o principios del XX.
Por aquel entonces, las equipaciones eran simplemente una forma de distinguir a un equipo de otro; ni la moda ni la ciencia del deporte eran consideraciones importantes. Y, sin embargo, los colores que eligieron han perdurado.
En la década de 1930, se habían reunido la mayoría de los elementos de la equipación de fútbol: espinilleras, pantalones cortos, números, botas y colores del equipo. Pero aún quedaba mucho camino por recorrer. Con sus rígidas botas de cuero y sus pesadas camisetas de algodón, estos futbolistas pertenecían a una época completamente distinta.
Las cosas cambiaron después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se introdujeron nuevos materiales ligeros, incluso tejidos sintéticos. A lo largo de la década de 1950 y en la de 1960, aquellos uniformes de fútbol, antaño holgados, fueron sustituidos poco a poco por camisetas más ajustadas y pantalones cada vez más cortos.
Las equipaciones de esta época son algunas de las más bellas jamás producidas, ya que combinan una pureza no comercial con una auténtica grandeza deportiva y una maravillosa simplicidad de diseño. Una de las iconografías más perdurables del fútbol.
1970 fue un año importante, ya que la Copa Mundial se retransmitió por primera vez en color en todo el mundo. La famosa equipación amarilla, verde y azul de Brasil iluminó el mundo y alcanzó un estatus mitológico, poniendo de manifiesto el potencial que podía tener una camiseta de fútbol.
Desde su creación, las equipaciones de fútbol habían sido, en última instancia, funcionales: distinguían a los distintos equipos. Todo eso cambió en la década de 1970. Concretamente, fue en 1973 cuando el nuevo fabricante de equipaciones del Leeds, Admiral, tuvo la idea de crear réplicas de las equipaciones para venderlas a los aficionados.
Durante la mayor parte de la historia del fútbol, los aficionados vestían trajes, abrigos y sombreros, o lo que fuera el estilo de ropa dominante del momento. Ahora, la mayoría de ellos llevan recuerdos del club, ya sean réplicas de equipaciones o de otro tipo, un cambio que se remonta a 1973.
La década de 1970 fue el comienzo de la era comercial del fútbol, cuando los clubes y las empresas se dieron cuenta de las posibilidades económicas de este deporte tan popular en todo el mundo. Puma pagó a Pelé 120.000 dólares por atarse las botas al comienzo de la final de la Copa Mundial de 1970, y en 1974 patrocinó a Johan Cruyff.
Junto con la invención de las réplicas de equipaciones, otro de los momentos más importantes de la historia del fútbol moderno tuvo lugar en 1973. El club alemán Eintracht Braunschweig firmó un contrato de patrocinio de camisetas con Jaegermeister, el primer acuerdo de este tipo en la historia del fútbol.
Al principio tuvieron problemas, pero el patrocinio del Braunschweig marcó el inicio de un proceso que ha revolucionado el fútbol y sus equipaciones. Creó una enorme fuente de ingresos, por supuesto, pero también introdujo un rasgo estético totalmente nuevo.
De alguna manera, un patrocinador corporativo y su logotipo podían formar parte del atractivo estético de la equipación tanto como su escudo, sus colores y su diseño general. Un ejemplo de esto es la famosa camiseta de Nintendo de la Fiorentina de 1998.
Todo volvió a cambiar en la década de 1990. Uno de los mayores avances -al menos en lo que respecta a las equipaciones- fue la decisión de la Premier League de imprimir los nombres de los jugadores en sus camisetas. Un cambio que también adoptó la FIFA en la Copa Mundial de 1994.
Con la década de 1990 llegaron también algunas tendencias extrañas y bastante efímeras. Las equipaciones de fútbol volvieron a ser increíblemente holgadas, casi como lo habían sido seis décadas antes, y se produjo una aceptación total del diseño excéntrico, abstracto y maravillosamente colorido de las camisetas.
Pero a medida que avanzaba la década de 2000 y llegaba la era digital, el diseño en general se volvió mucho más minimalista. Las equipaciones de fútbol reflejaron este cambio, alejándose de la chabacanería de los 90 y acercándose a una filosofía de diseño elegante, limpio y moderno. Una filosofía que, en general, ha perdurado.
En los últimos años, la tendencia al diseño «limpio» de las equipaciones se ha visto cuestionada. Entre otras cosas, por el renovado interés por las equipaciones «retro», que forma parte de una mayor nostalgia cultural por los años 80 y 90, y la avalancha de nuevas equipaciones inspiradas en los alocados diseños de antaño.
Las equipaciones de fútbol han entrado definitivamente en el mundo de la moda, los influencers, las modelos y los famosos. Es el caso del PSG, que ha firmado un acuerdo con Jordan, o del Venezia FC, de la segunda división italiana, famoso por sus elegantes equipaciones más que por sus méritos deportivos.
Las equipaciones de fútbol siempre han sido un signo de los tiempos, ya sea influidas por los cambios estructurales y comerciales del deporte o por movimientos estéticos y culturales más amplios. Desde el siglo XIX se ha recorrido un largo camino. Vivimos en la época de la comercialización, todo es un producto, diseñado para generar los máximos ingresos posibles, y los kits de fútbol no son diferentes.
En los últimos años hemos visto una clara tendencia: el repurpose. Coger prendas diseñadas para una función practica y cambiándolas de contexto para convertirlas en moda. Vemos esto con la ropa de trabajo en el workwear, officewear, la de montaña en el gorpcore y en la ropa deportiva con las camisetas de fútbol o baloncesto. Si a esto le sumas la obsesión por el vintage y la indudable calidad estética de algunas equipaciones, tenemos la combinación perfecta.
Stanley Kubrick y Andrei Tarkovsky fueron dos de los más grandes cineastas del siglo XX. Aunque ambos eran maestros del oficio, sus estilos y filosofías eran muy diferentes, y su relación fue compleja y a menudo polémica.
Kubrick era conocido por su meticulosa atención al detalle y sus innovaciones técnicas. Tarkovsky, en cambio, era un cineasta ruso partidario de las tomas largas, el ritmo lento y los temas filosóficos. A pesar de sus diferencias, ambos directores compartían una profunda pasión por el cine y el compromiso de ampliar los límites del arte.
Su relación comenzó a finales de la década de 1970, cuando Kubrick invitó a Tarkovsky a visitarle en el plató de su película «El resplandor». Tarkovsky, que estaba de visita en Estados Unidos, aceptó la invitación y pasó varios días con Kubrick. Aunque no se conocen los detalles de sus conversaciones, está claro que los dos directores sentían un respeto mutuo por el trabajo del otro.
Kubrick solía declarar a sus cineastas favoritos de todo el mundo, señalando al maestro ruso Andrei Tarkovsky como uno de sus directores favoritos, y destacando «Solaris», de 1972, y «El sacrificio», de 1986, como dos de los grandes de todos los tiempos.
Sin embargo, su relación no tardó en agriarse cuando Tarkovski criticó las películas de Kubrick por su falta de espiritualidad y humanismo. Tarkovski creía que las películas de Kubrick eran frías y calculadas, y que carecían de la profundidad emocional y la complejidad filosófica de su propia obra.
Supuestamente Tarkovsky hizo Solaris en un intento de superar a Kubrick después de que vio 2001, la cual describió como una propuesta “fría y estéril”. Curiosamente, a Kubrick realmente le gustó Solaris y estoy seguro que le parecía divertido que se comercializará el filme como “la respuesta de Rusia a 2001”.
En una entrevista realizada en 1970 por el periodista ruso, Naum Abramov, Tarkovsky declaró lo siguiente: «2001: A Space Odyssey es falsa en muchos puntos, incluso para los especialistas. Para que surja una verdadera obra de arte, la falsedad debe ser eliminada.
A pesar de sus diferencias, Kubrick y Tarkovski siguieron influyéndose mutuamente. Se dice que Kubrick se inspiró en el uso que Tarkovski hacía de las tomas largas y el ritmo lento en su película Barry Lyndon, mientras que las películas de Tarkovski estaban influidas por las innovaciones técnicas y la atención al detalle de Kubrick.
Su relación llegó a un abrupto final cuando Tarkovsky murió de cáncer en 1986 a la edad de 54 años. Kubrick, profundamente entristecido por la muerte de Tarkovsky, dijo al parecer que «hemos perdido a uno de los más grandes artistas de nuestro tiempo».
Publicado por primera vez en 1967, Oz se convertiría en el icono de la prensa underground de Londres. Producido en un sótano cerca de Notting Hill Gate, Oz pronto se hizo famoso por las portadas psicodélicas del artista pop Martin Sharp, las viñetas de Robert Crumb, los manifiestos feministas radicales de Germaine Greer y cualquier otra cosa que provocara la apoplejía del establishment. Oz resume todo lo que produjo la década de los 60: liberación gay, feminismo, sexo, la píldora, ácido, música rock, Vietnam. Todo lo que la clase dirigente odiaba estaba en Oz.
Los tres editores de Oz (de izquierda a derecha) James Anderson, Felix Dennis y el australiano Richard Neville.
Tras varios intentos de las autoridades de cerrar la revista, en 1970, después de la publicación del tristemente célebre «School Kids Issue», con un cuadro de mujeres desnudas en la portada, el equipo fue arrestado. En agosto de 1971, Dennis, Neville y Anderson fueron acusados de conspirar para corromper la moral de los jóvenes, lo que provocó el juicio por obscenidad más largo de la historia británica y una enorme campaña por su libertad. Esta campaña contó con el apoyo de personajes como John Lennon, que publicó las canciones «Do The Oz» y «God Save Oz», y de Mick Jagger, que publicó «Schoolboy Blues».
A pesar de todo el apoyo, el juicio marcó el final del espíritu revolucionario de Oz, y puso fin, simbólicamente a los años sesenta libres, antisistema y progresistas. El sistema ganó, pero la verdadera victoria es el legado que estos tres chavales dejaron a su paso. Un ejemplo de nunca dar un paso atrás ante las presiones, de defender la libertad de expresión a toda costa, y de dar donde duele. Como dijo Mick Jagger comentando la resolución del juicio: «Si se ha cometido un delito moral es por la policía y el juez»